La Voz Pentecostal

Sediento pero de justicia

· 63 min

Gladia Romero Toledo reflexiona sobre la necesidad del perdón divino y la responsabilidad personal frente al pecado. Usted encontrará también una serie de consejos prácticos para el hogar y la salud.

Bienvenida y Oración

Escucha, auditor, la voz del Salvador, que hoy te llama a ti. ¿No quieres tú venir? Escucha la voz del Salvador, que a tu alma traerá salvación. Bienvenidos nuevamente a su programa La Voz Pentecostal, a través de los micrófonos de la radio Abigail Pérez. Dirige este programa su hermana en Cristo, Gladia Romero Toledo. Le doy la bienvenida a la sintonía del matinal en el 106.7 FM.

Este programa está llegando a su hogar con el propósito de bendecir su vida. Les saludo a usted, mi hermano, mi hermana, vecino, amigo que nos sincronizan a esta hora; les deseo las más ricas bendiciones de parte de nuestro Dios. Como siempre, le damos comienzo a este programa poniéndonos en las buenas manos de nuestro Dios a través de la oración.

Amado Dios, le damos muchas gracias por este maravilloso día que usted nos permite vivir nuevamente. Gracias, mi Dios, por ser mi fiel amigo, mi constante compañía. En esta mañana le doy muchas gracias por concederme la oportunidad de vivir un día más bajo su cuidado, bajo su luz y su bendición. Hoy, al comenzar este día y este programa, le agradezco por todas las cosas maravillosas que usted hace por mí.

Me pongo en sus manos orando para que me llene de fe y de esperanza, y su luz alumbre mi andar en esta vida. Gracias porque usted me permite vivir un nuevo programa. Gracias Señor por mi familia, porque usted está siempre acompañándonos en todo momento. Celebro, mi Padre, su ayuda porque encuentro la fuerza para construir la paz.

Despierte en nosotros corazones solidarios, mentes y oídos abiertos siempre para escuchar su palabra permanentemente y hacer la carne en nuestro pueblo. Sosténganos en momentos difíciles para no caer en la mentira ni en la falsedad, proclamando siempre la libertad con que Cristo nos ha hecho libres.

Concédanos levantarnos, Señor, como hoy todos los días en nuestro hogar; muy en especial el hermano y la hermana en sus lugares de trabajo, el joven y la señorita en sus estudios. Señor, bendiga esta comuna donde vivimos y ayúdenos para que todos, como hijos suyos, levantemos un altar en su nombre.

Oro, Señor, por los enfermos, porque sé que hay muchos que luchan en una sala de hospital, en una clínica o en sus casas; tóqueles Señor con su poder sanador, que su gloria y su misericordia se manifiesten en sanidad. Oro, Señor, por los matrimonios y por la unidad de la familia, porque usted bendijo el santo estado del matrimonio aun cuando el hombre guardaba su inocencia.

Oro, Señor, por los jóvenes que son presos de tantas adicciones, por los niños para que usted les dé su protección y su cuidado, y por tantos abuelos y abuelas olvidadas. Oro, Señor, para que siempre haya sustento en la casa de la viuda y del huérfano, y por la apertura de los presos de la cárcel.

Oro por mis autoridades eclesiásticas, muy en especial por la máxima autoridad de nuestra amada iglesia, nuestro obispo Israel Aravena, y por el honorable directorio. Deseo con todo mi corazón que usted, mi Dios, les dé una clara dirección para seguir desarrollando la labor que usted les ha encomendado.

Señor, nuestros amados obispos, tanto nuestros obispos eméritos como nuestro obispo y el honorable directorio, nuestros pastores y nuestras pastoras tienen una vida personal, espiritual, familiar y, muy en especial, la eclesiástica; bendígalos, mi Señor.

Bendiga a los trabajadores de la salud, protégales y ponga su bendición sobre ellos por la labor tan noble que desempeñan, porque ellos a la vez arriesgan su vida. Cuídeles, mi Señor, protéjales, desde la más alta eminencia hasta el más pequeño trabajador.

Bendiga, mi Señor, a las autoridades civiles de nuestro país, muy en especial la máxima autoridad y los que con él gobiernan. Bendiga la autoridad civil de nuestra comuna y todo el equipo de trabajo. Ponga en ellos, Señor, el querer como el hacer en las necesidades de nuestra comuna. Bendiga también a toda autoridad de beneficencia.

Oramos por los ancianos que son cobijados, para que usted, mi Señor, les bendiga prodigándoles una buena cobija y una buena calefacción para este invierno. Pido muy en especial por bomberos y carabineros, ya que ellos arriesgan su vida en cada procedimiento; confiamos, Señor, que usted cuidará de ellos.

Bendiga grandemente, Señor, la audiencia de este programa. Rogamos al Santo Espíritu que nos dirija y que nos guíe siempre. Toda la honra, la gloria y la alabanza es para usted, mi Señor, y se la damos en el nombre de Cristo nuestro Salvador. Amén y amén. Gloria a Dios para siempre.

Invitación a Congregarse

Damos muchas gracias a nuestro Dios Altísimo porque ya estamos nuevamente en este día con un nuevo programa. En este día tan especial, los invitamos a ustedes a congregarse, ya que por la inclemencia del tiempo no tuvimos el jueves nuestro servicio acostumbrado. Pero hoy, hasta ahora no hemos tenido lluvia, así que los invitamos, hermanos, a congregarse hoy.

A las tres de la tarde tendremos nuestra escuela como de costumbre y luego tendremos un culto a las seis y media de la tarde. Invitamos a nuestros hermanos a no quedarse, porque parece que esta semana se nos hizo muy larga por no habernos congregado el día martes ni el jueves. Todos tenemos esa necesidad de ir y congregarnos; Dios nos bendecirá a través de estos servicios.

Pan de Vida: La Limpieza del Alma

Tenemos con nosotros nuestro pan diario, nuestro pan de vida, donde el Señor por su palabra nos va a hablar y nos va a bendecir. Nuestro pan de vida para hoy está en el Salmo 51, versículo 7.

Salmo 51:7 — Lávame y seré más blanco que la nieve.

Lávame, nos dice el Señor, como un ruego de sus hijos. Damos gracias a nuestro Dios por nuestro pan de vida, porque comenzamos el programa con esta palabra tan especial, con este ruego tan sincero. Lávame. Aunque esta palabra no estaba escrita en ninguna parte de mi hogar, podría haber estado, porque hace muchos años en los hogares de los cristianos no había cuadros, sino que había textos.

Hoy día en nuestras casas no los encontramos. Incluso los hermanos en sus autos, que eran muy pocos los que tenían vehículos, llevaban una señal para que todos supieran que eran hijos de Dios. Bueno, nosotros lo mismo hicimos con otros conductores que querían quitar la mugre que había quedado de los caminos con sal, ¿sabía usted de eso?

Después de una tormenta, con la nieve reciente, las filas eran largas en el servicio y era muy lento, pero valió la pena esperar. Nos cuentan nuestros hermanos que se fueron en el auto limpio y con compensación por el retraso: el lavado fue gratis. Ser limpiado a expensas de otras personas… esto es el Evangelio de Jesucristo.

Dios, por medio de la muerte y resurrección de Jesús, proveyó el perdón de nuestros pecados. ¿Quién no ha sentido la necesidad de bañarse cuando la suciedad y la mugre de la vida se nos ha pegado? Cuando nos ensuciamos con pensamientos egoístas y acciones que nos dañan a nosotros y dañamos de paso a otro, quitándonos la paz de Dios.

El Salmo 51 es el clamor del dulce cantor de Israel, David, cuando la tentación había triunfado en su vida. Al ser confrontado sobre su pecado por un mentor espiritual, como nos dice la palabra de Dios en 2 Samuel capítulo 12, David oró y dijo estas palabras: «Lávame y seré más blanco que la nieve».

¿Te sientes sucio y culpable? Si esto sucede, tenemos que ir a Jesús y recordar estas palabras. Porque si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo en perdonarnos nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad. Este es el remedio que nos da nuestro Señor y Salvador Jesucristo por su palabra a través de 1 Juan 1:9.

¿Sabe usted que Dios es grande y poderoso para limpiarnos y perdonarnos todos nuestros pecados? Nosotros podemos clamar a nuestro Dios: «Dios, tú ves las manchas en mi vida. Lávame, perdóname y ayúdame a honrarte». Clamar a Dios «lávame» tiene un significado muy especial para ti y para mí, porque no hay nada que nos impida pedir ahora su perdón y su limpieza, y él gratuitamente nos va a limpiar.

Nuestro Dios es tan lleno de amor que se hace manifestar a través de la persona de Jesús en nuestra vida. El profeta Sofonías nos habla de una responsabilidad personal en el capítulo 3, versículo 7, que dice: «Ellos se apresuraron a corromper todos sus hechos». A veces nos portamos mal y estamos asustados frente a la presencia de Dios.

Cuando el hombre es de Dios, Dios a través del hombre conoce bien nuestro comportamiento y nos habla con amor. Nos dice enfáticamente que se decepcionarían muchísimo porque hay un peso de responsabilidad personal por la ofensa humana. Eso hace que quisiéramos escondernos, como los niños debajo de la mesa.

Dios le dio a Sofonías un mensaje para el pueblo de Judá con una palabra fuerte sobre la responsabilidad personal por el pecado. Dios dirigió su mirada a su pueblo culpable y avergonzado y dijo: «¿Qué aflicción te espera, oh rebelde y contaminada Jerusalén? Porque ellos se apresuraron a corromper todos sus hechos».

Dios había visto el corazón frío de su pueblo: apatía espiritual, injusticia social y avaricia, y aplicaría su disciplina amorosa. No importaba si los individuos eran líderes, jueces o profetas, todos eran culpables.

El apóstol Pablo le escribió a los creyentes en Jesús que persistían en el pecado: «Atesorarás para ti mismo ira para el día del justo juicio de Dios, por el cual pagará cada uno conforme a sus obras». De esta forma Dios le habló a la iglesia en Roma, como lo hizo para el pueblo de Jerusalén a través del profeta Sofonías.

El poder de Dios es para que vivamos honrando a nuestro Padre Santo y amoroso, sin nada que nos produzca remordimiento. Y si sentimos algún remordimiento por nuestra conducta, está la oración. Podemos rogar a nuestro Padre: «Ayúdanos a decidir bien».

Debemos aprender a asumir nuestras responsabilidades por nuestro pecado; no podemos avergonzar a Dios con nuestras malas decisiones. Por eso están estos ruegos que nos ha dado Dios a través de nuestro pan de vida hoy, donde el dulce cantor de Israel dice: «Lávame y seré más blanco que la nieve».

Consejos y Datos para el Hogar

Vamos adelante con el programa, porque ya tenemos este espacio de los datitos y de los consejos. Hoy vamos a solucionar un problema muy común: cuando vamos a planchar y encontramos que la plancha está sucia y deja la ropa manchada. Esto se debe a que gran parte de las telas que usamos tienen mucho acrílico y, con la plancha muy caliente, eso se pega en la base.

Para limpiar la base de la plancha, hágalo con vinagre y bicarbonato. Mezcle una parte de vinagre con dos partes de agua en un recipiente y aplique la mezcla sobre la base, cubriendo totalmente la superficie manchada. Deje que actúe durante 15 minutos.

Después, empolvore bicarbonato de sodio sobre la base y, con un paño húmedo, frote suavemente la superficie para eliminar la suciedad. Puede hacer un enjuague con agua limpia y séquela bien con un paño, porque si no queda seca puede producir un cortocircuito.

Como dueñas de casa siempre andamos buscando lo mejor, así que les traigo este datito para restaurar muebles de madera. En un pote, ponga un poco de vinagre, un chorrito de aceite de bebé, una cucharadita de sal y una taza desinfectante. Tape el pote, mueva bien y use esto para restaurar muebles, puertas e incluso muebles muy antiguos.

Para nuestros ojos, si amanecimos con los ojos hinchados, es ideal colocar una cuchara fría bajo los ojos por la mañana. Eso le permitirá reducir la hinchazón y dejará una apariencia más descansada y revitalizada.

Otro truco: agregue una pizca de bicarbonato al agua y eso le ayudará a equilibrar el pH y aliviar la molestia digestiva leve. Y para la tensión que acumulamos en la mañana, gire los hombros hacia atrás diez veces cada hora; con esto prevendrá la acumulación de tensión y mejorará la postura al sentarse.

Para obtener energía, existen aceites esenciales de cítricos que aumentan el estado de alerta y mejoran el ánimo rápidamente. También le recomiendo evitar cepillarse los dientes justo después de beber bebidas ácidas, ya que el ácido afecta el esmalte; es mejor lavarse la boca primero para proteger los dientes.

En estos días de invierno vemos poco el sol, pero si sale, siéntese frente a él con los ojos cerrados durante tres minutos; esto ayuda a regular el reloj biológico y aumenta la energía. Y cuando se sienta ansiosa, dése un suave golpecito en el pecho; esto estimula la relajación y reduce la ansiedad de forma natural.

Si tiene mala circulación, puede levantar las piernas y colocarlas en la pared después del trabajo; esto mejora la circulación y relaja los músculos. Para promover la calma, respire profundamente por las fosas nasales izquierdas para activar el sistema simpático.

Es bueno beber un té de jengibre después de la comida, especialmente si fue pesada, ya que ayuda a la digestión y reduce la hinchazón del estómago. También es necesario cambiar de mano al realizar las tareas; esto estimula nuevas conexiones neuronales y mantiene el cerebro activo.

Para aumentar los niveles de energía, puede lavarse la cara con agua helada o simplemente salpicarla. Si está muy nerviosa, apriete su nariz para calmarse; y si está muy ansiosa, coloque su mano sobre su corazón y respire lento y profundo.

Si tiene la nariz tapada, ponga un cubo de hielo en su paladar. Y si no puede dormir, parpadee rápido durante un minuto. También nos han contado que para evitar llorar al picar cebolla es bueno masticar chicle; yo no lo he probado, pero lo voy a probar.

Sobre la miel, hemos leído que nunca caduca y puede durar de un año para otro, así que no la bote aunque tenga más de un año. Además, es muy bueno dormir sobre el lado izquierdo, ya que mejora la digestión y la salud del corazón.

Para prevenir insectos y gorgojos en el arroz, la harina o las legumbres, póngales una hoja de laurel. Como buena dueña de casa, a veces buscamos las ofertas y se nos pasa la mano con las compras, así que use el laurel para que le duren más.

Para eliminar los malos olores de los zapatos, póngales bicarbonato de sodio durante la noche y al otro día ya no tendrá olores. Por último, comer una manzana al despertar es mejor que tomar una taza de café. Mañana, Dios mediante, nuevamente le entregaremos datitos tan especiales como estos.

Sugerencia Culinaria: Tarta de Manzana

Como hoy es un día especial, la sugerencia es una tarta de manzana. Necesitamos los siguientes ingredientes: tres huevos, media taza de azúcar (100 gramos), una pizca de sal, una cucharadita pequeña de vainilla, 100 ml de leche, 80 gramos de aceite, dos tazas de harina (240 gramos), dos cucharaditas de polvo de hornear y cuatro manzanas.

Primero, encendemos el horno y lo ajustamos a 180 grados Celsius para que se caliente. Mientras tanto, preparamos la mezcla líquida en un bol profundo: rompemos los tres huevos y añadimos la pizca de sal, el azúcar y la vainilla. Batimos a mano hasta que el azúcar se disuelva por completo. Si le gusta la canela, puede agregar un poco para dar sabor y color al bizcocho.

Incorpore los 100 ml de leche y revuelva bien. Luego agregue el aceite y mezcle nuevamente hasta que esté todo combinado. Ahora agregamos los ingredientes secos; es mejor tamizar la harina y el polvo de hornear antes de incorporarlos. Mezclamos hasta obtener una masa homogénea, suave y sin grumos.

Reserve la mezcla mientras corta las manzanas en cubos pequeños. Engrasamos el fondo y los lados del molde con mantequilla o aceite para evitar que la tarta se pegue. Vierta los cubos de manzana en el molde y nivele la superficie.

Lleve el molde al horno precalentado a 180 grados Celsius y hornee durante aproximadamente 35 minutos. Para comprobar si está lista, inserte un palillo en el centro; si sale limpio, su tarta de manzana está lista para ser disfrutada.

Esta receta es rápida y sencilla; la combinación de ingredientes frescos la convierten en un postre irresistible que se deshace en la boca. Anímese a probarla y sorprenda a sus amigos y familia con esta delicia.

Ilustración de Tarta de manzana

Receta del día

Tarta de manzana

  • 3 huevos
  • 100 gramos de azúcar (media taza)
  • 1 pizca de sal
  • 1 cucharadita pequeña de vainilla
  • 100 ml de leche
  • 80 gramos de aceite
  • 240 gramos de harina (dos tazas)
  • 2 cucharaditas de polvo de hornear
  • 4 manzanas

Preparación

  1. Encienda el horno y ajústelo a 180 grados Celsius para que se caliente.
  2. Rompa los tres huevos en un bol profundo y añada la pizca de sal, los 100 gramos de azúcar y la cucharadita de vainilla.
  3. Bata la mezcla a mano hasta que el azúcar se disuelva por completo.
  4. Incorpore los 100 ml de leche y revuelva bien.
  5. Agregue los 80 gramos de aceite y mezcle hasta que esté completamente combinado.
  6. Tamice los 240 gramos de harina y las dos cucharaditas de polvo de hornear, luego incorpórelos a la mezcla líquida.
  7. Mezcle hasta obtener una masa homogénea, suave y sin grumos.
  8. Corte las manzanas en cubos pequeños.
  9. Engrase el fondo y los lados de un molde con mantequilla o aceite.
  10. Vierta los cubos de manzana en el molde y nivele la superficie.
  11. Vierta la mezcla sobre las manzanas.
  12. Hornee a 180 grados Celsius durante aproximadamente 35 minutos.
  13. Inserte un palillo en el centro; si sale limpio, la tarta está lista.

Cierre y Reflexión Final

Ya estamos en el momento del programa de escuchar el mensaje de Dios por su palabra. Pero antes, vamos a escuchar una alabanza. No se me vaya a ir de la sintonía, porque vamos a volver en breve para que juntos y juntas podamos escuchar la voz de Dios y reflexionar a través de la palabra bendita de nuestro Dios.

Lectura de la Palabra

Ahora vamos a abrir nuestras Biblias para leer la poderosa palabra de nuestro Dios en el Santo Evangelio según San Mateo, capítulo 5, versículo 6. Leo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Mateo 5:6 — Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.

Dios nos bendice por la lectura de su palabra. Vamos a orar al Señor: Amado Dios, le damos muchas gracias por la oportunidad que nos da a través de este programa de tener con nosotros su palabra ya leída. Oro, Señor, pidiendo al Espíritu Santo que traiga a mí la revelación divina de su palabra.

Oro, Señor, para que usted use mis labios y que usted tome el dominio y el control de mi vida; siempre necesito la unción de su Espíritu para que su palabra corra y sea glorificada en muchas vidas. Yo se lo ruego, Padre, en el nombre de Cristo, nuestro Salvador. Amén y amén. Gloria a Dios para siempre.

Sediento pero de justicia

El título de su palabra es: “Sediento pero de justicia”. Hoy en día se lucha mucho por la justicia; debe ser porque hay en este mundo muchísima evidencia de injusticia. Usted sabe que en todas partes se busca que se haga justicia.

Hay segmentos del pueblo a los que se les ha asignado este papel y hay gobiernos cuya plataforma es la justicia. No siempre resulta fácil o posible definir lo que es justo en tales casos, pero la gente poco se preocupa de definiciones y de conocimiento; solo anhelan la justicia.

Estoy seguro que usted mismo siente grandes deseos de que se haga justicia en todos los niveles de su vida personal y nacional, aunque sería un poco difícil decir con precisión qué cosas serían justas y cuáles son injustas.

Especialmente en el mundo de historia hispánica está relativamente de moda eso de buscar, exigir y luchar por la justicia. Hay una sed general que solo podrá ser satisfecha con una dosis generosa de justicia, pero es necesario preguntarse si todo esto es legítimo y de consecuencias positivas.

A veces parece como que fuera todo un rotundo fracaso. La injusticia prevalece y a veces hasta aumenta, a pesar de tanto esfuerzo, de tantas lágrimas y hasta sangre inclusive. Tal vez esto se debe a que los hombres no han escuchado la voz del Hijo de Dios.

Jesucristo predicó un mensaje de esperanza y de verdad; proclamó al mundo noticias felices porque son la solución del dilema humano, pero hay que escucharlo para entenderlo. Habló de tener hambre y sed, pero de justicia.

No era hambre y sed de derecho de un tipo u otro, ni fue hambre y sed de abundancia económica, ni fue hambre y sed de salario mínimo y de tierra en propiedad. Esta sed es pero de justicia. ¿Qué justicia?

Justicia es estar de acuerdo con Dios, ser aceptado por Él, admitido a la intimidad de su amor y su presencia. Esto es justicia de primer orden, y solo Dios puede darla, impartirla o declararla.

Allí está un grande y santo patriarca de los tiempos antiguos llamado Abraham. Era tan excelente ejemplar de la raza humana que hasta fue tildado de amigo de Dios. Pero todo su acto heroico, su vida ejemplar y su amistad con el cielo no pudieron darle esa justicia.

Esto es lo que dice la Biblia al respecto: “Y creyó a Jehová, y le fue contado por justicia”. Dios, en su infinita gracia, profundo amor y soberana decisión, asignó justicia a Abraham.

No hay otra forma de obtener tal justicia y ser aceptado delante de Dios. A pesar de tantísimo esfuerzo humano por demostrar lo contrario, el hombre no tiene la capacidad de alcanzar esa justicia.

Ese es el veredicto del profeta que hablaba en el nombre de Dios: “Todos nosotros somos como suciedad, y toda nuestra justicia como trapo de inmundicia”. Así define la palabra de Dios lo que es la justicia humana, la poca y rara que hay: trapo de inmundicia.

Por más que se esfuerce, luche y se dé golpes, el hombre termina en desesperación si sale en búsqueda de justicia, porque se la ha pegado: el pecado lo lleva en su piel, en su alma, en su mente y en las fibras mismas de su ser.

El pecado ha venido a ser como esas manchas indelebles que usted puede ver en un paño de lana; la mancha se ha convertido en parte integral del paño. Esto es lo que decía Dios por la boca del profeta Jeremías: “Aunque te lave con lejía y a montones jabón sobre ti, la mancha de tu pecado permanecerá aún delante de mí”, dice Jehová el Señor.

Usted sabe que a través de la historia el hombre ha dedicado gran parte de su tiempo y energía en este problema de obtener justicia delante de Dios. ¡Qué sacrificios repulsivos, qué actos de heroísmo, qué peregrinajes, lavamientos, ayunos y otras cosas semejantes!

La realidad, sin embargo, es que nada de todo eso puede producir los efectos deseados, porque dice la Biblia que sacrificio y ofrenda no te agrada, holocausto y expiación no has demandado.

Tampoco puede un ser querido ofrecerse a sí mismo o pagar el rescate, porque aclara la palabra de Dios que ninguno de ellos podrá en manera alguna redimir al hermano ni dar a Dios su rescate. No es sin razón que el piadoso Job en su agonía se hizo la pregunta retórica: ¿Cómo se justificará el hombre con Dios?

Pero la gran noticia para el mundo, el cántico que resonó por los más remotos rincones de la tierra, es que Dios envió a su Hijo Unigénito para ocupar el lugar del castigo humano, hacerse un mérito infinito por su sacrificio y así darle el derecho de impartir esa justicia que no puede el hombre obtener por sí mismo.

Gloria a Dios en las alturas cantaron los ángeles del cielo, porque ese día había nacido en la ciudad de David un salvador que es Cristo el Señor. Todo aquel que se sienta sediento pero de justicia puede ahora acercarse al Cristo, implorarle su socorro y encontrar satisfacción.

Acuérdese que fue Jesucristo quien dijo: “Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados”. Serán saciados.

Qué triste ver tanta gente que se destruye a sí misma tratando de obtener una justicia que no puede alcanzar. Cristo se la ofrece gratuitamente, pero el hombre la rechaza y prefiere buscarse la suya propia, lo que le resulta tan solo un trapo de inmundicia.

Al fin de la jornada, echa una mirada a lo que ha cosechado con sus múltiples esfuerzos y se da cuenta, demasiado tarde ya, que solo le quedan harapos y suciedad en vez de la justicia que anhelaba.

Cristo, por otra parte, gratuitamente le ofrece esa justicia y le promete que será saciado; quedará satisfecho completamente, como si hubiera hecho la mejor compra de su vida, como si hubiera comido el más sustancioso manjar de la tierra.

Pero hay más justicia todavía. No solo le ofrece Dios a usted esa justicia que solo puede adquirir en su hijo Jesucristo, sino que además demanda de usted una vida justa como resultado de esa justicia.

Esto es lo que provoca problemas de vez en cuando. No es cuestión de que el hombre eleve sus manos al cielo, reciba la justicia y punto final. Si bien es cierto que nadie puede obtener justicia delante de Dios por sus actos personales, también es cierto que no puede el hombre obtenerse justificado por Dios y vivir sin actos que adornen esa justicia.

La salvación divina y la acción humana están inextricablemente unidas. Por eso es que el mismo Jesús dijo a su discípulo que sin él nada podían hacer; le dijo: “Guardaos de hacer vuestra justicia delante de los hombres”.

Usted ve que eso de la justicia no solo es algo que recibe de Dios, sino también algo que se hace; es un estilo de vida, es una ética personal. Lo curioso de todo esto es que recién cuando el hombre recibe esa justicia divina, ese don de Dios, solo entonces empieza a vivir justamente.

Comienza a darse cuenta de que hay injusticias en el mundo y entiende por fin qué es la justicia en todas sus amplias ramificaciones. ¿Cómo puede aquel que no ha recibido esa justicia divina imponer justicia en este injusto mundo? Ni siquiera saben lo que es justicia.

Será recién cuando el hombre sea declarado justo ante Dios que podrá buscar justicia delante de los hombres. La historia misma demuestra que aquel que define su propia justicia nunca ha saneado su mundo.

Es el pueblo de Dios el que sabe de justicia y siente hambre y sed de ella. Quizás desearía usted esa justicia que Dios imparte. Recuerde una vez más que solo se dispensa por medio de la fe en el único salvador.

Hay que desearla ferviente e impacientemente; hay que tener hambre y sed de ella. Decía el salmista sobre esto: “Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así clama, oh Dios, el alma mía”. Sediento, pero de justicia.

Oraciones y Peticiones

Dios nos bendice por su palabra. Damos gracias al Señor: Amado Dios, una vez más acudimos ante el trono de su gracia para dar gracias por su palabra. Qué grato es estar en su presencia y contemplar la grandeza de su santidad.

Como usted nos ha hablado hoy, Dios Altísimo, “sediento pero de justicia”, y nos ha dicho “bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia porque ellos serán saciados”. Gracias, Señor, porque es una exhortación que como a hijos amados usted nos ha hecho hoy. Gracias, Padre de amor, por darnos esta bendición de poder alcanzarla y tenerla viviendo en nosotros.

Oro, Padre, a esta hora del programa intercediendo por los enfermos. Clamamos por el hermano o la hermana que está en sintonía y está enfermo; que a esta hora usted toque sus vidas y, en el nombre de Jesús y por los méritos de Cristo, sane al enfermo y a la enferma, porque su misericordia es muy grande.

Le ruego, Padre, que usted se glorifique en sanidad divina ahora; que el toque de su poder esté restaurando y sanando al enfermo. Llévese la aflicción de ese hogar que está en crisis por la enfermedad, que se volvió una crisis familiar. Hoy usted, mi Señor, obra misericordia y se lleva esa aflicción para la gloria de su nombre.

Usted se lleva, Señor, el dolor, la aflicción y cubre la necesidad de esta lista que declaramos en su presencia. Oramos por nuestro pastor Florindo Márquez por sanidad; por nuestro hermano José Silva por sanidad; por nuestro hermano José David Videla, para él pedimos un milagro porque un milagro le va a poner de pie y sus sentaderas van a ser sanas y esas heridas van a ser cicatrizadas con su poder.

Oro por nuestra hermana Teresita Flores, por sus pastores por sanidad, por su vecina por sanidad y por su hija Pamela Larcón Flores por sanidad. Oro por la petición de mi hermana Laura Senjo; oro por mi hermana Nura Senjo por sanidad; oro por mi hermano Eduardo González por sanidad a la vista.

Oro por mi hermana Rosita Veloso por sanidad; por mi hermana Elena Reyes por sanidad; por mi hermano Ignacio Toro por sanidad; por mi hermano Miguel Torres por sanidad y por su nieto por liberación; por mi hermana Teresita Reyes por sanidad; por mi hermano Eliseo Muñoz por sanidad.

Oro por Rodrigo Romero Asenjo por liberación; por mi vecino Luis Orellana por sanidad; por mi hermano Dagoberto Roa por sanidad; por mi hermana Teresa Molina por sanidad del matrimonio y la familia; por Claudia Sirva por liberación; por René Fuente Oliva por problemas de matrimonio y la familia.

Oro por la hermana Isabel Allende por sanidad; por el maestro Juan Vallalao por sanidad; por la señora Yolanda por sanidad; por mi hermana María Ivacache por sanidad; por la niña Isidora Nahir para que usted la restaure por lo que ella está viviendo, tenga misericordia de esta niña, mi Señor.

Oro por mi hermana Sonia Bustamante por sanidad. Señor, yo sé que usted los conoce y ruego que se glorifique ahora, que su misericordia llegue a la vida de ellos y ellas en sanidad divina.

Usted, mi Señor, ya pagó el precio mientras estaba allí en la cruz, crucificando toda enfermedad, y hoy por las llagas de Cristo somos curados y sanados. Manifieste su poder y su gloria para la gloria del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén y amén. Gloria a Dios para siempre.