La Voz Pentecostal

La valentía de la fe y la justicia divina

· 50 min

Gladia Romero Toledo reflexiona sobre la importancia de mantener la fidelidad a Cristo frente a las adversidades y la esperanza en la justicia de Dios. Usted encontrará también consejos prácticos del hogar y una sugerencia culinaria para el almuerzo familiar.

Inicio del programa

Escucha, auditor, la voz del Salvador, que hoy te llama a ti, que a tu alma traerá salvación y amor. Bienvenidos nuevamente a su programa La Voz Pentecostal. Le doy la bienvenida a la sintonía del matinal en el 106.7 FM. Este programa está llegando a su hogar con el único propósito de bendecir su vida.

Les saludo a usted, mi hermano, mi hermana, vecinos y amigos que nos sintonizan a esta hora. Les deseo las más ricas bendiciones de parte de nuestro Dios a través de estos micrófonos de la Radio Abigail. Quien dirige este programa es su hermana en Cristo, Gladia Romero Toledo.

Oración matinal

Amado Dios, nos dirigimos confiadamente ante el trono de su gracia. Dando gracias siempre, mi Dios Altísimo, por esta maravillosa oportunidad que usted me concede de poder estar nuevamente delante de su presencia. Esta es una bendición que usted me permite, Señor, vivir día tras día. Le doy toda mi alabanza, toda la honra y la gloria a su bendito nombre.

Amado Dios, mi fiel amigo, mi constante compañía, en esta mañana le doy muchas gracias por concederme la oportunidad de vivir un día más bajo su cuidado, bajo su luz y su bendición. Al comenzar este día y este programa, agradezco, Señor, por todas sus maravillas que usted hace por mí. Me pongo en sus manos, orando para que usted me llene de fe y esperanza, y su luz alumbre mi andar en esta vida para que la bendición esté surgiendo para mi hogar.

Gracias porque puedo disfrutar de mi familia. Acompáñeme en todo momento; celebro, mi Padre, su ayuda porque encuentro la fuerza para construir siempre la paz. Despierte en nosotros corazones solidarios, mentes y oídos abiertos para escuchar siempre su palabra y permanecer fiel, haciéndola siempre carne en nuestro pueblo.

Sosténganos, Señor, en los momentos difíciles para no caer en la mentira y en la falsedad, proclamando siempre la libertad con que Cristo nos ha hecho libres. Comenzamos a levantarnos todos los días porque tenemos su ayuda; la ayuda que usted nos da a los hermanos, a las hermanas en sus trabajos, a los jóvenes, a las señoritas en sus estudios y a los niños.

Señor, nunca estamos sin que su presencia bendita esté con nosotros, porque donde vivimos día tras día levantamos un altar en su nombre. Oro, Señor, por los enfermos, porque sé que a esta hora hay muchos que luchan en una sala de hospital, en una clínica o en sus casas. Tóqueles, mi Señor, con su poder sanador y manifieste su misericordia.

Oro, Señor, por los matrimonios y por la unidad de la familia, porque usted bendijo el santo estado del matrimonio aun cuando el hombre guardaba su inocencia. Oro por los jóvenes que son presos de tantas adicciones, oro por los niños para que usted les dé su protección y su cuidado, y por tantos abuelos y abuelas olvidadas. Oro, Señor, para que nunca falte el sustento en la casa de la viuda y del huérfano, y oro por la apertura de los presos de la cárcel.

Oro, Señor, por mis autoridades eclesiásticas, muy en especial por la máxima autoridad de mi iglesia, mi amado obispo Israel Aravena, y por el honorable directorio. Deseo con todo mi corazón que usted, mi Dios, les dé una clara dirección para continuar desarrollando la labor que usted les ha encomendado. Oramos muy en especial por todos ellos y ellas, porque tienen una vida espiritual, una vida personal, una vida familiar y la esclesiástica.

Bendiga usted, mi Señor, a los trabajadores de la salud; déles su protección y su cuidado por la labor que hacen en bien de los enfermos. Ellos arriesgan su vida, Señor, pero ruego que usted los cuide y proteja, desde la más alta eminencia hasta el más simple camillero. Bendiga, mi Señor, las autoridades civiles de mi país; oro por la máxima autoridad y por los que gobiernan, y en ello están todos los gobiernos del mundo.

Bendiga, mi Señor, las autoridades de la comuna. Oro, Señor, por el alcalde y por su equipo de trabajo, para que usted ponga en ellos el hacer como el querer en las necesidades de nuestra comuna. Bendiga, mi Señor, toda autoridad de beneficencia. También pido por bomberos y por carabineros, ya que ellos arriesgan su vida en cada procedimiento.

Confiamos que usted bendice grandemente la audiencia del programa y rogamos al Espíritu Santo que sea quien nos dirija. En estos momentos que vamos a estar saliendo al aire a través de la radio, usted, mi Señor, esté presente guiándonos y dirigiéndonos. Reciba usted, mi Padre, toda la honra, toda la gloria y la alabanza por este amor tan grande que usted manifestó por esta humanidad, dándonos lo más apreciado: mandando a nuestro Señor y Salvador Jesucristo a este mundo.

Sabiendo usted, Padre, que su hijo habría de pagar un precio muy alto, debía de morir por nuestros pecados, y en esto consiste su amor, Señor, por su creación. Gracias, Padre, gracias, Señor, porque nos permite tener esta bendición tan grande de tener a Cristo nuestro Salvador viviendo en nuestra vida. Guíenos, Señor, porque queremos avanzar con nuestro Señor y Salvador Jesucristo.

Pido a usted, mi Padre, a través de Jesucristo, que usted sea la prioridad en todo, que es la extensión del Evangelio en la tierra. Gracias, Señor, porque sus caminos son mis caminos. Hoy, Señor, descanso en el poder de su fuerza, siempre confiando que el Espíritu Santo es quien está aquí ahora bendiciéndonos a nosotros y a la audiencia a través de este programa. Señor, muchas gracias por Cristo nuestro Salvador. Amén y amén. ¡Gloria a Dios!

Agradecimientos y novedades

Damos muchas gracias a nuestro Dios por estar nuevamente juntos y juntas en este día domingo 7 de este mes, donde el Señor nuevamente nos permite salir al aire. Teníamos problemas con nuestro transmisor de la Radio Abigail, pero ya, Dios mediante, estamos aquí volviendo a tomar este programa. Le damos gracias públicamente a mi nieto, Matías Martínez Riquero, porque a través de su generosidad nos permite hoy día estar juntitos nuevamente; había un desperfecto en la transmisión, pero mi nieto puso sus manos y el Señor lo dirigió para que ya estemos al aire. Gracias a mi Señor bendito.

Pan de Vida

Comenzamos este programa con nuestro pan diario, nuestro pan de vida, a través del cual el Señor nos bendice. Pueden tener su Biblia ahí para leer con nosotros. La primera cita es para que usted la lea en la tranquilidad de su hogar: el Santo Evangelio según San Juan, capítulo 13, versículos 36 al 38. Pero nuestro pan de vida hoy lo tendremos en el Santo Evangelio según San Mateo, capítulo 10, versículo 38.

San Mateo 10:38 — El que no toma su cruz y sigue en pos de mí no es digno de mí.

Dios nos bendice por nuestro pan de vida porque encontramos valentía por Jesús. Le damos a conocer que en el año 155 después de Cristo, Policarpio, uno de los padres de la iglesia primitiva, fue amenazado con morir en la hoguera por su fe en Cristo. Entonces respondió: «He sido su siervo durante 86 años y nunca me ha fallado. ¿Cómo puedo ahora blasfemar a mi rey que me salvó?». Su respuesta puede ser una inspiración para nosotros al enfrentar pruebas extremas por nuestra fe en Jesús, nuestro Rey.

Pocas horas antes de la muerte de Jesús, el apóstol Pedro expresó valientemente su lealtad diciendo: «Mi vida pondré por ti». Por eso le decía que debíamos leer el Evangelio según San Juan, capítulo 13, porque en el versículo 37 el apóstol Pedro dice: «Mi vida pondré por ti». Jesús, que lo conocía mejor que él mismo, respondió: «De cierto, de cierto te digo: no cantará el gallo sin que me hayas negado tres veces». Eso nos dice el versículo 38.

No obstante, después de la resurrección de Jesús, el mismo que lo había negado comenzó a servirlo valientemente y al final lo glorificaría con su propia muerte, pues fue uno de los mártires del evangelio. Nos hacemos la pregunta: ¿eres como Policarpio o como Pedro? Si somos sinceros, la mayoría somos más como Pedro, con un apagón de valentía, una falla en hablar o actuar honrosamente como creyentes en Jesús.

Cuando estas fallas ocurren, debemos acudir en oración al Señor, aquel que murió por nosotros y vive para nosotros. Jesucristo nos ayudará a ser fieles y a vivir para Él valientemente cada día en las situaciones difíciles. Gloria a Dios. Y si no tenemos esa valentía, pidámosle al Padre: «Padre, necesito tu fuerza para vivir valientemente como creyente en Cristo», porque necesitamos esa dosis extra de valentía para defender la fe en Jesús.

A veces nos encontramos tan inútiles, pero con la ayuda del Señor vamos a ser útiles y nuestro testimonio será de Él, porque tenemos que dar el testimonio de la obra de Cristo realizada en nuestras vidas con toda valentía. La ayuda de Dios siempre está al alcance, como lo dice el Salmo 139: «¿A dónde me iré de tu espíritu? ¿Y a dónde huiré de tu presencia?». El versículo 7 nos explica este alcance de Dios.

Cada ser humano vive a diario sus propias experiencias. Un varón de Dios relata que, después de que un familiar entrara en la cárcel, firmó la planilla de visita y se sentó en un salón lleno de gente. Oró en silencio mientras observaba a los adultos que se movían inquietos y a los niños que se quejaban por la espera. Más de una hora después, un guardia armado lo llamó y lo guió a otro cuarto. Cuando su hermano se sentó del otro lado de un vidrio grueso y tomó el teléfono, la desesperación lo abrumó, pero mientras lloraba, Dios le aseguró que su hijastro aún estaba a su alcance.

Hoy podemos ver el relato del Salmo 139, donde David le dice a Dios: «Tú me has examinado y todos mis caminos te son conocidos». Su proclamación de un Dios omnisciente lo lleva a celebrar por su cuidado y su protección íntima. Maravillado ante la grandeza del conocimiento de Dios y la profundidad de su toque personal, David formula preguntas retóricas en el versículo 7: «¿A dónde me iré de tu espíritu y a dónde huiré de tu presencia?».

Cuando nosotros o nuestros seres queridos estamos atascados en situaciones que nos dejan desesperados, de la mano de Dios seguimos firmes y fuertes. Aún cuando pensamos que nos hemos alejado demasiado de su amor redentor, siempre estamos a su alcance. ¡Gloria a Dios! Padre, gracias por estar siempre a tu alcance. Lo que nos impacta es la fe que cada uno debemos tener para conocer la grandeza del alcance de Dios.

Él nos ha consolado durante tiempos de desesperanza; ahí ha estado el Señor al alcance. Dios no falla; nosotros le fallamos, pero él nunca jamás nos falla. Gloria a Dios por esto. Nuestro pan de vida nos bendice, hablándonos de diferentes maneras para que tengamos confianza. ¿En quién podemos confiar? Es en nuestro Dios. Siempre la mano de Dios estará a nuestro favor donde quiera que estemos y donde quiera que vayamos.

Consejos de la abuela

Volvemos con los datos y los consejos que muchas veces recordamos de los secretos que guardaban nuestras abuelas. Por ejemplo, mi abuela decía: «Hija, si la sopa te queda salada, agrégale una papa pelada y ponla en la sopa por unos minutos; esa papa absorberá la sal».

También me decía: «Hijita, si el arroz se te ha pegado, coloca una rebanada de pan sobre el arroz, tapa la olla y deja reposar unos minutos; el pan absorberá la humedad y se soltará». Y si la salsa quedaba ácida: «Agrégale una pizca de bicarbonato a la salsa, remueve y verás cómo se reduce la acidez».

Si la maicena para el guiso quedaba aguada, me decía: «Disuelve una cucharada de maicena en un poco de agua fría y agrégala al guiso; espesa al instante». Pero siempre me advertía que la maicena nunca se disuelve en agua caliente sino con agua helada, porque si no, vas a formar un masacote.

Otros consejos eran: «Corta siempre contra la fibra de la carne para que pueda ser más tierna y fácil de masticar». Para una olla quemada, decía que había que llenar la olla de agua, agregarle dos cucharadas de bicarbonato y hacerla hervir; luego se limpia la olla fácilmente.

Cuando el café quedaba amargo, me decía: «Agrégale una pizca de sal al café; removerá el amargor sin afectar el sabor». Y para que los porotos se cuezan más rápido: «Agrégale una cucharada de bicarbonato al remojar los frijoles; así se cocerán más rápido y quedarán más suaves».

Para la crema cortada, me decía que le agregara un chorrito de leche fría y batiera. Todos estos consejitos los recibíamos de las abuelas y hoy se los he querido traer a usted en este programa de domingo 7.

Invitaciones y sugerencia culinaria

Tenemos las 11:30 de la mañana y en nuestro país querido hay un lindo sol radiante, gracias a nuestro Dios. Esto nos invita a estar a las 3 de la tarde en el servicio de Escuela Dominical, como también a las 5:30 de la tarde en la predicación en el punto acostumbrado. Aprovechemos este día que nos ha dado el Señor para estar en su presencia y gozarnos en el poder de su fuerza.

Ahora tenemos un momento para darles una sugerencia para cocinar algo fácil, ya que hoy domingo está toda la familia junta. La sugerencia es merluza al horno con mayonesa. En nuestro país, en esta larga y angosta faja de tierra, tenemos mucho donde extraer estos ricos productos del mar; debemos aprovechar la riqueza de nuestro país.

Para este plato necesitamos: jugo y ralladura de un limón, sal y pimienta al gusto, cuatro cucharadas de mayonesa, cuatro filetes de merluza frescos (según las personas que tenga en su mesa), dos dientes de ajo picado finamente o machacado, una cucharada de perejil fresco picado, dos cucharadas de pan rallado opcional para un toque crujiente y aceite de oliva virgen extra.

Primero, precalentamos el horno a 180 grados centígrados y engrasamos ligeramente una bandeja con aceite de oliva. Preparamos la merluza: si los filetes están congelados, los descongelamos previamente y los secamos con papel de cocina. Los colocamos en la fuente y los sazonamos con sal y pimienta al gusto.

En un bol, mezclamos la mayonesa con el ajo picado, el jugo y la ralladura de limón, y el perejil fresco. Cubrimos la merluza untando cada filete con una capa uniforme de esta mezcla. Si desea el toque crujiente, empolvoree el pan rallado sobre la mayonesa.

Horneamos durante 15 a 20 minutos o hasta que el pescado esté cocido y se desmenuce fácilmente al probarlo con un tenedor. Si usó pan rallado, suba la temperatura a 200 grados los últimos cinco minutos para que quede dorado. Retiramos del horno y servimos caliente, acompañado con ensalada fresca, papas al horno o arroz blanco, según su deseo.

Ya tenemos esta sugerencia entregada. Son las 11:36 minutos y creo que alcanzamos a hacer este pescadito si es que usted tiene pescado ahí. Ahora estamos en el momento del programa de traerle la palabra de Dios, el mensaje que el Señor hoy tiene para nosotros. Pero antes, vamos a escuchar una alabanza. No se me vaya de la sintonía, porque volveremos en breves instantes para que juntos podamos reflexionar ante la poderosa palabra de nuestro Dios.

Ilustración de Merluza al horno con mayonesa

Receta del día

Merluza al horno con mayonesa

  • 4 filetes de merluza fresco
  • 4 cucharadas de mayonesa
  • 1 limón (jugo y ralladura)
  • 2 dientes de ajo picado finamente o machacado
  • 1 cucharada de perejil fresco picado
  • Sal al gusto
  • Pimienta al gusto
  • 2 cucharadas de pan rallado (opcional)
  • Aceite de oliva virgen extra

Preparación

  1. Precaliente el horno a 180 grados centígrados.
  2. Engrase ligeramente una bandeja o fuente apta para el horno con un poco de aceite de oliva.
  3. Descongele los filetes de merluza si es necesario y séquelos con papel de cocina.
  4. Coloque los filetes en la fuente y sazónelos con sal y pimienta al gusto.
  5. Mezcle en un bol la mayonesa, el ajo picado, el jugo de limón, la ralladura de limón y el perejil fresco.
  6. Cubra cada filete de merluza untando una capa uniforme de la mezcla de mayonesa.
  7. Empolvoree pan rallado sobre la mayonesa si desea un toque crujiente.
  8. Hornee durante 15 a 20 minutos o hasta que el pescado esté cocido y se desmenuce fácilmente.
  9. Si utilizó pan rallado, suba la temperatura a 200 grados centígrados los últimos cinco minutos para dorar.
  10. Retire del horno y sirva caliente acompañado de ensalada fresca, papas al horno o arroz blanco.

Lectura de la Palabra

Ya estamos de vuelta, estamos listos y listas para abrir nuestras Biblias, para leer la poderosa Palabra de nuestro Dios, y lo haremos a través del Salmo 9, versículo 7. Leo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Salmo 9:7 — El Señor permanece para siempre y juzgará al mundo con justicia.

Dios nos bendice por la lectura de este versículo de su palabra. Oramos al Señor: Amado Dios, tenemos la bendición de tener con nosotros su palabra leída. Yo le alabo, Padre y Señor del cielo y de la tierra, por esta oportunidad que usted me concede hoy de poder relacionarme con su palabra bendita y poder exponerla a través de este programa.

Pido a usted, mi Dios Altísimo, la revelación divina de su palabra por el Espíritu Santo, para que el Espíritu Santo use mis labios y tome el control de mi persona. Úseme, Señor, pero ponga usted esa unción en mí, para que su palabra corra y sea glorificada en muchas vidas. Yo se lo ruego, Padre, en el nombre de Cristo Jesús, amén y amén. Gloria a Dios para siempre.

La Justicia y la Escatología

El título de su palabra nos dice: Justicia. Ahora, una de las áreas cruciales en el estudio bíblico es la escatología, que enseña la Biblia acerca del futuro. Para algunos, la Biblia es una especie de rompecabezas matemático para ser descifrado; para otros, es mitología que debe desecharse. Incluso están aquellos para quienes la Biblia habla con un realismo que debería ser tomado en cuenta.

Se ha hecho notar a menudo que la escatología bíblica no comienza con Daniel o Ezequiel. En realidad, toda la Biblia es escatológica porque, desde Génesis hasta el Apocalipsis, revela al Dios que cumple su propósito a través de la historia hasta su consumación final.

El hombre bíblico vive en la tensión entre la promesa y el cumplimiento, el reino que ha venido y el que viene. Así, siempre existe una tensión entre la escatología futurista y la escatología realizada. Esto es tan verdadero tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, sin embargo, esta tensión alcanza su punto final en el Nuevo Testamento cuando la meta última irrumpe en la encarnación, porque Dios mismo está aquí.

Este Salmo 9 es una vivencia práctica de la escatología realizada de la que hablamos. Es porque Dios ha actuado en el pasado que el salmista puede exclamar en el versículo 1: “todas tus maravillas contaré”. En el versículo 5 dice: “has reprendido a las naciones, has destruido al impío, has borrado su nombre para siempre jamás”.

Pero Dios actuará nuevamente, porque usted, Señor, no abandona a los que te buscan, como lo hemos escuchado en el Salmo 9, versículos 3, 4, 9 y 10.

Esperanza frente a la Opresión

Hay esperanza para los creyentes en Dios, cualquiera que sea su circunstancia. La depresión, cuando todo parece que va mal y principalmente cuando se debe a causas externas —por ejemplo, el trabajo diligente y la obra de los enemigos—, tiene una cura. Pero tal proceso de sanidad acarrea también una serie de consecuencias para los que están involucrados en hacer el mal, porque el clamor y el grito de justicia se han levantado al observar el reinado de la impiedad.

Este salmo es muy importante porque no puede existir la justicia cuando no hay un parámetro o marco de referencia moral con el cual contrastar esa falta de justicia. ¿Cómo sabremos que los obreros necesitan un salario justo, previsión social y de salud, educación para sus hijos y protección laboral, si no declaramos de inmediato que el trabajo es un medio, pero también es donde Dios actúa, tal como lo es la vida, la salud y todo lo que existe en esta creación?

¿Cómo vamos a pretender protestar contra la opresión y la falta de libertad si no ponemos como testimonio la declaración de Jesucristo de que solo la verdad nos hará libres? ¿Cómo podemos demandar una sociedad mayor y más justa si no exhibimos sus fallas y lacras ante la declaración determinante de los diez mandamientos, los cuales no han sido abrogados, sino que continúan en existencia?

¿Cómo entonces vamos a demandar un mejor trato individual en una sociedad que desconoce tal hecho, ya que el pecado ha afectado todos los niveles de la relación, dando origen a los abusos de los que sabemos?

La Revelación de Dios en Cristo

La respuesta a esta pregunta proviene de la misma revelación de Dios que dice al hombre cómo debe vivir y cuáles son las cosas que Dios demanda de él. El versículo 17 de este Salmo 9 nos dice que los impíos volverán al Seol, así como todas las naciones que se olvidan de Dios.

Hay esperanza para usted si está al otro lado del receptor. Esta esperanza se encuentra en Dios y en lo que Él demanda y enseña en su palabra. Jesucristo vino precisamente para hacer más claras estas enseñanzas ante los ojos y oídos de toda una generación que clamaba por justicia, en una época en que ese término sonaba a frivolidad en las conciencias encallecidas de los líderes de ese tiempo.

Jesucristo vino a revelar a Dios y su plan para la humanidad; también vino a ofrecer su vida como sacrificio en rescate por muchos. En él, los creyentes encuentran la justicia y la misericordia de aquel que es la fuente del amor, la santidad y la verdad.

Si para cualquier otra religión los sacrificios personales, las ofrendas simbólicas en metálico y el seguir reglamentaciones incomprendibles son la forma de agradar a sus divinidades, en el cristianismo sabemos que Dios se ha revelado de una manera directa y especial. En esta revelación se enseña que solo podemos obtener la vida a través de la muerte de Jesucristo.

A partir de su resurrección tenemos la esperanza de nuestra propia resurrección. Podemos esperar en Dios y en su justicia, la cual no te quepa duda que te pondrá en acción, trayendo la vindicación a los que han confiado en él, pero trayendo también el juicio y el castigo para los que han usado y abusado de su semejante. En esto hay un sentido de justicia divina; no podría ser de otra manera.

Oración de Agradecimiento y Sanidad

Dios nos bendice hoy por su palabra. Vamos a agradecer: Amado Dios, gracias por este alimento espiritual que descendió del cielo a la tierra trayendo a nosotros esta revelación divina. Yo le alabo, Padre y Señor del cielo y de la tierra, por haber escondido estas cosas de los sabios y entendidos y haberlas revelado a nosotros que somos pequeños delante de su presencia.

Usted nos miró con tanta misericordia que dejó su palabra para estos tiempos. Hoy agradecemos el cuán grande amor nos ha dado el Padre al hacernos hijos de este Dios tan grande; tan solo con haber mandado a su Hijo Jesucristo ahí está manifestado este amor por la humanidad. Gracias, Señor, por esta exhortación que como hijos amados nos ha entregado hoy.

Agradecemos esta bendición, porque siempre su palabra es una bendición. Oro para que ella haya corrido y haya sido glorificada en muchas vidas, y que ahora usted nos ayude a poner su consejo en nuestra vida práctica de cada día. Bendíganos, Señor, a través de Cristo nuestro Salvador.

Suplicamos por los enfermos que ahora están en sintonía del programa y están sufriendo; muchos con la decepción de haber sido desahuciados por la ciencia médica, pero usted, Señor, no ha desahuciado a nadie. En esta hora usamos su nombre y pedimos que toque sus vidas, porque para el que cree todo le es posible. Apelamos a su palabra, que nos da la bendición de poder poner las manos sobre los enfermos.

En este tiempo de tantas enfermedades, pedimos que en su nombre podamos echar fuera demonios y curar de toda enfermedad. Que usted se glorifique en los que están escuchando y tienen problemas de sanidad. Oramos creyendo que usted está actuando por fe en esta lista de enfermos.

Rogamos por nuestro pastor Florindo Márquez, pastor de nuestra iglesia en el monte, por sanidad; por nuestro pastor Julio Rojas, por sanidad; por nuestra pastora Bernadita Espinosa, por sanidad; por nuestro hermano José Silva, por sanidad; por nuestro hermano José David Videla, pedimos un milagro porque un milagro lo va a poner de pie. Pedimos por nuestra hermana Teresita Flores, por sus pastores, por su vecina y por su hija Pamela Larconflores, por sanidad.

Oro por la petición de mi hermana Laura Senjo; por mi hermana Nora Senjo, por sanidad; por mi hermano Eduardo González, por sanidad a la vista; por el hijo de mi hermano Jimmy, por liberación; por mi hermana Rosita Veloso, por sanidad; por mi hermana Elena Reyes, por sanidad; por mi hermano Ignacio Toro, por sanidad; por mi hermano Miguel Torres, por sanidad y por su nieto, para que el Señor lo libere de una adicción y lo restaure.

Oro por mi hermana Teresita Reyes, por sanidad; por mi hermano Eliseo Muñoz, por sanidad; por Rodrigo Romero Asenjo, por liberación; por mi vecino Luis Orellana, por sanidad; por mi hermano Dagoberto Roa, por sanidad; por mi hermana Teresa Molina, por sanidad, y por su matrimonio y familia. Oramos también por la restauración del matrimonio y la familia de René Fuentes Oliva.

Amado Señor, oramos por Claudia Silva, por liberación, y por mi hermano José Martínez, por sanidad. Yo sé que usted nos conoce porque usted nos hizo, somos hechuras de su mano, y le ruego que esté obrando sanidad divina en la vida de sus hijos e hijas. Unimos nuestra fe para que los que están en la audiencia sean también sanados juntamente con los que están en esta lista. Se lo ruego, Padre, en el nombre de Cristo Jesús mi Salvador, amén y amén. Gloria a Dios para siempre.