El camino hacia la salvación y remedios caseros
Gladia Romero Toledo reflexiona sobre la importancia del silencio y la fe en Jesucristo como el único camino hacia Dios. Usted encontrará también una serie de consejos basados en remedios tradicionales para diversas dolencias comunes.
Bienvenida
Escucha, auditor, la voz del Salvador que hoy te llama a ti. ¿No quieres tú venir? Escucha la voz del Salvador que a tu alma traerá salvación.
Bienvenidos, bienvenidas nuevamente a su programa La Voz Pentecostal, a través de los micrófonos de la Radio Abigail. Dirige este programa su hermana en Cristo, Gladia Romero Toledo. Le doy la bienvenida a la sintonía del matinal; este programa está llegando a su hogar con el propósito de bendecir su vida.
Les saludo a usted, mi hermano, mi hermana, vecinos y amigos del programa que nos sintonizan a esta hora. Les deseo las más ricas bendiciones de parte de nuestro Dios.
Oración Matinal
Le damos comienzo a este programa poniéndonos en las buenas manos de nuestro Dios a través de la oración. Amado Dios, en este día tan especial, porque este es el día que usted hizo, mi Señor. Porque usted me permite un día más de existencia, me acerco con mucha gratitud en mi corazón porque este es un regalo el haberme despertado sabiendo que usted puede vivir y estar aquí en todo momento.
Tan solo con abrir nuestros ojos y sentir su presencia, nos ayuda a enfrentar cada desafío en el día, incluso en medio de nuestras ansiedades y angustias. Padre, le agradezco por mi hogar y por mi familia, y también porque usted está siempre cuidándonos. Ha cuidado, Señor, de nuestro sueño; la noche quedó atrás, pero usted, mi Señor, me da este privilegio de tener un hogar, una familia y un techo que protege mis sueños, y que usted pone alimento en mi mesa cada día.
Reconozco, mi Señor, que usted nos da la dicha y la bendición de una vida feliz y dichosa. Ruego que usted inunde mi sendero con su amor y nos acompañe en cada paso que demos.
Oro, Señor, por los matrimonios, por la unidad de la familia, por los jóvenes que son presos de tantas adicciones y por los que no son tan jóvenes. Oro por los niños para que usted los proteja y les dé su cuidado, y por tantos abuelos y abuelas olvidadas; oro por el huérfano y por la viuda, para que siempre usted los esté sustentando.
Oro por la apertura de los presos de la cárcel y oro, Señor, por los trabajadores de la salud. Protéjales, mi Señor, cuídelos por estar en constante peligro, desde la alta eminencia hasta el trabajador más sencillo y simple.
Oro por los enfermos porque ellos a esta hora luchan en una sala de hospital, en una clínica y en sus casas, porque esperan el toque de su poder sanador a través de la misericordia que es tan grande que recibimos cada día. Oro, Señor, pidiendo el cese de la guerra y oro muy en especial por la paz de Jerusalén.
Oro por mis autoridades eclesiásticas, muy en especial por la máxima autoridad de mi iglesia, que es nuestro amado obispo Israel Aravena Reyes, y también oro para que usted bendiga el honorable directorio. Yo ruego con todo mi corazón que usted le dé una clara dirección para continuar desarrollando la labor que usted, mi Dios, les ha encomendado.
También, Señor, pedimos una bendición especial para la máxima autoridad civil del país; oro por él y por los que con él gobiernan. Oro, Señor, pidiendo que usted sane nuestra tierra porque esta tierra está enferma y necesita ser sanada, y solo usted, mi Señor, puede sanarla.
Oro, Señor, por las autoridades civiles de nuestra comuna, por el alcalde muy en especial, porque ellos con el consejo municipal tienen en sus manos la gestión administrativa de esta comuna. Usted, mi Dios, ponga en sus vidas el poder de solucionar los problemas que existen en nuestra comuna.
Bendiga usted, mi Señor, cada institución, muy en especial los que albergan a los ancianos, la institución de bomberos y de carabineros, ya que ellos arriesgan su vida en cada procedimiento. Bendiga, Señor, la audiencia de este programa.
Le rogamos, Señor, que usted esté obrando en estos beneficios que le pedimos. Siempre, Señor, honramos su bendito y santo nombre. Le damos a usted toda la gloria y la alabanza a través de nuestro Salvador Jesucristo, confiando siempre que la presencia del Espíritu Santo esté hoy en nuestro medio dirigiéndonos desde el comienzo hasta el final. Se lo ruego, Padre, en el nombre de Cristo Jesús, mi Salvador. Amén y amén. Gloria a Dios para siempre.
Pan de Vida
Damos muchas gracias a nuestro Dios por estar juntos una vez más y comenzamos este programa con nuestro Pan de Vida, que a esta hora está con nosotros a través de su palabra para tener un comienzo de este día en bendición.
Leemos en el Salmo 37: “Guarda silencio ante el Señor y espera en él”. Qué bendición es tener este consejo. Su palabra nos ha dicho: guarda silencio.
Recuerdo que había leído que los tanques de aislamiento eran terapéuticos y aliviaban el estrés y la ansiedad. Al experimentar el silencio, sentí que el caos del mundo había desaparecido y que podía oír claramente mis pensamientos más íntimos. Me sentí equilibrada y rejuvenecida recordando que hay poder en el silencio.
Podemos descansar más cómodamente en el silencio de la presencia de Dios, quien renueva nuestra fuerza y nos garantiza la sabiduría que necesitamos para enfrentar los desafíos de cada día. Cuando estamos en silencio, acallamos el ruido y quitamos las distracciones; el Señor nos fortalece para que podamos oír más claramente la voz suave, como lo dice el Salmo 37, versículo 5.
Dios nos ofrece una manera más sencilla de pasar un tiempo con Él, sin introducciones. Nos aconseja el Señor a través del santo evangelio según San Mateo 6:6: “Cuando ores, entra en tu aposento y, cerrada la puerta, ora a tu Padre”.
Sin duda Dios guiará nuestros pasos y hará que su justicia brille a través de nosotros cuando busquemos la respuesta a los desafíos de la vida en la quietud de su magnífica presencia. En los versículos 5 al 6 del Salmo 37 encontramos el consejo de guardar silencio. Cuando lo entiendo, podemos decirle: “Padre, ayúdame a hacerte un lugar”, porque hay muchas cosas que consumen nuestro tiempo.
Hospitalidad al Extranjero
Dios siempre nos aconseja que por su palabra debemos recibir bien al extranjero. En el libro de Deuteronomio 10:18 nos dice: “Dios hace justicia al huérfano y a la viuda, y ama también al extranjero”.
Nosotros en Chile hoy tenemos mucho que hacer por el consejo de su palabra, porque tenemos mucha gente extranjera en todo el país y el Señor nos dice que los recibamos bien.
Cuando miles de mujeres y niños ucranianos llegaron a la estación de trenes de Berlín huyendo de la guerra, se sorprendieron al ver familias que los recibían con carteles ofreciendo hospedarlos. Al preguntarles por qué ofrecían hospitalidad, una mujer dijo que su madre había necesitado refugio cuando huyó de los nazis y ella quería ayudar a otros que necesitaban lo mismo.
En el libro de Deuteronomio, Dios llama a los israelitas a ocuparse de los que están lejos de su tierra natal porque Él es el defensor de huérfanos, viudas y extranjeros. Los israelitas sabían lo que se sentía estar en vulnerabilidad: “Extranjero fuiste en tierra de Egipto”, nos dice la palabra de nuestro Dios.
Esto también incluye otro aspecto: cuando la viuda de Sarepta recibió en su casa al extranjero Elías, ella fue bendecida, como lo dice Primera de Reyes 17:8-24. Dios suele usar la hospitalidad para bendecir al anfitrión, no solo al huésped.
Recibir al extranjero en tu casa es difícil, pero cuando respondemos ante los vulnerables con empatía divina, pueden sorprendernos los beneficios que Dios nos da a través de ellos. Nuestra oración cada día debe ser: “Dios, dame un corazón grande como el tuyo”.
Dios nos invita primero a guardar silencio ante el Señor y esperar en Él; ese es el consejo de nuestro Pan de Vida. Y nos dice: reciban bien al extranjero, porque Dios hace justicia al huérfano y a la viuda y ama también al extranjero. Somos nosotros los que nos cuesta amar como Dios nos pide hoy.
Remedios Caseros de la Abuela
Ya tenemos con nosotros los datitos y los consejos, recordando lo que hacían nuestros antepasados. Por ejemplo, si usted tiene una uña encarnada, la abuela machucaba ajo y hacía una pasta para quitar la infección.
Para la tos, preparaba un jarabe de cebolla morada picada con miel y limón, que reposaba toda la noche. Recuerdo que cuando nos dio la tos convulsiva, nuestra abuela usaba este jarabe.
Para bajar la fiebre, podemos colocarnos un trozo de cebolla en la planta de los pies, atada con los calcetines. En aquellos tiempos no había los medicamentos de hoy; por ejemplo, un diente de ajo pelado en ayunas lo usaba mi abuela para cuando estaba mareada, decía que era para bajar la presión arterial y limpiar la sangre.
Para calmar el dolor de oído, envolvía en algodón un pedazo de ajo y lo colocaba en la entrada del oído. Y cuando las axilas o los codos estaban oscurecidos, lo mejor era partir un limón por la mitad, colocarle bicarbonato y aplicarlo.
Para endurecer las uñas, usaba ajo picado dentro del barniz transparente. Para desinflamar la garganta irritada o para aliviar dolores de cabeza tensionales, decía ella que se froten la frente con medio limón.
Sobre los abscesos, que eran muy comunes, el remedio era cebolla asada caliente colocada sobre el absceso para que madure rápido. También usaba alcohol con romero y ruda, dejándolo macerar 15 días para fricciones en las articulaciones.
Para la inflamación, se aplicaba una cataplasma de arcilla roja tibia sobre la rodilla, o se tomaba té de uña de gato para reducir el dolor de la artritis crónica. También ajo machacado, consumido o frotado macerado en aceite de oliva sobre la zona afectada.
Para el hueso adolorido, use paños calientes con agua de sal de grano. Para calentar los músculos fríos, fricciones con aguarrás natural (solo uso externo). Para aliviar el ácido úrico de las articulaciones, beber té de ortiga.
Otra opción era pinchar una hoja de repollo caliente, ponérsela en la rodilla y vendar. También usaban mucho el alcanfor; se unta antes de dormir para evitar el dolor por el frío.
Para asentar el estómago después de comer pesado, un té de manzanilla con anís. Masticar semillas de hinojo ayuda inmediata a controlar los gases. Contra las arrugas, agua con bicarbonato y limón, o sal de uvas casera.
Té de boldo para limpiar el hígado y la bilis; infusión de orégano para calmar los cólicos estomacales; una cucharada de aceite de oliva en ayunas para lubricar el intestino y evitar el estreñimiento. Té de hierbabuena caliente para desinflamar el vientre y agua de linaza reposada toda la noche para beber por la mañana.
Estos son datitos para que usted lo pueda hacer en casa cuando no está cerca de un médico o es tarde en la noche. También puede tomar un té de canela y laurel para acelerar la digestión lenta, o comer papaya con semilla en ayunas para limpiar el tracto digestivo.
Sugerencia de Cocina: Lentejas
Ahora tenemos las sugerencias para la cocina. Como todavía no nos quiere dejar el frío y estamos en primavera con lluvia, se nos apetece un plato de lentejas. La preparación lleva 35 minutos y la cocción 20 minutos en olla a presión.
Los ingredientes para seis personas son: tres tazas de lentejas (ojalá sean del año), una cebolla rallada, dos huevos duros, una marraqueta de pan remojada en leche y pasada por cedazo, media taza de queso rallado, cuatro tazas de agua, dos cucharadas de aceite, sal y media taza de leche.
La preparación es la siguiente: la noche anterior, limpie las lentejas, lávelas y déjelas remojando. Cuézalas con cuatro tazas de agua fría en olla a presión durante 20 minutos (en olla corriente, 30 minutos). Una vez cocidas, verifique que el líquido cubra las lentejas.
Fría la cebolla rallada. Agregue las lentejas, las cebollas fritas, sal y aceite. Agregue el pan remojado en leche y mezcle bien. Deje cocer a fuego lento; si espesa mucho, aclare con leche.
Muela con el tenedor dos huevos duros, vacíe la lenteja en una fuente y decore con huevo duro y pan rallado. A comer este rico plato de lentejas.
Receta del día
Lentejas
- 3 tazas de lentejas
- 1 cebolla rallada
- 2 huevos duros
- 1 marraqueta de pan remojada en leche y pasada por cedazo
- 1/2 taza de queso rallado
- 4 tazas de agua
- 2 cucharadas de aceite
- Sal
- 1/2 taza de leche
Preparación
- Lave las lentejas y déjelas remojando en agua desde la noche anterior.
- Cueza las lentejas con cuatro tazas de agua fría en olla a presión durante 20 minutos (o 30 minutos en olla corriente).
- Verifique que el líquido cubra las lentejas una vez cocidas.
- Fría la cebolla rallada.
- Agregue al recipiente las lentejas, las cebollas fritas, la sal y el aceite.
- Incorpore el pan remojado en leche y mezcle bien.
- Deje cocer a fuego lento; si la mezcla espesa demasiado, aclare con leche.
- Muela los huevos duros con un tenedor.
- Vacíe las lentejas en una fuente y decore con el huevo duro y pan rallado.
Lectura de la Palabra
Ya estamos de vuelta e inmediatamente abrimos nuestras Biblias para leer la poderosa Palabra de nuestro Dios. Lo haremos en el Santo Evangelio según San Juan, capítulo 14, versículo 6.
Juan 14:6 — Jesús le dijo: Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre sino por mí.
Dios nos bendice por su palabra.
El único camino a Dios
El título de su palabra es: El único camino. Debe ser cierto que todos los caminos conducen a Roma; los romanos sabían construir carreteras que uniesen los más apartados rincones de su vastísimo imperio. Estos caminos habían sido construidos específicamente para que las huestes y legiones de Roma pudiesen ir desde la capital hacia esos puntos o regresar a ella.
Todos los caminos conducen a Roma, pero solo Jesucristo conduce a Dios, el único camino. Todo aquel que anda en la búsqueda de la felicidad en la vida, irremediablemente tiene que volverse a Dios. Tiene que acercarse a este Dios de quien se alejó y tiene que allegarse a Él para servirle con todo lo que es y todo lo que hace.
La gran cuestión es muy sencilla: ¿Cómo llega a donde está Dios? ¿Cómo le alcanza? ¿Cómo puede entrar en su presencia? Usted sabe que muchas respuestas se han dado a estas quemantes preguntas. Los hombres se han inventado mil formas de intermediario entre ellos y Dios, desde lo más extrafalario hasta lo más sublime.
Algunos están de estas que se creen con toda inocencia que pueden acercarse a Dios directamente, sin embajadores ni mediadores; y otros utilizan intermediarios de todo tipo. Pero mire, la verdad es que está el gran maestro, el potentísimo Jesucristo, que anunció al mundo y a la humanidad que Él era el camino.
Y como si eso no fuera suficiente, en caso de que hubiesen víctimas de duda, aclaró la realidad agregando categóricamente que nadie viene al Padre sino por Él. Es el único camino. Solo Cristo satisface porque solo Él puede llevar la vida a Dios, que es donde usted debe ir.
Pan, agua y libertad
No siempre es fácil entender estas cosas y por esta razón Jesucristo mismo habló de su persona y de su obra en términos que hiciesen un poco más comprensible esa importante labor. Dijo, por ejemplo, que Él era el pan de vida. Probablemente en su circunstancia es un poco difícil hablar de hambre literal, que duele.
Pocas experiencias humanas pueden compararse con la agonía del hambre; no solo el dolor físico, sino también la ausencia mental y la desesperación de saber que nada se puede hacer para resolver el problema. Cuando falta el pan, falta todo; el que no tiene pan no tiene mañana y hasta su hoy es más que tragedia que bendición.
En esos términos que Jesucristo se define delante del hombre, Él satisface esa hambre que desespera a las almas y aplasta a los espíritus. En otra ocasión habló Jesucristo de sí mismo como el agua, la cual si alguien bebiere no tendrá sed jamás.
Su interlocutor no parecía entender al principio lo que Jesús quería decir, pero poco a poco se despejó su mente y vio con claridad maravillosa lo que el Hijo de Dios estaba diciendo. Su vida fue radicalmente transformada. Se llegó a sus contemporáneos y les hablaba casi sin cesar de su gran descubrimiento: agua que a la verdad apaga la sed, aquieta el espíritu y calma el pensamiento.
Y en esta oportunidad más, usted ve a este mismo Cristo diciendo a sus oyentes y a toda la humanidad estas extraordinarias palabras: “Si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres”. He aquí el gran libertador, el que puede arrancar las cadenas y liberar al hombre para que llegue a ser lo que siempre debió, pero jamás pudo.
¿Qué mayor satisfacción puede haber para cualquier ser humano que esto: pan para satisfacer el hambre, agua para liquidar la sed y libertad para volar hacia las mismas alturas del cielo? Precisamente lo que el hombre necesita, porque ha pecado, y eso lo ha privado literalmente del alimento y de la libertad. Jesucristo es el camino, y el único.
La resistencia del hombre
Tal vez se pregunta usted: ¿qué es lo que debo hacer para recibir ese pan, beber esa agua y disfrutar de aquella libertad verdadera? En la respuesta a esta pregunta se presenta uno de los mayores problemas del hombre. Debido a la terquiversación de los sentidos humanos a raíz del pecado, el hombre ya no puede percibir las realidades ni analizar correctamente las alternativas que se le presentan.
Jesucristo le parece al hombre moderno una cosa sin importancia porque no tiene flecos de lujo, sonidos pomposos ni ritos misteriosos. En su estado natural y común, el hombre prefiere la brujería a la verdad, la mentira a lo que dice Dios, engañarse en vez de dejarse convencer.
¿No le parece que lo de Cristo es suficientemente dramático como para solucionar el tan enorme problema que lo aflige? Jesucristo lo llama con la ternura de quien ama hasta lo sumo, pero el hombre no oye la voz tan tierna. Jesucristo le tiende la mano y le promete descanso, paz y seguridad, pero el hombre quiere aferrarse a las cosas más firmes que la mano de un Salvador invisible.
Jesucristo le promete al hombre un lugar en las mansiones de luz, pero este elige las cámaras secretas de la incertidumbre eterna. Jesucristo es el único camino y para ello dejó los cielos de esplendor y nació en un pesebre humilde.
El sacrificio y la victoria de Cristo
Luego caminó los caminos del hombre, vio sus heridas, su dolencia y enseñó las cosas que el hombre no sabía. Pero no fue suficiente que enseñara su dolencia y le hablara la verdad. Lo tomaron prisionero, lo pusieron a juicio y lo condenaron a muerte en una cruz.
En aquella situación horrenda sufrió las agonías interminables que al hombre corresponden; se estremeció como se estremecen las entrañas de la tierra y dio su espíritu cuando su rostro quedó inerte sobre su pecho herido. Pero era todo esto acción divina.
Dios no permitió que su santo viera corrupción, sino que, al ponerlo en sepulcro nuevo, venció a aquel enemigo mortal y salió triunfante de la tumba. Luego ascendió al cielo, donde está sentado a la diestra del Dios Padre, siempre listo para interceder por aquellos que claman a Él desde lo profundo de su miseria.
Fue todo lo que dio absolutamente poder sobre la realidad humana, de modo que puede decir sin temor alguno: “Yo soy el camino, nadie viene al Padre sino por mí”. Este es el mismo Jesucristo que ha conquistado corazones y que ahora predica su mensaje de paz que reconcilia por todos los rincones de la tierra.
Llamado a la entrega
No preste usted atención al sonido terreno y humano del mensaje del evangelio; agudice su sentido, oiga más bien la voz del soberano Señor de la historia que lo llama para darle satisfacción y ofrecerle una felicidad que usted jamás ha experimentado en su vida. Es Él quien le habla por medio de este mensaje evangélico.
No es fácil entregarse a Cristo tal como uno es. Hay ese orgullo tan humano que frena sus pasos, hay tradiciones de larguísimo arraigo que detienen la marcha y hay deseos personales que ensucian y cubren la clara necesidad de acercarse a Dios por medio de Cristo.
Pero el mismo Señor le llama y puede darle la fuerza que para ello se requiere. El Espíritu Santo derrumba murallas de defensa, penetra los más cerrados corazones e ilumina los más oscuros rincones, de modo que usted también podrá hallar aquel Cristo que es el camino y sin el cual le sería imposible acercarse a Dios, quien puede restaurar su felicidad perdida y hacerle sentir la dulce comunión para la cual fue creado.
Olvidándose unos instantes de las cosas y cuitas que le rodean, piense en términos eternos, en términos de lo divino, en términos de lo que verdaderamente vale en su vida. El Cristo es el único camino, la satisfacción plena, el gozo desbordante y la libertad más maravillosa que conoce desde el cielo para acá. Él es el pan de vida, es el agua viviente que apaga la sed hasta la más quemante; Él es el genuino libertador, Él es el camino, el único; nadie viene al Padre sino por Él.
Oración final
Gracias, gracias, oh Señor Jesús, damos gracias por su palabra. Amado Dios, su palabra nos bendice porque tan solo con escuchar y con leer su palabra, que nadie viene al Padre sino por Él, por mi Cristo amado. Por eso le damos gracias, oh Señor Jesús, porque ella es la lámpara para nuestros pies y es la lumbrera para nuestro caminar.
Señor, muchas gracias. Oro para que su palabra haya corrido y haya sido glorificada en muchas vidas, y oro, Padre, para que su bendición quede sobre quienes han escuchado su palabra y esta esté haciendo vida en sus corazones. Pido, Señor en oración, que usted nos ayude para poner el consejo de ella en nuestra vida práctica de cada día; Señor, usted es quien ilumina nuestro ser para encontrar el camino de la verdad y de la vida.
Señor, intercedemos a esta hora del programa por los enfermos. Sé que hay en la sintonía enfermos que están esperando; como allí el paralítico estaba en el pozo de Betesda, él asistía cada día pero alguien se le adelantaba. Señor, que hoy día nadie se adelante para que los enfermos sean sanados por su poder.
Oración por los enfermos
Al medio de la luz y pudo obrar en él, y en esta hora usted esté obrando en cada uno de los que están escuchando para la gloria del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo se lo pedimos y oramos. Padre, también por esta lista, porque para el que cree, todo le es posible.
Oramos por nuestro pastor Florindo Márquez, pastor de nuestra iglesia Ipeche en el Monte, por sanidad. Oramos por nuestro hermano José David Videla y para él pedimos un milagro. Oramos por nuestra hermana Teresita Flores, por sanidad de su pastora, su vecina y por su hija.
Oramos por la petición de nuestro hermano Eduardo González y oramos por él para que usted, mi Señor, le sane la vista. Oramos por nuestra hermana Laura Senjo por una petición especial. Oramos por nuestra hermana Rosita Veloso por sanidad.
Oramos por mi hermana Elena Reyes por sanidad, por mi hermano Ignacio Toro por sanidad, por mi hermano Miguel Torres por sanidad y por liberación de su nieto. Oramos por nuestra hermana Teresita Reyes por sanidad y por nuestro hermano Eliseo Muñoz por sanidad.
Oramos por mi vecino Luis Orellana por sanidad, por mi hermano Dagoberto Roa por sanidad y por mi hermana Teresa Molina por sanidad del matrimonio y la familia. Oramos por el maestro Juan Vallalao por sanidad.
Oramos por mi hermana María Ivacache por sanidad, por mi hermano Israel Marchand por sanidad y por mi hermana Marta Saavedra por sanidad. Oramos por María Verónica Correa por sanidad, por Rosita Bueno Bazán por sanidad y por mi hermana Carolina por sanidad.
Promesa de sanidad
Señor, nos apropiamos de su promesa, porque creemos que a esta hora usted, Señor, pone su mano sobre los enfermos y ellos son sanados. No podemos olvidar lo que usted le dijo a Moisés:
Éxodo 15:26 — Dile a mi pueblo, que si oyen la voz mía, y obedecen mi mandamiento, ninguna enfermedad llegará a ellos, porque yo soy Jehová, tu sanador.
Señor, sé que los tiempos no han cambiado. Como los había enfermo en aquel tiempo, los hay hoy, y nos apropiamos de esta promesa hecha al caudillo de Israel, a Moisés. La tomamos y le pedimos, Señor, que por su palabra los enfermos sean sanados para la gloria del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén y Amén. Gloria a Dios, gloria a Dios, gloria a Dios para siempre.
Despedida
Damos muchas gracias a nuestro Dios por su palabra y ya estamos llegando al término de este programa por hoy. Le damos muchas gracias a usted por haber estado en la sintonía del programa.
Como ayer y hoy hemos tenido algunos problemas en la transmisión, le pedimos a usted disculpas; aunque esto agrava la falta, pero usted nos comprende, ¿verdad? Nos despedimos hasta mañana.
Mañana Dios mediante volvemos a encontrarnos nuevamente con un nuevo programa a la misma hora y en este mismo punto del diálogo. Mientras tanto, Dios le bendiga.