La Voz Pentecostal

Dios como refugio y la verdadera salvación

· 52 min

Usted encontrará una reflexión sobre la importancia de confiar en Dios como refugio seguro y la diferencia entre el liderazgo humano y el espiritual. El episodio también le ofrece consejos prácticos para el cuidado del hogar y una receta culinaria.

Bienvenida

Escucha, auditor, la voz del Salvador, que hoy te llama a ti. ¿No quieres tú venir? Escucha la voz del Salvador, que a tu alma traerá salvación.

Bienvenidos, bienvenida nuevamente a su programa La Voz Pentecostal. A través de los micrófonos de la Radio Abigail, les doy la bienvenida a la sintonía del matinal en el 106.7 FM. Este programa está llegando a su hogar con el propósito de bendecir su vida.

Les saludo a usted, mi hermano, mi hermana, vecinos y amigos que nos sintonizan a esta hora. Les deseo las más ricas bendiciones de parte de nuestro Dios.

Oración Matinal

Amado Dios, le damos muchas gracias por este maravilloso despertar glorioso, porque en este día sus misericordias ya han sido renovadas muy de mañana. Tan solo con ver este día radiante que usted nos permite vivir, le damos gracias, Señor, por este amor tan grande que usted manifiesta con todos nosotros.

Gracias, Señor, porque el sol sale para todos, pero es especial para los que permanecemos al abrigo del Altísimo. Gracias porque esta es una bendición especial que usted, mi Dios, haga resplandecer su rostro sobre nuestras vidas. Sabemos, Señor, que usted está en todas partes: en el cielo, en la tierra, en el mar; que todo lo sabe y que todo lo ve.

Gracias porque hoy me da la oportunidad de ver este nuevo día; me da el privilegio de amar, respirar, caminar, sentir, tocar, saborear, ver y leer su bendita palabra. Cuando muchos hoy están enfermos, con tantas necesidades y problemas, le pido, Señor, que usted extienda su mano de poder sanador sobre ellos y derrame su gracia divina para todo el mundo que hoy está en la sintonía de este programa.

Pido, Señor, que las personas y la familia que a esta hora están sintonizando este programa sean guardados, que usted los bendiga y los favorezca en todo lo que emprendan. Les dé su gran amor, sabiduría y mucha bendición.

Oro, Señor, por los matrimonios y por la unidad de la familia. Oro por los jóvenes que son presos de muchas adicciones, por los niños para que usted los proteja y les dé su cuidado, y por tantos abuelos y abuelas olvidadas. Oro, Señor, para que haya sustento en la casa de la viuda y del huérfano.

Oro por la apertura de los presos de la cárcel y por los que están enfermos que a esta hora luchan en una sala de hospital, en una clínica o en sus casas esperando el toque de su poder; que usted ponga su mano sobre la enfermedad y ellos sean restaurados sanos para la gloria de su nombre.

Gracias, Señor, porque debemos agradecer lo que usted nos permite vivir a diario: porque tengo un techo que cobijó mi sueño, porque tengo agua, calzado, vestuario y porque usted ya ha puesto pan en mi mesa.

Oro por mis autoridades eclesiásticas, muy en especial por la máxima autoridad de mi iglesia, mi amado obispo Israel Aravena, y por el honorable directorio de nuestra iglesia. Pido con todo mi corazón que usted les dé una clara dirección para continuar desarrollando la labor que usted, mi Dios, les ha encomendado, tanto en su vida personal, familiar y eclesiástica.

Bendiga, mi Señor, las autoridades civiles. Oro por la máxima autoridad de la nación y por los que con él gobiernan. Oro por las autoridades civiles de nuestra comuna, para que aquellos que tienen en sus manos la gestión administrativa puedan favorecer a los más necesitados.

Oro muy en especial por las instituciones de beneficencia, por bomberos y por carabineros, ya que ellos arriesgan su vida en cada procedimiento. Bendiga, mi Señor, la audiencia de este programa. Padre de amor, reciba usted toda la honra, la gloria y la alabanza a través de mi amado y bendito Salvador Jesucristo. Amén y amén.

Aviso a la Audiencia

Le damos al Señor toda la honra, la gloria y la alabanza porque nuevamente podemos estar juntos para darle a Él la gloria debida a su nombre. Agradezco al Señor esta instancia, ya que el sábado no pudimos salir al aire porque tuvimos que ausentarnos para asistir a una reunión administrativa con nuestro superintendente.

Además, el sábado por la tarde hubo un corte de luz en nuestra calle, donde está la radio, y eso no nos permitió salir al aire el domingo ni ayer lunes. Anoche acudí a mi nieto Matías Martínez para que él nos solucionara el problema y nos sintonizara nuevamente para que hoy pudiéramos estar saliendo al aire.

Esa es mi explicación por la ausencia. A mí me duele mucho cuando no puedo salir al aire, pero ya hoy volvemos a encontrarnos para que juntos podamos bendecir al que todo lo puede, a nuestro Dios Altísimo.

Pan de Vida

Ya estamos con nosotros para este día nuestro pan diario, nuestro pan de vida que el Señor entrega, porque este es el día que hizo el Señor y nos gozamos y nos alegramos con la grandeza de su santidad.

Tenemos el pan de vida en el Salmo 62:8, que nos dice que Dios es nuestro refugio.

Con estas palabras, pero con un sentido muy especial, Dios nos habla de nuestro refugio. Agradecemos a nuestro Dios esta bendición.

A veces recibimos testimonios personalmente de hermanos o por las noticias. Por ejemplo, encontramos una noticia sobre un lugar en América del Norte donde los búfalos deambulaban y los indígenas nativos los seguían, hasta que llegaron los colonizadores latinos con sus rebaños y cultivos. Más tarde, el sitio se usó para la fabricación de productos químicos durante la Segunda Guerra Mundial y luego para la desmilitarización de armas tras la Guerra Fría.

Un día se encontró allí un nido de águila y poco después nació Rocky Monster en el National Bighorn Sheep Refuge, un extenso refugio y santuario natural urbano cerca de Denver, Colorado; un hogar seguro y protegido para más de 300 especies de animales, incluidos hurones de patas negras, lechuzas, madrigueras de águilas calvas y búfalos errantes.

El salmista nos dice que Dios es nuestro refugio, mucho mayor que un lugar terrenal. Dios es nuestro verdadero santuario, una presencia segura y protectora en quien vivimos, nos movemos y somos. El Señor es nuestro refugio y en Él podemos confiar en todo tiempo, así nos dice su palabra a través del Salmo 62.

En nuestro santuario podemos llevar todas nuestras oraciones y derramar nuestro corazón. Esto fue en el principio, es ahora y lo será para siempre. Por eso tenemos que dar gracias a nuestro amado Dios y decirle: ‘Amado Dios, gracias por ser mi morada segura y protegida’.

Sabemos que hay un corazón que te guardará y lo podemos derramar delante de Él. En eso consiste lo que Dios nos aconseja a través del libro de Levítico 19:18.

Levítico 19:18 — Amarás a tu prójimo como a ti mismo.

Este versículo es muy importante. Siempre que encontramos su palabra, vemos que es simple. A veces muchos jóvenes se divierten formando grupos, pero la palabra de Dios siempre nos deja una lección: en lugar de cambiar de prójimo, aprendemos a amarlo.

A veces nos gustaría poder elegir a nuestro prójimo, especialmente cuando tenemos un colega con quien no nos llevamos bien o un vecino al que no le gusta cortar el césped en horarios molestos. Sin embargo, lo más frecuente es tener que aprender a vivir con nuestros prójimos difíciles.

Cuando los israelitas entraron a la tierra prometida, Dios les dio instrucciones importantes sobre cómo vivir demostrando que le pertenecían. Les dijo: ‘Amarás a tu prójimo como a ti mismo’, lo cual incluye no difundir chismes ni rumores, no aprovecharse del prójimo y confrontar directamente con quienes disentimos en algo.

Si bien es difícil amar a todos, es posible tratar a los demás de forma amorosa cuando dejamos que Jesús obre. A través de nosotros, Dios nos da la sabiduría y la habilidad para hacerlo a medida que procuremos identificarnos como sus hijos.

Para amar a nuestro prójimo como nos manda nuestro Dios, tenemos que pedir ayuda al Señor: ‘Padre, ayúdame a reflejar tu amor’. Si no queremos que a nosotros nos hagan desprecio, entonces nosotros también tenemos que sembrar para tener una buena cosecha. Si sembramos bien, vamos a cosechar bien.

El Señor nos entrega la bendición de poder hacer lo que a Él le agrada, y a Él le agrada que amemos a cada uno, sin excepción. Dios nos bendice por nuestro pan de vida.

Consejos para el Hogar

Ya tenemos la continuación del programa con los datitos y los consejos. Como buenas dueñas de casa, siempre ponemos atención cuando se nos habla de arreglar problemas domésticos.

Por ejemplo, el vinagre lo usamos para muchas cosas. Usar el vinagre para blanquear la ropa es un remedio de nuestra vieja abuela que todavía está de moda. Para su uso, puede usted verter un vaso de vinagre blanco en un recipiente lleno de agua caliente, sumergir su ropa blanca y dejarla en remojo durante unas horas o incluso durante la noche. Finalmente, proceda a lavarla como lo hace de costumbre.

También existe el bicarbonato de sodio, cuya acción blanqueadora ya era bien conocida desde nuestras abuelas. Para que su ropa vuelva a ser blanca, simplemente tiene que verter tres cucharadas de bicarbonato de sodio en un recipiente con agua caliente y dejar la ropa en remojo. Para un efecto más efectivo, puede diluir medio vaso de vinagre; juntos harán que su ropa sea más blanca.

También existe el peróxido de hidrógeno, que es lo que llamamos agua oxigenada. Tiene un enfoque ecológico y se puede utilizar para blanquear prendas blancas. El procedimiento es sencillo: solo hay que echar una cucharada en un recipiente con agua caliente y añadir las prendas. Las dejamos en remojo durante aproximadamente media hora y ya está listo.

Use solo prendas blancas, ya que podrían desvanecerse los tonos de los colores si usa colores más fuertes. Use peróxido de hidrógeno en bajas concentraciones, porque en altas concentraciones puede ser tóxica.

Hay un refrán que dice ‘blanco como la leche’. De hecho, este ingrediente es conocido por su blancura y evoca pureza. Usted puede transferir esta blancura a sus prendas sumergiéndolas en un recipiente con leche y dejándolas en remojo durante unas horas, para luego proceder con el lavado común. Recomendamos este método solo para algunas prendas para evitar el desperdicio de la leche.

Todos estos datos nos sirven para blanquear la ropa blanca. A veces guardamos la ropa blanca porque es de perfección y la usamos mucho en verano, pero al sacarla, por ejemplo los manteles, ya están con un color amarillo. Ahí está la oportunidad para que usted pueda usar peróxido de hidrógeno, leche, vinagre y bicarbonato para mantener su ropa blanca como tiene que estar.

Sugerencia de Cocina

Ahora tenemos la sugerencia de la cocina. Hoy día le traemos un rico pastel de carne al horno. Para la mezcla de la carne necesitamos: 500 gramos de carne molida de red, una cebolla grande picada, dos dientes de ajo picado, una zanahoria grande rallada, una taza de pan rallado, un huevo, dos cucharadas de salsa de tomate, una cucharada de sal, media cucharadita de pimienta, media cucharadita de orégano seco y media cucharadita de comino en polvo.

Para la cobertura necesitamos: cuatro papas grandes, dos cucharadas de mantequilla, un cuarto de taza de leche, sal y pimienta al gusto, y queso rallado. También necesitamos un molde para la preparación.

Vamos a empezar precalentando el horno a 180 grados. En un sartén grande, saltee la cebolla y el ajo con un poco de aceite de oliva hasta que esté dorado y fragante. Agregue la zanahoria rallada y cocine por unos minutos más.

En un tazón grande, vamos a mezclar la carne molida, la cebolla salteada, el ajo, la zanahoria, el pan rallado, el huevo, la salsa de tomate, la sal, la pimienta, el orégano y el comino. Colocamos la mezcla de carne en el molde para pastel o bandeja para hornear y presionamos hacia abajo para que quede compacta y uniforme. Hornee durante aproximadamente 30 a 40 minutos o hasta que la carne esté cocida y dorada por encima.

Mientras tanto, pele las papas, córtelas en trozos y cocínelas en agua hirviendo con sal hasta que queden tiernas. Escurra las papas y haga un puré con un pisa puré o un tenedor. Agregue mantequilla, la leche, la sal y la pimienta. Mezcle bien hasta obtener una textura suave y cremosa.

Una vez que la carne esté lista, retire el pastel del horno. Cubra la parte superior con el puré de papa y, si lo desea, empolvoree queso rallado sobre el puré. Vuelva a colocar el pastel en el horno por 10 a 15 minutos o hasta que el queso se derrita y se dore ligeramente. Ya está listo para servir caliente y disfrutar este confortante pastel de carne al horno.

Ilustración de Pastel de carne al horno

Receta del día

Pastel de carne al horno

Mezcla de carne

  • 500 gramos de carne molida de red
  • 1 cebolla grande picada
  • 2 dientes de ajo picado
  • 1 zanahoria grande rallada
  • 1 taza de pan rallado
  • 1 huevo
  • 2 cucharadas de salsa de tomate
  • 1 cucharada de sal
  • 1/2 cucharadita de pimienta
  • 1/2 cucharadita de orégano seco
  • 1/2 cucharadita de comino en polvo

Cobertura

  • 4 papas grandes
  • 2 cucharadas de mantequilla
  • 1/4 taza de leche
  • sal al gusto
  • pimienta al gusto
  • queso rallado

Preparación

  1. Precaliente el horno a 180 grados.
  2. Saltee la cebolla y el ajo con un poco de aceite de oliva en un sartén grande hasta que estén dorados.
  3. Agregue la zanahoria rallada y cocine por unos minutos más.
  4. En un tazón grande, mezcle la carne molida, la cebolla salteada, el ajo, la zanahoria, el pan rallado, el huevo, la salsa de tomate, la sal, la pimienta, el orégano y el comino.
  5. Coloque la mezcla de carne en un molde para pastel o bandeja para hornear y presione hacia abajo para que quede compacta y uniforme.
  6. Hornee durante aproximadamente 30-40 minutos o hasta que la carne esté cocida y dorada por encima.
  7. Mientras la carne se hornea, pele las papas, córtelas en trozos y cocínelas en agua hirviendo con sal hasta que estén tiernas.
  8. Escurra las papas y haga un puré con un pisa puré o un tenedor.
  9. Agregue al puré la mantequilla, la leche, la sal y la pimienta, mezclando bien hasta obtener una textura suave y cremosa.
  10. Retire el pastel de carne del horno y cubra la parte superior con el puré de papa.
  11. Empolvoree queso rallado sobre el puré si lo desea.
  12. Vuelva a colocar el pastel en el horno por 10 a 15 minutos o hasta que el queso se derrita y se dore ligeramente.
  13. Sirva caliente.

Cierre de Segmento

Esta ha sido la sugerencia para hoy. Ya estamos en el momento del programa de traerle a usted la palabra de nuestro Dios a través del mensaje. No se me vaya de la sintonía; vamos a volver en breve instante para que juntos podamos reflexionar a través de la siempre poderosa palabra de nuestro Dios.

Lectura de la Palabra

Ya estamos de vuelta después de haber escuchado a nuestra hermana Ruth Alfaro. Qué lindo que canta ella. Pero ahora tenemos con nosotros la bendita palabra de nuestro Dios. Abrimos nuestras Biblias para leer la poderosa palabra de nuestro Dios en el libro del Santo Evangelio según San Juan, capítulo 12, versículo 13.

Juan 12:13 — «Bendito el que viene en el nombre del Señor. Bendito el Rey de Israel».

Dios nos bendice por la lectura de su palabra. Vamos a tener unos breves instantes de oración para luego centrarnos en el mensaje del Señor.

Amado Dios, tenemos la bendición de tener con nosotros su palabra leída. Oro, Señor, para que su palabra, que es viva, que es eficaz y que es más cortante que toda espada de doble filo, a esta hora y en este programa llegue a muchas vidas. Oro para que usted use mis labios, traiga a mí a través del Espíritu Santo, Dios Altísimo, la revelación de su palabra y que esta corra y sea glorificada. Por eso es que necesito que usted me unja con esa bendición; se lo ruego, Padre, en el nombre de Cristo Jesús mi Salvador. Amén y amén. Gloria a Dios para siempre.

Salvación Nacional

El título de su palabra es: Salvación Nacional. En la década de los 60 oímos hablar mucho acerca de los gobiernos de salvación nacional. Ese era el título que los dictadores le daban a sus golpes de Estado para justificar el atropello a las leyes y constituciones.

Muchos de esos dictadores se daban grados y títulos pomposos para impresionar a las masas, aunque lo único que conseguían era la alabanza de sus seguidores incondicionales. Por lo general, no se destacaban por su inteligencia. Estos gobiernos de salvación nacional lo más que consiguieron fue hundir a sus países en la miseria y en la dependencia de poderes y países foráneos que literalmente se han alimentado de la sangre y del sudor de esos pueblos.

Alguna vez miraron a esos dictadores con una esperanza de cambio en sus situaciones, por demás precarias. La historia nos enseña que emperadores, césares, reyes, jefes de Estado y presidentes elegidos según las costumbres y leyes de los pueblos han sucumbido a sus propias ambiciones, destruyendo los ideales que alguna vez los impulsaron a buscar el poder para brindar a los suyos un mejor futuro.

Necesitaríamos de una serie de programas para hablar de los excesos, del abuso de sus funcionarios y pueblos, de su egoísmo, de sus amantes y de cómo saltaron las leyes divinas y humanas como si los actos nunca hubieran de ser expuestos a la luz del escrutinio de sus pueblos. Pero, como lo hemos dicho, la historia nos habla de todo eso.

El Mesías frente a las expectativas humanas

En el evangelio según San Juan, capítulo 12, el pueblo por fin vislumbra alguna esperanza y quiere apoderarse de una persona para hacerla rey. Aquí la historia es diferente. No se trata de un dictador o tirano que ofrece un gobierno de salvación nacional, sino del pueblo, de las masas que desean entronizar a alguien en el puesto que todos ambicionan, pero que nadie les ofrece.

Jesús de Nazaret es el hombre. Sus antecedentes son muchos: es capaz de alimentar multitudes, sanar a los enfermos y resucitar a los muertos. No es natural que alguien con esas credenciales sea elegido para el cargo más importante. En la psicología popular, una persona así no puede ser desaprovechada, ya que todos podían soñar con un gobierno de esa talla: no más trabajo, no más enfermedad, no más vida de dolor.

Un gobernante así podía hacer la salvación nacional para un pueblo oprimido bajo el gobierno de hierro del Sacro Imperio Romano. La multitud se echa a la calle a gritar y dar vivas, alborozada ante este nazareno que tenía tanto para ofrecer. Así lo demuestran en sus exclamaciones: ¡Osana! ¡Bendito es el que viene en el nombre del Señor! ¡Bendito el Rey de Israel!

Pero cosa curiosa, Jesús no es un dictador, tampoco es un caudillo de nada, ni siquiera ofrece un gobierno de salvación nacional. Por el contrario, les dice algo que resulta chocante no solo a sus oídos, sino también a sus entendimientos.

Juan 12:35-36 — «Ustedes van a tener la luz solo un poco más de tiempo. Caminen mientras tienen la luz antes que los sorprenda la oscuridad; el que camina en la oscuridad no sabe a dónde va. Crean en la luz mientras la tienen para que lleguen a ser hijos de luz».

Qué palabra más extraña para un futuro líder político. No aparecen aquí las típicas promesas, no hay discursos emocionantes que apelan a los sentimientos a flor de piel, ni siquiera hay un intento para ganarse la simpatía de esa muchedumbre habida de un líder. Lo que encontramos en las palabras de Jesús es una advertencia acerca de los momentos difíciles que vendrían para esos individuos que habían hecho de lo temporal su única manera de interpretar la vida.

Un Reino no terrenal

El pasaje agrega otra nota desconcertante: cuando terminó de hablar, Jesús se fue y se escondió de ellos. Tal como suena, es lo contrario de lo que enseñan las agencias de publicidad o lo que la prensa más odia. No hay comentarios ni discursos, ni siquiera la posibilidad de ver al que podía haberlo tenido todo y que, por el contrario, se esconde de la gente.

Existe una razón para eso. Jesús no vino a este mundo para encabezar ningún gobierno de salvación nacional; él no es el típico dictador de turno. No ofrece nada de nada, solo su vida, como lo dijo él mismo, en rescate por muchos. Por eso los versículos siguientes nos aclaran la posición.

Aún después de hacer Jesús todas estas señales milagrosas en presencia de ellos, todavía no creían en él. Esto era para que se cumpliera lo dicho por el profeta Isaías: «Señor, ¿quién ha creído a nuestro mensaje? ¿Y a quién le ha sido revelado el brazo del Señor?». Aleluya.

El problema no estaba con Jesús, sino en que su pueblo no podía entender su misterio. No se trata de un líder que encabezara un gobierno de transición ante el poderoso Imperio Romano; no era un juego político ni venía a venderles ilusiones. Los portentos y milagros que él había realizado tenían la función de confirmar las profecías de hace muchos siglos, porque él era el Mesías, el escogido por Dios para ofrecerle a los hombres un nuevo camino para acercarse al Creador.

Su reino no era de este mundo. La salvación que Jesucristo ofrece puede tener carácter nacional si las familias que componen un país así lo piden y claman ante Dios, pero Él no ofrece un liderazgo humano. Por eso se escondió de la gente, porque sus caminos eran más altos que los nuestros y porque esa masa que quería hacerlo rey fue la que una semana después pidió su crucifixión.

Jesucristo puede ser tu salvador personal si acudes a Dios entristecido por tu pecado y arrepentido por todo lo malo que has hecho ante sus ojos. Si crees en sus promesas de que Él es la luz del mundo y con todo tu corazón que Él es el camino para llegar a Dios, entonces Jesús no se esconderá de ti, sino que aparecerá con todo su esplendor para darte lo que ha prometido en su palabra.

No debes equivocarte con él, como se equivocó toda una generación que simplemente no quiso ver la verdad. Si has buscado soluciones a tus inquietudes en partidos políticos, en religiones o en filosofía, nosotros te ofrecemos la respuesta a través de Jesús de Nazaret, quien no quiso ser ídolo de multitudes, sino que prefirió ser compañero y amigo de aquellos que lo buscaron con sinceridad de corazón.

En nuestro tiempo de tanto liderazgo humano dispuesto a ofrecer esta vida y la otra, Jesús de Nazaret adquiere mayor relevancia cuando lo que ofrece tiene el respaldo de Dios mismo. Como la multitud que por una vez acertó en su aclamación, decimos hoy: bendito es el que viene en el nombre del Señor, y agregamos que Jesús es su nombre.

Oración Final y Peticiones

Damos gracias a nuestro Dios por su santa palabra. Amado Dios, llegamos al fin de su palabra y le damos gracias, Dios Altísimo, porque usted no nos ha dejado en el aire, sino que nos ha dejado ejemplo de humildad. Le agradezco, Padre de amor, por haber dejado para nosotros su palabra bendita, que es la fuente de todo poder y donde encontramos la salvación para nuestra alma.

No somos como aquellos hombres que querían hacerlo rey para salir de sus problemas con el Imperio Romano, pues no se dieron cuenta de que su reino no era terrenal, sino mucho más importante. Hasta el día de hoy hay muchos que buscan reinos que perecen, pero el reino que Dios nos ofrece permanece para siempre.

Amado Dios, gracias por habernos exhortado a no hacernos vanas ilusiones, porque el hombre siempre ha vivido buscándolas en esferas que no son la salvación de su alma. Ayúdenos a comprender sus propósitos divinos y a vivir la vida que a usted le agrada. Necesitamos su ayuda para que el consejo de su palabra tenga aceptación en quienes han escuchado y podamos ser practicantes de ella en la vida diaria.

Señor, oramos pidiendo por los enfermos de la audiencia de este programa. Usted quiere poner su mano de sanidad sobre ellos y ellas, porque ese es el propósito de Dios a través de Jesucristo: sanar a los enfermos, levantar al caído, restaurar al débil y sustentarnos en la fe. Oramos para que sean tocados en este mismo momento y reciban la sanidad.

Clamamos por esta lista, sabiendo que usted está dispuesto a llevarse nuestras aflicciones y tormentos de la carne. Oramos por nuestro pastor Florindo Márquez, pastor de nuestra iglesia en el monte, por sanidad. Por nuestro hermano José Silva por sanidad. Por nuestro hermano José David Videla, pedimos un milagro para sanar sus heridas y ponerlo de pie, pues hace muchos años que está en silla de ruedas. Pedimos que usted se manifieste en sanidad en su hijo.

Oramos por nuestra hermana Teresita Flores por sanidad de sus pastores, de su vecina y de su hija Pamela Larcón Flores. Por la petición de nuestra hermana Laura Senjo. Por mi hermana Nora Senjo por sanidad. Por mi hermano Eduardo González por sanidad a la vista. Por mi hermana Rosita Veloso por sanidad. Por mi hermana Elena Reyes por sanidad; ella debe presentarse mañana para una operación a la vista, rogamos que usted esté en ese momento, que la intervención permita que sus ojos sean iluminados y recupere su vista; use al médico que estará en esa operación.

Oro por mi hermano Ignacio Toro por sanidad, por mi hermano Miguel Torres por sanidad y por su nieto por liberación. Por mi hermana Teresita Reyes por sanidad, por mi hermano Eliseo Muñoz por sanidad, por Rodrigo Romero Asenjo por liberación, por mi vecino Luis Orellana por sanidad, por mi hermano Dagoberto Roa por sanidad, por mi hermana Teresa Molina por sanidad del matrimonio y la familia. Oro por Claudia Silva por liberación, por René Fuentes Oliva por problemas del matrimonio y la familia.

Por mi hermana Isabel Allende, que está enfermita, tenga misericordia de ella. Oro también por mi hermana Sonia Bustamante, que está hospitalizada; obre usted en la enfermedad que ella tiene. Oro por el maestro Juan Vallalao por sanidad, por la señora Yolanda por sanidad y por la niña Isidora Nair Caro, para que usted la asista en este tiempo peligroso que está viviendo.

Oro por el nieto de mi hermano Rifo, que fue llamado a su presencia; pido que usted consuele a nuestro hermano y a la familia en general. Señor amado, usted conoce las enfermedades que hay en los cuerpos de sus hijos e hijas; le ruego que se glorifique en ellos para la gloria del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén y Amén. Gloria a Dios para siempre.