Sediento pero de justicia
Gladia Romero Toledo reflexiona sobre la verdadera naturaleza de la justicia divina y la libertad en Cristo. Usted encontrará consejos para la convivencia familiar y una propuesta culinaria para compartir en el hogar.
Bienvenida y Oración Inicial
Escucha, auditor, la voz del Salvador, que hoy te llama a ti y no quieres tú venir. Escucha, auditor, la voz del Salvador, que a tu alma traerá salvación. Bienvenidos, bienvenidas nuevamente juntos a través de su programa La Voz Pentecostal, a través de los micrófonos de la radio Abigail. Dirige este programa su hermana en Cristo, Gladia Romero Toledo.
Le doy la bienvenida a la sintonía del programa en este matinal, en el 106.7 FM. Este programa está llegando a su hogar con el propósito de bendecir su vida. Les saludo a usted, mi hermana, mi hermano, vecinos, amigos del programa que se sintonizan a esta hora. Les deseo las más ricas bendiciones de parte de nuestro Dios.
Como siempre, le damos comienzo a este programa poniéndonos en las buenas manos de nuestro Dios a través de la oración. Amado Dios, es tan hermoso el haber despertado en esta mañana, sentir su maravillosa presencia y poder dar gracias. Gracias por su bondad y por ser nuestro ayudador y mejor amigo. Gracias por cubrirme con su amor y darme las fuerzas para seguir adelante aun en medio de todas mis ansiedades y mis angustias.
Padre de amor, gracias también le doy por mi hogar, por mi familia, porque tengo un techo que cobija mi sueño y porque tengo alimento que usted pone en mi mesa. Porque usted me permite tener agua fresca y cristalina, porque usted me permite vestir mi cuerpo y poner calzado en mis pies. Nuestra vida es tan feliz y dichosa gracias a mi amado Señor.
Por esta hermosa bendición, por favor, nunca se aleje de nuestra senda, porque en cada instante que pasa le necesito más y más en mi vida; su presencia es vital en mí. Gracias, Señor Dios, porque puedo interceder a través de la oración por los matrimonios. Oro por la unidad de la familia, por los jóvenes y los que no son tan jóvenes que son presos de tantas adicciones.
Oro, Señor, por los niños, para que usted los proteja y les dé su cuidado, y por tantos abuelos y abuelas olvidadas. Oro para que haya sustento para la viuda y para el huérfano. Oro por la apertura de los presos de la cárcel y por los enfermos, porque hay muchos que luchan en una sala de hospital, en una clínica o en sus casas, esperando el toque de su poder sobre ellos. Yo le ruego que usted los sane por misericordia, mi Señor.
Oro, Señor, por mis autoridades eclesiásticas, muy en especial por mi amado obispo Israel Aravena y por el honorable directorio de nuestra iglesia. Oro, Señor, porque es el deseo de mi corazón que usted les dé una clara dirección para continuar desarrollando la labor que usted, mi Dios, les ha encomendado.
Bendiga, mi Señor, las autoridades máximas de la nación; oro por ellos y por los que gobiernan con ellos. Oro por las autoridades civiles de mi comuna para que ellos, que tienen en sus manos la gestión administrativa, sean ayudados por usted, mi Señor, para ir en ayuda de los problemas de nuestra comuna. Bendiga, mi Señor, toda autoridad a través de las instituciones que trabajan en la comunidad.
Señor, oro para que usted cuide de la institución de bomberos y carabineros, porque en esta noble función arriesgan su vida en cada procedimiento. Bendiga, mi Señor, la audiencia de este programa. Oramos para que haya un cese de la guerra, pedimos por la paz de esta humanidad y oramos por la paz de Jerusalén.
Señor, le doy a usted toda la honra, la gloria y la alabanza por darnos a nuestro Señor y Salvador Jesucristo, porque por Él somos salvos. Gracias a ese sacrificio que Él hizo por nosotros y gracias por haberlo enviado a este mundo para pagar el precio de nuestro pecado. Ahí está, Señor amado, su amor por esta humanidad.
En esta hora nos ponemos en sus manos rogando a nuestro Padre que, a través de Jesucristo nuestro Salvador, esté con nosotros y el Espíritu Santo sea quien nos dirija. Nos encomendamos, Señor, a usted, mi Dios, para que usted esté en el control de este programa.
Rogamos, Señor, por los trabajadores de la salud, porque ellos, igual que carabineros y bomberos, arriesgan su vida con tantas enfermedades. Yo ruego, Padre, por ellos para que usted los proteja y les dé su cuidado; bendiga, Señor, desde la eminencia más alta hasta el más simple camillero. Le ruego, Señor, una bendición especial para este programa y se lo ruego, Padre, en el nombre de Cristo Jesús. Amén y amén. Gloria a Dios para siempre.
Pan de Vida: La Paternidad de Dios
Damos muchas gracias a nuestro Dios porque nuevamente el Señor nos permite estar juntos y juntas. Ya tenemos con nosotros nuestro pan de vida, nuestro pan diario, porque a través de él nos ofrece tener su palabra comenzando este programa, para que de la misma forma el Señor le bendiga. Ofrecemos siempre a Dios, por medio de él, sacrificio y alabanza.
Efesios 3:14 — Doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo, de quien toma nombre toda familia en los cielos y en la tierra.
Dios nos bendice por la lectura de su palabra. El garaje de la casa donde nos hemos criado guarda muchos recuerdos. Los sábados por la mañana, mi papá era el que sacaba el auto para que tuviéramos espacio para trabajar en el proyecto favorito de la extensión del reino de Dios en la tierra. Estábamos preocupados porque las ruedas estaban pinchadas y el parabrisas roto, pero mientras papá vigilaba el tráfico, yo andaba por la calle profundamente emocionada.
Al mirar atrás, veo que en aquel garaje sucedían más cosas que el simple hecho de reparar lo dañado: un niño estaba siendo moldeado por su papá y dilumbrado un poco de Dios en el proceso. Los seres humanos hemos sido diseñados conforme a la naturaleza de Dios. La crianza también tiene un origen en Él, porque Dios es el Padre de quien toma nombre toda familia en los cielos y en la tierra.
Cuando los padres alimentan y protegen a sus hijos, expresan cualidades que no surgen de ellos, sino del Dios Padre; Él es el modelo en que se basa toda paternidad. Mi padre no era perfecto, pero al imitar tan menudo a Dios me daba una idea de sustento y protección del Señor. En ese preciso lugar, mientras reparábamos el vehículo, estábamos ahí como hijos ayudando a nuestro padre y rogando para que se solucionara la pana que había.
Hoy día nosotros podemos pedir ayuda a nuestro Padre, decirle: «Padre, ayúdame a nutrir y a proteger a otros hoy, revelando tus buenas cualidades». No dejo de pensar en la crianza que tuvimos cuando estábamos al lado de nuestro padre, porque él ya no está con nosotros, pero a través de él estaba reflejada la naturaleza de Dios. Hoy día podemos también reflejar ante otro el sustento y la protección, porque para eso nos llama el Señor.
La Libertad en Cristo
¿Y sabe usted para qué nos llama? Para hacernos libres, para vivir en libertad. Así el apóstol San Pablo le habló a los hermanos en Galacia.
Gálatas 5:1 — Cristo nos hizo libres.
Hay un testimonio viviente de un joven evangelista que creció en Texas. Él cuenta que cada 19 de junio había desfiles en las comunidades afroamericanas. Solo cuando se convirtió en adolescente supo el significado desgarrador de esa celebración: se conmemoraba el día en que los esclavos de Texas se enteraron de que el presidente Abraham Lincoln había firmado la proclamación de emancipación que les había otorgado la libertad dos años y medio antes. Habían seguido viviendo en la esclavitud porque no sabían que habían sido libertados.
Es posible ser libres y, aun así, seguir viviendo como esclavos. En Gálatas, el apóstol Pablo escribe sobre otra clase de esclavitud: vivir bajo las exigencias aplastantes de las reglas religiosas. Él instó a sus lectores a estar firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres y a no estar otra vez sujetos al yugo de esclavitud.
Los creyentes en Jesús han sido libertados de reglamentos externos, incluso de comer y de quién ser amigo. Sin embargo, muchos siguen viviendo como si fueran esclavos. Lamentablemente hoy podemos hacer lo mismo, pero la realidad es que cuando confiamos en Cristo, Él nos liberó de vivir con temor a los estándares religiosos establecidos por el hombre.
Somos libres; vivamos así con su poder y démosle gracias. Digamosle: «Jesús, gracias por libertarme del peso de las reglas opresivas», porque hay reglas religiosas que nos atrapan. Si usted ha sido libre, alabe al Señor porque ha experimentado la libertad en Cristo. Gloria a Dios, que nos permite vivir en libertad.
Damos gracias a nuestro eterno Dios por nuestro pan de vida. En su infinito amor y misericordia, Cristo nos hizo libres. Aleluya, bendito es el nombre del Señor. Sigamos viviendo esta libertad y por nada volvamos a ser esclavos del yugo de servidumbre en el cual vivíamos. Por nada ni por nadie volvamos a ser esclavos.
Datos y Consejos para la Vida
Vamos adelante con el programa porque ya tenemos con nosotros los datitos y consejos. Hoy queremos darle algunos muy especiales sobre algo que pasa y sigue pasando en la vida. Dios nos dice: «Familia, perdonémonos unos a otros, olviden las ofensas entre hermanos». Mucha gente muere todos los días, pero todavía hay quienes guardan rencores y sentimientos sin el temor del Señor Dios.
Aprovechemos el tiempo con nuestra familia, que es lo mejor. Adoremos a Dios, cuidémonos y no nos ataquemos, porque hoy estamos acá y mañana no sabemos. El Señor Jesucristo siempre nos está entregando consejos por su palabra.
En el Evangelio según San Mateo 28:20 nos dice que guardemos estas palabras en el corazón y la vida cambiará. No diga «no puedo», porque todo lo puedo en Cristo que me fortalece. No diga «estoy solo», porque Dios prometió estar contigo todos los días, así nos dice el libro de Deuteronomio 31:8.
No diga «no siento tu presencia», porque Él prometió ir delante de ti, como dice Primera de Corintios 10:13. No diga «ya no aguanto más», porque Él jamás te va a poner una carga que no puedas soportar. Si cree que el poder de Dios es más grande que su problema, no sea tacaño: acuda a Dios, póngase en la brecha, siga adelante y no tema ni desmaye, porque el Señor tu Dios estará contigo donde quiera que tú vayas. Gloria al Señor.
Le comparto estas frases hermosas: hay tres cosas en la vida que pueden destruir a una persona: el enojo, el orgullo y el odio. Hay tres cosas que nunca debes perder: la fe, el amor y la esperanza. Hay tres cosas de mayor valor: la humildad, la sinceridad y la amistad. Y hay tres cosas que forman a una persona: el respeto, el compromiso y los valores.
Estos consejos nos alientan porque debemos cuidar nuestras palabras. El Evangelio según San Lucas 6:45 nos aconseja que de la abundancia del corazón habla la boca. Por las palabras seremos justificados o condenados, eso nos dice el Señor Jesucristo a través del Evangelio según San Mateo 12:37.
Un tercer consejo lo encontramos en San Mateo 12:36: de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio. Debemos acatar estos consejos en nuestro corazón. Pidamos a Dios primero salud, porque sin ella nada tiene sentido; paz para dormir sin culpa ni preocupación; y amor verdadero, de ese que no hiere ni se va.
Tengamos tiempo para disfrutar con lo que ya tenemos, fe para creer incluso cuando no veamos el camino, fortaleza para seguir adelante cuando parezca todo perdido y sabiduría para entender cuándo hablar y cuándo guardar silencio. Dios nos bendice por estos datitos y consejos.
Sugerencia Culinaria: Salmón al Horno
Ahora viene lo que siempre entregamos: una sugerencia de lo que usted pueda cocinar. Le traemos la receta para que haga un salmón al horno. Si usted quiere sacar el chef que lleva dentro, no puede perderse esta exquisita preparación, un salmón perfecto y jugoso.
Ingredientes: 800 gramos a un kilo de filete de salmón, dos cucharadas de aliño condimento para pescado gourmet, dos cucharadas de mostaza, rodajas de dos limones y seis cebollines enteros. Para la costra de hierbas: dos cucharadas de perejil picado, dos cucharadas de cilantro picado, dos cucharadas de albahaca picada, dos cucharadas de cibulet picado, ralladura de dos limones, un diente de ajo, dos cucharaditas de sal de mar, una cucharadita de pimienta blanca molida y tres cucharadas de aceite de oliva.
Preparación: Calentamos primeramente el horno a 200 grados centígrados. Aliñamos el salmón con el aliño para pescado y lo ponemos en una bandeja levemente aceitada junto con los cebollines enteros. Preparamos la costra de hierbas mezclando todos los ingredientes. Untamos el pescado con la mostaza, lo cubrimos con la costra de hierbas y terminamos con una o dos rodajas de limón.
Rociamos con vino blanco y horneamos de 20 a 25 minutos. Servimos inmediatamente calientito, acompañado con papa o con arroz, lo que sea más de su agrado. Este es un buen plato para que usted festeje el domingo a su esposo o al papá de la casa.
Receta del día
Salmón al horno
- 800 gramos a 1 kilo de filete de salmón
- 2 cucharadas de aliño condimento para pescado gourmet
- 2 cucharadas de mostaza
- Rodajas de 2 limones
- 6 cebollines enteros
Costra de hierba
- 2 cucharadas de perejil picado
- 2 cucharadas de cilantro picado
- 2 cucharadas de albahaca picada
- 2 cucharadas de cibulet picado
- ralladura de 2 limones
- 1 diente de ajo
- 2 cucharaditas de sal de mar
- 1 cucharadita de pimienta blanca molida
- 3 cucharadas de aceite de oliva
Preparación
- Caliente el horno a 200 grados centígrados.
- Aliñe el salmón con el condimento para pescado.
- Coloque el pescado en una bandeja levemente aceitada junto con los cebollines enteros y reserve.
- Prepare la costra de hierba mezclando todos los ingredientes indicados para ella.
- Unte el pescado con la mostaza y cúbralo con la mezcla de hierbas.
- Coloque una o dos rodajas de limón encima.
- Rocíe con vino blanco.
- Hornee de 20 a 25 minutos.
- Sirva inmediatamente caliente acompañado con papa o arroz.
Lectura de la Palabra
Vamos ambos y ambas a abrir nuestras Biblias para leer la poderosa palabra de nuestro Dios. Lo haremos en el Santo Evangelio según San Mateo, capítulo 5, versículo 6. Leo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Mateo 5:6 — Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.
Dios nos bendice por la lectura de su palabra. Vamos a tener unos instantes de oración.
Amado Dios, vamos confiadamente ante el trono de su gracia pidiendo su bendición, ya que tenemos su palabra leída. Oro para que el Espíritu Santo traiga a mí la revelación divina de su palabra, porque la persona del Espíritu Santo tiene esa cualidad de recordar lo que hemos leído y aprendido.
Señor, ruego que usted use mis labios, tome dominio y tome el control de mi vida; úseme para su gloria, pero ponga usted la unción en mí para que su palabra corra y sea glorificada en muchas vidas. Se lo ruego, Padre, en el nombre de Cristo Jesús mi salvador. Amén y amén. Gloria a Dios para siempre.
Sediento pero de justicia
El título de la palabra de nuestro Dios es: Sediento pero de justicia. Hoy en día se lucha mucho por la justicia. Debe ser porque hay en este mundo muchísimas evidencias de injusticia. Usted sabe que en todas partes se busca lo que es justo.
Hay segmentos del pueblo que se han asignado ese papel para sus patrias y hay gobiernos cuya plataforma es la justicia. No siempre resulta fácil o posible definir lo que es justo en tales casos, pero la gente poco se preocupa de definiciones y de conocimiento, porque anhelan la justicia.
Estoy seguro que usted mismo siente un gran deseo de que se haga justicia en todos los niveles de su vida, personal y nacional, aunque sería un poco difícil decir con precisión qué cosas serían justas y cuáles son injustas.
Especialmente en el mundo de historia hispánica está relativamente de moda eso de buscar, exigir y luchar por la justicia. Hay una sed general que solo podrá ser satisfecha por una dosis generosa de justicia. Pero es necesario preguntarse si todo esto es legítimo y de consecuencia positiva.
A veces parece como que fuera solo un rotundo fracaso. Las injusticias prevalecen y a veces hasta aumentan a pesar de tanto esfuerzo, de tantas lágrimas y hasta sangre inclusive. Tal vez esto se debe a que los hombres no han escuchado la voz del Hijo de Dios.
Jesucristo habló de la felicidad humana, predicó un mensaje de esperanza porque era mensaje de verdad. Proclamó al mundo noticias felices porque son soluciones del dilema humano, pero hay que escuchar para entenderlo.
Hablar de tener hambre y sed de justicia no era hambre y sed de un derecho de un tipo o de otro, ni de abundancia económica, ni de salarios mínimos y de tierra en propiedad. Era sed de justicia.
Justicia es estar de acuerdo con Dios, ser aceptado por él, admitido en la intimidad de su amor y su presencia. Esto es justicia de primer orden y solo Dios puede darla, impartirla o declararla.
Allí está un grande y santo patriarca de los tiempos antiguos llamado Abraham. Era tan excelente y ejemplar de la raza humana que hasta fue tildado de amigo de Dios, pero todos sus actos heroicos, su vida ejemplar y su amistad con el cielo no pudieron darle esa justicia.
Génesis 15:6 — Y creyó a Jehová, y le fue contado por justicia.
En su infinita gracia, profundo amor y soberana decisión, Dios asignó justicia a Abraham. No hay otra forma de obtener tal justicia y ser aceptado delante de Dios. A pesar de tantísimo esfuerzo humano para demostrar lo contrario, el hombre no tiene capacidad de alcanzar esa justicia.
Esto es el veredicto del profeta que hablaba en el nombre de Dios: Todos nosotros somos como suciedad y toda nuestra justicia como trapo de inmundicia. Así define la palabra de Dios lo que es la justicia humana, la poca y rara que hay: trapo de inmundicia.
Por más que se esfuerce y luche, el hombre termina en desesperación y sale en búsqueda de justicia. Es que se le ha pegado el pecado; lo lleva en su piel, en su alma, en su mente y en las fibras mismas de su ser. El pecado ha venido a ser como esas manchas inelebles que usted puede ver en un paño de lana; la mancha se ha convertido en parte integral del paño.
Jeremías 13:23 — ¿Podrá el etíope mudar su piel, o el leopardo sus manchas? Así no podréis vosotros hacer el bien, siendo enseñados a hacer el mal. Aunque te laves con lejía y a montones jabón sobre ti, la mancha de tu pecado permanecerá aún delante de mí, dice Jehová el Señor.
Usted sabe que a través de la historia el hombre ha dedicado gran parte de su tiempo y energía a este problema de obtener justicia delante de Dios. ¡Qué sacrificio repulsivo, qué acto de heroísmo, qué peregrinaje, lavamiento y ayuno! Pero la realidad es que nada de todo eso puede producir los efectos deseados.
Dice la Biblia que sacrificio y ofrenda no te agrada, holocausto y expiación no has demandado. Tampoco puede ser querido ofrecerse a sí mismo o pagar el rescate, porque aclara la palabra de Dios que ninguno de ellos podrá de manera alguna redimir al hermano ni dar a Dios su rescate.
No es sin razón que el piadoso Job en su agonía se hizo la retórica pregunta: ¿Cómo se justificará el hombre con Dios? Pero la gran noticia para el mundo, el cántico que resonó por los más remotos rincones de la tierra, es que Dios envió a su hijo unigénito para ocupar el lugar del castigo humano.
Jesús vino a hacerse el mérito infinito por su sacrificio y así darle el derecho de impartir esa justicia que no puede el hombre obtener por sí mismo. Gloria a Dios en las alturas cantaron los ángeles del cielo, porque ese día había nacido en la ciudad de David un salvador que es Cristo el Señor.
Todo aquel que se sienta sediento de justicia puede ahora acercarse a Cristo, implorarle su socorro y encontrar satisfacción. Acuérdate que fue Jesucristo quien dijo: Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.
Qué triste ver tanta gente que se destruye a sí misma tratando de obtener una justicia que no puede alcanzar. Cristo le ofrece gratuitamente, pero el hombre la rechaza y prefiere buscar la suya propia, lo que le resulta es tan solo trapo de inmundicia.
Al fin de la jornada, el hombre echa una mirada a sus múltiples esfuerzos y se da cuenta demasiado tarde de que solo le quedan harapos y suciedad en vez de la justicia que anhelaba. Cristo, por otra parte, gratuitamente le ofrece esa justicia y le promete que será saciado.
Quedará satisfecho completamente, como si hubiera hecho la mejor compra de su vida o como si hubiera comido el más sustancioso manjar de la tierra. Será saciado.
Pero hay más justicia todavía. No solo le ofrece Dios a usted esa justicia que solo puede adquirirse en su Hijo Jesucristo, sino que además demanda de usted una vida justa como resultado de esa justicia.
Esto es lo que provoca problemas de vez en cuando. No es cuestión de que el hombre eleve sus manos al cielo, reciba la justicia y punto final. Si bien es cierto que nadie puede obtener justicia delante de Dios por sus actos personales, también es cierto que el hombre justificado por Dios no puede vivir sin actos que adornen esa justicia.
La salvación divina y la acción humana están inextricablemente unidas. Por eso Jesús dijo a su discípulo que sin él nada podían hacer. Le dijo: Guardaos de hacer vuestra justicia delante de los hombres.
Usted ve que eso de la justicia no solo es algo que se recibe de Dios, sino también algo que se hace. Es un estilo de vida y es una ética personal.
Lo curioso de todo esto es que recién cuando el hombre recibe esa justicia divina, ese don de Dios, solo entonces empieza a vivir justamente. Comienza a darse cuenta de que hay injusticias en el mundo y entiende por fin qué es la justicia en todas sus amplias ramificaciones.
¿Cómo puede aquel que no ha recibido esa justicia divina imponer justicia en este injusto mundo? Ni siquiera saben lo que es justicia. Será recién cuando el hombre sea declarado justo delante de Dios que podrá buscar justicia delante de los hombres.
La historia misma demuestra que, a pesar de todo el ruido agitador, aquellos que definen su propia justicia nunca han saneado su mundo. Es el pueblo de Dios el que sabe de justicia y siente hambre y sed de ella.
Quizás desearía usted esa justicia que Dios imparte. Es recordar que solo se dispensa por medio de la fe en el único Salvador y hay que desearla fervientemente e impacientemente. Hay que tener hambre y sed de ella.
Salmos 42:1 — Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, oh Dios, el alma mía.
Sediento de justicia, sediento. Aleluya, Dios nos bendice por su palabra.
Oración Final y Peticiones
Amado Dios, le damos las infinitas gracias por darnos esta maravillosa oportunidad de escuchar el mensaje de su palabra. Ahora, Padre, rogamos que usted nos ayude a poner cada consejo por obra y llevarlo a la vida práctica de cada día.
Señor, usted que nos conoce porque nos hizo, sabe que necesitamos cada día su ayuda para comprender sus propósitos divinos. Usted nos habla tan claro en su palabra dándonos esta bienaventuranza: Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.
Ayúdenos, Señor, para que hoy los que han estado en la sintonía del programa puedan haber sido saciados por su palabra. Le damos a usted, mi Dios Altísimo, toda la honra, la gloria y la alabanza por darnos esta bendición tan grande, porque sin duda usted pone el querer como el hacer. Por el oír su palabra, nuestra fe es aumentada.
Oramos, Señor, intercediendo por los enfermos que están en la sintonía del programa y están sufriendo enfermedad en esta hora. Clamamos por ellos sin que los podamos ver, porque tampoco a usted le vemos, pero le sentimos. Sabemos que usted está aquí, mi Señor, para impartir por el Espíritu Santo sanidad divina, porque para el que cree todo le es posible.
Imparta sanidad en sus vidas, llevándose las aflicciones, esa tristeza y ese dolor que hay por la enfermedad. Cure usted esas heridas del alma que están sufriendo por las terribles enfermedades que están asediando sus cuerpos. Le pido que se glorifique, Padre, para la gloria de su nombre.
Rogamos por esta lista, creyendo en el poder de su palabra, ya que tuvimos la noticia de que nuestra hermana Ana Vallejos Fernández fue sanada de cáncer. Para el hombre secular esto es imposible, palabra de cáncer es palabra de muerte, pero usted, Señor, vive y quiere que todos vivamos para la honra de su nombre.
Clamamos por los enfermos de la audiencia, por nuestros pastores: el pastor Florindo Márquez de nuestra iglesia en el monte, el pastor Julio Rojas, pastor en retiro de la iglesia de Buin; oramos por sanidad. Oramos también por nuestro hermano José Silva, por nuestro hermano José David Videla, y para él pedimos un milagro porque un milagro lo va a poner de pie, ya que la ciencia en todos estos años no ha podido.
Oro por mi hermana Teresita Flores, por sus pastores, por su vecina, por su hija Pamela Larcon Flores por sanidad. Oro por la petición de mi hermana Laura Seno, por mi hermana Nora Senjo por sanidad, por mi hermano Eduardo González por sanidad a la vista, por el hijo de mi hermano Jimmy por liberación, por mi hermana Rosita Veloso por sanidad, por mi hermana Elena Reyes por sanidad, por mi hermano Ignacio Toro por sanidad, por mi hermano Miguel Torres por sanidad y por su nieto por liberación.
Oro por mi hermana Teresita Reyes por sanidad, por mi hermano Eliseo Muñoz por sanidad, por Rodrigo Romero Asenjo por liberación, por mi vecino Luis Orellana por sanidad, por mi hermano Dagoberto Roa por sanidad, por mi hermana Teresa Molina por sanidad del matrimonio y de la familia. Oro por Claudia Silva por liberación, por mi hermano José Martínez por sanidad, por René Fuentes Oliva por problemas de matrimonio y familia.
Oro por mi hermana Isabel Allende por sanidad, esperando siempre que usted haga su voluntad en ella, porque su voluntad es siempre buena, agradable y perfecta. Oro también por el esposo de mi hermana María Ibacache, oramos por don Juan para que usted, mi Señor, le toque a esta hora del día, sane su corazón enfermo y sane su enfermedad de diabetes.
Usted es el que puede, porque para el que cree todo le es posible. Le pedimos que se glorifique en sanidad divina, para la gloria del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén y Amén. Gloria a Dios para siempre.
Despedida
Damos muchas gracias a nuestro Dios por su palabra. Ya estamos llegando al término de este programa por hoy. Le damos muchas gracias a usted por nuevamente haber estado en la sintonía y a usted que hoy integró la audiencia, gracias por escucharnos.
Mañana, Dios mediante, volvemos a encontrarnos nuevamente con un nuevo programa a la misma hora y en este mismo punto del dial. Mientras tanto, Dios le bendiga.