La Voz Pentecostal

La superación de la culpa y consejos para el hogar

· 53 min

Usted encontrará reflexiones bíblicas sobre cómo liberarse del sentimiento de culpa a través del arrepentimiento y el perdón divino. Además, el episodio le ofrece consejos prácticos para el cuidado de plantas y la maduración de paltas.

Bienvenida

Bienvenidos, bienvenida nuevamente juntos a través de su programa La Voz Pentecostal. A través de los micrófonos de la radio Abigail dirige el programa su hermana en Cristo, Gladia Romero Toledo. Le doy la bienvenida a la sintonía del matinal en el 106.7 FM.

Este programa está llegando a su hogar con el propósito de bendecir su vida. Le saludo a usted, mi hermano, mi hermana, vecinos, amigos del programa que nos sintonizan a esta hora. Les deseo las más ricas bendiciones de parte de nuestro Dios.

Oración Matinal

Amado Dios, le doy infinitas gracias porque me regala este maravilloso día, porque me da la vida, también la salud y la fuerza, porque me guía, me bendice y llena mi existencia con su hermosa presencia. En lo que ha transcurrido de este día, me siento llena de esperanza y de alegría, dando cada instante lo mejor de mí, haciendo mi trabajo con amor y dedicación, compartiendo siempre con mis hermanos y siguiendo su palabra.

Gracias por escuchar mis oraciones y por todas las cosas maravillosas que me da. Sosténgame con sus manos victoriosas para que no me alcance nada, ni siquiera la envidia ni la prueba, porque sé que usted llena mis días con su alegría y confío que cumplirá su bendita palabra en mi vida.

Gracias por mi familia, por nuestros hermanos y hermanas en Cristo, que son la familia especial, por nuestros amigos y vecinos. En estos momentos tan especiales me pongo en sus manos y le pido que usted esté presente a través del Espíritu Santo en todo momento a través de este programa, porque siempre usted, mi Dios, está conmigo.

Sé que si estoy de pie es porque mi Dios me sostiene. En Él confío y puedo caminar confiada; si caigo, usted me levanta y también me perdona, porque reconozco que soy imperfecta, pero su gracia me sostiene. Reconozco que el sol sale para todos, pero la sombra del Omnipotente es sólo para quien decide estar al abrigo del Altísimo.

Consagro este programa delante de su presencia y pido ser conducida para que sea siempre su voluntad y que yo sea de su agrado. Bendíganos con toda bendición en el nombre de Cristo nuestro Salvador, por el cual podemos declarar cielos abiertos, porque sé que siempre usted abre puertas que están cerradas y de esa forma recibimos todos sus beneficios.

Deseo todo lo bueno y que la paz repose en nuestro país, en nuestra comuna y en cada hogar de la audiencia de este programa. Oro, Señor, por los enfermos, porque sé que a esta hora hay muchos que luchan en una sala de hospital, en una clínica y muchos en sus casas esperando ser sanados por su misericordia que es tan grande. Amado Dios, llene de sanidad las vidas de los que en esta hora están padeciendo cualquier clase de enfermedades.

Gracias porque sus misericordias son nuevas ya en esta mañana y porque cubre usted mis necesidades conforme a sus riquezas en gloria. Gracias, Señor, por el techo que cobijó mi sueño, gracias por el agua, por el vestuario, por el calzado y por el pan que usted pone en mi mesa.

Oro, Señor, por mis hermanos para que usted bendiga sus matrimonios y para que siempre esté la unidad en la familia. Oro por los jóvenes que son presos de tantas adicciones, por los niños para que usted los proteja y les dé su cuidado, por los abuelos y abuelas olvidadas, por la casa de la viuda y del huérfano para que tengan siempre su sustento, y por los presos para que haya apertura de la cárcel.

Oro, Señor, por mis autoridades eclesiásticas, muy en especial por la máxima autoridad de mi iglesia, mi amado obispo Sergio Veloso, y por el honorable directorio de nuestra iglesia. Sé que hay un arduo trabajo en ellos preparando lo que será nuestra conferencia anual.

Oro muy en especial por mi amado obispo Sergio Veloso y por la iglesia en general de Curicó, porque nuestra amada iglesia es la que nos hospeda. Somos hospedados en los hogares de nuestros hermanos y por eso le pido, Señor, que desde ya usted prepare todo, prepare esos hogares y la iglesia en general de Curicó.

Oro también por la bendición que usted imparte cada día en mi obispo emérito Ulises Muñoz Moraga. Oro por todas las autoridades civiles de nuestro país, pero muy especial por la máxima autoridad y los que con él están gobernando, porque pronto ya va a haber un cambio en el gobierno. Ruego por los que salen y por los que entran, porque toda autoridad es puesta por Dios.

Bendiga, Señor, la autoridad más especial de la comuna, porque ellos sostienen en sus manos la bendición que usted les ha puesto para administrar la comuna. Bendiga cada institución de nuestra comuna que hace una labor tan noble, como los asilos de ancianos, bomberos y muy en especial carabineros, porque ellos arriesgan su vida en cada procedimiento.

Pido una especial bendición para la audiencia de este programa, pidiendo siempre, Señor, que usted nos bendiga y que siempre confiemos en el Espíritu Santo, que Él es el que nos dirige y nos guíe. Le rogamos a usted, mi Padre de amor, que reciba toda nuestra alabanza, la honra y la gloria en el nombre de Jesucristo, nuestro eterno y bendito Salvador. Amén y amén.

Pan de Vida

Agradecida del Señor porque nuevamente podemos estar en un nuevo programa, confiando siempre en la dirección de nuestro Dios. Esperamos que este día sea un día de bendición para todos nuestros auditores y auditoras. Ya tenemos con nosotros nuestro pan diario, nuestro pan de vida, a través del libro de Habacuc.

Habacuc 3:18 — Con todo yo me alegraré en el Señor y me gozaré en el Dios de mi salvación.

Dios nos bendice por nuestro pan de vida; siempre su palabra tiene algo especial para nosotros. Hoy tenemos: “del lamento a la alabanza”. Nuestra hermana Mónica oraba fervientemente para que su hijo se volviera a Dios; lloraba por su vida disipada e incluso lo buscaba en las ciudades donde vivía. La situación parecía desesperada, pero un día su hijo tuvo un encuentro radical con Dios y llegó a ser uno de los más grandes teólogos de la iglesia: lo conocemos como Agustín, obispo de Hipona.

“¿Hasta cuándo, oh Señor?”, así son las palabras del profeta Habacuc. Él se lamentaba por la nación del pueblo de Dios ante las autoridades que pervertían la justicia. Piensa en las veces que hemos acudido desesperados a Dios, lamentándonos por las injusticias, los diagnósticos médicos aparentemente sin remedio, las luchas financieras o los hijos que se han alejado de Dios.

Cada vez que Habacuc se lamentaba, Dios oía sus clamores. Mientras esperamos con fe, podemos aprender del profeta a cambiar nuestro lamento en alabanza, porque él dijo: “con todo yo me alegraré en el Señor y me gozaré en el Dios de mi salvación”. Él no entendía los caminos de Dios, como a veces nosotros no entendemos, pero confiaba en su Dios.

Tanto el lamento como la alabanza son expresiones de fe. El lamento porque apela al carácter de Dios, y la alabanza porque se busca en Dios, basándonos en quién es Él. Un día, por su gracia, todo lamento se convertirá en alabanza. Por eso no podemos dejar de glorificar a Dios, de alabar su nombre y decirle: “Jesús, no olvido quién eres y lo que hiciste en mi vida”.

¿De qué te lamentas hoy tú? Hay tantas cosas que a veces nos lamentamos y nos preguntamos cómo podemos convertir esas cosas en alabanza. Dios nos da esa pauta a seguir y nos ayuda a comprender que somos llamados a alabar su nombre, aunque como seres humanos siempre nos estemos lamentando por las cosas que nos suceden a diario.

Salmo 3:3 — Pero tú, oh Señor, eres un escudo que me rodea, eres mi gloria, el que sostiene mi cabeza en alto. Clamé al Señor y él me respondió desde su santo monte.

Esa es la confianza de todo cristiano, fue la confianza del rey David y nosotros también hoy día tenemos esa confianza en el Señor. Podemos repetir nuevamente las mismas palabras: “Pero tú, oh Señor, eres un escudo que me rodea, eres mi gloria, el que sostiene mi cabeza en alto”. Esa es la seguridad de nosotros como creyentes: que clamamos al Señor y Él nos responde.

Consejos para el Hogar

Ahora vamos a hablar de los datos y de los consejos en la rutina diaria de cada dueña de casa. Porque no tan solo cocinamos, también tenemos muchas plantas en nuestros hogares. Si usted ha visto que tiene plantas que están con pestes, le traigo este datito de cómo preparar insecticidas caseros.

Necesita cuatro dientes de ajo. Usted vierte en un recipiente agua, agrega los ajos pelados y los deja reposar por dos días. Utilice este preparativo rociando sus plantas dañadas una o dos veces por la semana. Los insecticidas que compramos son de alto costo, pero esto es muy fácil porque todos tenemos ajo en nuestras casas.

Si desea alejar por completo la plaga, mezcle un poco de canela en polvo en la tierra, en la parte superior.

Le cuento que existe un alimento que es muy versátil: la palta. Pero es difícil de elegir la correcta. Si compra una verde, aprenda cómo madurarla en menos de cinco minutos. La palta tiene dos problemas: se oxida muy rápido, dando el tono negruzco, y elegirla requiere un don que no todos tenemos.

Si sus paltas están duras y le urge prepararlas, hay un truco efectivo. Corte la palta por la mitad, quítele el hueso y envuelva cada mitad con plástico de cocina. Métalas en el microondas por dos minutos a máxima potencia. Espere un par de minutos para que se entibien y deje que le caiga un chorro de agua fría para que se enfríen antes de utilizarla.

Si no tiene microondas, puede hacerlo en el horno convencional, pero llevará más tiempo. Envuelva la palta entera en papel de aluminio y hornee por 10 minutos a 100 grados centígrados. Verifique si ya está suave; si no, deje hasta completar los 10 minutos o más tiempo si continúa verde. Recuerde nunca comer palta enojado, porque le hace daño.

Otro consejo para madurar y conservar las paltas es colocarlas en un lugar cálido, cerca del sol, pero sin exceder la exposición. Si están verdes, envuélvalas en papel de periódico y guárdelas cerca de manzanas o plátanos, que son frutas que maduran rápido gracias al gas etileno. También puede ponerlas en una bolsa de papel con un plátano o una manzana.

Para conservarla, guárdela en el refrigerador con el hueso y cubierta con la cáscara. También puede guardar la mitad de la palta rociándola con jugo de limón y envolviendo en papel film, o rociándola con aceite de oliva.

La palta es rica en proteína vegetal, potasio y grasas monoinsaturadas, con una cantidad importante de ácido oleico. Contiene vitaminas del grupo B, que ayudan al sistema nervioso, y vitamina E, que es un antioxidante. Es un aliado de su corazón y ayuda a controlar los niveles de colesterol malo si tiene sobrepeso u obesidad.

Y por último, un dato con los plátanos: cuando usted esté triste, coma un plátano, pues esta fruta libera una hormona llamada dopamina que lo dejará más tranquilo y feliz. Si está enojado o triste, sírvase un plátano.

Sugerencia de Cocina

Hoy vamos a hacer unos confites de coco para los niños que están en el hogar. Llevan poco tiempo: 10 minutos de preparación y 15 de cocción. Salen de 10 a 25 confites.

Necesitamos 300 gramos de coco rallado, un tarro de leche condensada y una clara de huevo. Para la preparación: separe dos cucharadas de coco. Bata las claras hasta que estén firmes, agregue la leche sin dejar de batir y, por último, agregue el coco rallado.

Siga revolviendo con una cuchara de madera hasta que esté todo unido. Coloque los montoncitos en la lata del horno levemente enmantequillada y cueza en horno suave durante 15 minutos. Son rapiditos y con pocos ingredientes al alcance de cada uno.

Ilustración de Confites de coco

Receta del día

Confites de coco

  • 300 gramos de coco rallado
  • 1 tarro de leche condensada
  • 1 clara de huevo

Preparación

  1. Separe dos cucharadas de coco rallado para decorar o reservar.
  2. Bata las claras de huevo hasta que estén firmes.
  3. Agregue la leche condensada sin dejar de batir.
  4. Incorpore el coco rallado y revuelva con una cuchara de madera hasta que la mezcla esté unida.
  5. Coloque pequeñas porciones de la mezcla en una lata de horno levemente enmantequillada.
  6. Cueza en horno suave durante 15 minutos.

Lectura de la Palabra

Vamos a abrir nuestras Biblias para leer la poderosa Palabra de nuestro Dios en el libro de Romanos, capítulo 7.

Romanos 7:14 — No hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago.

Romanos 7:24 — Miserable de mí, ¿quién me librará de este cuerpo de muerte?

Oración por revelación

Amado Dios, tenemos con nosotros su palabra leída. Oro, Señor, pidiendo que la revelación de su palabra venga a mí a través del Espíritu Santo. Tome dominio y tome el control de mi vida. Amén.

Necesito, Señor, que usted me unja con una unción especial para que su palabra corra y sea glorificada en muchas vidas. Derrame sobre mí su bendición especial que solo usted imparte en nuestra vida por el Espíritu Santo. Se lo ruego, Padre, en el nombre de Cristo Jesús, mi Salvador. Amén y amén. Gloria a Dios para siempre.

La culpa y cómo liberarnos de ella

El título de su palabra es: la culpa y cómo liberarnos de ella. A veces no tenemos claro por qué o cómo se origina esto, pero está ahí y aparentemente no podemos deshacernos de esta realidad.

Nos referimos a dos tipos de sentimientos de culpa que atormentan a las personas. Una es la que podríamos llamar culpa irreal o culpa falsa, como la que experimentaba María, la menor entre tres hermanas.

Sus padres eran profesionales y esperaban los mejores resultados de sus hijos. Quizás porque ellos mismos habían alcanzado todas sus metas, no eran capaces de reconocer los logros de ella según sus propias posibilidades y limitaciones.

Esto creó un sentimiento de culpa que la perseguía aun cuando trataba de criar a sus hijos de una manera distinta. En el caso de María, la culpa no era real, ya que ella no cometió ningún delito; siempre trató de utilizar sus dones de la mejor manera posible. Solo fueron sus padres los que fallaron al no reconocer lo que ella hacía.

A través del proceso de consejería pastoral, María descubrió que gran parte de ese sentimiento se debía a las críticas y castigos que recibió cuando niña. Esa mujer se sentía indigna y creía que merecía el castigo. Como consecuencia, María no era capaz de aceptar el perdón de Dios por sus pecados; sus sentimientos de culpa eran un intento de castigarse a sí misma.

La culpa real y su origen

Pero existe también el sentimiento de culpa real, aquel que se presenta como consecuencia de acciones del pasado. Así le sucedió a Juan Pablo, de 25 años, hijo de una familia que asistía a la iglesia ocasionalmente.

La moral de su familia calzaba en los términos acostumbrados para aquellas personas que hacen lo mismo que las demás y evitan las cosas malas solo cuando hay testigos. Juan no sabía cómo enfrentar los sentimientos encontrados que le asaltaban.

Pidió ayuda pastoral y confesó que durante su adolescencia se había visto envuelto en situaciones ilegales. Por ilegal, él se refería a situaciones en las que había ido contra las leyes de Dios y de los hombres, aunque nunca había sido arrestado por la policía.

La Nueva Enciclopedia del Conocimiento Religioso define la culpa como el estado que resulta de la violación de la ley. Originalmente, la palabra para culpa significa una deuda, y de ahí la responsabilidad por una deuda. Después derivó a la idea del crimen y del estado de una persona que ha violado la costumbre o la ley y está sujeta a un castigo.

La ley moral de Dios

Nos preguntamos: ¿de qué manera una persona puede construir su vida y aprovechar el máximo de su potencial humano cuando carga sobre sí el peso de la culpa en todo instante? El sentimiento de culpa es universal y proviene del marco de referencia en el cual el hombre fue creado originalmente.

Ese marco es la ley moral de Dios, que demanda de todas sus criaturas que observen los mandamientos. Como puso un conocido periodista, los mandamientos fueron dados como mandamientos, no como opciones para el hombre y la mujer.

Cuando nuestros primeros padres pecaron, la esencia de su pecado consistió en desobedecer a Dios. Cuando Adán y Eva decidieron desobedecer, además de la maldad de su acción, traspasaron a sus descendientes el sentimiento de culpa.

Sabían intelectualmente lo que era bueno, pero comprobaron en la práctica la falta de capacidad de los seres humanos para cumplir esos mandamientos. Por eso el Nuevo Testamento afirma que no hay justo, ni siquiera uno. No hemos cumplido las normas de vida establecidas por el Creador y el pecado nos ha separado de Él.

El miedo al castigo y la falsa solución

A menudo, el sentido de pecado lleva la expectación de que Dios se tomará la venganza para quedar a mano. Este fue el caso de una esposa que vino a vernos y me comunicó que se estaba separando de su esposo.

A simple vista parecía que el conflicto era que ella no quería tener un hijo, pero finalmente confesó la razón: antes de su matrimonio había tenido una aventura amorosa con un hombre casado, quedó embarazada y abortó.

Más tarde entregó su vida a Cristo y se casó con un hombre cristiano, pero se sentía tan culpable de su pasado que tenía miedo de que, si tenía un hijo, Dios la castigara permitiendo que algo malo le ocurriera a la criatura.

Ella estaba sufriendo innecesariamente por un complejo de culpa. Pensaba que, porque había destruido a un bebé concebido en el pecado, tendría que pagar su culpa perdiendo al hijo que deseaba o dando a luz un niño anormal.

Este sentimiento hace que muchas personas busquen ayuda en la fuente equivocada: psicólogos, amigos, consejeros, adivinos o hechiceros. Otros tratan de olvidar a través de actividades o sustancias adictivas como el alcohol o las drogas, pero es solo cuestión de tiempo para que la conciencia recuerde que la deuda no ha sido pagada.

El camino del arrepentimiento

La palabra arrepentimiento casi siempre la asociamos con algo religioso. Pero el arrepentimiento debe tener un primer uso en cuanto a nuestra relación con Dios. Cuando nos volvemos a Dios, debemos estar seguros de que es por completo.

Debemos tener muy claro que los únicos pecados que Dios no perdona son los que no se confiesan ante Él. La primera carta del apóstol Juan afirma que si confesamos nuestros pecados, Dios es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad.

Cuando nos arrepentimos, declaramos el pecado ante Él y pedimos su perdón. Pero si esos pecados envuelven a otras personas a las que hemos hecho daño, la confesión debe extenderse también a la persona ofendida. Santiago, el hermano del Señor, nos exhorta a confesar nuestras ofensas los unos a los otros.

Esa es la única forma de comenzar el proceso del arrepentimiento y liberarnos de los sentimientos de culpa. Las escuelas de psicología pretenden que la culpa no existe o que debemos librarnos de ella mediante la negación. La Biblia, por el contrario, reconoce la culpa, explica su origen y provee la solución única porque proviene de la mente del Creador.

La solución divina

La solución cristiana parece simple, pero no pierde profundidad porque Dios no ignora la gravedad ni la trascendencia del pecado. Precisamente porque el pecado es tan grande, se hizo necesaria la venida a este mundo del mismo Hijo de Dios.

Es solo cuando la persona llega a ver la profundidad de su pecado que puede ver también la gran necesidad que tiene de la salvación a través del método divino. Mucha gente dice: ‘Yo sé lo que necesito hacer y quiero hacerlo, pero no puedo’.

Todos experimentamos ese sentido amargo del fracaso y de la autosuficiencia. Séneca confesó que toda su vida estuvo buscando subir de la cisterna de sus pecados y que no podría hacerlo a menos que una mano se extendiera hacia él y lo levantara.

Agustín expresó el problema diciendo cuántas veces azotó su voluntad gritando ‘salta ahora’, y aunque casi lo hacía, algo lo retenía. Pero el lamento más célebre es el del apóstol Pablo, quien declara que el querer el bien está en él, pero no el hacerlo.

¿Podemos realmente cambiar? ¿O lo mejor que podemos esperar es cometer pecado, sentir culpa, arrepentirnos y volver a pecar? Muchas personas cargan hoy con su culpa porque les parece imposible que el Creador haya pensado en la solución para el problema del pecado.

No conocemos una mejor solución excepto la que Dios planeó. Ya es tiempo que deje de luchar en una batalla en la que tiene todo que perder. Descubra a través de la revelación divina el mensaje bueno y justo del Ser Supremo para usted.

Oración final y peticiones

Amado Dios, concluimos con su palabra y nos hemos llenado de gozo porque usted nos ha hablado. Gracias por esta misericordia tan grande, porque sigue dándonos el remedio para poder hacer lo mejor. Que su palabra nos incite y nos anime a tener esperanza para superar este problema de culpa que todos atravesamos.

No hay nadie que pueda solucionarlo aparte de confiar en nuestro Dios Altísimo. Dios nos levanta porque esa es la bendición que recibimos; solamente en Él y en el camino que trazó podemos ser libres. Conociéndolo a Él tenemos todo problema solucionado porque Él es la fuente del socorro oportuno que se manifiesta en la persona de su Hijo, nuestro amado Salvador.

Gracias, Señor, porque usted es bueno, su misericordia es para siempre y no se ha olvidado de nosotros. Recibimos esta palabra como hijos amados. Ayúdenos, Señor, porque sin usted nada podemos hacer.

Agradecemos por su palabra y oramos dirigiendo nuestro clamor por los hermanos y hermanas enfermas, y por los pastores y pastoras que están enfermos, pidiendo que usted se glorifique en sanidad divina. Oramos por la pastora Norma Martínez de Renca, la pastora Mireia Reyes de Vallenar, el pastor Héctor Arena de Granero, el pastor Florindo Márquez de El Monte y el pastor Samuel Asenjo Riffo, un joven pastor enviado al sur que fue operado, para que tenga una pronta recuperación.

Oramos por sanidad por nuestro hermano José Silva, por nuestro hermano José David Videla pidiendo un milagro que lo ponga de pie, por nuestra hermana Teresita Flores, por sus pastores, por su vecina y por su hija Pamela Rarcon Flores. Oro por respuesta a la petición de mi hermana Laura Senjo y por sanidad para la hermana Nora Asenjo.

Oro por sanidad por mi hermano Eduardo González, por el hijo de mi hermano Jimmy pidiendo sanidad y liberación, por mi hermana Rosita Veloso, por mi hermana Ana Vallejo Fernández, por mi hermana Elena Reyes y por su esposo Joaco Videla y su hija Débora Videla.

Oramos por sanidad por nuestro hermano Ignacio Toro, nuestra hermana Pilar González, mi hermana Teresita Reyes, mi hermano Miguel Torres, Luis Durán Palma, Don Rado Milovich, mi hermana María Iba Cache, Cristian Barro, mi hermano Eliseo Muñoz, mi vecino Luis Orellana, mi hermano Dagoberto Roa, Alejandro López, Angélica e Iván Calderón.

También oramos por el hijo de mi hermana Anita, que tiene un problema porque quieren quitarle sus hijos; Señor, oramos para que usted sea con este joven para que no pierda a sus hijos. Usted es el que cura hasta las heridas del alma. Pedimos que su voluntad por sobre todas las cosas sea hecha. Se lo rogamos, Padre, en el nombre de Cristo Jesús nuestro Salvador. Amén y amén. Gloria a Dios para siempre.