La Voz Pentecostal

Un corazón viviendo en un mundo salado

· 65 min

Usted escucha una reflexión sobre la misión del creyente de actuar como preservador moral en la sociedad actual. El episodio combina enseñanzas bíblicas, consejos prácticos para el hogar y una receta de cocina.

Bienvenida

Escucha, auditor, la voz del Salvador, que hoy te llama a ti. ¿No quieres tú venir? Escucha la voz del Salvador, que a tu alma traerá salvación.

Bienvenidos, bienvenida nuevamente a su programa La Voz Pentecostal, a través de los micrófonos de la Radio Abigail. Dirige el programa su hermana en Cristo, Gladia Romero Toledo. Le doy la bienvenida a la sintonía del matinal en el 106.7 FM.

Este programa está llegando a su hogar con el único propósito de bendecir su vida. Les saludo a usted, mi hermano, mi hermana, vecinos y amigos que nos sintonizan a esta hora. Les deseo las más ricas bendiciones de parte de nuestro Dios.

Oración Matinal

Le damos comienzo a este programa poniéndonos en las buenas manos de nuestro Dios a través de la oración. Amado Dios, le damos muchas gracias porque sabemos que usted está aquí; su palabra me declara que usted está en el cielo, en la tierra y en todo lugar, que todo lo sabe y todo lo ve.

Gracias porque hoy me da la oportunidad de ver un nuevo día. Me da el privilegio de amar, de respirar, caminar, sentir, tocar, saborear, ver y leer su palabra. Cuando muchos están enfermos, con tantas necesidades y problemas, le pido Señor que usted los guarde, los bendiga y derrame sobre ellos su gracia infinita para que sean restaurados y sanos.

Para mí, que todo lo que haga a partir de estos momentos en este programa inunde su poder sanitario en la audiencia bajo su bendición. Gracias al Señor por las personas y por las familias que están en la sintonía del programa. Ruego que usted los guarde, los bendiga y los favorezca, tomando sus manos y les dé de su gran amor, sabiduría y muchas bendiciones.

Oro, Señor, por los matrimonios, por la unidad de la familia, por los jóvenes que son presos de tantas adicciones, por los niños para que usted los proteja y les dé su cuidado, y por tantos abuelos y abuelas olvidadas. Oro para que haya sustento en la casa de la viuda y del huérfano, oro por la apertura de los presos de la cárcel.

Oro, Señor, por los enfermos, porque sé que a esta hora hay muchos que luchan en una sala de hospital, en clínica o en sus casas esperando ese toque sanador. Señor, si usted los toca, ellos van a recibir la bendición.

Oro, Señor, dándole muchas gracias porque tengo un techo que cobijó mi sueño; gracias por el agua, por el calzado, por el vestuario y por el pan que usted pone en mi mesa.

Intercedo en favor de nuestras autoridades eclesiásticas, muy en especial por la máxima autoridad de mi iglesia, mi amado obispo Israel Aravena, y por el honorable directorio. Señor, yo deseo con todo mi corazón que usted les dé una clara dirección para continuar desarrollando la labor que usted, mi Dios, les ha encomendado. Ellos son especiales, no podemos dejar de interceder por ellos porque tienen una vida personal, familiar y eclesiástica.

Bendiga, mi Señor, las autoridades civiles de nuestro país, oro por la máxima autoridad y por los que con él gobiernan. Oro, Señor, por las autoridades civiles de nuestra comuna, oro por el alcalde porque él tiene la facultad, a través de su gestión administrativa, de ir en ayuda de los más necesitados. Úsele usted, mi Señor, de esta manera, para que el Señor beneficie a tanta gente que necesita la bendición.

Oramos por las instituciones de beneficencia de nuestra comuna, por Carabineros y por Bomberos, ya que Carabineros arriesga su vida en cada procedimiento, igual que los bomberos. Bendiga, mi Señor, la audiencia de este programa con una especial bendición.

Señor amado, reciba usted toda mi alabanza, la honra y la gloria, siempre a través de Jesucristo, nuestro Salvador. Confío en que usted, mi Señor, estará cuidando de los trabajadores de la salud, porque ellos están en constante peligro por su trabajo. Señor, bendiga desde la eminencia más alta hasta el más simple trabajador.

Oro, Señor, por la paz, para que haya paz en el mundo. Bendiga usted a todos los gobiernos del mundo y oro por la paz de los países que están en guerra y, muy en especial, oro por la paz de Jerusalén.

Señor amado, muchas gracias por habernos dado a nuestro Señor y Salvador Jesucristo, porque a través de él hemos sido salvos. Tenemos la bendición de poder recibir de mi amado Salvador el perdón de nuestros pecados.

Le damos tantas gracias a Dios Altísimo por habernos dado a nuestro Salvador, por haber sacrificado a su único Hijo y haberlo mandado a este mundo a sufrir y a pagar el precio humano tan alto que tuvo que pagar por nuestros pecados. Gracias, mi Señor amado, porque está manifestado el amor tan grande por esta humanidad. Reciba usted, Señor, nuestra alabanza a través de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Amén y amén. Gloria a Dios para siempre.

Pan de Vida

Damos muchas gracias a nuestro eterno Dios por la bendición de poder dirigirnos nuevamente a la audiencia a través de este programa. Comenzamos nuestro Pan de Vida, donde sin duda, como todos los días, somos bendecidos y bendecidas.

Hoy tenemos nuestro Pan de Vida con la lectura de su santa palabra en Primera de Reyes, capítulo 19, versículo 12.

1 Reyes 19:12 — Y tras el fuego un silbo apacible y delicado.

Dios nos bendice por nuestro Pan de Vida. Les cuento que un hombre, en un lavadero de autos, estaba en una misión. Fue a la parte posterior de su camioneta y quitó el enganche para que no se trabaran los cepillos rodantes. Pagó y se dirigió hacia la cinta automática, pero dejó el cambio en modo avanzar. El empleado le gritó: «Ponga punto muerto, ponga punto muerto», pero la ventanilla estaba cerrada y el hombre no oyó. En cuatro segundos estaba del otro lado y la camioneta apenas mojada.

Elías también estaba en una misión, ocupado sirviendo a Dios en gran manera. Acababa de derrotar a los profetas de Baal en una exhibición sobrenatural y quedó agotado; necesitaba un tiempo en punto muerto. Dios lo llevó al monte Horeb, donde también había estado con Moisés, y allí sacudió el monte, pero no estuvo ni en el viento fuerte, ni el terremoto, ni el fuego, sino que habló a Elías con un silbo apacible, cuando Elías cubrió su rostro con su manto y salió a encontrarse con él.

Tú y yo estamos en una misión; colocamos nuestras vidas en modo avanzar para hacer grandes cosas que nos manda nuestro Salvador, pero si no cambiamos al punto muerto, debemos pasar la vida demasiado rápido sin la guía de su espíritu. Dios susurra: «está quieto y conoce que yo soy Dios». Oiga, nosotros necesitamos a nuestro Padre. Digámosle juntitos y juntitas hoy: «Padre, estoy quieto porque tú eres mi Dios».

Es necesario cambiar al punto muerto, especialmente para las personas que están resueltamente aceleradas. Dios nos dice que estemos en ese amor vigilante, en ese amor valiente. Dios habla en Primera de Corintios, capítulo 16, versículo 14.

1 Corintios 16:14 — Todas vuestras cosas sean hechas con amor.

Los cuatro capellanes fueron conocidos como héroes. Una noche helada del 1943, cuando su transportador fue alcanzado por un torpedo durante la Segunda Guerra Mundial, se entregaron por completo a calmar a cientos de soldados en pánico mientras el barco se hundía. Aplacaban el pandemonio predicando coraje, como Dios les mandó.

Como dijo un sobreviviente, cuando se acababan las chaquetas salvavidas, ellos se quitaron la suya y se la dieron a los jóvenes aterrorizados, decidiendo hundirse en el barco para que otros pudieran vivir. Con los brazos entrelazados mientras el barco se hundía, oraban en voz alta alentando a los que morían con ellos. Otro sobreviviente dijo que fue lo más maravilloso que vio a este lado del cielo.

La valentía caracteriza su saga, pero el amor es lo que define su entrega. El apóstol San Pablo instó a todos los creyentes a tener ese amor, incluidos los miembros de la iglesia de Corinto, sacudida por conflictos, corrupción y pecado. Les dijo: «manténganse atentos y firmes en la fe, sean fuertes y valientes», y agregó: «todas vuestras cosas sean hechas con amor».

Es un mandato excelente para todo creyente en Cristo, muy en especial cuando nos encontramos en una crisis. Una reacción valiente y amorosa es el reflejo de Él. Siempre hay amor de valiente, porque si no lo hay, pidámosle al Señor: «Señor, dame valentía para brindar tu amor», porque el amor es obnegado y siempre refleja a Cristo.

Si en usted y en mí está el Señor, el amor obnegado es lo que va a reflejar. ¿Cómo podemos influir su amor en la manera de reaccionar ante una situación turbulenta? Dios siempre nos da la salida. Damos gracias a nuestro Padre porque, aunque pase el tiempo desde que el apóstol dijera estas palabras, nuestro Padre siempre está con nosotros. Es necesario siempre acudir a nuestro Dios, porque en Él encontramos el amor valiente, el amor que supera todas las cosas.

Dios nos bendice por nuestro Pan de Vida en este día tan especial, miércoles 24 de junio, a las 11:26 de la mañana.

Datos y Consejos del Hogar

Ahora vamos adelante con los datos y los consejos, que siempre necesitamos para nuestro día a día. Por ejemplo, nosotros siempre tiramos a la basura las cáscaras de ajo, pero sabe usted que con las cáscaras de ajo y de cebolla puede hacer una pasta para marinar pollo. Se ponen a tostar estas cáscaras a fuego lento y después se licúan con un poco de vinagre. Ya sale la pasta lista para marinar toda clase de carne.

Otro consejo es para lavar ollas y sartenes. Al detergente que usamos siempre, le vamos a agregar sal, ya que la sal es buena para sacar la grasa. Empolvoreamos la sal fina sobre el detergente cubriendo toda la superficie. Luego, con esponja seca, sacamos la grasa sin mucho esfuerzo y se enjuaga con abundante agua.

También podemos hacer una pasta de bicarbonato para limpiar ollas y sartenes quemadas y manchadas después de freír. Mezcle dos partes de bicarbonato, una parte de alcohol y detergente. Frota con una esponja, enjuaga rápido y ojalá antes pase algo seco.

Para los hornos incrustados, que son de los más difíciles de limpiar, el bicarbonato de sodio es el primer método. Disuélvalo en un recipiente con agua, una cucharada por cada litro y medio. Lavamos las superficies del horno y así esterilizaremos y disolveremos las incrustaciones. Alternativamente, puede utilizar sal fina o una limpieza con vinagre y agua.

Para el método del vinagre, deje hervir una olla llena de agua y añada un vaso de vinagre blanco. Calentamos el horno a 180 grados centígrados y dejamos el molde dentro por una hora; el vinagre se evaporará y atacará las paredes del horno, desengrasándolas. Al final, limpiamos todo con una esponja.

Otro truco para fregar el horno sucio requiere dos pastillas para lavavajillas y 200 ml de agua tibia. Coloque las tabletas en un recipiente metálico, vierta el agua tibia y deje que se disuelva, triturando suavemente con un tenedor. Retire la rejilla, use guantes protectores y aplique la mezcla.

Les doy este truco de las abuelas para acabar con las manchas amarillas del retrete. En el baño la limpieza es fundamental, pero es fácil que se formen manchas feas en el inodoro. El remedio infalible es el uso de ácido cítrico. Vierta 150 gramos de ácido en una jarra con un litro de agua, mezcle bien y vierta sobre las manchas, dejándolo actuar toda la noche.

Para que sea más efectivo, puede transferir la mezcla a un aerosol y rociar directamente sobre las manchas. Al día siguiente, use la escobilla de baño para sacar la cal que ahora está blandita. También puede agregar un litro de agua y un poco de harina para alcanzar una consistencia cremosa. Rocíe la solución, descargue el inodoro, incorpore la harina y vuelva a rociar. Frote vigorosamente con la escobilla, deje actuar la noche y al día siguiente tire la cadena.

La harina no solo realiza una función abrasiva, sino que es capaz de pulir perfectamente su inodoro. Si no tiene ácido cítrico a mano, puede usar vinagre, aunque no se recomienda en los desagües por el impacto en el medio ambiente; prefiera el ácido cítrico.

Hay otra receta para limpiar el horno: media taza de sal, media taza de vinagre blanco, media taza de jabón lavalosa y una cucharada de bicarbonato. Mezcle todo en una botella y aplíquelo al horno, la parrilla o incluso a los azulejos del baño.

Sugerencia Culinaria

Ya tenemos la sugerencia para la cocina: un costillar de cerdo a la parrilla. Para un kilo de costillar, necesitamos tres cucharadas y media de miel, tres cucharadas de mostaza, tres cucharadas de vinagre blanco, media cucharadita de ají de color, una cucharadita de comino molido, dos cucharaditas de orégano entero, una cucharadita de pimienta blanca, media cucharadita de sal de mar (o una cucharada y media si no tiene problema con la sal) y tres cuartos de taza de vino blanco.

Para la preparación, mezclamos todos los ingredientes del adobo en una fuente grande, agregamos el costillar y lo embetunamos por todos lados con las manos. Lo dejamos reposar dos horas antes de cocinarlo.

Prenda la parrilla y, cuando esté caliente, saque el costillar del adobo y póngalo sobre el fuego. Cocine por ambos lados hasta que esté bien cocido al medio y dorado, aproximadamente 45 minutos. Se puede pincelar con el adobo mientras se cocina. Sirva acompañado con ensalada a la chilena.

Al dueño de casa, generalmente el papá, le encanta este asado. Si no lo hizo para el Día del Padre, tiene esta idea perfecta para cualquier día.

Ilustración de Costillar de cerdo a la parrilla con adobo de miel y mostaza

Receta del día

Costillar de cerdo a la parrilla con adobo de miel y mostaza

  • 1 kilo de costillar de cerdo
  • 3 y media cucharadas de miel
  • 3 cucharadas de mostaza
  • 3 cucharadas de vinagre blanco
  • media cucharadita de ají de color
  • 1 cucharadita de comino molido
  • 2 cucharaditas de orégano entero
  • 1 cucharadita de pimienta blanca
  • media cucharadita de sal de mar (o una cucharada y media si no hay problema con la sal)
  • 3/4 tazas de vino blanco

Preparación

  1. Mezcle todos los ingredientes del adobo en una fuente grande.
  2. Coloque el costillar en la fuente y embetúnelo por todos lados con las manos.
  3. Deje reposar la carne durante dos horas antes de cocinarla.
  4. Prenda la parrilla y, una vez caliente, saque el costillar del adobo y colóquelo sobre el fuego.
  5. Cocine por ambos lados durante aproximadamente 45 minutos hasta que esté dorado y bien cocido al medio.
  6. Pincelar con el adobo restante mientras se cocina.
  7. Partir y servir acompañado con ensalada a la chilena.

Cierre de Segmento

Ya estamos en el momento de dirigirnos a la lectura de la poderosa palabra de nuestro Dios. Queremos que escuche una alabanza, pero no se vaya de la sintonía; volveremos en breve instante para que juntos y juntas podamos reflexionar en lo que hoy la palabra nos trae.

Lectura de la Palabra

Ahora abriremos nuestras Biblias para leer la poderosa palabra de nuestro Dios a través del Santo Evangelio según San Mateo, capítulo 5, versículo 13. Leo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Mateo 5:13 — Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada?

Oración por la revelación

Amado Dios, tenemos la bendición y el privilegio de poder detenernos para tomar la Sagrada Escritura, y su palabra ya ha sido leída. Amén.

Oro, Padre, rogando que usted a través del Espíritu Santo traiga a mí la revelación divina de su palabra. Use usted mis labios, tome el dominio y tome el control de mi vida para administrar su palabra para mí con una unción que usted pone en mí hoy, para que su palabra corra y sea glorificada en muchas vidas. Se lo ruego, Padre, en el nombre de Cristo Jesús. Amén y amén. Gloria a Dios para siempre.

Un corazón viviendo en un mundo salado

El título de su palabra es: un corazón viviendo en un mundo salado. Hoy se sabe que la sal puede ser cosa muy mala para el cuerpo humano; así lo declaran médicos, dicen que afecta adversamente la presión arterial de quienes sufren ese mal.

Se aconseja entre los expertos dietéticos utilizar la menor cantidad posible de sal. Hasta se hacen inventos sustitutos para que la pobre gente adicta a la sal no ponga en peligro sus vidas.

La sal puede ser cosa muy mala para nosotros los seres humanos, y allí está el Hijo de Dios que dice a sus seguidores que ellos son la sal de la tierra. ¿Será posible que el Cristo haya cometido semejante error? ¿Estarán quizás equivocados los científicos de las ramas médicas?

Usted sabe que la sal es un elemento indispensable del arte culinario. Si falta sal a la comida, usted se va a quejar con su esposa, o se quejará con el chef o mozo que le ha servido tan insulto plato.

Difícil sería hallar en un restaurante decente que no tenga un salero en cada mesa. Pero se nos dice que la sal es cosa mala y mejor dejar de usarla. ¿Qué quiso decir Cristo cuando habló a los suyos que fuesen la sal de la tierra?

La sal es importante en la vida humana. Uno de los conflictos más serios del Nuevo Mundo, por ejemplo, fue la protección en las minas de sal en la zona del Caribe.

Los holandeses, que son pescadores magistrales del universo, tenían necesidad urgente de más y más sal para su vigorosa industria pesquera. El pescado se echaba a perder a menos que fuese salado.

Aunque la sal tenga varias características de importancia, como por ejemplo su blancura o su sabor fiel e inimitable, probablemente no son esas características las que el Señor quiso acentuar.

Uno de los usos más comunes de la sal en aquellos tiempos en la cultura era el curar las heridas del cuerpo, aunque doliera a la sangre.

La función de la sal

Era el curar las heridas del cuerpo, aunque doliera. Sobre esa herida para curar lo más pronto posible, pero podría si no se le aplica una buena dosis de sal. Era un antiséptico que evitaba las infecciones tan comunes en las heridas, pero este era también el único medio conocido para conservar un manjar o sustancia.

Se practica aún esta serie de maravillosos en las regiones rurales en el mundo moderno, donde no hay refrigerador ni hay compuestos químicos contemporáneos. Hay que ver lo bueno que es esa carne salada tierra adentro.

En ese ritual singular de la sal, lo que el Señor Jesucristo quiso enseñar cuando declara a sus seguidores que son la sal de la tierra. Usted sabe que vive en un mundo de rápido deterioro. Si fuese ese mundo un trozo de carne, vería usted las moscas infecciosas por todas partes, depósitos dañinos y malos olores que harían producir náuseas.

No es necesario elaborar una descripción completa y vivida del deterioro del mundo en que usted vive. Basta leer la noticia o percatarse de lo que ocurre en el escenario humano. Los seguidores de Cristo son la sal, el elemento que evita un mayor deterioro y una putrefacción total y definitiva.

Puede considerarse esa acción de la sal como algo negativo, algo que prohíbe o impide, pero note usted lo que impide: que el mundo continúe en su rápido descenso a la descomposición total. Esto es completamente evidente en varios casos.

La influencia del creyente

Observe usted la vida actual. Por ejemplo, supóngase una reunión o tertulia amable entre semibrutales parroquianos. Los chistes de allí circulan, no ennoblecen a la raza humana, harían sonrojar a las damas y paralizarían las circunstancias de la gente decente.

Y de pronto se desplazaría entre aquel recinto un hombre que es inmediatamente conocido como creyente en el Señor Jesucristo. Automáticamente cesan los chistes, se acaban las voces rudas y hasta se limpia un poquito el lenguaje. Fíjese usted si no es eso ser sal de la tierra.

Sodoma y Gomorra

Pero es mejor observar lo que dice la Biblia misma sobre este hecho incontrovertible. ¿Se acuerda usted de las ciudades de Sodoma y Gomorra? Eran centros urbanos donde la decadencia había llegado a sus límites. Hasta la palabra sodomía se había metido en el lenguaje a raíz de aquella repugnante situación humana.

Dios resuelve aniquilar aquel nido de lujuria, de miseria y de degeneración humana. Pero antes de proceder a la destrucción, Dios tiene una conversación con un representante de Abraham. Este santo hombre intercede por aquella ciudad predestinada a la ruina.

Abraham habla con Dios y le recuerda que quizás en aquellas ciudades haya unos 50 creyentes o justos; en tal caso, dice Dios, no procederá a su destrucción. Pero insiste el intercesor: quizás hay allí solamente 45 o 40, y también en este caso se abstendría Dios de aplicar sus severos castigos sobre aquella generación degenerada.

Abraham sugiere al fin que tal vez vivirían allí nada menos que 10 personas justas, y aún en ese caso asegura Dios que no destruiría la ciudad por amor a esos 10. Lo lamentable es que no había allí ni siquiera 10 creyentes fieles que se merecieran la protección divina, y las ciudades fueron destruidas por el fuego y azufre.

Este suceso tan vivido en las Escrituras le dice a usted dos cosas importantísimas. La primera es que Dios es infinitamente misericordioso, que tiene paciencia y que desea demostrar su bondad siempre que haya oportunidad.

Y la segunda, la importante en este caso: la mera presencia de unos pocos creyentes hubiera conservado aquellas ciudades y hubiera impedido su vergonzosa destrucción. Los creyentes que son sal de la tierra impiden el deterioro seguro del pecado humano.

La necesidad de la sal hoy

Es por esta razón que resulta una locura inmensurable cuando una nación o gobierno se opone de alguna manera u otra al programa salvífico de Dios en Cristo Jesús. En vez de facilitar la obra humana y perseverante de Dios en el mundo, apresuran su mano justiciera que castiga la maldad de los hombres.

Si hubiera en aquel lugar un creyente genuino, tendrá ese lugar una especie de seguro verbal de que no serán destruidos por amor a aquellos que allí aman a Dios. Un mundo salado, por ser salado, se conserva.

¿Cuánta falta hace este elemento en el mundo actual? Todo ser interesado puede ver la absoluta claridad del futuro del mundo. Hay decadencia por todas partes; usted ve la degeneración inexorable en el universo.

¿Qué harán los hombres para detener esa deformación tan evidente como amenazadora? Se hacen planes muy provisorios de educación masiva, de control del crimen, de saneamiento de barriadas y legislación social avanzada.

Debe usted estar agradecido que los hombres tengan todavía el interés suficiente de elaborar esos planes y buscar tales soluciones, aunque en la mayoría estén destinados al fracaso más lastimoso. Lo que se necesita es un poco de sal, que cure las heridas, irrite las llagas y conserve un poco bueno de lo que queda.

La sal que pierde su sabor

Fue por eso que Jesucristo añadió esta frase muy interesante a sus declaraciones. Dijo que si la sal pierde su sabor, sus poderes y sus virtudes inherentes, de nada sirve sino para ser pisoteada por los pies de los hombres.

Usted sabe que la sal puede ser neutralizada con sustancias foráneas, calcificaciones y procesos químicos adversos a su naturaleza. Esa es la sal que ha perdido sus atributos.

¿No eran así acaso aquellos fariseos y escribas en los tiempos de Cristo, que habían negado el poder curativo de Dios con sus vidas miserables? No ocurre exactamente lo mismo con aquellos en su mundo que reprenden una fe en Jesucristo, pero no pasan de ser mera palabrería.

¿Qué influencia para bien puede ejercer alguien así? Es absolutamente impotente y negativa. Usted sabe que esos rezagos de la sal terminan en mal lugar y poco bien pueden hacer a la sociedad contemporánea.

La pérdida de la oportunidad

No pueden ya ser restaurados a lo que eran. Se ha pasado el momento de la oportunidad maravillosa.

Han quedado sin esperanza y sin puerta abierta. Pero serán pisoteados por los hombres en su paso hacia la eternidad. Amén.

La misión de ser sal en el mundo

Continuamos con el mensaje de su palabra. ¿No eran así acaso aquellos fariseos y escribas en los tiempos de Cristo, que habían negado el poder curativo de Dios con sus vidas miserables? No ocurre exactamente lo mismo con aquellos que en su mundo pretenden una fe en Jesucristo, pero no pasa de ser mera palabrería.

¿Qué influencia para bien puede ejercer alguien así? Absolutamente ninguna; es impotente y negativa. Usted sabe que estos rezagos de la sal terminan en mal lugar y poco bien pueden hacer a la sociedad, a sus contemporáneos y a sí mismos. Ya no pueden ser restaurados a lo que eran, se han pasado el momento de su oportunidad maravillosa; han quedado sin esperanza y sin puerta abierta. Solo serán pisoteados por los hombres en su paso hacia la eternidad.

Observe usted la gran vocación a la cual Dios llama a lo suyo. A usted que pone su fe en el único Salvador, no solo le promete y le asegura un lugar en la vasta eternidad, sino que lo llama a cumplir una misión básica e importantísima en este mundo. Maravillosa tarea es la que Dios da a lo suyo: salar su mundo, conservarlo e impedir que desaparezca. Gloria a Dios.

Damos gracias a nuestro Dios porque todavía en este mundo hay sal que no ha perdido su sabor, sus poderes y sus virtudes inherentes, y de nada sirve que la pisoteen los hombres. Usted sabe que la sal puede ser neutralizada con sustancias foráneas, calcificaciones y procesos químicos adversos a su naturaleza; esa es la sal que ha perdido sus atributos.

Exhortación y gratitud

Amado Dios, gracias le damos por esta intervención que nos ha entregado hoy su palabra. Nos llegamos a preguntar con este mensaje: ¿qué es lo que estamos haciendo? ¿Estamos salando a un mundo que no tiene hoy día ninguna alternativa por sí mismo? Pero usted nos ha llamado a ser sal de la tierra.

Damos gracias, Señor, porque usted nos pide un mundo salado y nos dice claramente hoy por su palabra: “Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada?”

Gracias, mi Dios altísimo, porque esta es una exhortación que usted nos hace como hijos amados. Gracias porque su palabra es siempre viva y eficaz, y más cortante que toda espada de doble filo, porque su palabra es la que penetra y parte el alma y discierne los pensamientos y las intenciones de nuestro corazón. Gracias, Padre de amor, por dejarnos estas bienaventuranzas para estos días que necesitábamos que usted nos hablara claro y preciso a través de su palabra bendita.

Peticiones de sanidad y milagros

Le pedimos que a esta hora usted, mi Señor, intervenga en sanidad en los enfermos. Intercedemos ante el trono de su gracia pidiendo que ellos sean tocados con sanidad divina, porque usted en sus propósitos no quiere que estemos enfermos. Usted le hizo una promesa a Moisés, le dijo claramente que si su pueblo oye su voz y obedece sus mandamientos, ninguna enfermedad llegará a ellos, porque yo soy Jehová tu sanador.

Señor, los tiempos no han cambiado porque usted es el mismo, y en esta hora quiere tocar a todos los enfermos que están en la audiencia del programa. Obre por misericordia, clamamos por esta lista y le pedimos que usted se glorifique. Ya tenemos el testimonio de muchos que hemos sacado de esta lista, incluso de una de nuestras hermanas que usted sanó de cáncer, y yo creo con todo mi corazón que usted lo hará también con estos nombres.

Oramos por nuestro pastor Florindo Márquez, pastor de nuestra iglesia en el monte, pedimos por su sanidad. Por nuestro hermano José Silva, pedimos sanidad. Oramos por nuestro hermano José David Videla; para él, Señor, estamos pidiendo un milagro que lo ponga de pie. Oramos por nuestra hermana Teresita Flores, por sus pastores, por su vecina y por su hija Pamela Arconflores, por sanidad.

Oramos por la petición de nuestra hermana Laura Senjo y por nuestra hermana Nora Senjo, por sanidad. Oramos por mi hermano Eduardo González, por sanidad a la vista. Oramos por mi hermana Rosita Veloso por sanidad, y por mi hermana Elena Reyes, quien va a ser intervenida nuevamente de su vista; Señor, sea usted obrando por misericordia y sanidad en su hija.

Oramos por mi hermano Ignacio Toro por sanidad, por mi hermano Miguel Torres por sanidad y por su nieto por liberación. Oramos por mi hermana Teresita Reyes por sanidad, por mi hermano Eliseo Muñoz por sanidad y por Rodrigo Romero Asenjo por liberación.

Oramos por mi vecino Luis Orellana por sanidad, por mi hermano Dagoberto Roa por sanidad y por mi hermana Teresa Molina por sanidad del matrimonio y la familia. Oramos por Claudia Silva por liberación y por René Fuentes Oliva por problemas de matrimonio y la familia.

Oramos por nuestra hermana Isabel Allende por sanidad, por el maestro Juan Vallalao por sanidad y por la señora Yolanda por sanidad. Oramos por la niña Isidora Nair Caro Manrique, a quien se le reventó un oído; Señor, oramos para que ella no pierda la audición.

Oramos por el nieto de mi hermano Rifo, desahuciado por la ciencia, pero usted, Señor, todavía no ha dicho la última palabra; oramos para que él sea restaurado de ese cáncer, como usted ya lo ha hecho con alguna de nuestras hermanas. Pedimos sanidad para este niño en el nombre de Cristo, porque allí en la cruz del Calvario mi Jesús pagó el precio y estaba crucificando toda enfermedad. Hoy, por la llaga de Cristo los enfermos son sanados y vidas son cambiadas por su poder. Se lo rogamos todo en el nombre de Cristo Jesús. Amén y amén.

Despedida

Damos muchas gracias a nuestro Dios por su palabra. Ya estamos llegando al término de este programa por hoy. Mañana, Dios mediante, volvemos a encontrarnos nuevamente con un nuevo programa a la misma hora y en este mismo punto del dial. Mientras tanto, Dios le bendiga.