La Voz Pentecostal

La búsqueda de la satisfacción y la naturaleza de la Trinidad

· 50 min

Gladia Romero Toledo reflexiona sobre la insatisfacción humana frente a la plenitud que ofrece la fe en Jesucristo. Usted encontrará también consejos prácticos del hogar y una receta de postre.

Oración matinal

Escucha, auditor, la voz del Salvador, que hoy te llama a ti y no quieres tú venir. Escucha, auditor, la voz del Salvador, que a tu alma traerá salvación. Bienvenidos, bienvenida, nuevamente juntos a través de su programa La Voz Pentecostal, a través de los micrófonos de Radio Abigail. Dirige el programa su hermana en Cristo, Gladia Romero Toledo, y le doy la bienvenida al matinal. Este programa está llegando a su hogar con el propósito de bendecir su vida.

Les saludo a usted, mi hermano, mi hermana, vecinos, amigos del programa que nos sintonizan a esta hora. Les deseo las más ricas bendiciones de parte de nuestro Dios. Y como siempre, le damos comienzo a este programa poniéndonos en las buenas manos de nuestro Dios.

Amado Padre Celestial, su palabra dice que sin fe es imposible agradar a Dios. Señor bendito, hoy reconozco que me presento delante de su presencia y que muchas veces digo que cuando llegan los problemas a mi corazón me lleno de miedo. Hay momentos en que las pruebas causan la espera y la espera duele, en que las respuestas no llegan y la fe parece hacerse pequeña.

Padre, hoy día me siento bendecida de poder estar en su presencia una vez más a través de este programa. Siempre cuando los problemas acechan, preguntamos dónde está la salida; pero aun así, Señor, aquí estoy. Porque aunque mi fe sea pequeña, yo quiero seguir porque creo en usted, mi Señor.

Señor, fortalezca mi vida, porque sé, mi Dios, que milagros van a ser realizados. Mi Dios, que hace lo imposible posible, ayúdeme a crecer. Aunque mis ojos no vean nada, aunque las puertas parezcan cerradas, aun cuando las circunstancias digan que no hay solución, lloro porque sé que usted estará conmigo. Lloro con fe, con verdadera fe, porque esa fe me aferra, se mueve en mí y se levanta en medio de mi necesidad.

Padre, oro por cada uno de los que ahora están en la sintonía. Señor, usted conoce nuestras batallas, conoce también las lágrimas que nadie ve, las noches en que nos quedamos pensando por las preocupaciones, pero hay confianza que las cosas cambiarán. Usted sabe, mi Señor, que siempre trato de ser fuerte, pero mi Señor me saca el miedo porque está soplando vida otra vez. Recuerdo que usted siempre será mi Dios y que usted está en el control.

Señor, la ayuda para ir siempre adelante, siempre confiando que su misericordia se renueva cada mañana. Esta mañana ya ha sido posible que su misericordia sea manifestada sobre mí. Oro, Señor, para que usted bendiga este programa hoy y me pongo en sus manos amorosas para que usted esté en el control de mi vida.

Oro, Señor, por los matrimonios, por la unidad de la familia, por los jóvenes que son presos de tantas adicciones y por los que no son tan jóvenes. Oro por tantos abuelos y abuelas olvidadas, para que haya sustento en la casa de la viuda y del huérfano, y por la apertura de los presos de la cárcel.

Sé que en estos momentos hay muchos enfermos que luchan en una sala de hospital, en clínica o en su casa. Pido que usted manifieste su poder sanador y restaure sus vidas con su poder. Oro, Señor, por mis autoridades eclesiásticas, muy en especial por la máxima autoridad de mi iglesia, mi amado obispo Israel Aravena, y por el honorable directorio. Deseo, Padre, que usted les dé una clara dirección para continuar administrando esta labor que usted les ha encomendado.

Oro, Señor, por las autoridades civiles de nuestro país, especialmente por la máxima autoridad y por los que con él gobiernan. Oro por las autoridades civiles de la comuna, porque ellos tienen la responsabilidad de administrar para solucionar los problemas. Bendiga, mi Señor, a los que prestan servicio a la comunidad como asilos, bomberos y carabineros, institución que arriesga su vida en cada procedimiento.

Pido una especial bendición para la audiencia de este programa. Oro siempre para que haya un cese de la guerra, muy en especial por la paz de Jerusalén. Padre de amor, oro para que usted bendiga a los trabajadores de la salud, ya que están en constante peligro por tantas enfermedades; bendígales y protégales desde la más alta autoridad hasta el más simple trabajador. Reciba usted toda la honra, toda la gloria y la alabanza a través de Jesucristo, nuestro Salvador. Amén y amén.

Nuestro Pan de Vida: La Trinidad

Damos muchas gracias a nuestro Dios por estar nuevamente juntos y juntas. Ya tenemos con nosotros nuestro pan diario, nuestro pan de vida, donde nos cuenta la historia épica de Dios. Su palabra la encontramos para leerla en el Evangelio según San Juan, capítulo 16, versículo 33.

Juan 16:33 — Y en el mundo tendréis aflicciones, pero confiad, yo he vencido al mundo.

Sin duda que caminamos en el camino del Señor y nos encontramos que Dios nos entrega su palabra con esta historia épica, donde nos da a conocer especialmente la Trinidad. Tres personas, pero solamente un Dios. La idea de la Trinidad, que es el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, son un solo Dios. Puede ser confusa para alguno y podríamos preguntarnos por qué debería interesarnos este tema tan importante, pero vamos a explorar su definición y naturaleza.

La Biblia enseña que el Padre es Dios, el Hijo es Dios y el Espíritu Santo es Dios. Dios es un ser que ha existido eternamente como tres personas diferentes. Cada uno funciona a su manera singular: el Padre es el que origina, el Hijo es el agente y el Espíritu Santo es el que aplica. Cada persona tiene su propia conciencia y motivación; sin embargo, ninguno actúa de manera independiente o opuesta a los otros.

Las tres personas participaron en la creación. Fue en él, Jesucristo, que Dios creó todas las cosas, así nos dice Colosenses 1:16. Y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas, lo declara su palabra en Génesis 1:2.

En la salvación, Dios el Padre amó al mundo y dio a su Hijo, lo dice muy claro su palabra en Juan 3:16. Después de la resurrección de Cristo y su ascensión al cielo, tanto él como el Padre enviaron el Espíritu Santo. La distinción entre las tres personas fue evidente en el momento del bautismo de Cristo: el Hijo sale del agua, el Espíritu Santo desciende en forma de paloma y el Padre declara: «Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia».

Jesús afirmó la Trinidad cuando mandó a sus discípulos que bautizaran en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Un Dios en tres personas. El Padre Celestial que nos ama envió a su Hijo a morir por nuestra salvación. Jesucristo fue quien se transformó para aceptar el castigo que merecíamos. El Espíritu Santo es nuestro ayudador y consolador divino que vive en nosotros para darnos victoria sobre el pecado.

Este Dios trino nos escucha cuando oramos, nos entiende cuando sufrimos y nos lleva a salvo a nuestro hogar. Por eso encontramos esta historia épica de Dios cuando Juan 16:33 nos dice que en el mundo tendremos aflicciones, pero confiad, yo he vencido el mundo.

La tapa de la revista Time, el 12 de julio de 1968, mostraba una foto horrorosa de niños desnutridos en Biafra. Un joven consternado le llevó un ejemplar a un pastor y le preguntó: «¿Dios sabe esto?». El pastor respondió: «Sé que no entiendes, pero sí, Dios lo sabe». El muchacho se fue diciendo que no le interesaba un Dios así.

Esas preguntas nos perturbaban a todos. Ojalá ese joven hubiera oído sobre la historia épica que Dios sigue escribiendo aún en lugares como la antigua Biafra. Jesús le reveló esta historia a sus seguidores; no les dijo que impediría que tuvieran dificultades, en cambio dijo que en el mundo tendréis aflicciones. Lo que Jesús sí ofreció fue la promesa de que esos males no serían el final; él ya había vencido al mundo y en el último capítulo divino toda injusticia será revertida y todo sufrimiento sanado.

Desde Génesis hasta el Apocalipsis se relata la historia en que Dios destruye todo mal impensable. Esta historia presenta al Señor amoroso, cuyo interés por nosotros es incuestionable. Jesús le dijo a sus discípulos: «Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz». Descansemos hoy en su paz y presencia y digámosle en oración: «Dios, me es difícil ver cómo corregirá todo mal, pero confío en que lo harás».

A veces estas historias nos resultan trágicas, pero sabemos que la promesa del Señor Jesús es siempre escribir un buen final. Ese final ya fue escrito, solo tiene que acontecer. Eso es lo que espera el pueblo de Dios. Esperamos al Señor, a quien Dios reconoció como su hijo diciéndole: «Tú eres mi hijo amado, en ti tengo complacencia». Dios nos bendice por nuestro pan de vida.

Datos y consejos del hogar

Continuando con el programa, ya tenemos con nosotros los datitos y los consejos. Siempre estamos recordando a nuestros antepasados, como la abuela, que siempre cocinaba sin cebolla ni ajo. Aunque estos ingredientes son básicos, hay quienes sienten que sus manos pueden oler muy mal y no importa cuánto lo intenten o cuántas veces se laven con jabón, el olor persiste.

Un truco que aprendimos de nuestras abuelas es que la sal puede resolver cualquier cosa, incluso el olor a ajo y cebolla. Si remojas tus manos con agua fría y luego las frotas con sal, los olores deberían desaparecer en un instante. También quedan súper suaves gracias a la exfoliación.

También tenemos trucos de limpieza. Por ejemplo, para que la licuadora se limpie sola, solo necesitamos un poco de agua tibia y jabón. Llene la licuadora hasta la mitad con agua tibia y jabón, luego usted enciende la licuadora y observa cómo se limpia sola. Nuestra abuela nos enseñó este truco.

Otro recuerdo de nuestras abuelas es cómo usaban un cuchillo caliente para cortar pan perfectamente. Si usted calienta un cuchillo en agua hirviendo durante unos segundos y luego lo seca, debería poder cortar el pan sin enganchar la masa del interior.

Para quienes buscan opciones saludables, si mezclas yogur griego con frutillas congeladas tienes un postre para diabéticos porque es sin azúcar. También, si usamos un trozo de piña con dos plátanos cortados en trozos, avena, una cucharada de canela en polvo y una taza de agua, licuamos y tomamos este desayuno; esto nos sirve mucho para los dolores de las rodillas.

Para el colesterol, un vaso de agua con dos cucharadas de avena y el jugo de un limón tomado en la mañana ayuda a regular el azúcar en la sangre, desinflamar el abdomen y eliminar toxinas del cuerpo, pero deje reposar una hora; esto es para quien no sufre de diabetes. Para la diabetes, puede picar una cebolla y un limón, ponerlo a hervir por 5 minutos y tomarlo por un mes; verá que su glicemia va a bajar.

Si pone un algodón empapado con aceite de oliva sobre la piel seca, le hace muy bien. Y como dueña de casa, para sacar toda la grasa de la cocina y dejarla impecable, mezcle bicarbonato, alcohol etílico y vinagre de manzana. Estos han sido los datos y los consejos para hoy.

Sugerencia culinaria: Postre Dorado

Le damos una recetita para usted que por primera vez nos escucha. El antiguo refrán dice que el creador, al obligar al hombre a comer para vivir, lo invita mediante el apetito y lo recompensa con el placer, vale decir, el postre. Hoy le traemos este postre dorado. La preparación demora 35 minutos y la cocción 20 minutos. Los ingredientes son para 6 personas.

Necesitamos: una taza de manjar blanco, cuatro huevos, una cucharada de extracto de vainilla, la cáscara rallada de una naranja y seis torrejas de piña.

Preparamos el postre dorado de la siguiente manera: vamos a batir las yemas durante cinco minutos. Agregamos el manjar blanco, la vainilla y la cáscara de naranja hasta obtener una mezcla suave. Cueza el manjar a baño María durante 20 minutos sin dejar de revolver. Bata las claras a nieve sin agregar azúcar y vierta sobre ellas, de a poco, el manjar caliente. Siga batiendo hasta que esté frío y sirva en copa. Cubra con piña y adorne con trocitos de cáscaras de naranja. Es un postre muy sencillo y rápido de hacer.

Ilustración de Postre Dorado

Receta del día

Postre Dorado

  • 1 taza de manjar blanco
  • 4 huevos
  • 1 cucharada de extracto de vainilla
  • Cáscara rallada de una naranja
  • 6 torrejas de piña

Preparación

  1. Batir las yemas durante cinco minutos.
  2. Agregar el manjar blanco, la vainilla y la cáscara de naranja hasta obtener una mezcla suave.
  3. Cocer el manjar a baño María durante 20 minutos sin dejar de revolver.
  4. Batir las claras a nieve sin agregar azúcar.
  5. Verter el manjar caliente sobre las claras poco a poco.
  6. Batir la mezcla hasta que esté fría.
  7. Servir en copas.
  8. Cubrir con piña y adornar con trocitos de cáscaras de naranja.

La Palabra de Dios: La Vanidad del Placer

Estamos en el momento del programa de escuchar la voz de Dios por su palabra. Pueden tomar su Biblia para que juntos podamos leer la siempre poderosa palabra de Dios, que para este día la tenemos en el libro de Eclesiastés, capítulo 2, versículo 1.

Eclesiastés 2:1 — Dije yo en mi corazón: Ven ahora, te probaré con el placer. Diviértete. Y he aquí, también esto era vanidad.

Vamos a hacer una breve oración. Amado Dios, tenemos la bendición de tener ya su palabra leída y agradecemos, Dios Altísimo, por su bendita palabra. Oramos para que a través de ella usted se glorifique en nuestras vidas. Oro para que a través del Espíritu Santo usted traiga a mí la revelación divina de su palabra y use mis labios. Tome dominio y el control de mi vida y úseme para su gloria. Necesito la unción que me entrega el Espíritu Santo para declarar bendición a través de su palabra. En el nombre de Jesús, que su palabra corra y sea glorificada en muchas vidas. Amén y amén.

El título de su palabra es «Satisfacción». Si alguien te pregunta qué cosa te gustaría hacer si tuviera los medios, con seguridad pediría algo que satisficiera sus sentidos. Esa es la corriente en la que nuestra sociedad hoy día se mueve: se busca el placer por el placer, como si eso fuera a traer el sentido de satisfacción final que el hombre y la mujer tanto ansían y que pareciera que nunca encuentran.

El libro de Eclesiastés nos presenta esa búsqueda de satisfacción en el capítulo 2, cuando el predicador se estimula a sí mismo a buscar algún sentido en el placer. Este maestro podía darse el lujo de hacer cualquier cosa ya que tenía los medios. En estos tiempos, donde tantas familias se ven afectadas por el flagelo del alcoholismo, el predicador nos dice que consideró estimular su cuerpo con el vino, mientras aún su corazón le guiaba con sabiduría, para ver lo bueno que pudiera haber debajo del cielo.

A esto podríamos llamarlo beber con moderación, sin llegar a la borrachera, que significa la pérdida total del control. Sin embargo, a pesar de este experimento que Salomón trata de efectuar, llega a la conclusión que en el beber no se encuentra ni el placer ni la satisfacción. Si le hicieran caso a este hombre, muchas personas evitarían lo que los proverbios llaman «lo amoratado de los ojos», así como los pleitos y las desgracias.

Salomón salió decepcionado de la experiencia y dedicó entonces su tiempo a la arquitectura, edificando casas, plantando viñas, haciendo jardines y huertos con toda clase de árboles frutales y estanques de agua. Me parece familiar cuando vemos a mucha gente tratando de encontrar su realización en la vida mediante su trabajo, su ingenio y sus obras.

Como las cosas no podían darle la satisfacción que buscaba, compró esclavos y esclavas, y se dedicó a la crianza de ganado, vacas y ovejas, en cantidades mucho más grandes que los de todos los que le habían precedido en Jerusalén. Después se dedicó a reunir plata y oro; su riqueza era tan abundante que no hay manera de calcularla.

Si lo anterior no fuera suficiente, se proveyó de cantores y cantoras, y de muchas concubinas, envolviéndose en la búsqueda del placer sexual. Los versículos 9 y 10 resumen esa búsqueda: dice que se engrandeció y superó a todos los que le precedieron en Jerusalén, que la sabiduría permaneció con él y que de todo cuanto sus ojos deseaban nada les negó, ni privó a su corazón a ningún placer.

Seguramente nosotros no tenemos los medios para hacer todo lo que el predicador de Eclesiastés hizo, pero podemos tratar de tener todo el placer que podamos. ¿Y cuál es el resultado? Cuando la fiesta termina, cuando el alboroto y la orquesta se silencian y la gente se va, nos quedamos con aquella sensación de vacío. Podríamos repetir aquella canción de los Rolling Stones: «No puedo encontrar la satisfacción».

La conclusión del predicador está resumida en el versículo 11: «Consideré luego todas las obras de mis manos que había hecho y el trabajo en que me había empeñado, y he aquí todo era vanidad y correr tras el viento sin provecho bajo el sol». No parece que este libro se hubiera escrito hace miles de años, porque habla de la misma sensación de vacío que experimenta la humanidad hoy.

Los niños lo saben cuando, después de unos minutos de jugar con aquel juguete tan deseado, lo arrojan y se sienten aburridos. Lo saben los adolescentes y jóvenes que se vuelven al alcohol y al sexo buscando satisfacción, solo para sentirse frustrados y con sentimientos de culpa. Lo saben los adultos y ancianos que ven pasar el tren de la vida y se sienten decepcionados porque no han dejado ninguna huella detrás de sí.

Hubo un hombre que tuvo quizás muy poco placer en su vida, pero seguramente mucho más dolor y aflicción: el apóstol San Pablo. Él dice con sus propias palabras que aprendió el secreto del contentamiento para cada situación. El apóstol Pablo encontró el sentido de la vida al rendirse ante los mandatos de Dios y entregarse a Jesucristo como su Salvador. Solo nuestro Dios puede darle sentido a todas las cosas.

El apóstol Pablo y Salomón son dos hombres de contraste. Ambos muy educados y con mucha sabiduría humana, pero con actitudes distintas para encontrarle sentido a la existencia. Salomón disfrutó de todos los medios debajo del sol; el apóstol Pablo fue en la búsqueda de la verdad a través de Jesucristo, el intermediario entre Dios y los hombres.

Si te sientes con esa sensación de vacío, te anunciamos a Jesucristo, el único que puede darle el real sentido a la vida. Él lo puso en sus propias palabras: «He venido para que tengan vida y para que la tengan en abundancia».

Oración final y peticiones

Amado Dios, concluimos su palabra con mucho gozo porque somos bendecidos. Creo que cada auditor y auditora de este programa ha sido bendecido por la predicación, porque toda palabra es útil para enseñarnos, reprendernos y exhortarnos. Hoy nos ha dado el ejemplo de un hombre que vivió la vida como quiso, pero no encontró el sentido, concluyendo que todo es vanidad y aflicción de espíritu.

Hoy nosotros podemos decir que estamos viviendo la vida en Cristo y nos sentimos felices porque Dios nos ha mostrado el camino de la salvación. Solamente en Cristo está la vida y tenemos placer sirviendo al Señor. No hay nada que haga más feliz al hombre y a la mujer que andar en este camino, que es una promesa de tener un final feliz. Esperamos el día en que Dios se manifieste a través de su hijo Jesucristo para llevarnos a la vida eterna.

Damos gracias, Dios Altísimo, por haber amado tanto a este mundo, mandando a su hijo Jesucristo a pagar nuestras culpas. A esta hora, Padre, intercedemos por los enfermos que están en la audiencia; pedimos que la gloria de su nombre y el poder de su Santo Espíritu llegue a sus vidas y reciban sanidad en el nombre de Jesús, porque la sangre de Cristo es la que lava y limpia del pecado y de todo lo que nos asedia.

Ya tenemos respuesta del Señor: nuestro hermano Ignacio Toro ya se está congregando, nuestra hermana Teresita Reyes también se está congregando después de haber estado muy enfermitos, y hemos visto la sanidad de nuestro hermano Dagoberto Roa. Damos gracias porque hay respuesta a nuestras peticiones.

En esta hora, Señor amado, pedimos por nuestro pastor Florindo Márquez, pastor de nuestra iglesia IPESI en El Monte; oramos por sanidad para nuestro pastor, confiando que su voluntad es buena, agradable y perfecta. Oramos por nuestro hermano José David Videla y para él pedimos un milagro que lo ponga de pie. Oramos por nuestra hermana Teresita Flores, por la sanidad de su pastora, de su vecina y de su hija. Oramos por la petición de nuestra hermana Laura Senjo.

Oramos por mi hermano Eduardo González por sanidad a la vista, por mi hermana Rosita Veloso por sanidad, por mi hermana Elena Reyes por sanidad, por mi hermano Miguel Torres por sanidad y liberación, por mi hermano Eliseo Muñoz por sanidad, y por mi vecino Luis Orellana por sanidad. Oramos por mi hermano Dagoberto Roa para que vuelva del sur sin ningún problema y el Señor le guarde en su regreso.

Oramos por mi hermana Teresa Molina, por la sanidad de su matrimonio y de la familia; por el maestro Juan Vallalao por sanidad y por mi hermana María Ibacache por sanidad. Oramos por la sanidad de la familia de mi hermano Israel Marchand, y por mi hermana Marta Saavedra por sanidad de la familia y el matrimonio.

Oramos por mi hermana María Verónica Correa, porque su corazón está creciendo hacia adentro y eso daña sus demás órganos; oramos para que usted se glorifique en ella por misericordia y en todos y cada uno de sus hijos y de sus hijas, para la gloria del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén y amén.

Estamos llegando al final de nuestro programa por hoy. Le contamos que el domingo vamos a volver a encontrarnos, porque hoy viajamos a la ciudad de Curicó, ya que somos convocados al Congreso Nacional de Pastoras y Dorcas para gozarnos en las labores del reino. El domingo estaremos juntos nuevamente, Dios mediante, con un nuevo programa. Mientras tanto, Dios le bendiga.