El poder del perdón y el regalo inmerecido de la elección divina
Usted encontrará una reflexión sobre la importancia del perdón cristiano y la doctrina de la elección divina basada en las Escrituras. Además, el episodio le ofrece consejos prácticos para el hogar y una receta para preparar costillar de cerdo.
Inicio del programa y oración matinal
Escucha, auditor, la voz del Salvador, que hoy te llama a ti y no quieres tú venir. Escucha, auditor, la voz del Salvador, que a tu alma traerá salvación. Bienvenidos, bienvenida nuevamente juntos a través de su programa La Voz Pentecostal. A través de los micrófonos de la radio Abigail dirige este programa su hermana en Cristo Gladia Romero Toledo y le doy la bienvenida a la sintonía del matinal en el 106.7 FM.
Este programa está llegando a su hogar con el propósito de bendecir su vida. Les saludo a usted, mi hermano, mi hermana, vecinos, amigos que se sintonizan a esta hora. Les deseo las más ricas bendiciones de parte de nuestro Dios. Y como siempre, le damos comienzo a este programa orando.
Amado Dios, le damos muchas gracias porque usted es nuestro Padre Dios. Sé que está en el cielo, en la tierra y en el mar, que todo lo sabe y que todo lo ve. Le doy muchas gracias porque hoy me da esta oportunidad de ver un nuevo día; me da el privilegio de amar, de respirar, de caminar, de sentir, de tocar, de saborear, ver y leer su palabra.
Cuando muchos hoy están enfermos, con muchas necesidades y con problemas, le pido, Señor, que usted me guarde, me bendiga y derrame sobre mí su gracia infinita, para que todo lo que haga a partir de esta hora inunde el mundo su bendición en mi vida. Gracias, Señor, por las personas y las familias que están en la sintonía del programa. Oro para que usted los guarde, los bendiga, los fortalezca tomando sus manos y les dé ese gran amor y la bendición que cada uno de ellos necesita.
Señor, oro por los matrimonios, por la unidad de la familia. Oro por los jóvenes que son presos de tantas adicciones. Oro por los niños para que usted los proteja y les dé su cuidado, y por tantos abuelos y abuelas olvidadas. Oro por el sustento de la viuda y del huérfano, por la apertura de los presos de la cárcel y oro, Señor, por los enfermos, porque sé que en estos momentos hay muchos que luchan en una sala de hospital, en una clínica o en sus casas, esperando el toque de su poder sanador.
Le doy muchas gracias, Señor, porque pude dormir bajo un techo que cobijó mi sueño. Le doy gracias por el agua, por el calzado, por el vestuario y por el pan que usted pone en mi mesa. Oro, Señor, por mis autoridades eclesiásticas, muy en especial por la máxima autoridad de mi iglesia, mi amado obispo Israel Aravena, y oro también por el honorable directorio. Deseo, mi Señor, con todo mi corazón, que usted les dé una clara dirección para seguir desarrollando la labor que usted, mi Dios, les ha encomendado.
Bendiga, mi Señor, la audiencia de este programa y bendiga también la autoridad civil de nuestro país. Oro por la máxima autoridad de la nación y por los que con él gobiernan. Oro por las autoridades civiles de la comuna, porque ellos tienen en sus manos esta gestión administrativa para ir en beneficio de los más necesitados. Oro por las instituciones de beneficencia que existen en nuestra comuna, porque ellos hacen una labor muy especial. Oro por bomberos y por carabineros, institución que arriesga su vida en cada procedimiento; guárdeles, cuídeles y protéjales, mi Señor.
Bendiga, mi Señor, la audiencia de este programa con una especial bendición. Señor, reciba usted toda la honra, la gloria y la alabanza, pidiendo siempre y confiando que el Espíritu Santo está en mí para que comencemos y terminemos este programa. Le doy muchas gracias, Señor, por su infinito amor y misericordia que usted tiene para esta humanidad, por habernos dado a Jesucristo nuestro Salvador. En eso está reflejado, Padre de amor, el amor tan grande que usted tiene para esta humanidad. Amén y amén. Gloria a Dios para siempre.
El Pan de Vida y el poder del perdón
Damos muchas gracias al Señor porque nuevamente podemos estar juntos a través de este programa, siempre confiando en la bendición de Dios que Él imparte día tras día sobre nuestras vidas a través de nuestro pan de vida. Para este día especial, 22 de abril, tenemos las 11 y 18 minutos; tenemos un día muy hermoso en nuestra comuna.
Tenemos con nosotros el pan de vida para este día en el Santo Evangelio según San Mateo, capítulo 18, versículos 23 y 35. Le encargo a usted que está ahí en casita que pueda después leer estos versículos de la palabra de Dios. Pero hoy día el pan de vida lo tenemos en el Salmo 86, versículo 5.
Salmo 86:5 — Tú, Señor, eres bueno y perdonador y grande en misericordia para con todos los que te invocan.
Dios nos bendice por nuestro pan de vida. Este es el día que hizo el Señor y lo hizo para usted y para mí. Este pan de vida nos habla del poder del perdón. Hay una noticia de que en el 2021 informaban que 17 misioneros habían sido secuestrados por una banda que amenazó con matarlos, incluidos algunos niños, si no pagaban un rescate. De manera increíble, todos fueron liberados o escaparon.
Cuando estuvieron a salvo, enviaron un mensaje a sus captores: “Jesús nos enseñó con sus palabras y ejemplo que el poder del amor perdonador es más fuerte que el odio y la violencia, y por eso los perdonamos”. Jesús dejó claro que el perdón es poderoso y dijo: “Si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre Celestial”.
Por eso le hemos señalado el Evangelio según San Mateo; es muy especial y le invitamos a que se preocupe en leerlo. Más tarde le explicó a Pedro que hasta setenta veces siete él debía de perdonar. Imagínese usted que para el perdón no hay límite. Dios, nuestro Padre, es un padre perdonador y nosotros podemos repetir las palabras de su hijo Jesucristo: “Padre, perdónale porque no saben lo que hacen”.
El perdón total se puede llevar a cabo cuando las dos partes buscan la sanidad y la reconciliación. Aunque esto no quita los efectos del daño producido ni la necesidad de discernir cómo actuar frente a relaciones interpersonales dolorosas y perjudiciales, restaurar las pérdidas es testimonio del amor y del poder de Dios. Busquemos cómo perdonar para su honra.
Cuando estemos en estos momentos tan especiales, podemos pedirle al Señor: “Jesús, ayúdame a expresar mi perdón a otros como testimonio de tu poder y tu bondad”. Aunque sea difícil lo que le han causado, Dios nos va a ayudar. Podemos confiar en que el Espíritu Santo nos ayude a perdonar, porque el pueblo de Dios no está solo; tiene al Espíritu Santo que es nuestra guía y nuestra fortaleza.
Con Él podemos encontrar la oportunidad para estrechar estos vínculos que cuestan mucho cuando el Señor no está viviendo en nuestras vidas. Sin duda Dios nos ayuda a través del Espíritu Santo; Él pone en nosotros el querer como el hacer. Recibimos del Señor un amor muy grande, como lo expresa el salmista en el Salmo 108, versículo 4.
Salmo 108:4 — Pues tu amor inagotable es más alto que los cielos, tu fidelidad alcanza las nubes. Exaltado seas, oh Dios, por encima de los cielos, más alto que tu gloria brille sobre toda la tierra. Rescata ahora a tu pueblo amado, respóndenos y sálvanos con tu poder.
Ahí está el Señor. Aunque nuestro barco vaya a la deriva, podemos confiar en que su amor inagotable es más alto que los cielos. Nosotros solos no lo podemos hacer, pero con la ayuda del Señor sí. David recibió ese triunfo cuando escribió este salmo. El Señor rescata a su pueblo amado, nos responde y nos salva con su poder. Confiemos que no estamos solos; el amor del Señor es inagotable y Él está para respondernos en todo momento y circunstancia.
Consejos y datitos para el hogar
Ahora tenemos los datitos y los consejos. Siempre hay algo que rescatar de estos consejos que le damos, porque a veces tenemos muchos problemas, pero los podemos remediar con estos datos. Como dueñas de casa, siempre andamos buscando datitos para hacer más accesible la solución a los problemas que se nos presentan.
Aquí tengo un truquito para que el arroz quede totalmente blanco y suelto. El arroz es un alimento muy saludable, rico en nutrientes y carbohidratos, una fuente de energía ideal para quienes hacen actividad física, ya que aporta vitaminas del complejo B. Aunque cocinar arroz parece sencillo, a muchas personas les cuesta encontrar el punto idóneo.
Para este arroz necesitamos jugo de limón o vinagre, y lo ideal es colocarle unas hojas de laurel para el buen sabor. En primer lugar, hay que sofreír un poco el arroz antes de cocinarlo. Mientras se cocina, le añadimos un poco de jugo de limón o un chorrito de vinagre. Después de algunos minutos, agregamos un par de hojitas de laurel, que no solo aporta sabor, sino que ayuda a que el arroz se separe.
Después de haber frito el arroz, le añadimos el agua. También podemos añadirle un cuarto de morrón rojo, le colocamos la sal y dejamos que hierva. Cuando pasen 10 minutos, usted baja el fuego y dejamos que el arroz se cocine con la tapa semiabierta para evitar que se pegue. El morrón aporta sabor y textura; la recomendación es cortarlo en trocitos y añadirlo al momento de servir, aunque yo lo uso cuando le coloco el agua.
Tengamos en cuenta que mientras más almidón eliminemos, menos apelmazado quedará. Lo mejor es lavar el arroz antes de la cocción unas tres o cuatro veces, hasta que se visualice bien el grano. Además, si lo hervimos a fuego alto, el almidón se agita y queda pegajoso, así que debemos tener cuidado. El jugo de limón o el vinagre hacen que quede muy graneadito.
Otro método importante es para devolverle el antiadherente a los sartenes usando vinagre. Si a sus sartenes se les quitó el efecto, puede darles una segunda vida con media taza de vinagre, sal de mesa y papel absorbente. A fuego bajo, calienta la media taza de vinagre en el sartén; deje que hierva sin que el líquido se evapore por completo.
Cuando haya llegado a la ebullición, lave suavemente con una esponja y, una vez limpio, séquelo con un trapo limpio. Vuelva a llevarlo al fuego y ponga suficiente cantidad de sal, calentándola lentamente. Cuando la sal empiece a saltar o tome un color amarillo, retírela con un papel absorbente sin frotarla para no rayar el sartén. Deje que se enfríe por completo y lávelo de manera normal. Recomiendo guardarlos de manera individual para que el material dure más tiempo.
Ahora la sugerencia para la cocina: asar un costillar a la parrilla. Necesitamos un kilo de costillar de cerdo (un kilo sirve para dos a tres personas), tres cucharadas y media de miel, tres cucharadas de mostaza, tres cucharadas de vinagre blanco, una cucharadita y media de ají de color, una cucharadita de comino molido, una cucharadita de orégano entero, una cucharadita de pimienta blanca, una cucharadita y media de sal de mar y tres cuartas tazas de vino blanco.
Para la preparación, mezclamos todos los ingredientes del adobo en una fuente grande. Agregamos el costillar, embetunándolo por todos lados con las manos, y dejamos reposar al menos dos horas. Cuando la parrilla esté caliente, sacamos el costillar del adobo y lo ponemos al fuego. Cocinamos por ambos lados hasta que esté dorado y cocido al medio, aproximadamente 45 minutos, pincelando con el adobo mientras se cocina.
Lo servimos acompañado con ensalada a la chilena o papas. No hay varón que no sea fanático por el asado, y este costillar con el adobo de miel, mostaza y vinagre le da un toque perfecto. Es una idea ideal para el jefe de la casa, para un cumpleaños del esposo o para el Día del Padre que ya viene el próximo mes.
El regalo inmerecido: La elección de Dios
Ahora vamos a escuchar lo que Dios quiere hablarnos por su palabra. Si usted tiene su Biblia en mano, vamos a leer juntos en Primera de Tesalonicenses, capítulo 1, versículo 4. Leo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
1 Tesalonicenses 1:4 — Sabiendo, hermanos amados de Dios, que su elección de vosotros.
Antes de hablar del mensaje, vamos a orar. Amado Dios, le damos muchas gracias porque tenemos esta maravillosa oportunidad de tener su palabra ya leída. Este es un regalo que hoy usted nos entrega. Oro para que esta palabra sea bendecida en quienes la escuchan y que el Espíritu Santo traiga a mí la revelación divina. Ruego que use mis labios y tome el control de mi vida para entregar su palabra, para que corra y sea glorificada en muchas vidas.
Necesito la unción del Espíritu Santo porque así su palabra llegará a muchos, haciendo de ello algo especial, pues en ella está el consejo sabio y oportuno. Bendíganos, Señor, en el nombre de Cristo Jesús, nuestro Salvador. Amén y amén. Gloria a Dios para siempre.
El título de la palabra es: “El regalo inmerecido”. Hay ciertas cosas para las cuales no tenemos una explicación en la vida diaria. Alguien lo resumió con esta frase: “La vida es dura, pero Dios es fiel”. Así sucede con este versículo que afirma que los creyentes han sido escogidos por Dios.
Esto plantea la pregunta: ¿Significa que Dios ya determinó quién se salva y quién se pierde? ¿Para qué apelar al Evangelio si los perdidos no tienen escapatoria? Filósofos, psicólogos y teólogos han tratado esta cuestión sin encontrar respuestas simples. Algunas escuelas de psicología conductista niegan la libertad humana, diciendo que todo está determinado en la infancia.
Otros enfatizan la libertad del ser humano para escoger lo bueno o lo malo. Lo principal que le niegan a Dios es el control de la historia. Cuando hablamos de la salvación, el tema es vital: ¿En qué se basa nuestra salvación? ¿En nuestras obras buenas o en el amor de Dios que no vaciló en enviar a su propio Hijo para salvar al hombre, lo que este no puede hacer por sí mismo?
Los hermanos amados de Dios forman una fraternidad que va más allá de una simple camaradería. El apóstol Pablo utilizó más de 20 veces el término hermano en sus cartas a los tesalonicenses porque la hermandad era real en la iglesia primitiva, compuesta por personas de todas las clases sociales y razas. Era en la comunión de los llamados al evangelio donde estaba el sentido real de comunidad.
Hoy se habla de clubes o logias con intereses comunes, pero debemos clarificar el término hermandad del Nuevo Testamento. Los hermanos eran aquellos que Dios amaba y había elegido. La hermandad de los redimidos tiene un sabor distintivo. La elección es uno de los grandes conceptos de la Biblia y está presente en ambos testamentos.
A veces se presenta a Dios como un tirano arbitrario que condena o salva sin razón, pero debemos insistir en que la elección procede del gran amor de Dios. No es para sentenciar al hombre a un tormento eterno, sino para rescatarlo de él. No olvidemos que el Señor no envió a su Hijo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por Él.
La elección no depende de las obras humanas, sino de la voluntad de Dios. Si dependiera de nosotros, preferiríamos permanecer en nuestro estado de pecado. Por el contrario, Dios nos convence primero y nos capacita después para desear un cambio y arrepentirnos. Como dice Efesios capítulo 1, versículo 4, ninguna cosa toma de sorpresa a Dios; Él nos ha escogido para sí desde antes de la fundación del mundo.
La salvación, desde el principio hasta el fin, es obra de Dios. Los misioneros sabían que los miembros de la iglesia de Tesalónica eran elegidos por Dios. El apóstol Pablo, Sila y Timoteo lo sabían porque los hechos hablaban claramente. Este pasaje repudia el punto de vista de quienes aseguran que uno nunca sabrá si ha sido incluido en el decreto eterno de Dios.
Aunque los misioneros conocieron a sus lectores por poco tiempo, no vacilaron en declarar que sus corazones estaban llenos de acciones de gracias porque sabían que habían sido elegidos desde la eternidad. El apóstol Pablo, siendo él mismo un instrumento elegido, extiende este tema en Romanos, Corintios, Efesios, Colosenses, Timoteo y Tito.
Podemos resumir la enseñanza de Pablo sobre la elección así: primero, la elección es desde la eternidad (Efesios 1:4-5). Segundo, se hace evidente durante esta vida (1 Tesalonicenses 1:4), aunque solo Dios ve los corazones y aún hay lugar para conversiones en el lecho de muerte.
Tercero, es soberana e incondicional; no está condicionada a las obras o la fe (1 Corintios 1:27-28, 4:7; Efesios 1:4, 2:8). Cuarto, es justo (Romanos 9:14-15). Quinto, no está limitada a los gentiles, pues incluye un remanente judío (Romanos 11:5).
Sexto, es inmutable y efectiva; los elegidos alcanzarán el cielo (Romanos 11:7). Son eslabones de la cadena de Dios que no se pueden cortar (Romanos 8:28-30, 2 Timoteo 2:19). Séptimo, afecta la vida de todos; no es abstracta, sino una fuerza dinámica que produce frutos como la adopción, la fe y la justificación.
Es absurda la idea de que si un hombre ha sido elegido será salvo sin importar cómo viva o si no cree en Cristo. Ningún creyente sano, sea metodista, bautista, calvinista o luterano, estaría de acuerdo con eso. Le animo a leer la descripción del verdadero creyente elegido en Colosenses 3:13-17 y en Tesalonicenses.
Si Dios ha tocado tu corazón hoy, te animamos a que te asesores de estas verdades bíblicas para tu propio provecho. Nuestra oración es que Dios te guíe a entender estas cosas y a ponerlas en práctica, y que el Espíritu Santo obre en tu mente para guiarte a toda verdad. Así podrás entonar el cántico de gratitud y la fraternidad cristiana será una realidad en tu vida.
Amado Dios, le damos gracias por su palabra, porque hoy nos ha hablado de este gran regalo inmerecido. Nosotros no lo elegimos a Él, sino que Él nos eligió a nosotros cuando estábamos muertos en nuestros delitos y pecados. Hoy su palabra ha llegado a tu corazón; puede que estés meditando que tú también eres un elegido y que estás en los pensamientos de Dios.
Rogamos, Señor, que la luz del Evangelio aparezca en la vida de quienes aún no tienen la certeza de haber sido salvos. El evangelio es más que palabras; es como un espejo donde vemos nuestra realidad. Oramos por quienes escucharon el mensaje, para que haya un espacio en sus corazones para volverse al Dios de la vida, que escucha nuestra plegaria.
Clamamos a Él y Él nos responde. Señor, gracias porque nos aconseja como hijos amados. Pedimos que aparezca la luz de Cristo y que se caiga el velo de tinieblas que no deja ver la gloria de Dios. Que la luz del Evangelio ilumine sus vidas y haga vida en sus corazones. En el nombre de Cristo Jesús, nuestro Salvador. Amén y amén. Gloria a Dios para siempre.
Oración por los enfermos y cierre
Ahora vamos a orar por los enfermos. Amado Dios, pongo mis manos sobre esta lista de enfermos. Usted los conoce porque usted los hizo; conoce dónde está la enfermedad y la necesidad de que reciban sanidad. Porque para el que cree, todo le es posible. Pedimos que su poder se haga manifiesto.
Usted dijo en su palabra que los que creen en su nombre pondrán las manos sobre los enfermos y sanarán. En esta hora, por fe, ponemos las manos en estos nombres de sus hijos e hijas que necesitan ser tocados por el poder de su palabra, que es fiel y verdadera, para que actúe en sanidad divina.
Le pedimos que toque a cada uno de ellos, también a los que están en la audiencia de la radio y que están enfermos. Que en esta hora usted imparta bendición, que sus problemas se solucionen y que se lleve la aflicción que están viviendo. Pedimos que estas obras sean hechas para la gloria del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén y amén. Gloria a Dios para siempre.
Dios de paz, Él nos bendiga. Estamos llegando al término de nuestro programa. Mañana, Dios mediante, volvemos a encontrarnos a la misma hora y en este mismo punto del dial. Siempre agradecida de usted por estar en la sintonía. Dios le bendiga, Él sabe bendecir. Mañana nos volvemos a encontrar. Mientras tanto, Dios le bendiga. Gracias.
Receta del día
Costillar a la parrilla con adobo de miel y mostaza
- 1 kilo de costillar de cerdo
- 3 y media cucharadas de miel
- 3 cucharadas de mostaza
- 3 cucharadas de vinagre blanco
- 1 y media cucharadita de ají de color
- 1 cucharadita de comino molido
- 1 cucharadita de orégano entero
- 1 cucharadita de pimienta blanca
- 1 y media cucharadita de sal de mar
- 3 cuartas tazas de vino blanco
Preparación
- Mezcle todos los ingredientes del adobo en una fuente grande.
- Agregue el costillar y embetúnelo con las manos por todos lados.
- Deje reposar la carne al menos dos horas antes de cocinarla.
- Prenda la parrilla y, cuando esté caliente, coloque el costillar sobre ella.
- Cocine por ambos lados hasta que esté dorado y cocido al medio, aproximadamente 45 minutos.
- Pincelar la carne con el adobo mientras se cocina.
- Parta el costillar y sirva acompañado de ensalada a la chilena o papas.