La Voz Pentecostal

La importancia de ser pobres en espíritu

· 46 min

Gladia Romero Toledo reflexiona sobre la humildad espiritual y la necesidad de buscar espacios de quietud para conectar con Dios. Usted encontrará también consejos prácticos de salud basados en remedios caseros tradicionales.

Bienvenida y Oración

Escucha, auditor, la voz del Salvador, que hoy te llama a ti. ¿No quieres tú venir? Escucha la voz del Salvador, que a tu alma traerá salvación.

Bienvenidos, bienvenida, nuevamente juntos a través de su programa La Voz Pentecostal. A través de los micrófonos de la radio Abigail, dirige este programa su hermana en Cristo, Gladia Romero Toledo. Le doy la bienvenida a la sintonía del matinal en el 106.7 FM. Este programa está llegando a su hogar con el propósito de bendecir su vida. Les saludo a usted, mi hermano, mi hermana, vecinos y amigos que nos sintonizan a esta hora; les deseo las más ricas bendiciones de parte de nuestro Dios.

Como siempre, le damos comienzo a este programa poniéndonos en las buenas manos de nuestro Dios a través de la oración. Amado Dios, mi fiel amigo, mi constante compañía, en esta mañana le doy muchas gracias por concederme esta oportunidad de vivir un día más bajo su cuidado, bajo su luz y su bendición. Hoy, al comenzar este día, le agradezco por todas las maravillas que usted hace por mí.

Me pongo en sus manos, orando para que usted me llene de fe y de esperanza, y que su luz alumbre mi andar en esta vida. Oro para que mi hogar sea bendecido y todos los hogares de los que hoy se encuentran en la sintonía del programa. Gracias por mi familia, porque usted me acompaña en todo momento a través de este núcleo familiar.

Celebro, mi Padre, su ayuda porque encuentro la fuerza para construir la paz. Despierten nosotros corazones solidarios, mentes y oídos abiertos para escuchar su palabra y para permanecer y hacer la carne en nuestro pueblo. Sosténganos en los momentos difíciles para no caer en la mentira, en la falsedad, proclamando siempre la libertad con que Cristo nos ha hecho libres.

Concédanos levantarnos todos los días en nuestros hogares, lugares de trabajo y los jóvenes en sus lugares de estudio, para caminar dando siempre luz donde vivimos y levantar un altar en su nombre. Oro, Señor, por los enfermos, porque sé que hay muchos que luchan en una sala de hospital o en sus casas; tóquele, Señor, con su poder sanador y manifieste su misericordia.

Oro, Señor, por los matrimonios y por la unidad de la familia, porque usted, mi Señor, bendice el santo estado del matrimonio. Oro por los jóvenes que son presos de tantas adicciones, por los niños para que usted les dé su protección y su cuidado, por los abuelos y por las abuelas olvidadas. Oro para que siempre haya sustento en la casa de la viuda y del huérfano, y oro por la apertura de los presos de la cárcel.

Oro, Señor, por mis autoridades eclesiásticas, muy en especial por la máxima autoridad de nuestra iglesia, nuestro amado obispo Israel Aravena, y por el honorable directorio. Deseo con todo mi corazón que usted le dé una clara dirección para seguir desarrollando la labor que usted, mi Dios, les ha encomendado.

Bendiga, mi Señor, a los trabajadores de la salud; ponga una protección especial en ellos. Cuídelos por la labor que hacen a diario, señor, pues ellos arriesgan su vida. Cuídelos, mi Señor, desde la más alta eminencia hasta el más pequeño trabajador. Bendiga, mi Señor, las autoridades civiles de nuestro país; oro por la máxima autoridad y por los que con él gobiernan.

Bendiga, mi Señor, las autoridades de la comuna. Oro por la máxima autoridad y su equipo de trabajo; ponga en ellos el querer como el hacer, para que vean tantas necesidades que hay en la comuna. Bendiga, mi Señor, toda autoridad de beneficencia. También oro por bomberos y por carabineros, ya que ellos arriesgan su vida en cada procedimiento.

Confiamos que usted bendice grandemente la audiencia del programa. Pónganos, Señor, su bendición a través del Espíritu Santo para que nos dirija y nos guíe. Reciba, mi Padre, toda honra, toda gloria y toda alabanza en el nombre de Jesucristo, nuestro Salvador. Amén y amén. Gloria a Dios para siempre.

Pan de Vida: Espacios de Quietud

Damos muchas gracias al Señor por este maravilloso día que Dios nos ha dado y porque tenemos con nosotros nuestro pan de vida, nuestro pan diario que cada día el Señor nos permite disfrutar comenzando el programa.

Éxodo 33:11 — Y hablaba el Señor a Moisés cara a cara, como habla cualquiera a su compañero.

Dios nos bendice por la lectura de nuestro pan de vida siempre a través de su palabra. En diferentes libros encontramos bendición, como es el caso de Margene y el doctor Rizan Zenon, quien escribe que debemos tener bendición en algún lugar para respirar, necesitamos libertad para pensar y permiso para sanar.

Nuestros vínculos están siendo devorados por la velocidad. Nuestros hijos ya se han herido, aplastados por nuestras aceleradas buenas intenciones. ¿Está Dios ahora en favor del agotamiento? ¿Ya no guía más a las personas a aguas de reposo? ¿Quién saqueó estos espacios abiertos del pasado y cómo podemos recuperarlos?

Sansón dijo que necesitamos tierra tranquila donde podamos descansar en Dios y encontrarnos con él. Buscar espacios abiertos es algo que Moisés puso bien en práctica mientras guiaba a un pueblo terco; solía apartarse para encontrar descanso y guía en la presencia de Dios y en su tabernáculo. Hablaba con el Señor cara a cara, como habla cualquiera con su compañero.

Jesús también se apartaba a lugares desiertos y oraba. Ambos entendían la importancia de pasar tiempo a solas con el Padre. Nosotros también debemos incorporar a nuestra vida espacios abiertos para descansar en la presencia de Dios. Pasar tiempo con el Señor nos ayudará a tomar mejores decisiones y ampliar nuestra disposición de amarlo a él y a los demás.

Debemos pedirle la ayuda al Señor para actuar. Debemos decirle en oración: «Jesús, ayúdame a buscar momentos de quietud contigo cada día», porque necesitamos tener un margen en nuestra vida y espacio en nuestras actividades para pasar tiempo con Dios.

El libro de 1 Samuel capítulo 23 nos dice que es bueno, y también 1 Tesalonicenses 5:11 nos habla tan claro del talento para animar. Nos dice: «Animaos unos a otros y edificaos unos a otros».

Cuentan que un apicultor vio cómo miles de abejas volaban desde la colmena hacia la copa de un pino muy alto para nunca más volver. Una semana de tormenta lo había retrasado en inspeccionar si las abejas estaban por enjambrar. Cuando la tormenta cesó, las abejas se fueron. La colonia se había renovado, estaba saludable y hermosa, dividiéndose para comenzar una nueva. Su esposa le dijo alegremente: «No te castigues tanto, puede pasarle a cualquiera».

La capacidad de animar es algo encantador. Cuando David se desanimó porque Saúl lo perseguía para matarlo, Jonatán, el hijo de Saúl, lo alentó diciendo: «No temas, que no te hallará la mano de Saúl mi padre; y tú reinarás sobre Israel, y yo seré segundo después de ti, y aun Saúl mi padre así lo sabe». Estas son palabras sorprendentemente generosas del sucesor del trono.

Tal vez Jonatán conocía que Dios estaba con David y las palabras brotaban de su corazón humilde. Estamos rodeados de personas que necesitan ánimo. Dios nos ayudará a ayudarlas si le pedimos humildemente que las ame a través de nosotros. Podemos decirle con toda libertad: «Dios, dame ánimo eterno y buena esperanza. Ayúdame a mostrar tu amor hoy», porque siempre vamos a encontrar quien necesite que nosotros le demos ánimo.

Podemos servirle humildemente de esta manera a nuestro Dios Altísimo. Necesitamos siempre acudir a nuestro Dios y usar su nombre; si usamos su nombre, Dios nos va a respaldar. Él será con nosotros a pesar de nosotros; siempre el Señor lo hará.

Secretos de la Abuela

Llegamos al momento del programa donde le entregamos algunos datitos y algunos consejos. A veces vienen muy bien, porque le contamos hasta los secretos que guardaban las abuelas y que nosotros hoy día tomamos en cuenta.

Por ejemplo, cuando a usted le duele la garganta, mantenga un pequeño trozo de jengibre en la boca; el ardor cesa en 30 segundos. ¿No le parece a usted que las abuelas tenían la experiencia y nos entregaban estos secretos?

Para la dificultad para dormir, mi abuela decía que había que masajear nuestros pies con aceite tibio antes de acostarnos. Ella decía que el cerebro cambia el modo del sueño al masajear la planta de nuestros pies.

Cuando tenemos el estómago hinchado después de comer, el agua tibia con sal y limón hace que la hinchazón desaparezca rápidamente. Y cuando tenemos tos persistente, debemos tomar miel más pimienta negra; la irritación de la garganta se reduce en cinco minutos.

Hubo un tiempo en que todo el mundo andaba masticando chicle, pero la abuela decía que masticar chicle al picar la cebolla evita que lloremos. También recomienda comer manzana para despertar; si usted despierta en la mañana, es mejor comerse una manzana que tomar un café.

Mi abuela decía que la miel nunca caduca, puede durar muchos años. Entonces no bote usted la miel que tiene guardada porque puede ocuparla. Ese era un ruego que nos hacía la abuela y hoy día podemos poner en práctica esos secretos porque son necesarios.

Sugerencia Culinaria: Fritos de Acelga

Para usted que por primera vez escucha el programa, siempre después de los datitos viene la idea de qué cocinar. Hoy les traemos los fritos de acelga; se hacen rápidamente. Son las 11:28 de la mañana, pero todavía hay tiempo para esta sugerencia.

La preparación nos lleva 15 minutos y la cocción 20 minutos. Los ingredientes para 6 personas son: un paquete de acelga sin los tallos, dos huevos, una taza de leche, media cebolla frita, media taza de agua, media taza de harina, media cucharadita de polvo de hornear y sal.

Para prepararlos, vamos a lavar las acelgas hoja por hoja y las vamos a cocer por cinco minutos en media taza de agua. Una vez frías, las vamos a estilar y moler. Algunas personas las pican finitas en una tabla, lo cual también sirve. A esto le vamos a agregar la cebolla frita y la sal.

Vamos a preparar una crema espesa con los huevos batidos, la harina, la leche y los polvos de hornear, y lo mezclamos con las acelgas. Vamos a sacar por cucharada sopera para echarlas en el sartén con aceite bien caliente. Vamos a freír dándoles vueltas hasta que se doren.

Colocamos los fritos en una fuente sobre un papel absorbente para que no se impregnen de aceite. Sírvalos acompañados con arroz graneado y queso parmesano. Es algo muy simple y que a los niños les gusta mucho.

Les contamos que para la cocción de las verduras se recomienda no cocerlas demasiado si se van a usar para preparar guisos al horno, ya que con el tiempo en el horno terminan su cocción. Esa ha sido la sugerencia por hoy.

Ilustración de Fritos de acelga

Receta del día

Fritos de acelga

  • 1 paquete de acelga (sin los tallos)
  • 2 huevos
  • 1 taza de leche
  • 1/2 cebolla frita
  • 1/2 taza de agua
  • 1/2 taza de harina
  • 1/2 cucharadita de polvo de hornear
  • Sal

Preparación

  1. Lave las hojas de acelga una por una y cuézcalas durante cinco minutos en media taza de agua.
  2. Deje enfriar las acelgas y escúrralas.
  3. Muela las acelgas en máquina o píquelas muy finitas en una tabla.
  4. Agregue a las acelgas la cebolla frita y la sal.
  5. Prepare una crema espesa batiendo los huevos, la harina, la leche y los polvos de hornear.
  6. Mezcle la crema con las acelgas.
  7. Vierta la mezcla por cucharadas soperas en un sartén con aceite bien caliente.
  8. Fría los fritos dándoles vueltas hasta que se doren.
  9. Coloque los fritos en una fuente sobre papel absorbente para eliminar el exceso de aceite.
  10. Sirva acompañados con arroz graneado y queso parmesano.

Lectura de la Palabra

Ya estamos de vuelta. El Señor, nuestro Dios, es el Dios de lo imposible. Ahora abrimos nuestras Biblias para leer la poderosa palabra de nuestro Dios en el Santo Evangelio según San Mateo, capítulo 5, versículo 3. Leo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Mateo 5:3 — Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.

Dios nos bendice por la lectura de su palabra. Vamos a tener unos breves instantes de oración. Amado Dios, tenemos con nosotros su palabra leída. Oro, Señor, dando muchas gracias porque podemos tener su palabra viviendo ya en nosotros a través de la lectura.

Oramos, Señor, pidiendo al Espíritu Santo que traiga a mí la revelación divina de su palabra para que mis labios sean usados para la gloria de su nombre. Necesito la unción de su espíritu en mi vida para administrar su palabra, para que ella corra y sea glorificada en muchas vidas. Yo se lo ruego, Padre, en el nombre de Cristo Jesús, mi Salvador. Amén y amén. Gloria a Dios para siempre.

¿Se necesitan pobres?

El título de su palabra es: ¿Se necesitan pobres? Cuando encontramos este versículo que nos acompaña hoy, nos hacemos una pregunta: ¿Le gustaría siempre sentirse feliz y afortunado? Sentirse es una cosa y ser feliz es otra. Hay muchas felicidades baratas en este mundo y, por ser baratas, mucha gente las compra; el resultado es la desilusión y volver a buscarlas.

En esta la palabra de nuestro Dios nos está mostrando el camino. A veces los caminos que encontramos son escabrosos, angostos y difíciles, pero llevan ciertamente a esa felicidad codiciada. Jesús, el Hijo de Dios, habló de los que son bienaventurados y explicó quiénes son y por qué.

Él fue enviado por Dios para unir de nuevo a quienes se habían separado y, con esa unión, devolver al hombre su razón de ser. Esto se traduce en felicidad duradera y pura. Se ofrece aquí un programa de salvación en Cristo, pero también nos habla de la causa de por qué Cristo vino a este mundo.

Es verdad que todos deseamos ser felices, pero necesitamos lo que Dios nos ha dicho hoy: que son bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. El reino de los cielos no es de los pobres, pero sí de los pobres en espíritu. Esto es algo que debe proclamarse en términos clarísimos en estos tiempos.

En el escenario del trajín humano ha invalidado la peligrosa idea de que la pobreza automáticamente reserva palco en el cielo y profundo respeto en la tierra. No es posible explicar las direcciones curiosas que siguen los pensamientos del hombre o de la civilización, pero es evidente que muchísima gente cree sinceramente que la pobreza es estilo de garantía de un futuro maravilloso.

Se piensa que quien tanto sufre aquí ciertamente tiene derecho a mejores cosas al otro lado, y que quien tanto disfruta del mundo en que vive, poco derecho tiene a disfrutar también del mundo en que vivirá más tarde. Dios mismo tiene un insensible respeto por los pobres de este mundo; sus leyes definen derechos y protegen al indigente.

Dios severamente castiga a quien oprime a los pobres y a quien mantiene esa pobreza sin vergüenza alguna. Dios siempre ha salido en defensa de los pobres y de los destituidos. Ciertamente puede dirigirse a Él en cualquier momento, plenamente seguro de que Dios oirá primero su súplica que las de un hombre que lo tiene todo.

Esta es la enseñanza bíblica de tremenda importancia para el mundo y particularmente para el ser humano. Pero el reino de los cielos no es para los pobres, es para los pobres en espíritu. Si usted quiere llegar a la felicidad verdadera y genuina, Cristo le aconseja la pobreza para empezar, pero es pobreza en un sentido totalmente distinto al que usted conoce.

Jesucristo dice que para que usted sea feliz necesita ser pobre, y dice también que en el reino de Dios lo que Él anda buscando son pobres. Se necesitan pobres en espíritu; no en espiritualidad, ni en dedicación, consagración, fe o fervor religioso, sino en espíritu.

¿Qué clase de pobres son los que se necesitan? No son los pobres simplemente, los miles y millones del mundo que sufren destitución casi completa, hambre y enfermedad. ¿Qué es un pobre en espíritu? En ese afanoso buscar de la felicidad, es necesario avanzar con cautela y analizar las cosas correctamente.

El pobre en espíritu es aquel que ha visto la realidad espinosa de la vida humana y su condición necesaria y, como resultado inevitable, reconoce y admite su pobreza espiritual. Es la persona que de alguna manera se ha despertado de su letargo, como si hubiera sido una horrenda pesadilla, y ahora ve que los sueños humanos y aquel orgullo inherente han sido convertidos en trizas.

Se ha dado cuenta de que es un cero, una nada espiritual. Hay en los creyentes riquísimos pasajes que dejan ver algo de esa pobreza de espíritu. Por ejemplo, la historia que Jesucristo contó a sus oyentes sobre dos hombres que se acercaron al templo a orar.

Uno es fariseo y, puesto de pie, oraba consigo mismo de esta manera: «Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres: ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano. Ayuno dos veces a la semana, doy diezmo de todo lo que gano». ¿Qué piensa usted de un hombre así? Escuchó bien lo que decía.

Él es uno de los mejores ejemplares vivientes de la humanidad moribunda. Ese señor no es malo, ni comete los delitos tan comunes en el mundo y hasta hace positivamente el bien a Dios y a los demás. Pero un poco más allá hay otro señor que también ha ido a orar en aquel templo.

Estando lejos, no quería ni aun alzar sus ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho diciendo: «Dios, sé propicio a mí, pecador». ¿Qué le parece a usted este señor? Da pena ver semejante criatura aplastada, humillada, incapaz, desgraciada.

Pero Jesucristo no solo hizo este relato, sino que dio una opinión sobre aquellos dos hombres y dice que uno de ellos es muestra de los pobres de espíritu. Aquel publicano era paupérrimo, destruido completamente. Al verse frente a la realidad amenazadora de la existencia, ese es el pobre en espíritu.

Es el que se siente totalmente incapaz de bien alguno, de repararse a sí mismo; se da cuenta de que por sí mismo no puede recibir absolutamente nada y que, si algo ha de recibir, tendrá que ser de mano y de parte de Dios. Ya que en los tiempos del Antiguo Testamento, el Dios soberano por medio de su profeta Isaías dijo que miraría a aquel que es pobre y humilde de espíritu y que tiembla ante su palabra.

No es fácil para el ser humano llegar a ser pobre de espíritu; es una de las dificultades más grandes de la experiencia. Por naturaleza, el hombre piensa en sí mismo en términos elevadísimos, se compara con el resto de la creación y le parece que gana la prueba. Observa su conducta personal comparada con otros y se declara a sí mismo vencedor.

El ser humano es orgulloso por naturaleza. Tiene una tendencia exorbitante a pensar de sí mismo en términos de superioridad y hasta de supremacía. ¿Cómo ha de humillarse el hombre al extremo de saberse sin valor alguno delante de Dios? No hay fuerza natural en el mundo que pueda llevar a un hombre o a una mujer a un momento determinante en que genuinamente declare que es pobre en espíritu.

Pero la necesidad persiste y sigue siendo cierto que se necesitan pobres para llegar a ser felices. Dios, como tantas otras veces, viene en socorro del mísero ser humano. Dios sabe que sería imposible para el hombre vanidoso admitir su pobreza espiritual, si hasta le da vergüenza admitir su pobreza material.

El hombre prefiere hacer creer a sus contemporáneos que no es tan pobre y que por lo menos se defiende. El hombre moderno cree que puede hacer lo mismo con Dios y creerle al Ser Supremo que no es tan pobre. Pero poco importa si el hombre lo sabe o lo admite; la verdad indiscutible es que el ser humano debe admitir franca y honestamente que delante de Dios es pobre.

El hombre prefiere allanar su propio camino, tejer su propio vestido y tomar sus propios pasos, haciéndose pasar, si no por rico, por lo menos como alguien de medios suficientes. No sabe que solo Dios puede hacer ver al hombre su verdadera situación.

¿Quiere usted realmente ser feliz y sentirse afortunado? Usted es afortunado porque ha oído hoy el mensaje que puede llevarlo a la felicidad. Pero si le falta mucho para ser feliz, lo que usted tiene que hacer es acercarse a Dios, verle en su cegadora majestad y en su luminosa santidad.

Doblegue allí su rodilla y su voluntad; implore desde lo profundo de su corazón como aquel triste publicano que decía: «Dios, sé propicio a mí, pecador». Dios abandonará todo lo demás que lo ocupe en el universo y se volverá a darle la mano para decirle: «Pobre hijo mío, hijito mío, entra en el gozo de tu padre».

Ahora eres rico con riquezas que no pueden medirse en peso, en centavos, libras esterlinas o colones. Hay un Salmo en la Biblia donde se expresa esa felicidad que obtienen quienes llegan a ser efectivamente pobres en espíritu. Se trata del Salmo 73, donde dice: «¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti? Y fuera de ti nada deseo en la tierra».

Quien esto dice lo tiene todo, sea de los más pobres del globo o el más destacado ser humano. Ha llegado a ser pobre en espíritu pero próspero en la realidad. Puede ser feliz y vivir en la certeza de que Dios está siempre presente, que ese Dios es un pastor y que, en consecuencia, nada le faltará.

Peticiones de Oración

Dios nos bendice por su palabra. Vamos a agradecer. Amado Dios, le damos muchas gracias por esta exhortación que como a hijos amados usted nos ha dado. Agradecemos, Padre de amor, por esta su palabra y oramos para que ella haya corrido y haya sido glorificada en muchas vidas.

Dios amado, Dios todopoderoso, necesitamos que su mano de poder a esta hora del programa llegue a los auditores que están enfermos y los que están desanimados, que ya no hay esperanza para ellos. Dios es la esperanza viva y en esta hora Él está impartiendo sanidad porque para el que cree todo es posible. Clamamos, Señor, para que haya un toque de su poder sanador en ellos y en ellas.

Señor, oramos para que usted en su misericordia esté tocando vidas con su poder. Oramos por nuestro pastor Florindo Márquez, pastor de nuestra iglesia en el monte, por sanidad. Oramos por nuestro hermano José Silva por sanidad. Por nuestro hermano José David Videla, para quien estamos pidiendo un milagro que lo ponga de pie.

Oramos por nuestra hermana Teresita Flores, por la sanidad de sus pastores, su vecina y por su hija. Oramos por la petición de mi hermana Laura Cenjo; también por mi hermana Nora Cenjo por sanidad; por mi hermano Eduardo González por sanidad a la vista; por mi hermana Rosita Veloso por sanidad a la vista; por mi hermana Elena Reyes por sanidad.

Oramos por mi hermano Ignacio Toro por sanidad; por mi hermano Miguel Torres por sanidad de él y de su nieto, para que el Señor traiga liberación para este joven. Oro por mi hermana Teresita Reyes por sanidad; por mi hermano Eliseo Muñoz por sanidad; por mi vecino Luis Orellana por sanidad; por mi hermano Dagoberto Roa por sanidad y por respuesta para su petición.

Oro por mi hermana Teresa Molina por sanidad del matrimonio y la familia. Oro también por Claudia Sirva por liberación; por René Fuente Oliva por problemas de matrimonio y la familia; por mi hermana Isabel Allende por sanidad; por el maestro Juan Vallalao por sanidad; por la señora Yolanda por sanidad; por mi hermana María Ivacache por sanidad; por Ana María Toro Valencia por sanidad.

Señor, usted sabe la necesidad y conoce dónde está el problema que aqueja a sus hijos; que esté impartiendo sanidad ahora para la gloria del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén y amén. Gloria a Dios para siempre.

Despedida

Damos muchas gracias a nuestro Dios por su palabra. Ya estamos llegando al término de este programa por hoy. Agradecemos por la sintonía que usted le ha dado. Mañana, Dios mediante, nos volvemos a encontrar nuevamente con un nuevo programa a la misma hora y en este mismo punto del dial. Mientras tanto, Dios le bendiga.