La Voz Pentecostal

Reflexiones sobre la humildad y la esperanza cristiana

· 57 min

Gladia Romero Toledo conduce un espacio de oración y meditación basado en las Sagradas Escrituras. Usted encontrará consejos prácticos para el hogar y una reflexión sobre el ejemplo de servicio de Jesucristo.

Bienvenida y Oración Inicial

Escucha, auditor, la voz del Salvador que hoy te llama a ti. ¿No quieres tú venir? Escucha la voz del Salvador, que a tu alma traerá salvación. Bienvenidos nuevamente juntos a través de su programa La Voz Pentecostal, por los micrófonos de la radio Abigail. Dirige este programa su hermana en Cristo, Gladia Romero Toledo, y le doy la bienvenida a la sintonía del matinal en el 106.7 FM.

Este programa está llegando a su hogar con el propósito de bendecir su vida. Les saludo a usted, mi hermano, mi hermana, vecinos y amigos que nos sintonizan a esta hora. Les deseo las más ricas bendiciones de parte de nuestro Dios. Cada día comenzamos el programa orando, poniéndonos en las buenas manos de nuestro Señor.

Amado Dios, mi fiel amigo, mi constante compañía: en esta mañana le doy gracias por concederme la oportunidad de vivir un día más bajo su cuidado, su luz y su bendición. Hoy, al comenzar este día, ya he sido parte de su misericordia, porque sus misericordias se renuevan cada mañana. Le agradezco por todas las maravillas que usted hace por mí.

Me pongo en sus manos, orando para que usted me llene de fe y esperanza, y alumbre mi andar en esta vida humana que usted nos permite existir. Gracias por mi familia, por acompañarme en todo momento; celebro, Padre, su ayuda porque encuentro en usted la fuerza para construir la paz. Despierte en mí corazones solidarios y en todos nuestros auditores mentes y oídos abiertos para escuchar su palabra permanentemente y hacerla carne en nuestro pueblo.

Sosténganos en momentos difíciles para no caer en la mentira ni en la falsedad, proclamando siempre la libertad con que Cristo nos ha hecho libres. Cada día nos levantamos y en nuestros hogares está la bendición de un hogar feliz. Gracias porque usted está en todas partes: en los lugares de trabajo de nuestros hermanos, en los jóvenes y señoritas en sus estudios, en los niños y en esta comuna donde vivimos. Siempre es necesario que, como hijos, levantemos un altar a su nombre.

Peticiones de Oración

Oro, Señor, por los enfermos, porque sé que en estos precisos momentos hay muchos que luchan en una sala de hospital, en una clínica o en sus casas. Tóqueles, mi Señor, con su poder sanador; manifieste su poder y su gloria en medio de la aflicción de sus hijos e hijas. Oro por los matrimonios y por la unidad de la familia, porque usted bendijo el santo estado del matrimonio aun cuando el hombre guardaba su inocencia.

Oro por los jóvenes que son presos de tantas adicciones y por los que no son tan jóvenes. Oro por los niños para que usted les dé su protección y cuidado, ya que muchos no están yendo a sus respectivos colegios y quedan solos mientras sus padres trabajan. Señor, cuide esos niños y líbreles de todo peligro.

Oro por tantos abuelos y abuelas olvidadas; solo usted, mi Señor, es quien pone en los hijos el deseo de visitar a sus padres y en los nietos visitar a sus abuelos. Oro para que haya siempre sustento en la casa de la viuda y del huérfano, y oro por la apertura de los presos de la cárcel.

Oro por mis autoridades eclesiásticas, muy en especial por la máxima autoridad de mi iglesia, mi amado obispo Sergio Veloso, y por el honorable directorio. Deseo con todo mi corazón que usted les dé una clara dirección para seguir desarrollando la labor que les ha encomendado. Bendiga, mi Señor, a cada uno de nuestros auditores y auditoras de este programa; para ellos pido una especial bendición.

Oro para que usted bendiga las autoridades civiles de nuestro país, muy en especial la máxima autoridad y los que con él están gobernando. Bendiga sus vidas en estos meses que restan de gobierno. Bendigo también a las autoridades de mi comuna y pido por ellos una especial bendición. Que usted los use, porque usted es el que pone en nosotros el querer como el hacer; que sientan el llamado que les ha puesto esta comuna en sus manos y los dote de la visión perfecta para ver las necesidades de nuestra zona.

Oro por toda autoridad de beneficencia, por bomberos y por carabineros, institución que arriesga su vida en cada procedimiento. Confiamos grandemente que la bendición suya fluya a través de este programa. Reciba usted toda la honra, la gloria y la alabanza en el nombre que es por sobre todo nombre: Jesucristo, nuestro Salvador.

Gratitud por la Salvación

¿Cómo no exaltar su nombre, alabarle y rendirle tributo de alabanza si usted nos ha dado lo más grande, habiéndonos dado a Jesucristo nuestro Salvador? A través de él hemos sido salvos. Gracias porque estábamos perdidos en delitos y pecados y él nos encontró. Gracias, Padre de amor, por este amor tan grande, por esta humanidad y por habernos dado a nuestro Señor y Salvador Jesucristo.

Gracias, Dios Altísimo, se lo doy con todo mi corazón por esta bendición tan grande que recibimos al vivir siempre en la cobertura de su Hijo. Pido al Espíritu Santo que esté guiándonos y dirigiéndonos mientras comenzamos y terminamos este programa. Que su bendición y su presencia estén en nosotros para la gloria de su nombre. Amén y amén. ¡Gloria a Dios para siempre!

El Pan de Vida: Meditación Post-Navidad

Damos muchas gracias al Señor por estar juntos nuevamente en este día tan especial, porque es el día que hizo el Señor; lo hizo para usted y para mí. Vamos adelante sabiendo que la bendición fluye en nuestra vida a través de la presencia poderosa del Espíritu Santo. Comenzamos este programa con nuestro pan de vida, leyendo el Santo Evangelio según San Lucas.

Lucas 2:19 — Pero María guardaba todas estas cosas meditándolas en su corazón.

Este es un título muy especial para nuestro pan de vida, ya que han pasado algunos días desde la Navidad. A veces, el día siguiente a la Navidad parece anticlimático. Nos habíamos quedado hasta tarde, nos dormimos bien, o quizás nos pasó como a mí, que el auto se averió volviendo a casa y tuvimos que tomar un taxi con una sensación de desencanto. No somos los únicos que nos sentimos así, ya sea por comer en exceso, porque ya no se escuchan villancicos o porque los regalos que compramos ahora están a mitad de precio. Es la magia de la Navidad para desaparecer rápidamente.

La Biblia nunca habla del día después del nacimiento de Jesús, pero podemos imaginar que, después de caminar a Belén, la lucha por encontrar alojamiento, el dolor del parto y recibir a los pastores, María y José estaban exhaustos. Sin embargo, mientras María acunaba a su recién nacido, meditaba en la vista angelical, en la bendición de Elizabeth y en la comprensión del destino de su bebé. María meditaba estas cosas en su corazón, lo cual seguramente alivió el cansancio de aquel día.

Todos tenemos días anticlimáticos. Al igual que María, los enfrentamos meditando en aquel que vino a nuestro mundo para iluminar para siempre con su presencia. Cuando comprendemos esto, podemos decirle al Señor en oración: «Jesús, te alabo por entrar a nuestro oscuro mundo, iluminando para siempre mi día». A veces, después de la Navidad, uno es propenso a sentir un bajón después de un subidón.

La Promesa del Regreso de Cristo

¿Cómo podemos meditar hoy en todo lo que Jesús trajo al mundo? Seguimos pensando que un día hubo una promesa. En el libro de Miqueas, capítulo 5, versículo 2, miles de años antes, el profeta predijo: «Pero tú, Belén Efrata… de ti me saldrá el que será el Señor de Israel». Mire cómo la Biblia predijo acertadamente la primera venida de Jesús.

También promete su regreso. En Hechos 1:11, Jesús prometió a sus primeros seguidores que volvería a buscarlos. Esta Navidad, mientras meditamos en las predicciones del nacimiento, también podemos considerar su regreso prometido y prepararnos para ese momento majestuoso en que le veremos cara a cara. Debemos agradecer de antemano: «Padre, gracias por enviar a Jesús a rescatar y a redimir; gracias porque sé que regresará a buscarme».

¿Usted tiene esa seguridad? ¿Está preparado para ese segundo acontecimiento? Tenemos que meditar en esto en estos días que se aproximan, culminando un año. Si Jesús en su misericordia nos da la bendición de recibir un nuevo año, hagamos un compromiso de hacer lo que no hicimos hoy. Hagamos un examen de nosotros mismos y un recorrido por todo lo que fue este año.

Dígame usted, ¿qué haría si en el preciso momento de recibir el nuevo año viniera el Señor? No sabemos cuándo, pero él regresa por su iglesia. Estos días son momentos para reflexionar con sabiduría. Pensemos en lo que no hicimos y que el Señor quería que hiciéramos. Por ejemplo, ¿cuántas veces nos quedamos este año sin asistir a los cultos? ¿Qué es lo que objetamos de los momentos que el Señor nos da para estar juntos y en armonía?

Por ejemplo, los domingos a las tres de la tarde se realiza una escuela donde aprendemos los mandamientos de Dios, pero muchos dicen que es solo para niños. Es un punto de reflexión: ¿por qué hemos dejado todo el año de aprender? Es momento de prometerle al Señor —no al pastor ni a nadie, sino al Señor—: «Yo, Señor, voy a ir el día martes y el día jueves; ayúdeme para este nuevo año a aprovechar los días que usted me da».

María tuvo un momento de reflexión y la palabra dice que guardaba todas esas cosas meditándolas en su corazón. Meditemos nosotros ahora en estos días que quedan. La vida está escondida en Cristo Jesús, así que aprovechemos para pensar qué queremos hacer mejor. Yo le hago el desafío a que se detenga en sus quehaceres y preocupaciones para reflexionar en silencio. El Señor le ayudará a renovar su compromiso con él. A veces le fallamos a la gente, pero medite que a quien le fallamos es al Señor, la persona más importante de esta vida.

Datos y Consejos para el Hogar

Vamos adelante con los datitos y consejos que nos sirven para el día a día, buscando soluciones para problemitas pequeños. Por ejemplo, ¿se ha preguntado para qué usar sal? Es excelente para la picazón y ardor causado por picaduras de abejas. También es recomendable para apagar una llama causada por aceite u otras grasas.

También se puede esparcir sal en la base de la bolsa de la basura o dentro del horno, ya que tiene la capacidad de absorber la humedad y los malos olores. Por último, coloque un puñado de sal en un vaso con agua y agregue un huevo crudo: si el huevo flota, no es comestible; si se va al fondo, puede ocuparlo con toda confianza porque está fresco.

Mi abuela decía que había que poner sal en la puerta como repelente para las hormigas. De hecho, el cloruro de sodio, su componente principal, hace que las hormigas se escapen y elimina sus nidos molestos.

Para quitar manchas de grasa de la ropa, utilice bicarbonato de sodio (que es un quita mancha natural) y champú. Esparza la mezcla, deje actuar unos minutos y frote con un cepillo de dientes de cerdas suaves que ya no ocupe. Luego enjuague y lave como de costumbre. Para ropa de color, reemplace el champú por lavaloza.

Si la mancha de grasa es muy reciente, la harina cruda es eficaz para sacar el exceso. Cubra la mancha por completo con harina, deje actuar varios momentos, retire el excedente y luego ponga jabón o lavaloza por 15 minutos antes de lavar la prenda.

Receta: Pollo al Vino

La sugerencia hoy para la dueña de casa es un pollo al vino. La preparación toma 45 minutos y la cocción 30 minutos. Los ingredientes para 8 personas son: un pollo, dos tazas de vino blanco, tres cucharadas de cebolla, tres tajadas de tocino, una cucharada de perejil, dos cucharadas de harina, tres cucharadas de aceite, sal y pimienta.

Primero, lave el pollo, séquelo con un paño, trócelo y revuélquelo en harina. Colóquelo en una cacerola con dos cucharadas de aceite y dore las presas. Aparte, pique la cebolla en cuadritos y fríala en una cucharada de aceite junto con el perejil y el tocino picado finamente.

Junte la cebolla con las presas de pollo, agregue el vino blanco y deje hervir la olla tapada a fuego lento durante 20 minutos. Una vez cocido el pollo, retire las presas y cuele el caldo resultante. Sirva el pollo caliente, vierta sobre él la salsa colada y acompáñelo con arroz graneado o papas rebanadas.

Ilustración de Pollo al vino

Receta del día

Pollo al vino

  • 1 pollo
  • 2 tazas de vino blanco
  • 3 cucharadas de cebolla
  • 3 tajadas de tocino
  • 1 cucharada de perejil
  • 2 cucharadas de harina
  • 3 cucharadas de aceite
  • sal
  • pimienta

Preparación

  1. Lave el pollo y séquelo con un paño.
  2. Troce el pollo y revuélquelo en harina.
  3. Dore las presas de pollo en una cacerola con dos cucharadas de aceite.
  4. Pique la cebolla en cuadritos y fríala aparte en una cucharada de aceite junto con el perejil y el tocino picado finamente.
  5. Junte la cebolla con las presas de pollo.
  6. Agregue el vino blanco y deje hervir la olla tapada a fuego lento durante 20 minutos.
  7. Retire las presas una vez cocidas y cuele el caldo resultante de la cocción.
  8. Sirva el pollo caliente, vierta la salsa colada sobre él y acompañe con arroz graneado o papas rebanadas.

Lectura de la Palabra

Vamos a abrir nuestras Biblias para leer la poderosa palabra de nuestro Dios en el Santo Evangelio según San Juan, capítulo 13, versículo 15. Leo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Juan 13:15 — Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis.

Dios nos bendice por la lectura de su palabra. Vamos a tener unos breves instantes de oración.

Amado Dios, le doy muchas gracias porque nos da el privilegio de abrir las sagradas escrituras para tener con nosotros ya su palabra para este mensaje que hoy usted nos permite tener. Oro, Señor, para que el Espíritu Santo traiga a mí la revelación divina de su palabra.

Pido, mi Señor, que usted use mis labios, que usted esté en el control de mi vida y ponga en mí una unción especial para administrar su palabra, para que su palabra corra y sea glorificada en muchas vidas. Y yo se lo ruego, Padre, en el nombre de Cristo Jesús. Amén y Amén. Gloria a Dios para siempre.

Ejemplo de Humildad

El título de su palabra es “Ejemplo de Humildad”. Al decir de muchos comentaristas, la larga sección del Evangelio según San Juan que comienza en el capítulo 13 y se extiende hasta el capítulo 17, es con mucha probabilidad la sección de instrucciones religiosas mejor conocida y quizás también la más amada de las que han sido dadas alguna vez a un líder religioso.

Pero no se trata solo de enseñanza. Se encuentran también aquellos ejemplos que tienen como modelo esencial la figura y el ministerio que conocemos como la pasión de nuestro Señor Jesucristo.

Es así entonces como el capítulo 13 comienza con esa increíble muestra de humildad con que Jesús quiere demostrarle a sus discípulos, precisamente a través de su ejemplo, hasta dónde ellos también deben llegar.

Juan 13:5 — Luego echó agua en una vasija y comenzó a lavarle los pies a sus discípulos y a secarlos con la toalla que llevaba a la cintura.

Esta práctica de lavarle los pies a las personas era un gesto de cortesía que en todas las casas se hacía con las visitas, pero eran los sirvientes que trabajaban en la casa los que tenían que cumplir este deber de humildad.

De allí la reacción asombrada e incrédula de Pedro, que quiere oponerse a esto que su maestro está haciendo y se lo dice de la manera en que Pedro acostumbraba hacerlo: «Señor, tú me vas a lavar los pies a mí». Jesús respondió: «Ahora no entiendes lo que estoy haciendo, pero lo entenderás más tarde». Pero Pedro protestó: «Jamás me lavarás los pies».

Podemos ponernos en el lugar de Pedro y entenderlo perfectamente. Había estado al lado del Señor por mucho tiempo, le había visto hacer milagros increíbles, había escuchado de sus labios las enseñanzas trascendentales que cambiarían el mundo y había sido testigo del poder de Dios obrando a través del Maestro. No podía aceptar que fuera precisamente Jesús quien se rebajara a lavarle los pies.

Como sucede muchas veces, Pedro no había entendido, y dudo que los demás discípulos lo hubieran entendido tampoco. No se trataba de una mera tradición o gesto de cortesía, porque el mismo Jesucristo lo aclara en los siguientes versículos.

Juan 13:12-15 — Entiendan lo que he hecho. Ustedes me llaman Maestro y Señor, y con razón, porque lo soy. Ahora que yo, su Señor y Maestro, les he lavado los pies, también ustedes deben lavarse los pies unos a otros. Les he dado ejemplo, para que hagan lo mismo que yo he hecho con ustedes.

Qué grande es su palabra, porque ha quedado escrita para nosotros en estos tiempos. Tomando tal modelo al pie de la letra, algunos grupos religiosos practican aún hoy el lavado de los pies en un tipo de ceremonia imponente que lo menos que tiene son rasgos de humildad.

No, Jesús quería precisamente ilustrar la idea de la humildad, así como del servicio que los discípulos de Jesucristo deberían tener y debían practicar. Escuchó bien: así como de servicio.

A la primera negativa de Pedro, Jesús le responde: «Si no te lavo, no tienes parte conmigo». Y como Pedro no podía ser menos el discípulo, exclama a continuación: «Entonces Señor, no solo los pies, sino las manos y la cabeza también». Pero Jesús le dice que no es necesario, que él ya se ha bañado y solo necesita lavarse los pies, ya que todo su cuerpo está limpio.

Jesús señala entonces que ese lavamiento que Él le hace simboliza también la limpieza que Él ha obrado con estos hombres y que será completada a través de su sacrificio, como lo leemos en los capítulos siguientes. El sacrificio es completo y perfecto.

Por lo tanto, aquel que se ha beneficiado de tal sacrificio no necesita recurrir a otro tipo de lavamiento para obtener la salvación. Jesús se da cuenta de que los discípulos no entienden estas cosas, por eso les declara que después de algún tiempo lo podrían entender.

A nosotros nos llama la atención que algunos grupos cristianos no entiendan este pasaje y continúen practicando el lavamiento de los pies como si se tratara de una especie de costumbre o de tradición que, en muchos sentidos, carece de significado. Pero la tradición continúa en ciertas fechas determinadas a las que se les da toda la publicidad posible.

En ese lavamiento que simboliza tanto, hay un discípulo que no participa: Judas Iscariote, de triste recuerdo en los analales cristianos. Discípulo al comienzo, pero traidor al final.

Es posible que hubiera recibido también el lavamiento simbólico, que en su caso no simbolizaba absolutamente nada porque él mismo había decidido aislarse de este grupo de discípulos. Trató de racionalizar todas las enseñanzas del maestro hasta imponer sus propios puntos de vista.

El versículo 2 es muy claro acerca de la condición en que se encontraba Judas: ese día estaba sirviendo la cena y el diablo ya había incitado a Judas Iscariote, hijo de Simón, a traicionar a Jesús.

Judas nunca tendría la oportunidad de poner en práctica las enseñanzas de esos hechos que simbolizaba Jesús. No sabía de humildad, sino que, por el contrario, la vanidad, la soberbia y el orgullo habían dominado su corazón, llevándolo a cometer uno de los actos más infames que recuerde la historia: la traición a su propio maestro.

Pero así como la vida continúa y la historia tiene que seguir, también Jesús, a pesar de que se angustia, sigue adelante con su misión, mostrándoles el ejemplo de la vida, la manera en que él quiere que sus discípulos vivan y se comporten, dejándoles toda una serie de enseñanzas que ellos atesorarían, pues lo habían dejado todo por seguir y servir a su maestro.

La humildad que debe caracterizar a los cristianos proviene del hecho de que la fe que tenemos y las promesas que son nuestras se basan en lo que Jesucristo nos ha dejado y nos ha enseñado. El lavamiento de los pies, por lo tanto, no era sino simbolizar la humildad de aquellos que lo han recibido todo de pura gracia, sin aportar absolutamente nada.

Así es la salvación de Dios. Nos ofrece en su misericordia al ser humano y no le cuesta absolutamente nada; a Dios le ha costado mucho el sacrificio y la muerte de su hijo unigénito. Amén.

Cuando se llega a ese punto, cada uno de nosotros debe reconocer que no es capaz de enmendar este camino establecido por el Creador mismo o de proponer senderos nuevos. Es posible que tus faltas y pecados se parezcan demasiado grandes como para ser simplemente perdonado sin tener que hacer absolutamente nada a cambio.

Pero ese es el genio del cristianismo, ese es precisamente el toque de Dios, mostrándole a los hombres su incapacidad para agradar a un Dios que está ofendido y que no puede tener tratos con el mal. El ser humano ha caído y se ha sumergido en el pecado, no tiene posibilidad alguna de hacer algo que sea justo y grato a los ojos de Dios.

No vas a ganar la salvación adoptando una postura de humildad. Vas a ser humilde cuando hayas entregado tu vida a Dios y hayas pedido perdón por tus pecados. Es en ese orden cómo las personas aprenden a ser humildes; de otra manera es imposible.

Juan, el apóstol del amor, no solo fue testigo de los milagros y hechos increíbles de nuestro Señor Jesucristo y registró sus enseñanzas precisas, sino que además nos trajo ejemplos de esta misericordia llevada a la práctica. Nunca debemos confundir el perdón con el popular «bonachón» y «cuenta nueva».

El perdón de Dios se basa en la obra perfecta de Cristo hecha en favor de lo suyo en la cruz del Calvario. Gloria a Dios. Para que tú pudieras tener la vida, hubo alguien que tuvo que morir en tu lugar. La verdad básica del cristianismo es que para que uno pudiera vivir, otro tuvo que ocupar su lugar y morir por los pecados del primero.

La sustitución que Jesucristo llevó a cabo es lo que permite disfrutar de la nueva vida a aquellos que se arrepienten. Damos gracias a nuestro Dios por su palabra.

Oración Final y Peticiones

Amado Dios, agradecemos Señor cuán grande amor nos ha dado el Padre, que seamos llamados hijos de Dios. Es difícil de comprender para el hombre natural, porque el hombre natural no le ha visto ni le ha conocido. Pero un día el Señor sacó esta venda de tiniebla que había en nuestros ojos y hoy día podemos ver como espejo en claridad, porque vemos clarito la mano poderosa de nuestro Señor y Salvador Jesucristo haciendo de nosotros nuevas criaturas salvadas, redimidas y perdonadas por su preciosa sangre derramada en el calvario de la cruz.

Damos gracias Señor por su palabra, porque ella es la bendición más grande que pudiéramos tener para este día. Ayúdenos Señor ahora a ser humildes con este ejemplo que usted nos da hoy de haberle lavado los pies a su discípulo que anduvieron junto con él por caminos polvorientos. Mi Cristo no tuvo escrúpulos de lavarle los pies a su discípulo, dándole a entender que fueran humildes. En eso él manifestó su humildad con ellos.

Gracias Señor por su palabra, porque a través de ella hemos aprendido que no hay rito ni ceremonia que podamos hacer para mostrar humildad. La humildad se muestra de otra manera, así lo ha dicho su palabra hoy. Ruego que no pase desapercibida y que podamos ponerla en la vida práctica de cada día.

Oro, Señor, a esta hora intercediendo en favor de los enfermos. Clamo, Señor, para que usted tenga misericordia de ellos y de ellas. Oro por nuestro pastor Héctor Areina, pastor de nuestra iglesia en Graneros, por sanidad; oro por nuestro pastor Florindo Márquez, pastor del monte, por sanidad; oro también por recuperación después de haber sido intervenido del pastor Samuel Azencorri. Oro también, Señor, por el hermano José Silva, por sanidad; por el hermano José David Videla, por sanidad. Oro por nuestra hermana Teresita, por sus pastores, por su vecina, por su hija Pamela Larconflores, por sanidad. Oro por respuesta a la petición de mi hermana Laura Senko; oro por mi hermano Eduardo González, por sanidad a la vista; oro por el hijo de mi hermano Jimmy, por sanidad y liberación; oro por mi hermana Rosita Veloso, por sanidad; por mi hermana Ana Vallejos Hernández, por sanidad; por mi hermana Elena Reyes, por sanidad; por su esposo Joaco Videla, por sanidad; por Débora Videla, por sanidad; por mi hermano Ignacio Toro, por sanidad; por mi hermana Pilar González, por sanidad; por mi hermana Teresita Reyes, por sanidad; por mi hermano Miguel Torres, por sanidad; por Luis Durán Palma, por sanidad; por Don Rado Milovich, por sanidad; por mi hermana María Ivacache, por sanidad; por mi hermano Cristian Barro, por sanidad; por mi hermano Eliseo Muñoz, por sanidad; por mi vecino Luis Orellana, por sanidad; por mi hermano Dagoberto Roa, por sanidad; por Alejandro López, por sanidad; por Angélica, por sanidad; por Iván Calderón, por sanidad; por la pastora Norma Martínez, por sanidad; por la pastora Mireya Reyes, por sanidad.

Señor, yo sé que usted conoce cada situación en particular y oro pidiendo que a esta hora usted intervenga en sanidad divina en ellos y en ellas, Padre, por misericordia. Y se lo ruego, Padre, en el nombre de Cristo Jesús, nuestro Salvador. Amén y amén. Gloria a Dios para siempre.

Damos muchas gracias a nuestro Dios por su palabra. Ya estamos llegando al término de este programa por hoy, pero mañana Dios mediante volvemos nuevamente con un nuevo programa a la misma hora y en este mismo punto del dial. Mientras tanto, Dios le bendiga.