La Voz Pentecostal

La importancia de las motivaciones y la palabra de Dios en el hogar

· 65 min

Gladia Romero Toledo reflexiona sobre la práctica de colocar versículos bíblicos en las puertas de casa como fuente de consuelo y guía. Usted encontrará además consejos prácticos para el hogar y una enseñanza basada en las cartas del apóstol Pablo.

Inicio del programa

Escucha, auditor, la voz del Salvador, que hoy te llama a ti. ¿No quieres tú venir? Escucha la voz del Salvador, que a tu alma traerá salvación. Bienvenidos, bienvenida nuevamente juntos a través de su programa La Voz Pentecostal.

A través de los micrófonos de la radio Abigail dirige este programa su hermana en Cristo Gladia Romero Toledo. Le doy la bienvenida a la sintonía del matinal en el 106.7 FM. Este programa está llegando a su hogar con el propósito de bendecir su vida.

Les saludo a usted, mi hermano, mi hermana, vecinos, amigos que nos sintonizan a esta hora; les deseo las más ricas bendiciones de parte de nuestro Dios. Como siempre, le damos comienzo a este programa poniéndonos en las buenas manos de nuestro Dios a través de la oración.

Oración matinal

Amado Dios, le doy muchas gracias porque me permite vivir un día más. Gracias porque usted, mi Dios, me permite un nuevo amanecer. Ya en esta mañana usted ha sido pródigo en misericordia sobre mí, porque sus misericordias ya han sido nuevas para mí.

Mi voz se eleva en oración cargada de esperanza, de tributo a su benevolencia por este día nuevo, por este amanecer glorioso. Mi corazón rebosa de gratitud por velar de mi amada familia. Sin duda que la velada de ayer ha quedado atrás, pero su generosidad sigue fluyendo en este día como un río incesante que fluye en mi vida, guiando mis pasos por sendas de bondad y oportunidad para cultivar cada día la nobleza de mi ser.

Encomiendo en sus manos mi deseo de que usted, a través del Espíritu Santo, bendiga este programa desde el comienzo hasta el fin. Sé que siempre su aliento es mi constante compañía en cada labor, en cada esfuerzo, en cada compromiso. Me pongo en sus manos sabiendo, Señor, que usted está aquí escuchando siempre nuestras oraciones.

En este comienzo de semana le doy gracias por este hermoso regalo de vida, porque me permite dormir bajo un techo que cobija mis sueños, porque tengo una familia, porque tengo calzado en mis pies, vestuario, agua y pone usted pan en mi mesa cada día. Gracias por tener siempre lo que necesito, incluso más que lo que necesito. Es tan sublime y esperanzador el vivir cada día con la alegría de ser su hija.

Oro, Señor, porque sé que hay muchos enfermos y hay muchos que incluso a esta hora luchan en una sala de hospital, en una clínica o en sus casas, esperando el toque de su poder sanador y restaurador. Ruego, Padre, que usted los sane de toda enfermedad existente.

Oro intercediendo en favor de la familia, por los matrimonios, por los jóvenes que son presos de tantas adicciones y por los niños, pidiendo para ellos su protección y su cuidado. Oro por tantos abuelos y abuelas olvidadas, para que siempre haya alimento y sustento en la casa de la viuda y del huérfano.

Oro, Señor, para que haga usted posible que haya libertad de los presos de la cárcel. Pido que usted sane nuestra tierra, porque esta tierra está enferma y necesita ser sanada, y solo usted es el único que puede sanarla.

Oro por mis autoridades eclesiásticas, muy en especial por la máxima autoridad de mi iglesia, mi amado obispo, y por el honorable directorio. Ruego, Señor, con todo mi corazón, que usted les dé una clara dirección para seguir administrando y desarrollando la labor que usted les ha encomendado.

Oro por mis autoridades civiles, por la máxima autoridad de mi país y por los que con él gobiernan. Oro por los que están terminando un periodo y por los que en muy pocos días tomarán el gobierno de nuestro país; oro por los que salen y por los que entran.

Oro muy en especial por la audiencia de este programa, pidiendo para todos ellos y ellas una especial bendición, descansando en el poder de su fuerza y pidiendo que usted nos sostenga con su diestra victoriosa contra toda adversidad. Oro para que haya un cese de la guerra y por la paz de Jerusalén.

Oro por los trabajadores de la salud por esta noble actividad que hacen con los enfermos. Señor, líbreles de todo peligro y contaminación, porque su labor es peligrosa por tantas enfermedades infecciosas. Bendiga, Señor, desde la eminencia más alta hasta el más simple camiller.

Gracias porque usted nos ha dado algo tan grande: nos ha dado a su Hijo, nuestro eterno Salvador, a quien usted manda a este mundo a sufrir por el pecador. Gracias por este amor tan grande que usted tiene, mi Dios altísimo, para esta humanidad. Gracias, mi Cristo, por ser mi salvador.

Gracias Padre por habernos dado lo más grande, a nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Que su bendición repose sobre nuestras vidas, tanto en la mía como en la vida de nuestros amados auditores y auditoras. Que su bendición repose sobre este programa. Se lo ruego, Padre, en el nombre de Cristo Jesús, nuestro Salvador. Amén y amén. Gloria a Dios para siempre.

El Pan de Vida

Agradecemos al Señor porque ya estamos nuevamente juntos comenzando una nueva semana, en que nos ponemos en las manos de nuestro Dios Altísimo para ser usadas para toda buena obra. Todo don perfecto viene del Padre de las luces, donde no hay cambio ni mudanza, porque mi Dios es el Dios que no se muda, no cambia de parecer. Nosotros, como personas, somos muy cambiantes, pero mi Señor es el mismo, el Dios que no falla.

Tenemos con nosotros para este día nuestro pan de vida en el libro de Deuteronomio, capítulo 6, versículo 9.

Deuteronomio 6:9 — Escribe estos mandamientos en los marcos de la entrada de tu casa y sobre las puertas de la ciudad.

Dios nos bendice por la lectura de nuestro pan de vida. Él nos ha dicho que hay consuelo y ese consuelo tenemos que escribirlo en los marcos de las puertas. ¿No cree usted que a través de nuestro pan de vida Dios nos bendice porque nos está entregando una enseñanza?

Recuerdo una publicación en redes sociales sobre una inundación en el sur de Luisiana en el año 2016. Me encontré con el mensaje de una amiga que profesa la misma fe; tras enterarse de que su casa tendría que ser reconstruida, la madre de nuestra hermana la alentó a acudir a Dios. Aún en la desalentadora labor de limpieza, mi amiga publicó versículos bíblicos que encontró expuestos en los marcos de las puertas de su casa, aparentemente escritos cuando había sido destruida. La lectura de las escrituras en los postes la reconfortó.

La tradición de escribir versículos bíblicos en los marcos puede provenir del mandato de Dios a Israel. Esto me permite recordar a una de mis hermanas que hace muchos años que duerme en el Señor, la hermana Sara, viuda de Muñoz. En aquel tiempo ella llegó con textos bordados para que mi padre, en la iglesia de Auquinco, los pusiera en las paredes, pero dijo: «Este es especial, mi pastor, póngalo en la puerta de la iglesia».

El Señor instruyó a los israelitas a colocar sus mandamientos en las puertas para que recordaran quién es Él y los escribieran en sus corazones. Más adelante manda el Señor: «enséñalos a sus hijos», usándolos como medios para recordar sus mandatos. Tenían recordatorios constantes de la palabra del Señor y los alentaban a no olvidar lo que él había dicho.

Sabe usted que cuando entrábamos a la iglesia en aquellos años de mi niñez, en la iglesia de Auquinco, veíamos los textos que nuestra hermana Sarita había traído para poner en las cuatro paredes y uno para la puerta. Como niña, leyendo esos cuadros, nos aprendíamos los textos de memoria de tanto leerlos.

Hoy el pan de vida me recuerda que debemos colocar en los marcos de las puertas la palabra de Dios escrita, o arraigarla en nuestro corazón; esto puede ayudarnos a construir un cimiento sobre la felicidad del Señor. Él puede usarla para consolarla aun en medio de las tragedias y pérdidas.

Debemos agradecer a nuestro Padre Celestial y en oración decirle: «Padre Celestial, gracias por la guía de las escrituras». Con la palabra de Dios nos recordamos las veces que nos ha consolado. Hoy aprendemos que debemos tener la palabra de Dios en las puertas de nuestras casas. Yo la tengo en un texto, pero no en la puerta, está en la muralla; lo puse ahí para que todos los que pasan vean la palabra de Dios.

Me gozo con el consuelo en los marcos de las puertas, porque me habla que debo divulgar las verdades bíblicas, ya que son cimientos de vida para el creyente. Vamos a comenzar a ponerla en nuestras puertas porque tenemos que optar por hacer lo bueno que nos manda el Señor.

Tengo un cuadro con la palabra de Dios en una tabla de madera en el frente de mi casa, donde todo lo ven. Hace poco se separaron dos jóvenes mormones y empezaron a hablarme; yo los salí a atender y uno de ellos me pidió el baño. Mientras yo lo hacía pasar, el otro quedó ahí parado leyendo el texto que hay en el muro que da a la calle en mi casa. Hoy la palabra de Dios me bendice.

Si usted no lo ha hecho, hágalo. Si fue un mandato que el Señor Dios Todopoderoso le dio como un consuelo para que los israelitas lo pusieran en el marco de las puertas, nosotros también somos hijos del mismo Dios. No somos de la Tierra Santa, pero somos hijos por adopción, por el pacto y por las promesas que Dios nos da por su palabra.

Qué bendición es poder comprender que Dios me habla y me da mandatos, y los mandatos de Dios son para que los pongamos en práctica. Me alegra cuando puedo leer al dulce cantor de Israel en el Salmo 62, versículo 5.

Salmo 62:5 — Todo mi ser espere en silencio delante de Dios porque en él está mi esperanza. Solo él es mi roca y mi salvación, mi fortaleza donde no seré sacudido. Mi victoria y mi honor provienen solamente de Dios. Él es mi refugio, una roca donde ningún enemigo puede alcanzarme.

¡Oh, pueblo mío! Confía en Dios en todo momento. Díle lo que hay en tu corazón, porque Él es nuestro refugio. Gloria a Dios. Qué salmo más alentador, que nos da bendición. Aleluya, Dios nos bendice. Qué grato es estar en la presencia de Dios.

Datos y consejos para el hogar

Es el momento en donde nos detenemos para recibir algunos datos que nos sacan a veces de problemitas. No son problemas grandes, pero los podemos solucionar con algunos datitos que le traemos al programa.

Para usted que tiene niños en edad escolar que llegan con tareas o manualidades, a veces es difícil limpiar la purpurina que queda por todos lados. Intente usar una bola de plasticina; de esta manera será más sencillo que con la escoba quitar la purpurina que está por todas partes.

Para eliminar el olor a vinagre después de hacer el aseo en casa, puede verter un poco de vinagre y jugo de limón en sus manos, enjuagarlas muy bien y luego ponerse una crema hidratante. Así se habrá olvidado del olor.

Para limpiar sus cristales, prepare su propio limpiacristales con una mezcla de agua con dos partes de vinagre en una botella atomizadora. Esparza esta mezcla sobre la superficie de los vidrios y limpie con un trapo especial hasta obtener un acabado sin marcas.

Para eliminar el olor a ajo en las manos, la solución está en utilizar un elemento de acero inoxidable. Lave bien sus manos y frote con este objeto, incluso en las áreas más difíciles de acceso, y el olor desaparecerá.

Si quiere eliminar manchas de grasa en la ropa o manteles, aplique detergente lavavajilla líquido sobre la mancha de grasa y luego lave la prenda como de costumbre. Se lo recomiendo especialmente para manteles de colores vivos donde no podemos usar cloro.

Para limpiar el moho en la ducha o bañeras, rocíe vinagre blanco diluido sobre las paredes, deje reposar unos minutos, frote y enjuague. También puede agregar bicarbonato a esa pasta para limpiar la suciedad difícil.

Para limpiar los grifos, mezcle dos cucharadas de vinagre con una cucharada de sal. Esto eliminará los depósitos de calcio y las manchas de agua en los cabezales de la ducha. Todos estos datitos son baratos y no contaminan como los limpiadores del supermercado.

Sugerencia culinaria: Berlines

Llegamos al tiempo de la sugerencia para la cocina. Hoy traigo una recetita que a los niños les encanta: los berlines. La preparación nos lleva cuatro horas, pero la cocción es de solo 20 minutos. Los ingredientes son para 10 a 12 berlines.

Necesitamos: 3 tazas de harina, 1 octavo de margarina, 1 taza de azúcar flor, 1 pan de levadura fresca, 3 huevos batidos, dos cucharadas de agua ardiente, un cuarto kilo de dulce de membrillo, mermelada de damasco, crema de vainilla o manjar a su elección, aceite para freír y azúcar flor para empolvorear.

Preparación: Disuelva la levadura en un tercio de agua tibia con una cucharada de azúcar. Añada dos cucharadas de harina, revuelva bien y deje tapado en un lugar abrigadito hasta que doble su volumen. Bata la margarina con el azúcar flor. Agregue la harina alternando con los huevos batidos y el agua ardiente. Incorpore la levadura mezclando muy bien.

Harine las manos y saque pequeñas cantidades de masa. Estírela con los dedos y forme bolitas del tamaño de un huevo. Colóquelas sobre la tabla enharinada, cúbralas con un paño limpio y déjelas hasta que doblen su volumen. Fríalo en aceite bien caliente, aunque también los puede hornear. Haga una incisión transversal hasta la mitad del berlín, rellénelo y empolvoreelo con azúcar flor.

Ilustración de Berlines

Receta del día

Berlines

  • 3 tazas de harina
  • 1 octavo de margarina
  • 1 taza de azúcar flor
  • 1 pan de levadura fresca
  • 3 huevos batidos
  • 2 cucharadas de agua ardiente
  • 1/4 kilo de dulce de membrillo, mermelada de damasco, crema de vainilla o manjar (a elección)
  • Aceite para freír
  • Azúcar flor para empolvorear

Preparación

  1. Disuelva la levadura en un tercio de agua tibia con una cucharada de azúcar.
  2. Añada dos cucharadas de harina, revuelva bien y deje tapado en un lugar abrigado hasta que doble su volumen.
  3. Bata la margarina con el azúcar flor.
  4. Agregue la harina alternando con los huevos batidos y el agua ardiente.
  5. Incorpore la levadura mezclando muy bien.
  6. Harine las manos, saque pequeñas cantidades de masa y estírelas.
  7. Forme bolitas del tamaño de un huevo con los dedos.
  8. Colóquelas sobre una tabla enharinada, cúbralas con un paño limpio y deje reposar hasta que doblen su volumen.
  9. Fríalas en aceite bien caliente (o hornéelas).
  10. Haga una incisión transversal hasta la mitad del berlín.
  11. Rellene con el dulce elegido y empolvoree con azúcar flor.

Estudio de la Palabra

Vamos a abrir nuestras Biblias en el libro de Primera de Tesalonicenses, capítulo 2, versículo 3.

1 Tesalonicenses 2:3 — Porque nuestra exhortación no procedió de error ni de impureza, ni fue por engaño.

Vamos a tener unos breves instantes de oración. Amado Dios, le doy muchas gracias por esta oportunidad de poder abrir la Sagrada Escritura. Ruego al Espíritu Santo que traiga a mí la revelación divina de su palabra. Use usted, mi Dios, mis labios y ponga en mí una unción para que su palabra corra y sea glorificada en muchas vidas. Amén y amén.

El título de su palabra es: «¿Cuáles son tus motivaciones?». La palabra de Dios nos dice que nuestra exhortación no procede de error, ni de impureza, ni es con engaño. Como seres humanos, siempre nos encontramos bajo el análisis de los demás, porque todos buscan las motivaciones que alguien pudiera tener para proceder como procede.

Cuesta mucho creer que no existe letra pequeña en el contrato o que lo hacemos por amor al arte. La malicia y la sospecha rondan en la cabeza de muchos, más aún cuando los intereses egoístas se han apoderado de la mayoría. El hecho de llegar a usted con este programa que no le cuesta nada puede aparecer como algo raro.

Sin embargo, existen familias que se han comprometido a dar de sus recursos para que podamos reproducir este y otros programas de radio y televisión. No existe compromiso ni anzuelo; el mensaje es tan importante y urgente que quienes donan creen que el dinero será usado para este fin. A usted no le cuesta, pero en otras radios están continuamente pidiendo a los oyentes. Nuestra idea es que el mensaje de la palabra del Señor llegue a su vida y experimente un cambio.

En tiempos dominados por el partidismo político, se nos llegó a acusar de tener ideas políticas o agencias de inteligencia extranjeras. Pero vive Dios que este programa nunca ha recibido ni un centavo de todo lo anterior. A la gente le resulta raro pensar que alguien solo quiere beneficiar al prójimo, pero eso es lo que no pretende el programa La Voz Pentecostal.

Esa fue la actitud del gran apóstol San Pablo combatiendo en Tesalónica. En Primera de Tesalonicenses capítulo 2, versículos 3 al 6, él habla que lo que hacía era con un deseo sincero de compartir. La acusación contra él fue triple. Primero, el error: el evangelio o es verdadero o es falso, no puede existir compromiso sobre esto. La predicación de la Biblia no puede acomodarse a las circunstancias del momento.

Me hace recordar que al comienzo del programa recibí un llamado telefónico de una persona que hacía artesanía y expondría en una fiesta aquí en Paine. Me pidió que orase por él y dijo que luego retribuiría con ofrendas. Yo le dije: «No, nosotros no recibimos dinero. Le agradezco que me llame pidiendo oración y yo voy a orar por usted, pero usted no tiene compromiso de traer dinero».

El apóstol San Pablo basaba su predicación en la veracidad de su Señor y del mensaje recibido a través de un llamamiento extraordinario, detallado en el libro de los Hechos de los Apóstoles. Sería bueno para su edificación que leyera sobre eso. San Pablo predicaba lo apropiado sin importar si algunos se sentían ofendidos, porque el mensaje verdadero era más importante que las heridas en el orgullo de quienes oían.

El apóstol tuvo esa libertad porque no mezcló el dinero con lo que Dios le mandaba hacer. Él decía: «no me avergüenzo del evangelio porque es poder de Dios», y el poder de Dios no se vende ni se compra. La impureza era el segundo ataque. En el ambiente del decadente imperio romano, la inmoralidad sexual era parte de la cultura. Si los líderes de la sinagoga probaban tal acusación, el ministerio de Pablo pasaría al olvido.

Pero el Espíritu Santo es el que guía al hombre, siempre que este se ponga en sus manos. Pablo seguía las escrituras del Antiguo Testamento y los mandamientos de Jesús, mostrando respeto por ellos. El engaño era la tercera acusación. Sabemos que la manipulación está presente en muchas actividades humanas; alguien podría proponer soluciones que catalogan de milagro basándose en las crisis de la gente.

No ocurrió así con San Pablo. Su enseñanza es con autoridad y poder porque no le pertenece a él. Además, decía las cosas claras para que nadie se llamara a engaño. Jesucristo ya había dicho que en el mundo encontrarían aflicción, por lo que Pablo no podía prometer algo más allá de lo que el Maestro había enseñado.

El apóstol y sus compañeros fueron aprobados por Dios para que se les encomendara el Evangelio. Él aclara que hablaron no para agradar a los hombres, sino a Dios, que examina nuestros corazones. En el versículo 5 dice que nunca fueron con palabras lisonjeras ni con pretextos para lucrar, y que Dios es testigo.

Así como cuestionaron las motivaciones del apóstol hace dos mil años, nosotros le preguntamos hoy: ¿cuáles son las suyas? Todos nos movemos tras metas que a veces se transforman en obsesiones y nos da vergüenza reconocer que esos objetivos no son tan buenos. Es justo que nos cuestionemos y nos preguntemos.

Lo esencial es la urgencia de predicar el Evangelio tal como lo hemos recibido de la Biblia, sujetos a sus normas morales y éticas. Lo exhorto a reexaminar su propia vida y sus motivaciones. Si está en el camino equivocado, deténgase, reflexione y busque la senda segura en Jesucristo, quien dijo: «Yo soy el camino, la verdad y la vida, y nadie viene al Padre sino por mí». Aleluya.

Amado Dios, al terminar su palabra le damos muchas gracias porque usted nos ha hablado de los obstáculos que tuvo el apóstol San Pablo. Sabemos que el Espíritu Santo es el que guía a su iglesia. Su palabra es viva y eficaz, más cortante que toda espada de doble filo, porque discierne nuestros pensamientos y las intenciones del corazón. Gracias por exhortarnos como hijos e hijas amadas. Oro para que su palabra haya sido glorificada en muchas vidas. Amén y amén.

Peticiones de oración

Intercedemos en oración por los enfermos, clamando para que usted se glorifique obrando por misericordia en la vida de nuestros pastores que necesitan ser sanados: el pastor Héctor Arena, el pastor Florindo Márquez, el pastor Samuel Asenjo Riffo, la pastora Norma Martínez y la pastora Mirella Reyes. Oro por nuestro hermano José Silva por sanidad, por Víctor Hugo González por liberación del alcoholismo, por la hermana Teresita Flores, por sus pastores, su vecina y su hija Pamela Larcón Flores por sanidad. Oro por respuesta a la petición de la hermana Laura Senju, por la hermana Nora Senju por sanidad, por el hermano Eduardo González por sanidad a la vista, por la hermana Rosita Veloso por sanidad, por el hijo del hermano Jimmy por sanidad y liberación, por la hermana Ana Vallejos Fernández por sanidad, por la hermana Elena Reyes por sanidad, por Joaco Videla por sanidad, por Débora Videla por sanidad, por el hermano Ignacio Toro por sanidad, por la hermana Pilar González por sanidad, por la hermana Teresita Reyes por sanidad, por el hermano Miguel Torres por sanidad, por Luis Durán Palma por sanidad, por Don Rado Milovich por sanidad, por la hermana María Ibacache por sanidad, por Cristian Barro por sanidad, por el hermano Eliseo Muñoz por sanidad, por el vecino Luis Orellana por sanidad, por el hermano Dagoberto Roa por sanidad, por la hermana Teresa Molina por la familia y restauración del matrimonio, por Alejandro López por sanidad, por Angélica por sanidad y por Iván Calderón por sanidad.

Señor, usted conoce la necesidad de cada uno de ellos. Extienda su mano de poder a esta hora y a aquellos que por fe pusieron la mano en su receptor, imparta sanidad, porque para usted todo es posible. Se lo rogamos, Padre, por los méritos de Jesús, nuestro Salvador. Amén y amén. Gloria a Dios para siempre.

Cierre

Gracias damos a nuestro Dios por su palabra. Estamos llegando al término del programa por hoy, pero quiero agradecerle a usted por haber estado nuevamente en la sintonía. Gracias por habernos preferido. Mañana, Dios mediante, volvemos a encontrarnos a la misma hora y en este mismo punto del dial. Mientras tanto, Dios le bendiga.