La importancia de ser pobres en espíritu
Gladia Romero Toledo reflexiona sobre la confianza en Dios y la humildad espiritual basándose en el Salmo 46 y el Evangelio de San Mateo. Usted encontrará también consejos de salud natural para el cuidado de los pies y la prevención de caídas en el hogar.
Inicio del programa
Escucha, auditor, la voz del Salvador que hoy te llama a ti y no quieres tú venir. Escucha, auditor, la voz del Salvador que a tu alma traerá salvación. Bienvenidos, bienvenida nuevamente juntos a través de su programa La Voz Pentecostal.
A través de los micrófonos de la radio Abigail, dirige el programa su hermana en Cristo Gladia Romero Toledo y le doy la bienvenida a la sintonía del matinal. Este programa está llegando a su hogar con el propósito de bendecir su vida. Les saludo a usted, mi hermano, mi hermana, vecinos, amigos del programa que nos sintonizan a esta hora. Les deseo las más ricas bendiciones de parte de nuestro Dios.
Oración matinal
Como siempre le damos comienzo a este programa poniéndonos en las manos de nuestro Dios a través de la oración. Amado Dios, mi fiel amigo, mi constante compañía, en esta mañana le doy muchas gracias por concederme la oportunidad de vivir un día más bajo su cuidado, bajo su luz y su bendición. Hoy al comenzar este día le agradezco por todas las maravillas que usted hace por mí.
Me pongo en sus manos orando para que usted me llene de fe, de esperanza y su luz alumbre mi andar en esta vida. Oro, Señor, dándole muchas gracias por mi familia porque usted nos acompaña todos los días. Celebro mi padre su ayuda porque encuentro en sus manos las fuerzas para construir la paz.
Despierten en nosotros corazones solidarios, mentes y oídos abiertos para escuchar siempre su poderosa palabra, para que ella se haga carne en nuestro pueblo. Sosténganos, Señor, en momentos difíciles para no caer en la falsedad ni en la mentira, proclamando siempre la libertad con que usted, mi Cristo amado, nos ha hecho libres.
Levantarnos, Señor, todos los días; hoy es un día de descanso, pero ya mañana tendremos que muchos volver a nuestros propios trabajos y ahí, Señor, usted nos está bendiciendo igual que en este día de descanso. Gracias, Señor, porque usted acompaña a nuestros niños, a nuestra señorita a sus colegios, a la universidad. Donde vivimos, usted nos ayude para levantar un altar en su nombre.
Oro, Señor, por los enfermos porque sé que hay muchos que luchan en una sala de hospital, en sus casas, en una clínica; tóquele, Señor, con su poder sanador, manifieste su poder a través de su misericordia que es tan grande. Oro, Señor, por los matrimonios, oro siempre por la unidad de la familia, oro para que usted, Señor, bendiga muy en especial los matrimonios jóvenes, porque usted bendijo el santo estado del matrimonio aun cuando el hombre guardaba su inocencia.
Oro, Señor, para que usted en su amante amor y misericordia esté sosteniendo y bendiciendo a los jóvenes, porque en estos tiempos ellos son presos de muchas adicciones; líbrele, Señor, por su misericordia, y al que está en todas estas adicciones libértele usted porque sólo usted es el que puede libertarle. Oro, Señor, por los niños, para que usted le dé su protección y su cuidado, y por tantos abuelos y abuelas olvidadas. Oro, Señor, para que siempre haya sustento en la casa de la viuda y del huérfano.
Oro, Señor, por la apertura de los presos de la cárcel; oro, Señor, por mis autoridades eclesiásticas, muy en especial por la máxima autoridad de nuestra amada iglesia, nuestro amado obispo Israel Aravena Reyes y por el honorable directorio. Yo deseo con todo mi corazón que usted, mi Dios, le dé una clara dirección para seguir desarrollando esta labor que usted, mi Dios, les ha encomendado.
Señor, bendiga usted, mi Dios altísimo, a cada trabajador de la salud con protección y con cuidado por la labor, Señor, que ellos hacen, donde ellos están en constante peligro arriesgando su vida; cuídeles, mi Señor, desde la más alta eminencia hasta el más pequeño trabajador. Bendiga usted, mi Señor, las autoridades civiles de mi país, muy en especial la máxima autoridad y los que con él gobiernan.
Bendiga, mi señor, las autoridades de la comuna. Oro por el alcalde y su equipo de trabajo; ponga en ellos, señor, amor en el hacer como el querer, dando, Señor, la pauta para solucionar las necesidades de nuestra comuna. Bendiga usted, mi Señor, toda autoridad de beneficencia. Pido, Señor, por los albergues de ancianos, por bomberos, por carabineros, ya que en esta noble institución ellos arriesgan su vida en cada procedimiento.
Confiamos, Señor, que usted bendice la audiencia de este programa y rogamos al Santo Espíritu que nos guíe y nos dirija desde este comienzo hasta terminar. Reciba usted, Padre, toda la honra, la gloria y la alabanza en el nombre poderoso de Jesucristo nuestro Salvador. Amén y amén. Gloria a Dios para siempre.
Reflexión sobre el Salmo 46
Damos muchas gracias a nuestro Dios Altísimo por encontrarnos nuevamente con un nuevo programa en este día tan especial, domingo 25 de octubre. Tenemos con nosotros la hora 11:19 minutos, andando y sereno, porque en nuestro Paine querido tenemos un hermoso día; hemos amanecido con un radiante sol y damos gracias al Señor Jesús.
Comenzando este programa, la palabra de Dios está para todos nosotros y tenemos hoy nuestro pan de vida a través del Salmo 46.
Salmo 46:10 — Estar quieto y conocer que yo soy Dios.
Sin duda encontramos en este versículo una enseñanza. Podemos concebirlo con el dueño de la librería donde trabajaba Carlos. Había estado de vacaciones solo dos días, pero él ya sentía pánico. Todo funcionaba, pero estaba ansioso porque dudaba de poder supervisar bien la tienda; controlaba frenéticamente y en forma excesiva todo lo que podía. Basta, le dijo finalmente su jefe a través de una videollamada: Lo único que tienes que hacer es seguir las instrucciones que te envío en el email todos los días. No te preocupes, Carlos, el peso no recae sobre ti, recae sobre mí.
Durante ese conflicto con otras naciones, Israel recibió un mensaje similar de Dios. Estar quieto, nos dice el Salmo, dejen de esforzarse en vano, solo hagan lo que les digo; yo pelearé por ustedes. No les estaba diciendo que fueran pasivos o complacientes, sino que estuvieran activamente quietos, haciendo fielmente lo que Dios estaba ordenando mientras le entregaban a él el control de la situación y los resultados de sus esfuerzos.
A nosotros se nos llama a hacer lo mismo y podemos hacerlo porque Dios es en quien confiamos, es soberano. Si Dios da su voz y se derritió la tierra, tan solo con él dar su voz puede hacer cesar la guerra hasta los confines de la tierra. Sin duda podemos confiar en la seguridad de su amparo y fortaleza. El peso del control de nuestra vida no recae sobre nosotros, recae sobre Dios.
Tenemos que confiar en nuestro Dios Todopoderoso y someternos a su dirección porque podemos soltar situaciones fuera de nuestro control y entregárselas a Dios. ¿Qué aspecto de tu carácter te ayudará a dejar todo en sus manos si Él nos pide que descansemos en Él?
El mensaje de los profetas
El mensaje de los profetas era muy especial, como lo es para nosotros hoy día. Jeremías 28:2-4 nos habla del mensaje de los profetas y hace resaltar para nosotros este mensaje el libro de Hebreos capítulo 1, versículos 1 y 2.
Hebreos 1:1-2 — Dios, habiendo hablado en otro tiempo por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por su hijo.
Recordamos una noticia que leímos hace muchos años. Antes del campeonato mundial de béisbol en 1906, el periodista deportivo Bud an hizo una astuta predicción: los Chicago, que supuestamente ganarían, perderían el primer y el tercer partido y ganarían el segundo; y que el cuarto partido llovería. Luego, en 1919, su talento analítico mostró que ciertos jugadores estaban perdiendo partidos intencionalmente porque habían sido sobornados por apostadores. La opinión pública lo ridiculizó, pero de nuevo tuvo la razón.
Bud no era profeta, sino sólo un hombre sabio que analizaba las pruebas. Jeremías fue un profeta real cuyas profecías siempre se cumplían. Usando un yugo le dijo a Judá que se sometiera a los babilonios y viviera, como dice el libro de Jeremías 27:2. El falso profeta Ananías lo contradijo y quebró el yugo, y Jeremías le dijo: Oye Ananías, el Señor no te envió, y agregó que ese mismo año moriría. Dos meses después, Ananías murió.
El Nuevo Testamento nos dice que Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el hijo. El libro de Hebreos 1:1-2 nos declara esto maravilloso. Mediante la vida, muerte y resurrección de Jesucristo, las escrituras y la guía del Espíritu Santo, la verdad de Dios nos sigue instruyendo hoy. Nosotros solo tenemos que pedir la guía en oración: Padre, guíame a tu verdad.
¿Qué preguntas importantes te turbaban? Porque siempre vivimos que algo nos perturba, ¿verdad? Pero podemos aprender sobre esas cosas al saber más sobre lo que enseñó Jesús, porque Jesús nos invita con una invitación especial a ser imitadores de Dios como hijos amados. Podemos actuar tal como Jesús, porque Dios nos aclara que no nos conformemos a este siglo, sino que seamos transformados por medio de la renovación de vuestro entendimiento.
Datitos y consejos de salud
Vamos adelante siempre con el programa y le traemos a usted datitos y consejos. Para usted que por primera vez encontró este programa a través del internet, le damos la bienvenida para que también participe y escuche estos consejos.
Tenemos una guía natural para algo que cuidamos mucho, que son nuestros pies. Si por el trajín diario siente usted los pies hinchados, use agua tibia con sal. Si tiene pies con hongo, agua tibia con vinagre es ideal. Si su piel se seca y está agrietada, use agua tibia con leche. Si sufre de mal olor en los pies, agua tibia con bicarbonato.
Si sus pies están cansados, colóquelos en agua tibia con lavanda. Si tiene mala circulación, agua caliente con jengibre. Si tiene sus pies callosos, agua tibia con bicarbonato. Si tiene sus pies hinchados, agua fría con menta. Si tiene hongos en las uñas, agua tibia con té verde. Si tiene su piel áspera, agua tibia con rosa. Si tiene dolor muscular, agua caliente con sal. Y si tiene irritación y picazón, agua tibia con aloe vera.
Para tener una mente sana y una vida sana, usted puede incorporarse poco a poco. Al despertar, debe sentarse primero en el borde de la cama y esperar unos momentos antes de ponerse de pie. Apóyese antes de caminar; cuando se levante utilice una superficie estable o la ayuda que le hayan recomendado. Asegúrese de sentirse firme antes de dar el paso.
Es conveniente usar calzado con el que usted no se resbale; elija zapatos bien ajustados y con suela antideslizante. Evite caminar con calcetines sobre suelos lisos. Mantenga los pasillos despejados, retire cables sueltos y objetos en el suelo. Asegure una buena iluminación entre la cama y el baño.
Revise a diario sus medicamentos, ya que algunos pueden causar mareo o somnolencia; pida a su médico o farmacéutico que revise su tratamiento y no lo cambie por su cuenta. Cuide su hidratación bebiendo líquido de acuerdo a sus necesidades y las indicaciones médicas; si tiene restricciones por problemas cardíacos o renales, respételas. Comente los mareos repetidos con su profesional para revisar su presión arterial.
Sugerencia culinaria
Ya viene una sugerencia, que es entregarle con mucho cariño una receta. Ya tenemos las 11:34 minutos y estamos todas las dueñas de casa con el ajetreo del almuerzo. La sugerencia de hoy es papas con queso al horno. Esta preparación es muy rápida: dura 10 minutos de preparación y 35 minutos de cocción.
Los ingredientes para 6 personas son: un kilo de papas, dos cucharadas de margarina, media taza de leche, un cuarto kilo de queso mantecoso, tres tazas de agua y sal.
Para la preparación: primero lavamos las papas y las cocemos con sal durante 20 minutos. Las dejamos enfriar y las pelamos. Corte el queso en láminas finas y las papas en torrejas delgadas. Enmantequille una fuente para el horno y arme el guiso: coloque una capa de papa, bolitas de margarina, una capa de queso y vierta leche con sal. Alterne los ingredientes hasta terminar con la capa de queso. Coloque al horno por 15 minutos y ya tiene este plato listo para degustar.
Receta del día
Papas con queso al horno
- 1 kilo de papas
- 2 cucharadas de margarina
- 1/2 taza de leche
- 1/4 kilo de queso mantecoso
- 3 tazas de agua
- Sal
Preparación
- Lave las papas y cuézcalas con sal durante 20 minutos.
- Deje enfriar las papas y pélelas.
- Corte el queso en láminas finas.
- Corte las papas en torrejas delgadas.
- Mantequille una fuente para el horno.
- Arme el guiso colocando una capa de papa, bolitas de margarina, una capa de queso y vierta leche con sal.
- Alterne los ingredientes hasta terminar con la capa de queso.
- Coloque al horno por 15 minutos.
Enseñanza: Los pobres en espíritu
Vamos a abrir nuestras Biblias. La lectura de la santa palabra de nuestro Dios la tenemos en el Santo Evangelio según San Mateo capítulo 5, versículo 3. Leo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Mateo 5:3 — Bienaventurados los pobres en espíritu porque de ellos es el reino de los cielos.
Amado Dios, tenemos con nosotros su palabra leída. Ruego, Señor, que su bendición sea sobre mí y que usted, por el Espíritu Santo, traiga la revelación divina de su palabra. Use usted mis labios, tome el control de mi vida, húnjame para dar y húnjame para recibir, Señor, para que su palabra corra y sea glorificada en muchas vidas. Necesito la unción y la recibo en el nombre de Jesús. Amén. Gloria a Dios para siempre.
El título de su palabra es: Se necesitan pobres. El reino de los cielos no es de los pobres, pero sí de los pobres en espíritu. Esto debe proclamarse en términos clarísimos, porque hemos sido invadidos por la peligrosa idea de que la pobreza automáticamente reserva palco en el cielo. Es evidente que muchísima gente cree sinceramente que la pobreza es sello de garantía de un futuro maravilloso.
Dios mismo tiene un increíble respeto por los pobres del mundo; sus leyes definen derechos y protegen al indigente. Dios castiga a quien explota a los pobres y a quien mantiene esa pobreza sin vergüenza alguna. Dios siempre ha salido en defensa de los pobres y los destruidos; ciertamente pueden dirigirse a él seguros de que Dios oirá primero su súplica.
Pero el reino de los cielos no es para los pobres, es para los pobres de espíritu. Si usted quiere llegar a la felicidad verdadera y genuina, Cristo le aconseja la pobreza para empezar a vivir, pero en un sentido distinto al que usted conoce. El pobre en espíritu es aquel que ha visto la realidad espinosa de la vida humana, su condición precaria y, como resultado inevitable, reconoce y admite su pobreza espiritual.
Es la persona que se ha despertado de su letargo y ve que aquel orgullo irreverente era un sueño humano; se ha dado cuenta de que es un cero o nada espiritual. Jesucristo contó la historia de dos hombres que fueron al templo a orar. Uno era fariseo y oraba consigo mismo diciendo: Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano; ayuno dos veces a la semana y doy diezmo de todo lo que gano.
Un poco más allá había otro señor que, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba su pecho diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador. Jesucristo dice que este segundo hombre es muestra de los pobres en espíritu. Aquel publicano era paupérrimo, destituido completamente y, al verse frente a la realidad amenazadora de su existencia, se siente totalmente incapaz de repararse a sí mismo.
En los tiempos del Antiguo Testamento, el Dios soberano dijo por medio del profeta Isaías: Miraré aquel que es pobre y humilde de espíritu, y aquel que tiembla a mi palabra. No es fácil para el ser humano llegar a ser pobre de espíritu; por naturaleza el hombre es orgulloso y tiene una tendencia exorbitante a pensar de sí mismo en términos de superioridad.
El hombre moderno cree que puede hacerle creer al Ser Supremo que no es tan pobre, pero la verdad es que el ser humano no quiere admitir que depende de Dios completamente. Prefiere allanar su propio camino y hacerse pasar por rico o autosuficiente. Solo Dios puede hacer ver al hombre su verdadera situación.
¿Quiere usted ser feliz? Usted ya es afortunado porque ha oído hoy el mensaje que puede llevarlo a la felicidad, pero le falta mucho para ser feliz. Lo que tiene que hacer es acercarse a Dios, verle en su cegadora majestad y luminosa santidad, doblar allí su rodilla y doblar su rebeldía, implorando en lo profundo de su corazón como aquel triste publicano: Dios, sé propicio a mí, pecador.
Entonces Dios se volverá a darle una mano y le dirá: Pobre hijo mío, hijito mío, entra en el gozo de tu padre; ahora eres rico en riqueza que no puede medirse con pesos o centésimos. En el Salmo 73 dice el hijo de Dios: ¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti? Que fuera de ti nada deseo en la tierra. Quien esto dice lo tiene todo y ha llegado a ser pobre en espíritu pero próspero en la realidad.
Peticiones de sanidad y cierre
Amado Dios, muchas gracias porque nos hemos detenido en estos momentos para escuchar su voz. Su palabra es la lámpara para nuestros pies y la lumbrera para nuestro caminar. Ayúdenos, Señor, para que el consejo de su palabra podamos llevarlo a la vida práctica de cada día.
Oro, Señor, por sanidad divina en los que están en la audiencia del programa. Ponga su mano en la necesidad, en el problema, en la enfermedad. Ponga sanidad en esos cuerpos enfermos; para el que cree todo le es posible. Imparte sanidad para la gloria del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, sabiendo que su voluntad es buena, agradable y perfecta.
Oramos pidiendo misericordia para todos los enfermos de esta lista: por nuestro pastor Florindo Márquez, pastor de nuestra iglesia en el monte; por nuestro hermano José David Videla, pidiendo un milagro que lo ponga de pie; por nuestra hermana Teresita Flores, por la sanidad de su pastora, su vecina y su hija; por la petición de mi hermana Laura Senjo; por mi hermano Eduardo González, oramos por sanidad a la vista; por mi hermana Rosita Veloso, por mi hermana Elena Reyes, por mi hermano Ignacio Toro, por mi hermano Miguel Torres y por su nieto pidiendo liberación; por mi hermana Teresita Reyes, por el hermano Eliseo Muñoz, por mi vecino Luis Orellana, por mi hermano Dagoberto Roa, por mi hermana Teresa Molina pidiendo sanidad del matrimonio y la familia; por el maestro Juan Bayalao, por mi hermana María Ivacache, por mi hermano Israel Machán, por mi hermana Marta Saavedra, por María Verónica Correa, por Rosita Bueno Bazán y por mi hermana Carolina.
Le pedimos, Señor, que por su misericordia esté obrando en todos los enfermos y enfermas para la gloria del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén y amén. Gloria a Dios para siempre.
Le damos muchas gracias a nuestro Dios Altísimo por su palabra y ya estamos llegando al término de este programa. Nos despedimos, pero queremos agradecerle a usted por haber estado nuevamente hoy en la sintonía. Mañana, Dios mediante, volvemos a encontrarnos a la misma hora. Mientras tanto, Dios le bendiga.