La Voz Pentecostal

La vanidad del trabajo humano y el valor de la familia

· 47 min

Gladia Romero Toledo reflexiona sobre la importancia de confiar la vida a Dios y valorar los vínculos familiares por sobre los logros materiales. Usted encontrará un mensaje basado en el libro de Eclesiastés sobre el descanso espiritual y la ayuda mutua.

Bienvenida y Oración Inicial

Escucha, auditor, la voz del Salvador, que hoy te llama a ti. ¿No quieres tú venir? Escucha la voz del Salvador, que a tu alma traerá salvación. Bienvenidos nuevamente a su programa La Voz Pentecostal, a través de los micrófonos de la Radio Abigail. Dirige este programa su hermana en Cristo, Gladia Romero Toledo, y le doy la bienvenida a la sintonía del matinal.

Le damos muchas gracias al Señor porque podemos estar nuevamente juntos, ya que dos días atrás no hemos podido salir con el programa. Pero hoy este programa está llegando a su hogar con el propósito de bendecir su vida. Les saludo a usted, mi hermano, mi hermana, vecinos y amigos que nos sintonizan a esta hora; les deseo las más ricas bendiciones de parte de nuestro Dios.

Como siempre, le damos comienzo a este programa poniéndonos en las buenas manos de nuestro Dios a través de la oración. Amado Dios, hoy le doy muchas gracias por haberme permitido despertar y experimentar un nuevo día rodeada de mi familia, disfrutando de sus bendiciones. Gracias por ser mi constante compañía, mi amigo fiel, mi refugio en momentos de necesidad y mi proveedor en todo momento.

Confío en que usted me guía y me muestra el camino correcto a seguir. Le pido fortaleza para enfrentar cualquier desafío, fe para mantenerme firme en momentos de dificultad y sabiduría para tomar buenas decisiones. Que mi corazón sea noble y que mi mente sea llena de entendimiento para actuar de acuerdo a su designio.

Encomiendo este día y muy en especial este programa en sus manos, amorosa. Gracias porque hoy me da la oportunidad de ver este día con los ojos de mi alma y el privilegio de vivir un día más; porque también me da la oportunidad de amar, de respirar, de caminar, sentir, tocar, saborear, vivir y leer su bendita y santa palabra.

Es tan bello despertar cada día con la certeza de que usted, mi Señor, cuida de mí y siempre me conduce por caminos de bendición. Usted ha actuado en mi vida con su poder, dándome mi familia; gracias, Señor, porque tengo un techo que cobijó mi sueño, el agua, el calzado, el vestuario y el sustento diario.

Me pongo en sus manos porque sé que toda experiencia que viva tiene una razón de ser, buscando siempre nuestro crecimiento espiritual. Usted siempre abre puertas donde no las hay; esa es la seguridad espiritual de vivir cada día en su presencia, derramando abundantemente en todas las áreas de nuestra vida.

Peticiones de Oración

Oro, Señor, por los enfermos, porque sé que hay muchos que en estos precisos momentos luchan en una sala de hospital o en una clínica esperando el toque de su poder; denles usted una pronta sanidad. Oro por los que se sienten marginados, presos de tantas adicciones, por los matrimonios, por la unidad de la familia, por los niños para que usted los proteja y por tantos abuelos y abuelas olvidadas. Oro por la casa de la viuda y del huérfano, y para que haya apertura de los presos de la cárcel.

Por sobre todas las cosas, yo le ruego, Padre, que sane nuestra tierra porque esta tierra está enferma y necesita ser sanada. Oro, Señor, por nuestras autoridades eclesiásticas, muy en especial por la máxima autoridad de mi iglesia, mi amado obispo Israel Aravena, y por el honorable directorio de nuestra iglesia.

Oro por las autoridades civiles de nuestro país, por la máxima autoridad y por los que con él gobiernan. Oro por las autoridades civiles de nuestra amada comuna, muy en especial por el alcalde, ya que en su gestión administrativa usted ponga su mano en favor de nuestra comuna y sus necesidades.

Oro por la audiencia de este programa, pidiendo una especial bendición para todos y todas. Oro para que haya paz en la tierra, que haya un cese de la guerra y muy en especial oro por la paz de Jerusalén. Le doy, Señor mi Dios, toda la honra, la gloria y la alabanza por medio de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.

Muchas gracias, Dios Altísimo, porque usted nos permite vivir una vez más esta bendición de tener a Cristo viviendo en nuestro corazón. Gracias, Padre, por amar tanto a esta humanidad, sabiendo que su hijo venía a pagar el precio de nuestro pecado, igual usted lo mandó. Gracias por este amor tan grande. Amén y amén.

El Pan de Vida

Damos muchas gracias a nuestro Dios Altísimo porque tenemos con nosotros nuestro pan de vida, que sin duda nos va a dar la bendición de tener un día con su palabra viviendo en nuestras vidas. Hoy tendremos en el Salmo 23 nuestro pan de vida.

Salmo 23:4 — No temeré mal alguno porque tú estarás conmigo.

Dios nos bendice por nuestro pan diario. Para muchos de nosotros que no hemos tomado todavía la Biblia en nuestras manos, el programa le trae a usted este pan de vida. Recuerdo el testimonio del abolicionista británico William Wilberforce; estaba por morir y escribió una carta en la que dijo haber oído sobre la muerte de un hermano en Cristo: “Bienaventurado es el querido hombre que partió a la gloria, ahora en la presencia de Dios, y a quien, sin verlo, amaba”.

Luego escribió sobre su propia situación: “Yo mejor o peor, Jesús es bueno como siempre”. Sus palabras me hicieron pensar en el Salmo 23, porque David escribe que aunque ande en valle de sombra de muerte, no temerá mal alguno porque Dios estará con él. Es allí, en medio del valle de sombra de muerte, donde la depresión se vuelve profundamente personal.

Al principio David habla sobre Dios diciendo “el Señor es mi pastor”, pero luego pasa a hablar con Él: “tú estarás conmigo”. Qué tranquilizador es saber que el Dios Todopoderoso es tan compasivo que camina con nosotros, incluso a través de los lugares más difíciles. Ya sea que nuestra situación mejore o empeore, podemos acudir a nuestro pastor, salvador y amigo, y encontrarlo tan bueno como siempre.

Cuando comprendemos lo mismo que estuvo en labios del dulce cantor de Israel, podemos hoy agradecer a Dios por su fidelidad. Digámosle siempre en oración: “Pastor mío, gracias por tu fidelidad y bondad perfecta hacia mí, ayúdame hoy a permanecer cerca de ti”. Amén.

La Ayuda Mutua

Saber que Jesús es nuestro pastor y que está siempre con nosotros es algo poderoso. Podemos compartir hoy esta esperanza con alguien; es la oportunidad que nos da el Señor para darle a otros la ayuda mutua, como lo dice Pablo en el libro de Primera de Tesalonicenses.

1 Tesalonicenses 5:15 — Seguir siempre lo bueno uno para con otro y para con todos.

Aquí encontramos la ayuda mutua porque vivimos experiencias a diario. Como el ejemplo de Ámbar, quien vio que sería beneficioso para la comunidad tener una liga femenina y comenzó a organizarla sin fines de lucro para fomentar el trabajo en equipo e impartir a las generaciones siguientes. Los líderes vieron en esta mujer el esfuerzo por desarrollar confianza y carácter en mujeres y niñas.

Una de las primeras jugadoras dijo que había mucha camaradería entre nosotras, algo que le faltaba, y que se apoyaban unas a otras. Dios desea que su pueblo también crezca y se ayude mutuamente. El apóstol Pablo insistió a los tesalonicenses diciendo: “animados unos a otros y edificados unos a otros”.

Dios nos ha colocado en su familia para ayudarnos; nos necesitamos mutuamente para seguir andando en la senda que Él nos ha trazado dentro de la fe en Cristo. A veces esto significa escuchar a alguien que está luchando, suplir necesidades básicas o expresar palabras de aliento. Podemos celebrar el éxito, orar por la fortaleza en una dificultad o desafiarnos a crecer en la fe.

Debemos alentar a otras personas, muy en especial a los que tenemos más cerca, que son los lavados y redimidos por la sangre de Cristo. Es tan sublime cuando nuestros hermanos por primera vez pisan el lugar apartado para la oración, que es la iglesia, aunque todos los miembros somos la iglesia.

El Tesoro de la Familia

Tenemos con nosotros el tesoro más valioso del mundo y a veces no le damos tanta importancia. No hay ninguna riqueza mayor que la familia. No hay consejo más grande que un padre, no hay mundo más grande que una madre, no hay compañero más grande que un hermano, ni amigo mejor que una esposa.

No hay apoyo más fuerte que un hijo, ni guía más sabia que la experiencia. No hay tesoro más valioso que la salud, ni tranquilidad más grande que tener un trabajo estable, ni refugio más seguro que una verdadera amistad.

A veces encontramos en la vida cosas que duelen, pero disfrutamos mucho en familia y vivimos como si las personas que amamos fueran eternas, y no es así. Peleamos a veces por tonterías pensando que la familia vivirá para siempre, pero un día ya no estarán y ese día nada de lo que hoy nos preocupa importará. Valora ahora lo que tienes.

Debemos vivir siempre compartiendo y juntándonos. Aunque el hijo y la hija se hayan ido y hayan formado su propio hogar, no debemos olvidarnos que tenemos una madre y un padre; aunque estén ya avanzados de edad, necesitan ver a sus hijos y compartir.

La bendición viene de tener al Señor viviendo en nuestras vidas y eso nos permite compartir muy en especial con la familia. Dios es quien suple todas nuestras necesidades y nos hace unirnos cada día. En esto también está la familia espiritual, que son nuestros hermanos en Cristo y el cuerpo de Cristo, que es la iglesia.

Sugerencia Culinaria

La sugerencia que le damos todos los días es una receta para cocinar. Hoy día le traemos el “capachito relleno con verdura”. Para prepararla no nos demoraremos mucho: 20 minutos de preparación y 10 minutos de cocción. La receta es para 12 personas.

Para la masa necesitamos: dos tazas de harina, una cucharada de manteca, una cucharadita de polvo de hornear, media taza de agua tibia, sal y aceite para freír. Para el relleno necesitamos: una cucharada de margarina, una cucharada de harina, dos tazas de leche, dos tazas de albergita, una zanahoria cocida y cortada en cuadritos, dos huevos duros, sal, pimienta y nuez moscada.

Preparación: Mezclamos la harina con los polvos de hornear y formamos una corona. Derretimos la manteca agregándola al agua tibia con sal. Formamos la masa sobándola lo suficiente. Uslemos la masa delgada y cortamos círculos del tamaño de una taza de café. Píquelos con un tenedor y doblamos cuatro partes de la orilla formando una cajita.

Coloque los capachitos boca abajo en aceite bien caliente y, una vez dorados, los damos vuelta. Retírelos del fuego y colóquelos en una fuente con papel absorbente. Para el relleno, freímos la margarina en una cacerola, agregamos la harina y aclaramos lentamente con leche sin dejar de revolver. Condimentamos con sal, pimienta y nuez moscada, revolviendo con cuchara de madera hasta que espese.

Dejamos enfriar unos minutos y añadimos las albergitas y las zanahorias. Rellenamos los capachitos con esta preparación y espolvoreamos encima el huevo duro molido. Colocamos los capachitos rellenos en una fuente para el horno, calentamos el horno cinco minutos y servimos. Es un platito novedoso y fácil de hacer.

Ilustración de Capachito relleno con verdura

Receta del día

Capachito relleno con verdura

Masa

  • 2 tazas de harina
  • 1 cucharada de manteca
  • 1 cucharadita de polvo de hornear
  • 1/2 taza de agua tibia
  • sal
  • aceite para freír

Relleno

  • 1 cucharada de margarina
  • 1 cucharada de harina
  • 2 tazas de leche
  • 2 tazas de albergita
  • 1 zanahoria cocida y cortada en cuadritos
  • 2 huevos duros
  • sal
  • pimienta
  • nuez moscada

Preparación

  1. Mezcle la harina con los polvos de hornear y forme una corona.
  2. Derita la manteca y agréguela al agua tibia con sal.
  3. Forme una masa sobándola lo suficiente para que la manteca se deshaga.
  4. Usle la masa delgada y corte círculos del tamaño de un platillo o taza de café.
  5. Pique los círculos con un tenedor.
  6. Humedezca la orilla y doble cuatro partes para formar una cajita.
  7. Coloque los capachitos boca abajo en aceite bien caliente, dórelos y luego voltéelos para dorar el otro lado.
  8. Retírelos del fuego y colóquelos en una fuente con papel absorbente.
  9. Para el relleno, fría la margarina en una cacerola y agregue la harina.
  10. Aclare lentamente con leche sin dejar de revolver.
  11. Condimente con sal, pimienta y nuez moscada, y revuelva con cuchara de madera hasta que espese.
  12. Deje enfriar unos minutos y añada las albergitas y las zanahorias.
  13. Rellene los capachitos con esta preparación y espolvoree encima el huevo duro molido.
  14. Coloque los capachitos rellenos en una fuente para el horno, caliente el horno cinco minutos y sirva.

Mensaje: Trabajo en Vano

Vamos a abrir nuestras Biblias para leer el mensaje del Señor en el libro de Eclesiastés.

Eclesiastés 2:23 — Toda su vida es de sufrimientos, es una carga molesta; ni siquiera de noche descansa su mente.

Amado Dios, tenemos con nosotros ya su palabra leída. Oro, Señor, pidiendo que a través del Espíritu Santo traiga a mí la revelación divina de su santa palabra. Ruego que usted use mis labios, tomando el control de mi vida. Unja a quien va a recibir y a quienes estén en la sintonía de este programa para que su palabra corra y sea glorificada en muchas vidas. Amén.

El título de la palabra es “Trabajo en vano”. Por lo general, el vehículo que encabeza un cortejo fúnebre es una carroza fúnebre, no un camión de mudanza. Es un reconocimiento de que, por más que lo intentes, no puedes llevarte tus logros contigo. En última instancia, tienes que aceptar que dejas los resultados de tu arduo trabajo a quien es muy probable que no haya trabajado por ello y que incluso puede arruinar todo aquello de lo que te sentiste orgulloso.

Es posible que Salomón tuviera el presentimiento de lo que iba a suceder después de su muerte. Su reinado trajo a Israel un poder y una prosperidad sin precedentes, pero esperando su turno estaba su hijo, una cabeza hueca llamado Roboam. Fue precisamente por esa actuación sin reflexionar que el reino se dividió poco después de la muerte de Salomón y Israel nunca volvió a experimentar esa época dorada.

Cabe entonces preguntarse: ¿de qué sirve todo nuestro trabajo, dolor y noches sin dormir? Salomón es franco y honesto acerca de los resultados de su búsqueda en distintos campos del conocimiento. A diferencia de otros personajes que solo cuentan lo que les enaltece, este rey nos abre su corazón para decirnos acerca de las frustraciones que recibió en la búsqueda del placer y el conocimiento.

Declara que no le fue posible encontrar satisfacción mediante los logros intelectuales ni el conocimiento académico. Trató de investigar nuevas experiencias mediante el vino, las mujeres y las canciones, solo para encontrarse terriblemente aburrido. Se afanó en proyectos personales: construyó estanques, adornó parques y diseñó construcciones majestuosas, pero nuevamente no encontró satisfacción.

Llegó a tener cientos de concubinas y esposas, y coleccionó joyas exquisitas y piedras preciosas, pero nada le trajo satisfacción. Entonces reacciona con la idea expresada en Eclesiastés 2:17: “Y aborrecí la vida porque me era penosa. La obra que se hace bajo el sol, pues todo es vanidad y correr tras el viento”.

El predicador aborreció también el fruto de su trabajo porque, como dice el versículo 19, tendría que dejarlo al hombre que vendría después de él, sin saber si sería sabio o necio. Esto le duele al predicador; lo encuentra superficial y sin sustancia. Se desesperó al ver que un hombre que ha trabajado con sabiduría da su hacienda al que no ha trabajado en ella.

El afán y la ansiedad no hacen otra cosa sino hundir en la depresión al hombre que no puede gozar del contentamiento de su obra. No trabajes hasta que tus dedos se acalambren para dejarlo todo luego a un cabeza hueca. Haz todo tu trabajo y encomienda toda tu obra a Dios. Solo Él puede hacer que tu trabajo tenga valor y ayudarte a relajarte y disfrutarlo.

Salmo 127:1 — Si el Señor no construye el templo, de nada sirve que trabajen los constructores. Si el Señor no protege la ciudad, de nada sirve que vigilen los sentinelas.

A ti que te afanas, que te preocupas del futuro y que no sabes cómo se va a invertir aquello que has ganado con el sudor de tu frente, van dirigidas estas palabras. Por más que te angustie, tu vida tiene un término y tus obras no podrán acompañarte más allá de la tumba. Es necesario que cambies de actitud y centres tu vida en quien realmente es la primera causa de todo lo que existe.

Jesús sabía de las ansiedades de los hombres, por eso invitó a quienes padecían ese mal a que fueran a Él para aprender a descansar. Nuestro deseo y oración es que dirijas tu ansiedad y preocupación a Jesucristo para que Él te enseñe a relajarte, a disfrutar de lo que tienes y a poner tu confianza en Dios.

Oración Final y Peticiones de Sanidad

Amado Dios, agradecemos el cuán grande amor nos ha dado el Padre porque nos ha dejado esta riqueza incalculable que es su palabra, la cual es lámpara a mis pies y lumbrera para mi camino. Ruego que esta palabra haya quedado grabada en más de algún oyente y esté haciendo vida en su corazón.

Quizás haya una desesperación en algún auditor que piensa que sus días se están acortando y no sabe quién disfrutará de su trabajo, pero Dios nos ha dado su palabra para poner nuestra vista en el autor y consumador de nuestra vida. No tenemos por qué preocuparnos por lo que será después de que el Señor tome el soplo de vida.

A esta hora oro por los enfermos que esperan que el toque de su poder los sane. Usted nos dice por su palabra: “pídeme y te daré”. Pedimos la sanidad para los enfermos; obre, mi Señor, donde no hay esperanza, porque usted es la esperanza viva. Le pedimos que usted se glorifique en sanidad divina.

Oramos por nuestro pastor Florindo Marques de nuestra iglesia Ipeche en el monte; pedimos sanidad para él. Oramos por nuestro hermano José David Videla y pedimos un milagro que lo ponga de pie. Oramos por nuestra hermana Teresita Flores, por sanidad de su pastora, su vecina y por su hija Pamela.

Oramos por la petición de mi hermana Laura Senjo, por mi hermano Eduardo González por sanidad a la vista, por mi hermana Rosita Veloso, por mi hermana Elena Reyes, por mi hermano Ignacio Toro, por mi hermano Miguel Torres por sanidad y por su nieto por liberación.

Oramos por mi hermana Teresita Reyes, por mi hermano Eliseo Muñoz, por mi vecino Luis Jorellana, por mi hermano Dagoberto Roa, por mi hermana Teresa Molina por sanidad del matrimonio y la familia, por el maestro Juan Vallalao, por mi hermana María Ivacache y por mi hermano Israel Marchand.

Oramos por mi hermana Marta Saavedra por la familia y el matrimonio en general. Oramos por María Verónica Correa porque su corazón está creciendo hacia adentro y dañando otros órganos; pedimos por su hija para que usted, Señor, esté obrando por misericordia. Oramos por Rosita Bueno Bazán y por mi hermana Carolina por sanidad.

Le pedimos a usted, mi Señor, que se glorifique ahora para la gloria del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén y amén. Gloria a Dios para siempre.

Damos muchas gracias a nuestro Dios Altísimo por su palabra. Ya estamos llegando al término de este programa por hoy. Nos despedimos hasta mañana, Dios mediante, a la misma hora y en este mismo punto del dial. Mientras tanto, Dios le bendiga.