La Voz Pentecostal

La conexión con el Padre Celestial y la superación de la ley de la jungla

· 58 min

Gladia Romero Toledo reflexiona sobre la importancia de mantener una comunicación constante con Dios a través de la oración. Usted descubrirá cómo la fe permite al ser humano trascender su naturaleza terrenal y encontrar esperanza en la vida eterna.

Bienvenida y Oración Matinal

Escucha, auditor, la voz del Salvador que hoy te llama a ti. ¿No quieres tú venir? Escucha la voz del Salvador que a tu alma traerá salvación. Bienvenidos, bienvenida nuevamente juntos a través de su programa La Voz Pentecostal, a través de los micrófonos de la Radio Abigail. Dirige este programa su hermana en Cristo, Gladia Romero Toledo, y le doy la bienvenida a la sintonía del matinal en el 106.7 FM. Este programa está llegando a su hogar con el propósito de bendecir su vida.

Les saludo a usted, mi hermano, mi hermana, vecinos y amigos del programa que a esta hora nos sintonizan. Les deseo las más ricas bendiciones de parte de nuestro Dios. Como siempre, le damos comienzo a este programa poniéndonos en las buenas manos de nuestro Dios a través de la oración.

Amado Señor, en esta mañana, después de haber tenido un hermoso despertar y ver la luz de un nuevo amanecer, dirijo mis ojos hacia su presencia, agradecida porque usted me llena de paz y recibo su gracia divina. Es por su misericordia que encuentro la fortaleza y la tranquilidad que necesito para enfrentar lo que hoy me depara este día. En este instante quiero elevar mi voz en alabanza y gratitud por todas las bendiciones que ha dado a mi vida, reconociendo que cada don es un reflejo de su amor inmenso.

Le ruego, Padre de amor, que usted derrame sobre mí su gracia en abundancia y me dé fuerza y ánimo para encarar las tareas y desafíos. Líbreme de toda tristeza y concédame la pureza necesaria para ser vencedora en cada circunstancia que se me presente. Necesito su guía y su respaldo, Señor, porque yo creo que no estoy sola, porque usted va conmigo en mi caminar.

Gracias, Señor, por mi amada familia, porque tengo un techo que cobija mi sueño y alimentos que usted cada día pone en mi mesa. Gracias porque usted pone calzado en mis pies y me viste. Le pido por tantas personas que no pueden dormir a causa de las enfermedades, del dolor, la ansiedad, la preocupación o por falta de tener un lugar seguro, una cama cómoda y un lugar tranquilo.

Reconozco, Señor, que su poder es muy grande, porque hay muchos que solo esperan recibir de usted, a través de su gracia, el perdón y la sanidad. Es por eso, Padre, que yo le alabo, porque usted es el Señor del cielo y de la tierra. Qué tan grande amor ha tenido para esta humanidad, que nos ha dado el privilegio de tener a Jesucristo nuestro Salvador. Gracias por sacrificar a su Hijo, porque Él nos ha hecho nacer a la nueva vida.

Oro, Señor, porque sé que a esta hora hay muchos enfermos que luchan en una sala de hospital, en una clínica o en sus casas esperando el toque de su poder; ruego que a través de su misericordia usted esté tocando sus vidas. Oro por los matrimonios y por la unidad de la familia, porque usted bendijo el santo estado del matrimonio aun cuando el hombre guardaba su inocencia. Oro por los jóvenes, porque ellos son presos de tantas adicciones, y por los que no son tan jóvenes también. Oro por los niños para que usted los proteja y les dé su cuidado, y por tantos abuelos y abuelas olvidadas.

Oro, Señor, por mis autoridades eclesiásticas, muy en especial por mi amado obispo Israel Aravena y por el honorable directorio. Deseo con todo mi corazón que usted les dé una clara dirección para continuar desarrollando la labor que usted, mi Dios, les ha encomendado. Bendiga muy especial, Señor, la audiencia de este programa. Pedimos al Espíritu Santo que esté comenzando con nosotros y nos esté usando para la gloria y la alabanza del nombre de mi bendito Salvador.

Que usted, Señor, pueda guardar y bendecir a los trabajadores de la salud; ellos están siempre en peligro ya que en esta época del año hay muchas enfermedades infecciosas. Ruego que usted esté en el control de sus vidas y que su mano de poder les favorezca, desde la eminencia más alta hasta el más simple trabajador. Oro para que siempre su bendición sea sobre su pueblo y, muy en especial, sobre la audiencia del programa.

Le pido, Señor, que su gracia divina sea manifestada sobre nosotros abundantemente. Le ruego, Padre, que por favor ponga su mano de poder sobre nuestra tierra, porque vivimos en una tierra que está enferma y necesita ser sanada, y solo usted, mi Señor, puede sanarla. Le doy muchas gracias porque usted me permite interceder pidiendo siempre para que haya un cese de la guerra; oro muy en especial por la paz de Jerusalén. Muchas gracias, se lo pido a través de Jesucristo nuestro Salvador. Amén y amén. ¡Gloria a Dios!

Pan de Vida: Alguien te oye

Damos muchas gracias a nuestro Dios por la bendición de encontrarnos juntitos y juntitas a través de estas ondas radiales de Radio Abigail para bendecir al Señor juntos. Ya tenemos con nosotros nuestro pan de vida, que hoy nos entrega el Señor a través del Salmo 116.

Salmo 116:2 — Porque ha inclinado a mí su oído.

Dios nos bendice a través de este versículo, porque ya el Señor nos ha dicho que alguien te oye. En un libro, Charles Ribbon Dan y George Ransom preguntan: ¿Cuando un árbol cae en un bosque solitario y no hay ningún animal cerca para oírlo, hace algún ruido? A través de los años esta pregunta generó debates filosóficos y científicos sobre el sonido, la percepción y la existencia, pero no ha surgido una respuesta definitiva.

Una noche, mientras nuestra hermana amada se sentía sola y triste respecto a un problema del que no había hablado con nadie, recordó esta pregunta y pensó: «Si nadie oye mi clamor por ayuda, ¿acaso Dios me oye?». Frente a la amenaza de la muerte y agobiado por la angustia, el escritor del Salmo 116 tal vez se haya sentido abandonado, entonces clamó a Dios sabiendo que lo escuchaba y lo ayudaría. «Ha oído mi voz y mi súplica», escribió el salmista, «ha inclinado a mí su oído».

Cuando nadie conoce nuestro dolor, Dios lo sabe. Si nadie oye nuestro gemido, Dios escucha. Sabiendo que Dios nos mostrará su amor y protección, podemos descansar en tiempos difíciles y estar en paz, fortalecidos con la seguridad de la ayuda de Dios. La pregunta de Mark y Twins derivó en muchas respuestas, pero la respuesta a «¿acaso Dios oye?» es un sencillo sí. ¡Gloria a Dios!

Si usted no cree que el Señor le oye, diríjase a Él y dígale: «Padre, gracias por escuchar siempre el clamor de mi corazón». Todos los hijos e hijas de Dios tenemos esta certeza. Cuando se sienta usted solo, sola y abandonado, puede pedirle a Dios que escuche su clamor, porque Él es el único que se preocupa de usted. Pasamos desapercibidos por muchos, pero menos del Señor; Él está ahí y quiere mantenerse en contacto con nosotros.

Así lo dice el Santo Evangelio según San Mateo, en el capítulo 6, versículo 6: «Ora a tu Padre». Es un llamado de atención que nos da el Señor para orar dirigiéndonos a nuestro Padre, y lo hacemos a través de Jesucristo, nuestro Salvador.

A Magdalene se hizo un hábito llamar a su madre una vez a la semana; cuando su madre fue envejeciendo, la llamaba más a menudo para estar en contacto. De la misma manera, a Magdalene le gustaba que sus hijos la llamaran. Como escribió en su libro Caminando sobre el agua: «Es bueno que los hijos se mantengan en contacto». Es bueno que todos los que somos hijos nos mantengamos en contacto con nuestros padres.

La mayoría de nosotros conoce el Padre Nuestro que el Santo Evangelio según San Mateo, capítulo 6, versículos 9 al 13, nos enseña, pero los versículos que vienen antes son igual de importantes porque sientan la base. Nuestras oraciones no deben ser ostentosas para ser vistos por los hombres. Aunque no hay un límite de tiempo para orar, una gran palabrería no equivale a calidad. El énfasis está en mantener un contacto habitual con nuestro Padre, que sabe lo que necesitamos antes de que se lo pidamos.

La oración es una decisión buena y vital ya que nos mantiene en contacto con el Dios Padre de todos nosotros. Este es un Padre bueno y debemos agradecerle siempre: «Padre, gracias por conocer mis necesidades incluso antes que se las exprese», porque eso es el Señor, Él sabe todo. Podemos mantener un mejor contacto con nuestro Padre a través de la oración y también con los demás.

Podemos acudir al Padre que no vemos, pero sabemos que Él está en todas partes. Así nos dice su palabra, palabras de nuestro amado Salvador: «Ora a tu Padre». No debemos perder este contacto. Podemos perder cualquier contacto en la vida, pero nunca el contacto con nuestro Padre Celestial. Somos nosotros los que salimos de la cobertura cuando no tenemos un contacto directo con Él.

Dios nos bendice en este día especial, hoy día 21 de mayo, que es un día efectivo, con estos importantes consejos del pan diario. No pierdan por nada del mundo su contacto; mantengan siempre la línea abierta para acudir a nuestro Dios. Él nunca le va a cerrar la línea, somos nosotros los que descuidamos esa línea importante que a través de la oración tenemos con nuestro Padre.

Datos y Consejos de Salud

Ahora le damos a conocer cómo usted puede limpiar sus oídos. A pesar de que la cera está formada por células muertas y secreciones que son beneficiosas, tener una cantidad excesiva puede causar problemas. Utilice agua oxigenada combinada con un poco de aceite de oliva o aceite de árbol de té para acabar con el exceso de cera rápidamente. Solo tiene que echar un par de gotas de esta mezcla en sus oídos.

Cuide sus piecitos, porque dedicarle tiempo a esta parte de nuestro cuerpo ayuda a aliviar ciertos dolores, acabar con los calambres e incluso prevenir enfermedades. Si remoja sus pies en un lavatorio con agua oxigenada mezclada con mucha agua, sus pies se lo agradecerán. Estos baños no solo suavizarán los callos, sino que acabarán con el mal olor y los posibles hongos.

Para el dolor muscular, puede utilizar vaselina y una almohadilla térmica. Calienta la vaselina en un microondas durante dos minutitos y masajea el área del dolor con la vaselina tibia, no caliente para no estropear la piel. Esto aumentará el flujo sanguíneo en el área afectada, aliviará la tensión y mejorará su rango de movimiento.

Si usted sufre constantemente de dolor de muela, existe un remedio casero para aliviar el dolor mientras consulta a su dentista. Mezcle en un tazón media cucharadita de aceite de coco y media cucharadita de clavo de olor en polvo hasta obtener una pasta homogénea. Aplíquela en las encías y muelas afectadas tres veces al día. Esto funciona debido al eugenol del clavo de olor, que es un analgésico, y al aceite de coco, que es antibacteriano.

Sugerencias Culinarias para la Familia

Hoy día, que casi todos estamos en casita, le sugiero que haga pizza casera para los niños y el marido. Los ingredientes para la masa son: 500 gramos de harina (normal, integral o sin gluten), 250 ml de agua tibia, 2 cucharadas de aceite de oliva extra virgen, una pizca de sal, 10 gramos de azúcar, 5 gramos de levadura en polvo y un poco de harina para empolvorear.

Para la preparación, en un bol grande eche 400 gramos de harina (reserve un poco). Haga un hueco en el medio, vierta la levadura y poco a poco el agua, mezclando con las manos para sentir la textura de la masa. La cocina tiene una gran parte de intuición, así que haga caso a su instinto.

Después de amasar un poco, añada la sal y el aceite de oliva; recuerde que la sal no debe estar en contacto directo con la levadura. Siga amasando unos 10 a 15 minutos hasta que la masa sea uniforme y no se pegue en las manos. El truco es romper la masa, volver a juntarla y retorcerla en espirales para que quede elástica.

Una vez hecha, guarde la masa en un bol empolvoreado con harina, tapada con papel film para que no le dé el aire, y déjela reposar en la nevera al menos una hora. Esta masa sirve incluso para el día siguiente. El relleno, después de cocerla en el horno, es según su imaginación.

También puede hacer un rico pan casero. Necesita: 5 tazas de harina de trigo, 2 tazas de leche tibia, 1 taza de aceite vegetal, 1 cucharada de levadura seca, 1 cucharada de azúcar granulada y 1 cucharadita de sal. Para hervir la masa, use 3 litros de agua y una cucharadita de sal.

Para preparar, active la levadura en un tazón con leche tibia y azúcar durante 10 minutos hasta que esté espumosa. En un tazón grande, combine la harina y la sal, haga un hueco y añada el aceite y la levadura activada. Mezcle todo hasta formar una masa.

Traslade la masa a una superficie enharinada y amase durante 8 a 10 minutos hasta que esté suave y elástica. Colóquela en un tazón engrasado, cúbrala con un paño húmedo y deje reposar en un lugar cálido durante una hora o hasta que duplique su tamaño.

Desgasifique suavemente, divida las porciones y hornee en horno precalentado a 200 grados centígrados durante 20 a 25 minutos o hasta que estén dorados. Déjelos enfriar en una rejilla. Es perfecto para acompañar la comida o untar mantequilla. Pueden salir más de 10 porciones según el tamaño que usted le dé.

Ilustración de Masa para pizza casera y Pan casero

Receta del día

Masa para pizza casera y Pan casero

Masa de pizza

  • 500 gramos de harina (normal, integral o sin gluten)
  • 250 ml de agua tibia
  • 2 cucharadas de aceite de oliva extra virgen
  • una pizca de sal
  • 10 gramos de azúcar
  • 5 gramos de levadura en polvo
  • harina para empolvorear

Pan casero

  • 5 tazas de harina de trigo
  • 2 tazas de leche tibia
  • 1 taza de aceite vegetal
  • 1 cucharada de levadura seca
  • 1 cucharada de azúcar granulada
  • 1 cucharadita de sal

Agua para hervir la masa

  • 3 litros de agua
  • 1 cucharadita de sal

Preparación

  1. Para la pizza: Coloque 400 gramos de harina en un bol grande, haga un hueco en el centro y vierta la levadura y el agua poco a poco, mezclando con las manos.
  2. Añada la sal y el aceite de oliva.
  3. Amasa durante 10 a 15 minutos, rompiendo y retorciendo la masa en espirales hasta que sea uniforme, elástica y no se pegue a las manos.
  4. Coloque la masa en un bol empolvurado con harina, tápela con papel film y deje reposar en la nevera al menos una hora.
  5. Para el pan: Active la levadura en un tazón con leche tibia y azúcar; deje reposar 10 minutos hasta que esté espumosa.
  6. En un tazón grande, combine la harina y la sal, haga un hueco y añada el aceite y la levadura activada.
  7. Mezcle hasta formar una masa y trasládela a una superficie enharinada.
  8. Amasa durante 8 a 10 minutos hasta que esté suave y elástica.
  9. Coloque la masa en un tazón engrasado, cúbrala con un paño húmedo y deje reposar en un lugar cálido hasta que duplique su tamaño.
  10. Desgasifique la masa, divida las porciones y hornéelas sobre papel pergamino en horno precalentado a 200 grados centígrados durante 20 a 25 minutos hasta que estén doradas.
  11. Retire del horno y deje enfriar en una rejilla.

Lectura de la Palabra

Vamos a abrir nuestras Biblias para leer la poderosa palabra de nuestro Dios a través del libro de Eclesiastés, capítulo 3, versículo 18. Leo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Eclesiastés 3:18 — También digo en cuanto a la conducta humana, que Dios está poniendo a prueba a los hombres para que se den cuenta de que también ellos son como animales.

Dios nos bendice por la lectura de su palabra. Vamos a tener unos momentos de oración para que, a través de la palabra de Dios, el Señor nos bendiga.

Amado Dios, tenemos con nosotros este privilegio en este día de que usted nos dé esta oportunidad para poder tener la bendición de tener su palabra con nosotros. Ya ella ha sido leída y oramos, Señor, para que a través del Espíritu Santo usted traiga a mí la revelación divina.

Ruego que usted use mis labios, tome dominio y tome el control de mi vida; úseme, Señor, para su gloria. Ponga usted en mí una unción especial para que su palabra corra y sea glorificada en muchas vidas. Se lo ruego, Padre, en el nombre de Cristo Jesús, nuestro Salvador. Amén y amén. Gloria a Dios para siempre.

La ley de la jungla

El título de su palabra es: La ley de la jungla. El poeta Walt Whitman llegó a creer que los animales lo pasaban mejor que los seres humanos. Escribió que podría vivir con los animales porque son apacibles y controlados; que no dudan ni se quejan por su situación, no se mantienen despiertos por la noche sufriendo por sus pecados, ni cansan con discusiones sobre su deber hacia Dios.

Si el poeta cree que es posible que un hombre viva entre los animales, a lo mejor tiene razón en lo que describe sobre la actitud de estos seres irracionales. Cuando un león se come a una gacela, el resto de los animales no se reúnen para preguntarse por qué de tal asesinato, ni se preocupan por la muerte de su compañera o por la justicia; solo viven y mueren.

Las personas son diferentes. Algo dentro de nosotros no nos permite pensar que somos nada más que otro tipo de animal, a pesar de que Charles Darwin así lo pensó y así lo dijo. Pareciera que el Eclesiastés concuerda con esa apreciación cuando afirma que los hombres son como animales y agrega que los dos tienen un mismo destino, mirando a la muerte solo como fin de la vida.

Es verdad que ambos, hombres y animales, son perecederos y efímeros, pero la comparación solo llega hasta ahí porque Dios no nos permite estar satisfechos con la ley de la jungla. Él ha puesto la eternidad en nuestros corazones.

El predicador de Eclesiastés analiza la conducta de los seres humanos y diagnostica las causas de sus fracasos en la búsqueda de la felicidad. Lo primero que resalta en el capítulo 3, versículos 6 y 17, es el reinado de la injusticia y de las pasiones de los hombres, esperando sobre sí una expectativa de juicio divino.

Otra de las causas del fracaso humano es la muerte. No importa cuán grande sea una persona o se crea, el término de la existencia iguala a los seres humanos y a las criaturas inferiores que comparten este planeta. En términos pesimistas, podríamos decir que la existencia del hombre se ve limitada por enfermedades, fracasos o finalmente la muerte.

Ante esta descripción, hombres y animales comparten una misma suerte. Sin embargo, Dios ha puesto la eternidad en nuestra mente y en nuestros corazones, dándonos una conciencia y un sentido de lo que es bueno y malo, lo cual no tienen los animales. La eternidad nos da un anhelo de lograr la inmortalidad, de saber que la muerte no es el fin.

Podemos perder el tiempo anhelando tener la misma existencia que los animales o podemos abrazar por medio de la fe el destino que Dios tiene para nosotros. La comparación de Eclesiastés en el versículo 21 del tercer capítulo parece sembrar la duda cuando dice: ¿Quién sabe si el alma del hombre sube arriba y la de las bestias baja hacia la tierra?

Esta expresión está identificada con el ser humano común que no sabe por qué se hace tal pregunta ante el hecho de la muerte. No debemos olvidar que no todo lo que conocemos lo aprendemos mediante nuestro sentido físico; existen algunas verdades que se contrastan con aquellas que se adquieren por la experiencia.

Por ejemplo, la creencia en Dios, el sentido moral del bien y del mal, la inmortalidad del alma y la creencia en la vida futura que va más allá de la muerte han acompañado a los hombres y mujeres desde siempre. Astrólogos, arqueólogos y misioneros dan testimonio de tales creencias incluso en la cultura más primitiva.

Entonces, ¿por qué existen los ateos que niegan la existencia de un Dios personal, el aumento de la criminalidad y estilos de vida que hacen tabla rasa de los mandamientos? ¿Por qué individuos, movimientos e incluso iglesias niegan la inmortalidad del alma?

La explicación es antigua. En forma simple, podemos decir que el ser humano ya no está en el plano superior y de privilegio en el cual fue creado, hecho a la imagen de Dios. Tal imagen se deterioró y perdió sus cualidades como consecuencia del pecado. En este estado caído, el hombre se ha convertido en enemigo del creador y ya no tiene una mente clara para evaluar los valores espirituales y morales.

La carta a los Romanos nos enseña la degeneración moral humana y espiritual de una criatura que una vez gozó de otras características. Por eso, el escritor de Eclesiastés invita a sus oyentes a disfrutar del fruto del trabajo, porque desde su punto de vista eso es lo único cierto que puede entender con su sentido.

A una generación tan desorientada como la del tiempo en que se escribió el libro de Eclesiastés, vino Jesús a traer esperanza y a cumplir las promesas hechas por Dios. Para ello y para nosotros resuenan las palabras de Jesucristo en el Evangelio según San Juan, capítulo 12, versículos 44 al 50.

Juan 12:44-50 — El que cree en mí no cree solamente en mí, sino también en el Padre que me ha enviado; y el que me ve a mí, ve también al que me ha enviado. Yo he venido como luz al mundo, para que todo aquel que cree en mí no permanezca en tinieblas. El que oye mis palabras y no las obedece, no soy yo quien lo condene; porque yo no he venido para condenar al mundo, sino para salvarlo. Y el que me desprecia y no recibe mis palabras, tiene quien lo condene: la palabra que yo he hablado le condenará en el día último. Porque yo no he hablado por mi propia cuenta, sino que el Padre que me envió me ha dado mandamiento, lo que debo decir y enseñar; y sé que el mandamiento de él es para vida eterna.

Si usted cree en Dios y respeta su palabra y sus mandamientos, las enseñanzas de Cristo confirmarán su fe eternamente y servirán de aliento para su vida diaria. Si se considera escéptico o hasta ateo, sus palabras llegan hasta usted sin duda acerca del futuro que le aguarda.

Quizás intente tapar la luz del sol con la mano, pero aquellas verdades seguirán resonando en sus oídos. De la misma manera que no ha podido sustraerte a la claridad del sol, tampoco tendrá excusa ante el mensaje oído cuando llegue el día de enfrentar a su Creador.

Es cierto que a los ojos naturales pareciera que el hombre y las bestias comparten una misma suerte a la hora de la muerte, pero la comparación solo llega hasta allí. Existe vida después de la muerte, pero para apreciarla hay que verla con los ojos que se apoyan en la fe; no la fe humanamente generada, sino aquella que se basa en las promesas dejadas por Dios mismo a través de la Biblia.

Que Dios tenga misericordia de todos los que oyen este mensaje hoy y que el Espíritu Santo lo aplique a la mente y en los corazones de cada uno. Amén. Gloria a Dios.

Oración final y peticiones

Amado Dios, le damos muchas gracias por su palabra. Usted nos ha dado a conocer una conducta muy humana que está poniendo a prueba hasta el día de hoy a los hombres para que se den cuenta de que son como animales. Usted ha sido muy claro al decirnos que con las personas es diferente; usted no nos permite pensar que somos nada más que otro tipo de animal.

A pesar de que Charles Darwin así lo pensó, hoy usted, Dios Altísimo, a través del libro de Eclesiastés, nos ha recordado que aunque los hombres y animales sean perecederos y efímeros, la comparación solo llega hasta ahí. Nuestro Dios ha puesto eternidad en nuestros corazones y eso es lo más significativo que su palabra hoy nos ha exhortado.

Oramos, Señor, para que su bendición esté fluyendo en la vida de los que han oído su palabra bendita. Damos gracias porque usted me permite testificar la grandeza de su amor. A esta hora queremos interceder por los que están en la audiencia y están sufriendo enfermedades, algunos decepcionados de la vida porque están desahuciados y sin esperanza.

El Dios en quien hemos creído no ha dicho la última palabra. Intercedo pidiéndole al Padre que se glorifique a través de su Hijo Jesucristo en sanidad divina en esos cuerpos enfermos y que, por misericordia, cambie la situación que están viviendo sus hijos e hijas.

Vamos confiadamente ante el trono de su gracia pidiendo misericordia por ellos y ellas. Oramos por nuestro pastor Florindo Márquez, pastor del monte, por sanidad; por nuestro pastor Julio Roja, por sanidad; por nuestra pastora Bernadita Espinosa, por sanidad; por nuestro hermano José Silva, por sanidad; por nuestro hermano José David Videla, pedimos un milagro que lo ponga de pie.

Oro por nuestra hermana Teresita Flores, por sus pastores, por su vecina y por su hija Pamela Larcon Flores, por sanidad. Oramos por la petición de nuestra hermana Laura Senjo y por la sanidad de nuestra hermana Nora Senjo. Oramos por nuestro hermano Eduardo González, por sanidad a la vista.

Oramos por el hijo de mi hermano Jimmy, por liberación; por mi hermana Rosita Veloso, por sanidad; por mi hermana Elena Reyes, por sanidad; por mi hermano Ignacio Toro, por sanidad; por mi hermano Miguel Torres, por sanidad y por su nieto, para que usted lo libere de las garras de una adicción.

Oro por mi hermana Teresita Reyes, por sanidad; por el hermano Eliseo Muñoz, por sanidad; por Rodrigo Romero Asenjo, por liberación; por mi vecino Luis Orellana, por sanidad; por mi hermano Dagoberto Roa, por sanidad; por mi hermana Teresa Molina, por sanidad.

Oramos por el matrimonio y la familia de René Fuentes Oliva, por problemas matrimoniales y familiares, para que usted bendiga estos matrimonios y a esta familia que se encuentra al borde de la destrucción. Oramos por Claudia Silva, por liberación, y por mi hermano José Martínez, por sanidad.

Señor, usted conoce a cada auditor que está sufriendo la enfermedad. Ruego, Padre, que usted se glorifique hoy para la gloria de su nombre y que sus hijos e hijas reciban restauración, sanidad y liberación. Se lo ruego en el nombre de Cristo Jesús, mi Salvador. Amén y amén. Gloria a Dios para siempre.