La libertad en Cristo y la lucha contra la opresión
Gladia Romero Toledo reflexiona sobre la importancia de encontrar la plenitud espiritual a través del conocimiento de Jesús. Usted descubrirá cómo los actos de bondad y la fe pueden transformar el dolor y combatir la opresión en la sociedad.
Bienvenida
Escucha, auditor, la voz del Salvador, que hoy te llama a ti, ¿no quieres tú venir? Escucha, auditor, la voz del Salvador, que a tu alma traerá salvación. Bienvenidos, bienvenida nuevamente juntos a través de su programa La Voz Pentecostal.
Le doy la bienvenida a la sintonía del matinal. Este programa está llegando a su hogar con el propósito de bendecir su vida. Les saludo a usted, mi hermana, mi hermano, vecino, amigos que nos sintonizan a esta hora. Les deseo las más ricas bendiciones de parte de nuestro Dios.
Oración Matinal
Amado Dios, le damos muchas gracias por este maravilloso día que usted nos permite existir. Gracias, amado Dios, porque usted nos ha permitido despertar y experimentar un nuevo día rodeada de mi familia y disfrutar de las bendiciones que por su amor, que es tan grande, puedo disfrutar.
Gracias por ser mi amigo, mi constante compañía, mi refugio en momentos de necesidad. Sé que usted es mi proveedor, porque en todo momento confío en que usted guía mis pasos y me muestra el camino correcto a seguir.
Pido fortaleza para enfrentar cualquier desafío, fe para mantenerme firme en momentos de dificultad y sabiduría para tomar buenas decisiones. Oro que mi corazón sea noble, mi mente y mi entendimiento para actuar de acuerdo a su designio. Encomiendo este programa en sus manos amorosas.
Gracias porque hoy día me da la oportunidad de ver este día con los ojos de mi alma, porque me da la vida y me ha dado también salud. Este es un privilegio que me facilita el amar, respirar, caminar, sentir, tocar, saborear, ver y leer su bendita y santa palabra.
Oro para que en su santa voluntad ella se cumpla, porque es bello despertar cada día con la certeza de que usted, mi Señor, cuida de mí y me lleva por camino de bendición. Usted ha actuado en mi vida y su poder dándome, Señor, mi familia.
Gracias porque tengo un techo que cobija mi sueño cada noche, porque tengo agua, calzado, vestuario y el sustento diario. Entrego en sus manos toda experiencia que en este día tan especial viva, buscando siempre nuestro crecimiento espiritual.
Yo creo que usted abre puertas donde no las hay y usted, mi Dios, va a derramar abundancia; esa es mi confianza y mi oración.
Peticiones de Oración
Oro, Señor, por los enfermos, porque sé que en estos momentos hay muchos de nuestros hermanos y hermanas que luchan en una sala de hospital, en una clínica o en sus casas esperando el toque de su poder sanador, para que usted esté tocando la enfermedad y la enfermedad salga de ellos. Oro por los que se sienten marginados, presos de muchas adicciones, y por los matrimonios, confiando que siempre usted está uniendo a la familia. Oro por los niños para que usted los proteja y les dé su cuidado, y por tantos abuelos y abuelas olvidadas, por la casa de la viuda y del huérfano, y para que haya apertura de los presos de la cárcel.
Por sobre todo, sane usted nuestra tierra porque esta tierra está enferma y necesita ser sanada. Oro, Señor, por mis autoridades eclesiásticas, muy en especial por la máxima autoridad de mi amada iglesia, mi amado obispo Israel Aravena, y por el honorable directorio de nuestra amada iglesia.
Oro, Señor, por las autoridades civiles de mi país, muy en especial por la máxima autoridad y los que con él gobiernan, pidiéndole que por favor usted ponga su mano y cese en las guerras. Oro muy especial por la paz de Jerusalén. Confiamos, Señor, que usted puso autoridades y que usted las guíe y las dirija, muy en especial las autoridades civiles de nuestra comuna.
Oro por el alcalde para que en su gestión administrativa usted ponga su mano en favor de las necesidades que hay en esta comuna. Oro, Señor, por la audiencia de este programa, pidiendo siempre una especial bendición para cada uno de ellos y de ellas.
Le doy, mi Señor, a usted toda la honra, la gloria y la alabanza por medio de nuestro Señor Jesucristo, confiando siempre que usted, mi Dios, nos permita desempeñar este programa con una unción especial del Espíritu Santo, para que nos esté guiando y dirigiendo.
Sin merecer lo que usted, mi Dios, nos ha entregado con tanto amor por esta humanidad a nuestro Señor y Salvador Jesucristo, porque Él pagó el precio de nuestro pecado. Gracias, Señor, por este amor tan grande por esta humanidad. Gracias, Dios Altísimo, por esta bendición que recibimos cada día a través de su Hijo, nuestro amado y bendito Salvador. Amén y amén, gloria a Dios para siempre.
Pan de Vida
Damos muchas gracias a nuestro Dios Altísimo porque nuevamente estamos juntos y juntas. Para este día tan especial, que es el día que hizo el Señor y lo hizo para mí y para usted, tenemos nuestro pan de vida a través del libro de Filipenses capítulo 3 versículo 8.
Filipenses 3:8 — Estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, para ganar a Cristo y ser hallado en Él.
Dios nos bendice por nuestro pan de vida. Qué hermoso es poner atención a las palabras de nuestro Dios. Los hombres han sido guiados para hacer poemas, y hay un poema que comienza diciendo: “no soy nadie, ¿quién eres tú?”. Emily Dickinson desafía en broma todo el esfuerzo de la gente por ser alguien, mientras defiende la alegre libertad del anonimato.
Encontrar libertad es despojarse de la necesidad de ser alguien. Esto evoca el testimonio del gran apóstol San Pablo, que antes de encontrarse con Cristo tenía una larga lista de credenciales religiosas, supuestas razones para confiar en la carne. Pero el encuentro con Jesús cambió todo.
Cuando nuestro hermano Pablo vio los vacíos que eran sus logros religiosos a la luz del amor sacrificial de Cristo, confesó que estimaba todas las cosas como perdidas por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús y las tenía por basura para ganar a Cristo. La única ambición que le quedaba era conocerle, el poder de su resurrección y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a Él en su muerte.
Es realmente terrible intentar uno ser alguien, pero conocer a Jesús, perdiéndonos en su amor y vida, es volver a encontrarnos, finalmente libre y pleno. Cuando nos preguntamos “no soy nadie, ¿ni quién eres tú?”, damos gracias a Dios. Digámosle juntitos y juntitas hoy a Dios: “Dios, gracias, porque no necesito ser alguien”.
Cuando te sientes libre de buscar tu valía en los logros de otras personas, el estar en Cristo libera el orgullo y el autodesprecio. ¡Qué grande es el Señor! Porque ahora encontramos en el Señor actos de bondad.
Actos de Bondad
Así nos dice el libro de Rut, en el capítulo 2, versículo 20: “él no ha rehusado a los vivos la benevolencia que tuvo para con los que han muerto”. Encontramos en su palabra actos de bondad.
Nos cuenta la historia de una jovencita que, meses después de perder a su bebé, Valeria, decidió hacer una venta de garaje. Gerardo, un artesano vecino, compró ansioso la cuna que ella vendía. Cuando Gerardo se enteró de su situación, decidió usar la cuna para hacerle un recuerdo y, una semana después, le regaló un hermoso banco. “Esta es la prueba de que todavía hay gente buena”, dijo Valeria.
Como Valeria, Rut y Noemí sufrieron una gran pérdida; el esposo de Rut y los dos hijos de Noemí murieron. Rut no tendría heredero ni a nadie que la sustentara. Allí fue donde apareció Boaz, el dueño del campo donde Rut fue a recoger granos sobrantes.
Cuando él se enteró de quién era, fue bueno con ella. Asombrada, Rut le preguntó: “¿Por qué he hallado gracia en tus ojos?”, y él le respondió: “He sabido todo lo que has hecho con tu suegra después de la muerte de tu marido”. Tiempo después, Boaz se casó con Rut y provechó para Noemí. De su matrimonio nació un antepasado de David y de Jesús. ¡Aleluya!
Tal como Dios utilizó a Gerardo y a Boaz para ayudar a transformar el dolor de otra persona, puede mostrar bondad y empatía hacia otro a través de ti. Prestémonos como ese instrumento para que otros conozcan a Cristo.
Demos gracias al Señor siempre. Digámosle: “Querido Dios, gracias por tu bondad suprema, por enviar a tu Hijo a redimirme”. Es entonces cuando comprendemos el valor tan grande de nuestro Dios al darnos a nuestro Salvador Jesucristo. Dios nos llama ahora a ser dador o receptor de actos de bondad, porque tenemos que imitar a nuestro Salvador.
El amor de Dios
Lo que Dios nos entrega por su infinito amor y misericordia. Gloria a Dios.
Reflexiones sobre la bondad y el trato al prójimo
En amor siempre estará siendo nuestra ayuda. Gracias al Señor por nuestro pan de vida, Dios nos bendice. Cuando hacemos actos de bondad, que nuestro ejemplo, que nuestro pan de vida nos ha dado por su palabra, podamos imitar ser bondadosos para que podamos mostrar a Cristo con nuestros actos. Porque usted y yo somos los representantes de Cristo en todo lugar.
Siempre nosotros estamos tratando de ser lo mejor en el trato a cada persona, porque en la vida no podemos aislarnos, tenemos que tratar con muchas personas. Por ejemplo, a tu madre, tenle paciencia, porque ella hizo todo lo que pudo por ti. Y a tu padre, tenle paciencia, trátalo con respeto ya que su silencio también fue una forma de amor.
A tu esposa sé sincero con ella; una pequeña mentira puede arruinar todo lo que el tiempo ha fortalecido. A tus hijos ponles atención, ellos te recordarán de cómo los hiciste sentir, no por el regalo que les diste. A tus amigos también sé leal, porque son pocos y tienen más valor de lo que tú te imaginas.
A tus enemigos, trátalos con tranquilidad. Reaccionar le dará a él el poder que buscan. Entonces, ¿qué tenemos que no ser nosotros cautelosos y cautelosas al momento de reaccionar? Porque nuestros enemigos buscan eso, que nosotros les demos el poder que ellos buscan.
A los desconocidos siempre tenemos que tener respeto, porque nuestro verdadero carácter se revela cuando no hay nadie que te conozca mirándote. Pero hay alguien que está viendo, porque para Dios no hay nada oculto. Así que con los desconocidos, ten respeto.
Trucos y consejos de cocina
Les damos algunos truquitos de cocina. Por ejemplo, cuando usted calienta el arroz del día anterior, colóquele un cubo de hielo encima; el vapor lo va a dejar esponjoso otra vez. Para pelar los ajitos, meta los dientes de ajo en una taza con tapa y agite fuerte, la piel se cae sola en segundos.
Es bueno congelar hierba de olor en cubos de aceite; esto saboriza al instante cualquier guisado. Y en la cocina, como buena dueña de casa, no perdemos nada. El pan duro en el horno, con papel húmedo abajo, en unos 10 minutos queda como recién hecho, así que usted no lo bote.
Cuando usted quiera ocupar mantequilla rayada, tiene que rayar la mantequilla fría directo sobre lo que va a mezclar para que se integre al instante. También le aconsejamos poner una cuchara de madera sobre la olla que está hirviendo; esto evita que se derrame sin necesidad de vigilancia, para que no tenga que estar ahí paradita esperando que no se vaya a subir la olla.
Usted puede también congelar los sobrantes de la salsa en charolas de hielo, listo para usar la porción por porción. Todos estos datos son útiles para el día a día, ojalá usted los recuerde cuando los necesite.
Receta de fritos de acelga
Para usted que por primera vez está en sintonía, ya sea por casualidad o a través del internet, le traemos una sugerencia para la cocina: fritos de acelga. El día acá en nuestra comuna de Paine está nubladito, hemos amanecido así este 20 de octubre a las 11:33 minutos, entonces viene bien algo así.
La preparación dura 15 minutos y la cocción 20 minutos. Los ingredientes para seis personas son: un paquete de acelga sin los tallos, dos huevos, una taza de leche, media cebolla frita, media taza de agua, media taza de harina, media cucharadita de polvo de hornear y sal.
Para prepararlos, vamos a lavar muy bien la acelga hoja por hoja y cuézala por cinco minutos en media taza de agua. Una vez fría y estilada, muélala en máquina o píquela bien finita en una tabla. Agregue la cebolla frita y la sal.
Prepare una crema espesa con los huevos batidos junto con la harina, la leche y el polvo de hornear. Una la mezcla con la acelga y saque por cucharada sopera para echarla en el aceite previamente calentado; fría, dándole vuelta hasta que se doren.
Coloque los fritos en una fuente sobre un papel absorbente para que no se impregnen de aceite. Sírvalo acompañado, puede ser con un arroz graneado y el toque final, queso parmesano; va a quedar muy rico este plato.
Le cuento que hay un datito para cocer las verduras: se recomienda no cocerlas demasiado si se utilizarán para preparar guisos al horno, ya que con el tiempo que estén en el horno se termina la cocción.
Saludos y felicitaciones
Vamos a saludar a nuestra hermana Teresita Flores, que hoy día está cumpliendo un año más. Muchas felicidades y que Dios le bendiga; que Dios le dé vida.
También saludo a una persona muy especial, que es mi amada hija María Riquero Romero, mi hija primogénita, que también hoy está cumpliendo un año más. Deseo para mi hija que pase un feliz cumpleaños, que de pleno gozo llene Dios su corazón y que desde el cielo vengan bendiciones.
Receta del día
Fritos de acelga
- 1 paquete de acelga (sin los tallos)
- 2 huevos
- 1 taza de leche
- 1/2 cebolla frita
- 1/2 taza de agua
- 1/2 taza de harina
- 1/2 cucharadita de polvo de hornear
- Sal
Preparación
- Lave muy bien la acelga hoja por hoja y cuézala por cinco minutos en la media taza de agua.
- Una vez fría y estilada, muela la acelga en máquina o píquela bien finita en una tabla.
- Agregue la cebolla frita y la sal a la acelga.
- Prepare una crema espesa batiendo los huevos junto con la harina, la leche y el polvo de hornear.
- Una la mezcla de la crema con la acelga.
- Saque por cucharada sopera y eche la mezcla en aceite previamente calentado.
- Fría los fritos dándoles vuelta hasta que se doren.
- Coloque los fritos en una fuente sobre un papel absorbente para eliminar el exceso de aceite.
- Sirva acompañado de arroz graneado y queso parmesano por encima.
Oración inicial
Vamos inmediatamente a abrir nuestras Biblias para leer la poderosa palabra de nuestro Dios en el libro de Eclesiastés, capítulo 4, versículo 1. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, dice así su palabra: «Dirigí luego mi atención a los actos de opresión que se cometen en este mundo. Y vi que los oprimidos lloran porque no hay quien los consuele».
Amado Dios, le agradecemos porque usted nos da, Dios Altísimo, esta oportunidad de relacionarnos en este momento del programa con su bendita palabra. Oro, Señor, para que usted traiga por el Espíritu Santo a mí la revelación divina de su palabra.
Use usted mis labios, tome dominio y tome el control de mi vida humana. Úngame para dar, unja a quien va a escuchar, Señor, para que de esta manera su palabra corra y sea glorificada en muchas vidas. Se lo ruego, Padre, en el nombre de Cristo Jesús, nuestro Salvador. Amén y Amén. Gloria a Dios para siempre.
Contra la opresión
El título de la palabra de nuestro Dios es: Contra la opresión. Después que los nazis lo encarcelaron, Martin Niemöller escribió que en Alemania vinieron primero por los comunistas y él no dijo nada porque no era comunista. Luego vinieron por los judíos y no abrió su boca porque no era judío; luego por los sindicalistas y se quedó callado porque no pertenecía al gremio; luego por los católicos y no quiso hablar porque era protestante. Entonces vinieron por él y, en esa ocasión, ya no había nadie que pudiera hablar por él.
En las escuelas, los niños y los jóvenes saben lo que es ser molestados por otros que los toman como blanco favorito para sus bromas y amenazas. La última cosa que un niño quisiera es ponerse en el lugar de aquellos que reciben tal tratamiento.
Cuando vemos a la gente que padece en el medio de la ciudad debido a tanta violencia, cuando somos testigos de cómo miles de niños son muertos a través de las técnicas abortivas, o cuando observamos a los que están en la cárcel en condiciones inhumanas, ¿quién es aquel que va a levantar su voz y hablar por todos estos?
Esta es la situación en una sociedad donde, más que seres humanos, parecemos perros dispuestos a morderse unos con otros. Poniéndolo en el lenguaje popular, es mucho mejor morder que ser mordido. De eso nos habla el libro tan especial de Eclesiastés.
Eclesiastés 4:1-3 — Dirigí luego mi atención a los actos de opresión que cometen en el mundo y vi que los oprimidos lloran, pero no hay quien los consuele; sus opresores les hacen violencia, pero no hay quien los consuele. Por eso consideré más felices a los que ya han muerto que a los que aún viven; aunque en mejores condiciones están los que aún no han nacido, pues todavía no han visto la maldad que se comete en el mundo.
Usted lo puede corroborar en su Biblia. Quizás le parece que todo tiempo pasado fue mejor, pero aquí está el libro de Eclesiastés, escrito hace varios miles de años, que refleja la condición moral y espiritual de cualquier sociedad en cualquier tiempo de la historia.
El escritor de Eclesiastés es testigo de las situaciones de opresión e injusticia que viven todos los días en todo lugar. La compasión de los oprimidos es un tema común en el Antiguo Testamento. Se ve con indignación la opresión del pueblo por parte de un rey, de un siervo por parte de su maestro, o del pobre oprimido por aquellos que tienen más recursos, por funcionarios con poder o incluso por otros pobres que también cometen la opresión.
Aquel que recibe en forma temporal al extranjero, al desposeído o a la viuda, recibe una simpatía especial en el Antiguo Testamento. El predicador de Eclesiastés mira la sociedad en que vive y dice que le llaman la atención los actos de opresión, agregando que los oprimidos lloran y, para dar dramatismo a tal declaración, sentencia que no hay quien los consuele.
Esa es la situación real del hombre natural que vive separado de la presencia de Dios. No puede entonces extrañar la conclusión del versículo 2, cuando dice que consideró más felices a los que ya han muerto que a los que aún viven. Quizás a la misma conclusión podría llegar cualquier habitante de nuestro planeta hoy, siendo testigo de la violencia e injusticia contra determinados grupos de personas.
Jesucristo, la verdadera liberación
Cuando Jesús de Nazaret vino a este mundo hace más de dos mil años, encontró situaciones similares en la sociedad en la que desarrolló su ministerio. Quizás había personas en el pueblo de Israel que alimentaban la secreta esperanza de la venida de uno que los liberara de tal opresión, o aquellos que ya se habían acostumbrado al sistema pensando que la vida no era más que eso, nada más debajo del sol.
Es increíble notar que el escritor de Eclesiastés tenga la claridad de conciencia sobre los malos actos que se cometen en este mundo, o como dice otra versión, debajo del sol. Pareciera haber una chispa de discernimiento sobre el estado terriblemente corrupto de la sociedad del momento.
Sin embargo, en este texto no se nos da ni una respuesta ni una solución. Lo único que hace el texto es reflejar elementos que podrían hacernos deprimir y pensar que el ser humano se encuentra en un pozo del cual no tiene escape ni salida.
Con tales decepciones y seres humanos desmoralizados es que Jesucristo se encontró. Había quienes esperaban un Mesías que los liberara del imperio romano para ser una nación con un destino de grandeza, o fanáticos que esperaban un líder o caudillo que los guiara en el levantamiento final.
Por eso tuvo que ser una tremenda sorpresa el nacimiento sencillo de Jesucristo en un establo, circunstancia que lo rebajaba a los ojos de un pueblo que esperaba que su rey naciera en la mejor residencia. Los evangelios destacan su humanidad, su pobreza y su carencia de medios, una imagen que no coincide con la descripción de los reyes, su poder y su ostentación.
Pero Jesucristo vino a la vida como solución al problema del hombre y a anunciar el único camino para encontrar una verdadera liberación de un estado mental y espiritual al que el hombre se había acostumbrado. Si nos quedamos solamente en los versículos de Eclesiastés, parecería que no hay esperanza y que el único camino es la resignación o la depresión.
Ante seres humanos abatidos y sin respuestas, Jesús se revela como el Salvador del mundo. El evangelio según San Marcos nos explica que Jesús volvió a la orilla de un lago, la gente se acercaba a él y les enseñaba. Vio a Leví, hijo de Alfeo, sentado donde se cobraban los impuestos para Roma y le dijo: «Sígueme». Leví se levantó y lo siguió.
Sucedió que Jesús estaba comiendo en la casa de Leví y muchos cobradores de impuestos y gente de mala fama estaban sentados a la mesa con Jesús y sus discípulos. Al ver esto, los fariseos y maestros de la ley preguntaron: «¿Cómo es que su maestro come con cobradores de impuestos y pecadores?». Jesús lo oyó y dijo: «Los que están sanos no necesitan médicos, sino los enfermos. Yo no he venido a llamar a los buenos, sino a los pecadores».
Si son los enfermos los que necesitan al médico, son los enfermos del alma y del espíritu los que requieren la intervención de Jesucristo, el mejor médico y único sanador que puede efectuar un cambio dramático en la vida. Con Jesucristo sí hay esperanza, libertad y una nueva visión; con él se acaban las frustraciones y decepciones tan comunes en la sociedad.
Hoy es a este Jesucristo al que te anunciamos y encomendamos. Aunque goces de buena salud física, podemos asegurarte que tu alma y tu espíritu están enfermos si no has conocido la luz verdadera, la que viene del Salvador del mundo, que alumbra a todos los hombres y mujeres y puede señalarles con precisión el camino para encontrarse con su Creador.
Oración final y peticiones
Amado Dios, le damos gracias por este alimento espiritual que vino del cielo a la tierra y gracias por haber dejado sus escritos, que nos ayudan en este tiempo tan especial de existencia. Cada día que amanece trae su propio afán, pero cada día usted, Señor, está llamando a hombres y mujeres al arrepentimiento.
Gracias por su palabra, porque hoy nos ha llamado a ser oidores, pero también hacedores, porque no podemos quedarnos con el oír, sino que su palabra es para actuar y vivirla. Ruego que haya habido un toque de su poder para que todos podamos practicar cada consejo de su palabra.
Bendiga el Señor a la audiencia de este programa. Sabemos que por el oír nuestra fe es aumentada y que usted pone en nosotros el querer como el hacer. Pedimos su bendición para los que están en la audiencia de la radio y pedimos que usted, Señor, imparta sanidad. Usted dijo por su palabra: «Pongan las manos sobre los enfermos y los enfermos sanarán y estas señales seguirán a los que creen en mi nombre». Hemos creído, Señor, y pedimos que obre en quienes escuchan el programa para que sean tocados y sanados para la gloria de su nombre.
Pedimos, Señor, que se haga su voluntad, que es siempre buena, agradable y perfecta. Oramos por la casa del luto; oramos para que la iglesia de Granero, que hoy ha perdido a su pastor, sea consolada, y que usted consuele también a nuestra pastora y a toda la familia pastoral. Oramos por nuestro pastor Florindo Márquez, pastor de nuestra iglesia en el monte.
Oramos por sanidad por nuestro hermano José David Videla; para él pedimos un milagro que lo ponga de pie, porque lo que la ciencia no ha podido hacer, usted tiene el poder para hacerlo. Oramos por nuestra hermana Teresita Flores, por la sanidad de su pastora, de su vecina y de su hija. Oramos por la petición de mi hermana Laura Senjo.
Oramos por mi hermano Eduardo González por sanidad a la vista; por mi hermana Rosita Veloso, por sanidad; por mi hermana Elena Reyes, por sanidad; por mi hermano Ignacio Toro, por sanidad; por mi hermano Miguel Torres, por sanidad y por liberación de su nieto. Oramos por mi hermana Teresita Reyes por sanidad; por mi hermano Eliseo Muñoz por sanidad; por mi vecino Luis Orellana por sanidad; por mi hermano Dagoberto Roa por sanidad; por mi hermana Teresa Molina por sanidad del matrimonio y la familia.
Oramos por el maestro Juan Bayalao por sanidad; por mi hermana María Ivacache por sanidad y por su hijo Jesús, para que usted los cuide allí donde se fue a trabajar al norte de nuestro país. Oramos por mi hermano Israel Marchand por sanidad; por mi hermana Marta Saavedra por sanidad; por mi hermana María Verónica Correa por sanidad; por Rosita Bueno Bazán, por sanidad; por mi hermana Carolina, por sanidad.
Señor, yo sé que usted conoce a cada uno de sus hijos y de sus hijas, y ruego que en esta hora descienda poder y sanidad para ellos, que la gloria de su nombre se haga manifiesta y reciban la bendición de sanidad en sus cuerpos. Se lo ruego, Padre, para la gloria del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén y Amén. Gloria a Dios para siempre.