La Voz Pentecostal

La gracia y la paz en la palabra de Dios

· 68 min

Gladia Romero Toledo reflexiona sobre la sanidad espiritual y física a través del sacrificio de Jesucristo. Usted encontrará también consejos prácticos para el hogar y una guía para preparar masa de empanadas.

Inicio del programa y oración matinal

Escucha, auditor, la voz del Salvador que hoy te llama a ti. ¿No quieres tú venir? Escucha la voz del Salvador que a tu alma traerá salvación. Bienvenidos nuevamente a su programa La Voz Pentecostal, a través de los micrófonos de la radio Abigail, dirigido por su hermana en Cristo, Gladia Romero Toledo. Le doy la bienvenida a la sintonía del matinal en el 106.7 FM.

Este programa está llegando a usted con el único propósito de bendecir su vida. Les saludo a usted, mi hermano, mi hermana, vecinos y amigos del programa que nos sintonizan a esta hora. Les deseo las más ricas bendiciones de parte de nuestro Dios. Como siempre, le damos comienzo a este programa poniéndonos en las buenas manos de nuestro Dios a través de la oración.

Amado Dios, en este día al amanecer, usted me entregó mi hogar y cada rincón de mi vida; le ruego que llene nuestras almas de paz y fortaleza, y que su presencia disipe toda angustia y necesidad, y que la salud y la armonía habiten siempre en nosotros. Le pido, Señor, que sea el guardián de nuestro camino y la luz que ilumine cada decisión que tome. Le imploro que extienda sus bendiciones sobre mi familia y sobre mis hermanos en la fe, que son las personas que amamos mucho. Protéjalos de todo el mal; aleje la envidia, la tristeza y las sombras que intentan perturbar nuestra tranquilidad, y que su gracia sea nuestro escudo y su amor nuestro guía eterno.

En esta semana que comienza, ayúdenos a cultivar la nobleza de nuestro ser. Ayúdenos a ser un mejor hermano, una mejor hermana, moldeada por su sabiduría y justicia, y que mi aliento sea mi constante compañía en cada labor, en cada esfuerzo y en cada compromiso. Gracias, mi Padre, le doy por mi familia, gracias por el techo que cobijó mi sueño mientras dormía, gracias por el pan que usted pone en mi mesa, por el calzado que pone en mis pies, porque me viste y porque me da agua fresca y cristalina.

Oro, Señor, porque hay muchos enfermos que sé con toda seguridad que a esta hora luchan en una sala de hospital, en una clínica y algunos en sus casas, esperando que su poder sanador los toque; ruego que así sea por su misericordia que es tan grande. Oro, Señor, por los matrimonios, por la unidad de la familia, por los jóvenes que son presos de tantas adicciones. Oro por los niños, para que usted los proteja y les dé su cuidado, y por tantos abuelos y abuelas olvidadas.

Sustente, Señor, a la viuda y al huérfano; que siempre haya de todo en su casa. Oro para que haya apertura de los presos de la cárcel. Y oro, Señor, por mis autoridades eclesiásticas, muy en especial por mi amado obispo Israel Aravena, quien es la máxima autoridad de nuestra iglesia, y también hago un clamor por el honorable directorio. Señor, deseo con todo mi corazón que usted les dé una clara dirección para continuar desarrollando la labor que usted le ha encomendado, sabiendo que ellos y ellas tienen una vida familiar, personal y esclesiástica.

Bendiga, mi Señor, la audiencia de este programa. Yo le ruego, Padre, en el nombre de Jesucristo, mi Salvador, invitando al Espíritu Santo a estar presente desde el principio y hasta el final de este programa. Bendecimos en este nombre que es por sobre todo nombre a la audiencia, en el nombre de Cristo Jesús, nuestro Salvador. Amén y amén. Gloria a Dios para siempre.

El Pan de Vida y la sanidad divina

Damos muchas gracias a nuestro Dios por estar nuevamente juntos en este día tan especial que nos permite comenzar una nueva semana. Estamos viviendo el lunes 20 de abril; se nos va rápidamente el mes. Son las 11 de la mañana con 18 minutos y está lloviendo en nuestra comuna. Damos gracias al Señor porque ya tenemos con nosotros nuestro pan de vida para nuestro día, porque es un día especial que el Señor hizo para mí y para usted.

Isaías 53:5 — Por su llaga fuimos nosotros curados.

Dios nos bendice por la lectura de nuestro pan de vida para este comienzo de semana. El Señor nos entrega una curación más profunda. Recuerdo el testimonio del domingo de Pascua del año 2020, cuando la famosa estatua del Cristo Redentor en Río de Janeiro, Brasil, fue iluminada de modo que Jesús parecía estar vestido de médico. Fue un homenaje a los numerosos trabajadores de la salud que batallaban en primera línea durante la pandemia del coronavirus.

Esta imagen reflejaba la descripción de Jesús como nuestro gran médico, como lo declara el Santo Evangelio según San Marcos, capítulo 2, versículo 17. Jesús sanó a muchos durante su ministerio terrenal: al ciego Bartimeo, a un leproso, a un paralítico, por nombrar algunos. Su interés por la salud de sus seguidores se demostró también al multiplicar la semilla, pues al ver la multiplicación, vemos una sencilla comida para alimentar a una gran multitud. Todos estos milagros revelan tanto su poder como su amor genuino por las personas.

No obstante, el mayor acto de curación vino mediante su muerte y resurrección. El profeta Isaías había dicho estas palabras años antes y se hicieron realidad: por su llaga nosotros somos curados de nuestra peor dolencia, que es la separación de Dios por causa de nuestro pecado. Isaías lo declara claramente para nosotros en este tiempo de la gracia. Aunque Jesús no sana todas las enfermedades, podemos confiar en que Él cura nuestras necesidades más profundas y recompone nuestra relación con Dios.

Debemos vivir agradecidos siempre por esta gracia divina que ha llegado a nuestras vidas sin mérito alguno. Debemos decirle: «Gracias, Jesús, por tu sacrificio que cura mi enfermedad espiritual». Le entrego también mis dolencias físicas, porque no estamos exentos de tener enfermedades en nuestro organismo, pero hemos podido experimentar la milagrosa curación espiritual de Dios, que fue la más grande cuando Cristo perdonó nuestros pecados.

Ahora Él nos ayuda a tener una buena relación porque hemos sido curados por el sacrificio de Jesús. En Él encontramos la curación más profunda, como lo dijo el profeta Isaías sobre aquel que daría su vida en un duro madero de cruz por nosotros. Hoy podemos ser sanados mirando ese sacrificio cruento en la cruz del Calvario, porque Él ya pagó el precio de nuestro pecado; esa deuda está saldada.

Él cura las enfermedades de nuestro organismo, pero también cura lo más profundo que hay en nosotros, aquello que nadie ve a simple vista en el corazón. El mayor acto de curación vino mediante su muerte y resurrección. A través de Jesucristo tenemos acceso ante el trono de la gracia para recibir la sanidad, porque el Señor nos sana el alma, el cuerpo y el espíritu. Necesitamos que todas las áreas de nuestra vida estén sanas.

Sin Dios estamos llenos de cosas que no son agradables, pero Él se ha preocupado de curar nuestras heridas más profundas. Le damos gracias hoy porque a través del sacrificio de Jesús Él cura mi enfermedad espiritual y mi cuerpo también. El Señor está entregando una bendición especial a través del pan de vida, curando lo más escondido. La gracia de Dios aún permanece en la tierra, así que podemos ir confiadamente ante el trono de su gracia por este socorro oportuno.

Salmo 89:1-13 — Siempre cantaré acerca del amor inagotable del Señor. Jóvenes y ancianos oirán de tu fidelidad. Tu amor inagotable dura para siempre. Tu fidelidad es tan perdurable como los cielos. Los cielos te pertenecen y la tierra también. Y todo lo que hay en el mundo es tuyo. Tú lo creaste todo. Creaste el norte y el sur, el monte Tabor, el monte Hermón alaban tu nombre. Poderoso es tu brazo, fuerte es tu mano; tu mano derecha se levanta en alto con gloriosa fuerza. La rectitud y la justicia son el cimiento de tu trono, y el amor inagotable y la verdad van como un séquito delante de ti. Felices son los que oyen el alegre llamado a la adoración, porque caminarán a la luz de su presencia. Todo el día se alegrarán de tu maravillosa fama, se regocijarán por tu justicia. Tú eres la fuerza gloriosa de ellos. A ti te agrada hacernos fuertes.

Así es nuestra protección que viene del Señor, el Santo de Israel. Él nos ha dado a nuestro rey, nuestro intermediario para ir a la presencia de Dios. Dios nos bendice por nuestro pan de vida en este comienzo de semana. Amanecemos con un día lluvioso, pero estamos en la presencia del Señor dando gracias. Es una bendición; así como necesitamos el sol radiante, también necesitamos la lluvia para que se disipen los virus y enfermedades que andan en el aire.

Datos y consejos para el hogar

Continuando con el programa, tenemos los datitos y consejos para solucionar problemitas que se presentan en el diario vivir. Como dueña de casa, siempre andamos buscando recetitas para mejorar lo que cocinamos para la familia. Por ejemplo, para lograr papas fritas secas y crujientes, primero pelamos las papas y las cortamos tipo bastones. Vertemos los bastones en un recipiente con un litro de agua y una cucharada de vinagre, dejamos reposar 10 minutos, colamos y secamos bien cada bastoncito. Finalmente, las cocinamos en un sartén con abundante aceite a 190 grados. El datito del vinagre nos viene muy bien.

Otro problema es cuando la plancha ensucia la ropa. Para limpiar una plancha quemada, el mejor método es usar una vela blanca, una toalla vieja o paño de microfibra, una esponja y medio limón. Encienda la plancha y deje que se caliente lo suficiente. Luego, desenchúfela y pase la vela sobre la suela caliente, usando el paño viejo para no ensuciar la ropa limpia. La cera se derretirá al contacto; pase la toalla como si estuviera planchando. Si la suciedad persiste, use la esponja con jabón y frote la superficie para que quede como nueva.

También puede usar sal, que es un excelente remedio natural. Coloque una hoja de papel sobre la tabla de planchar y empolvoree con sal; pase la plancha caliente sobre la sal como si estuviera planchando. También puede usar papel de aluminio.

Para limpiar el fondo del horno y eliminar la grasa, mezcle medio litro de vinagre blanco con 250 gramos de sal en una botella de spray. Rocíe el líquido en las paredes del horno, deje actuar por 30 minutos y elimine las manchas con una esponja empapada en agua. Para la parrilla, puede usar la balosa.

El jugo de limón es un desengrasante muy efectivo por el ácido cítrico y es un excelente antibacteriano. Para limpiar el horno, corte tres limones por la mitad, vierta el jugo en un recipiente y métalo al horno durante 30 minutos. Luego apague el horno, deje la fuente dentro y limpie los lados con un paño húmedo.

El vinagre de manzana y el bicarbonato también sirven para quitar la grasa. El bicarbonato no es tóxico, es económico y eficaz para eliminar restos de comida seca. Mezcle dos cucharadas de bicarbonato con un poco de agua hasta formar una pasta y aplíquela en las paredes del horno. Luego, rocíe vinagre de manzana con un spray, deje reposar 30 minutos y elimine el exceso de grasa con una esponja húmeda. Estos son trucos que usaban nuestras abuelas.

Sugerencia para la cocina: Masa de empanadas

En la sugerencia de hoy les traigo cómo preparar masa para empanadas fritas o horneadas. Necesitamos 500 gramos de harina, 100 gramos de manteca derretida, 2 cucharaditas de sal y una cucharada de vinagre. En una superficie lisa, ponemos la harina en forma de corona y colocamos en el centro la manteca, el vinagre y la sal. Agregamos de a poco agua tibia hasta formar una masa homogénea sin amasar. Dejamos descansar la masa a temperatura ambiente por dos horas.

Luego hacemos bolas del tamaño deseado, las estiramos con un palo de amasar para formar discos y las rellenamos con lo que nos guste, tratando de que el relleno no sea muy húmedo. Sellamos las orillas para freír o hornear. Si quiere hacer más cantidad, por ejemplo con un kilo de harina, simplemente multiplique los ingredientes: 200 gramos de manteca y dos cucharadas de vinagre. La sal la ajusta según su gusto.

Ojalá que quienes están recién incursionando en la cocina encuentren estas recetas fáciles. Antes las mamás no nos permitían entrar a la cocina porque era peligroso, pero ahora enseñan a los niños y niñas desde pequeños. Mi deseo es que las jovencitas que se están formando puedan probar esta sugerencia para aliviar su trabajo.

Ilustración de Masa para empanadas fritas o horneadas

Receta del día

Masa para empanadas fritas o horneadas

  • 500 gramos de harina
  • 100 gramos de manteca derretida
  • 2 cucharaditas de sal
  • 1 cucharada de vinagre
  • Agua tibia (cantidad necesaria)

Preparación

  1. Colocar la harina en una superficie lisa en forma de corona.
  2. Verter en el centro la manteca derretida, la cucharada de vinagre y la sal.
  3. Agregar agua tibia poco a poco hasta formar una masa homogénea sin amasar.
  4. Dejar descansar la masa a temperatura ambiente por dos horas.
  5. Formar bolas de igual tamaño.
  6. Estirar las bolas con un palo de amasar hasta formar discos.
  7. Rellenar los discos con el gusto deseado, evitando que el relleno sea muy húmedo.
  8. Sellar las orillas y freír u hornear.

Estudio bíblico: La gracia y la paz

Llegamos al momento más especial, cuando el Señor nos habla por su palabra. El Señor siempre llega a tiempo y nos da lo que necesitamos. Los invito a tomar su Biblia; la abriremos en Primera de Tesalonicenses, capítulo 1, versículo 1.

1 Tesalonicenses 1:1 — Pablo, Silvano y Timoteo, a la iglesia de los tesalonicenses en Dios Padre y en el Señor Jesucristo. Gracia y paz sean a nosotros por Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.

Amado Dios, le damos gracias por esta oportunidad de tener su palabra leída. Es un privilegio, porque es difícil que a esta hora nuestros auditores hayan tomado la Biblia. Ruego al Espíritu Santo que traiga a mí la revelación divina y la unción para administrar su palabra, para que ella corra y sea glorificada en muchas vidas. En el nombre de Cristo Jesús, mi Salvador. Amén.

El título de la palabra es «La gracia y la paz». A menudo, al querer enterarnos del tema central de una carta, nos saltamos la introducción, pero el saludo del apóstol es importante. Tesalónica era una ciudad estratégica, con unos 200.000 habitantes, situada en el Golfo de Salónica y muy bien ubicada para el comercio. Atrajo a una comunidad de judíos y de cultura helénica, mayormente griegos, aunque había romanos y orientales.

El apóstol Pablo llevó el evangelio allí, trabajando con sus propias manos para sostenerse económicamente y evitar ser confundido con filósofos ambulantes. Predicó el evangelio permaneciendo tres semanas en el lugar. El objetivo de la carta es reafirmar la fe de los creyentes y enseñar cosas prácticas a una comunidad joven que debía relacionarse con habitantes de religiones y filosofías distintas al cristianismo.

En el saludo, Pablo se refiere a sí mismo simplemente como Pablo, lo que indica que la gente ya lo conocía y que él no buscaba sobresalir. La inclusión de Silvano y Timoteo los ubica en un lugar igualitario. Estos tres amigos son una expresión de que en Cristo no hay judío ni griego, esclavo o libre, hombre ni mujer, sino que todos pertenecen a Cristo.

El término «iglesia» viene del griego ekklesia. Originalmente se refería a la asamblea popular, como en Atenas. En la Septuaginta se refería a la comunidad de Israel. En el Nuevo Testamento, se aclara que es la congregación de los que Dios ha llamado de las tinieblas a la luz admirable, como dice Primera de Pedro 2:9. Puede ser una congregación local, la totalidad del cuerpo de creyentes o una reunión para adorar.

Guillermo Enriquezán declara que la iglesia es una compañía de creyentes en un lugar particular que afirma que son hijos de Dios y reconoce a Jesucristo como su Señor. En ninguna otra religión se habla de Dios como un Padre que expresa su amor y se preocupa por lo suyo, enviando a su propio hijo para hacer posible el camino de la redención.

Analicemos la palabra «gracia». En su significado original quiere decir aquello que produce gozo, placer, delicia, dulzura y amabilidad. Cuando Pablo busca expresar el rico significado del amor redentor de Dios, escoge la palabra gracia. Es la amabilidad de Dios por medio de la cual Él nos busca y nos lleva a Cristo. Recibir la gracia de Dios por medio de la fe da como resultado la paz.

La palabra «paz» viene del griego Eirene, usada para la palabra Shalom. Los hebreos la usaban como un saludo de seguridad, bendición y protección. La paz a la que se refiere Pablo es tanto externa como interna. La gracia es la base para vivir en paz con los demás. Pero la paz también es esa calma interna en medio de la tormenta, que sobrepasa todo entendimiento, como dice Filipenses 4:7.

A veces las personas creen que viven en paz porque no hay conflictos externos, pero nunca han concebido la paz interna que se posesiona del corazón cuando se entiende la relación con Dios, consigo mismo y con el prójimo. Hoy es el momento de analizar su vida utilizando la revelación divina. El Salvador Jesucristo vino al mundo para que sus dudas tuvieran explicación y su vida tuviera el significado que el Creador pensó.

Amado Dios, cuando hay alimento en nuestra mesa, nuestras voces se alzan para dar gracias. Hoy agradecemos por este pan espiritual que descendió del cielo con la venida de nuestro Salvador Jesucristo. Ayúdenos a valorar esta sublime gracia de Dios manifestada en Jesús. Ruego que su palabra haya corrido y sido glorificada en quienes se han quedado en sintonía. No tenemos mérito especial, pero la misericordia de Dios nos alcanzó.

Peticiones de oración y sanidad

Oramos, Señor, para que los enfermos sean sanados, que vidas sean cambiadas por su poder y que usted destruya toda obra del enemigo. Si tan solo una vida fuese cambiada hoy por su palabra, vale la pena estar tras estos micrófonos. Pongo mis manos sobre la lista de enfermos para que sean tocados con el poder de la sanidad divina. Usted le prometió a Moisés que sería su sanador; nosotros somos su pueblo por adopción y pacto, y pedimos que estas promesas se cumplan.

Oramos por sanidad por nuestro pastor Héctor Arena, nuestro pastor Florindo Márquez, nuestra pastora Norma Martínez, nuestra pastora Mireia Reyes y la pastora de Coltauco. Oramos por nuestro hermano José Sirva y por Víctor Hugo González, para que sea liberado del licor, pues el enemigo lo tiene aprisionado y él pide ayuda. Pedimos un milagro para nuestro hermano José David Videla, quien vive en una silla de ruedas; usted es poderoso para ponerlo de pie donde la ciencia y la Teletón no pudieron.

Oro por mi hermana Teresita Flores, por sus pastores, por su vecina y por la sanidad de su hija Pamela Larconflores. Oro por nuestra hermana Laura Cenjo y su petición, por mi hermana Nora Cenjo por sanidad, y por mi hermano Eduardo González por sanidad. Oro por el hijo de mi hermano Jimmy por liberación, por mi hermana Rosita Veloso por sanidad, por mi hermana Elena Reyes por sanidad, por su esposo Joaco Videla por sanidad y por su hija Débora Videla por sanidad.

Oro por mi hermano Ignacio Toro por sanidad y por nuestro hermano Miguel Torres por sanidad, y oramos por su nieto para que usted lo libere de la adicción, ya que está internado nuevamente. Oramos por mi hermana Teresita Reyes por sanidad, por Luis Durán Palma por sanidad, por Don Rado Milovich por sanidad y por mi hermana María Ivacache por sanidad.

Oro por Cristian Barro por sanidad y por mi hermano Eliseo Muñoz para que usted haga su voluntad en él. Oramos por Rodrigo Romero Acenjo por liberación de una adicción, ya que está internado. Oro por mi vecino Luis Orellana por sanidad, por mi hermano Dagoberto Roa por sanidad y por la intervención quirúrgica que será sometido. Oro por mi hermana Teresita Molina por sanidad del matrimonio y la familia, por Claudia Sirva por liberación y por mi hermano José Martínez por sanidad.

Señor, usted conoce la necesidad de sus hijos e hijas de recibir sanidad y liberación. Oramos para que sean libres por la sangre que usted derramó en el Calvario. Por las llagas de Cristo hoy somos curados y sanados. Gracias por su palabra. Amén y amén. Gloria a Dios para siempre.

Cierre del programa

Damos muchas gracias a nuestro Dios por su palabra y por el pan de vida de hoy. Estamos llegando al término de este programa. Mañana, Dios mediante, volvemos a encontrarnos a la misma hora y en este mismo punto del diálogo. Le invitamos a sintonizar nuevamente. Que el Dios de paz le bendiga. Gracias.