La compasión encarnada y la generosidad en Navidad
Gladia Romero Toledo reflexiona sobre la misericordia divina y la importancia de la unidad familiar durante la época navideña. Usted encontrará consejos prácticos de cocina y una enseñanza bíblica sobre el perdón y la no condena.
Bienvenida y Oración Inicial
Escucha, auditor, la voz del Salvador que hoy te llama a ti. ¿No quieres tú venir? Escucha la voz del Salvador que hoy te llama a ti, que a tu alma traerá salvación.
Bienvenidos, bienvenida nuevamente juntos a través de su programa La Voz Pentecostal, a través de los micrófonos de la radio Abigail. Dirige este programa su hermana en Cristo, Gladia Romero Toledo. Le doy la bienvenida a la sintonía del matinal en el 106.7 FM. Este programa está llegando a su hogar con el propósito de bendecir su vida.
Les saludo a usted, mi hermano, mi hermana, vecinos, amigos que nos sintonizan a esta hora. Les deseo las más ricas bendiciones de parte de nuestro Dios. Como siempre, le damos comienzo a este programa orando. Pongámonos en las buenas manos de nuestro Dios.
Amado Dios, le damos muchas gracias por darnos tan alto privilegio de tener un día más de existencia. Dando gracias siempre, porque en esta mañana usted iluminó nuestro amanecer. Nos acercamos con reverencia y mucha gratitud; mi voz se eleva en oración cargada de todas mis esperanzas y rindo mi tributo a su benevolencia en este nuevo día.
Porque me permite usted tener, Señor, esta gran bendición de vivir un día más porque a usted le ha placido. Mi corazón rebosa de gratitud porque usted veló mis sueños y me permite vivir en familia. Gracias porque usted está guardando a nuestra familia; la velada del día de ayer quedó atrás, pero recibo con mucha generosidad este día.
Es un río que fluye con intensidad en mi vida, porque me guía mis pasos por senda de bondad y me da esta maravillosa oportunidad en la cual encomiendo en sus manos mis deseos de ser una mejor mujer, moldeada por su sabiduría y justicia. Ruego que su aliento sea mi constante compañía y que en cada labor, esfuerzo y compromiso usted esté conmigo. Encomiendo mi clamor porque le amo, mi Dios Altísimo.
Intercesiones y Peticiones
Agradeciendo, Señor, porque esta es una oportunidad que usted me permite a través de la oración de interceder por los enfermos. Sé que en estos momentos hay muchos que luchan en una sala de hospital, en una clínica o en sus casas, y oro para que el toque de su poder sanador llegue hasta sus vidas. Obre, Señor, en sanidad divina.
Oro, Señor, por los matrimonios, por la unidad de la familia. Oro por los jóvenes y los que no son tan jóvenes porque son presos de tantas adicciones. Oro por los niños para que usted les dé su cuidado, y oro por tantos abuelos y abuelas olvidadas. Oro para que haya sustento siempre en la casa de la viuda y del huérfano, y oro por la apertura de los presos de la cárcel.
Oro por mis autoridades eclesiásticas, muy en especial por la máxima autoridad de mi iglesia, mi amado obispo Sergio Veloso, y por el honorable directorio de nuestra iglesia. Deseo, mi Dios Altísimo, con todo mi corazón, que usted le dé una clara dirección para continuar desarrollando la labor que usted les ha encomendado. Ellos son muy especiales para mí y para nuestra iglesia, por eso le ruego que bendiga sus vidas personal, familiar y eclesiástica.
Oro, Señor, por las autoridades civiles de nuestro país, por la máxima autoridad y por los que con él gobiernan. Clamo por las autoridades civiles de la comuna porque ellos tienen en sus manos esta gestión administrativa; le pido que usted los use a favor del necesitado. Bendiga, mi señor, toda institución de nuestra comuna: los asilos, bomberos y carabineros, quienes arriesgan su vida en cada procedimiento.
Lloro, mi señor, para que haya el cese de la guerra y le ruego, Padre, que usted esté intercediendo en esos corazones para que no muera tanta gente inocente en esta Navidad. Señor, ponga en ellos un corazón cambiado. Ruego que usted nazca en sus corazones; ya no va a nacer en un pesebre humilde, sino que hoy día necesitamos que usted nazca en estos corazones. Aleluya.
Oramos, Señor, porque es una bendición el orar los unos por los otros. Bendiga, Señor, muy en especial la audiencia de este programa. Reciba, mi Señor, toda la honra, la gloria y la alabanza. ¿Cómo no alabarle su nombre, cómo no bendecirle y glorificarle si usted nos ha dado a nuestro Salvador, Jesucristo? Gracias por esta salvación tan grande.
Pido al Espíritu Santo que nos guíe a través de este programa, que nos dirija en este comienzo y en el término. Su presencia bendita necesito en mi vida. Se lo ruego, Padre, en el nombre de Cristo Jesús, mi Salvador. Amén y Amén. Gloria a Dios para siempre.
Pan de Vida: Superando la Ansiedad
Doy muchas gracias a mi Dios Altísimo por estar nuevamente juntitos. En este día tan especial que nos ha dado el Señor, yo le alabo por un día más de existencia y estoy muy agradecida por nuestro pan de vida. Nuestro pan de vida para hoy lo tenemos en el libro de Filipenses, capítulo 4, versículo 5.
Filipenses 4:5 — El Señor está cerca; por nada estéis afanosos, sino que sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios.
Dios nos bendice hoy por nuestro pan de vida porque Dios nos hizo a nosotros y nos hizo este maravilloso día. Aquí tenemos la experiencia de Lourdes, una maestra de canto en Manila que enseñó alumnos cara a cara durante más de 30 años. Cuando le pidieron que dictara clases en línea, se puso ansiosa porque tenía una computadora vieja y no entendía las plataformas de videollamada.
Aunque puede parecerle algo menor a alguno, para ella era un motivo de estrés. Decía: “Me preocupa que mis alumnos abandonen la clase y necesito el ingreso”. Antes de cada clase, Lourdes oraba para que su computadora funcionara bien y tenía Filipenses 4:5-6 como protector de pantalla. Ella comentaba cómo se aferraba a esas palabras.
El apóstol San Pablo nos exhorta a no estar ansiosos por nada, porque el Señor está cerca. La promesa de Dios, de su presencia, es nuestra y podemos aferrarnos a ella mientras descansamos en su cercanía y le encomendamos todo en oración. Su paz guarda nuestros corazones y pensamientos en Cristo Jesús.
Lourdes contó que Dios la guió a sitios web sobre cómo arreglar problemas en la computadora y también le dio estudiantes pacientes que entendían sus limitaciones con la tecnología. Podemos disfrutar de la presencia, la ayuda y la paz de Dios mientras buscamos seguirlo cada día. Podemos declarar con confianza lo que nos dice su palabra: “Regocijaos en el Señor siempre”.
Podemos decirle al Señor Jesús: “Gracias por estar cerca de mí”. ¿De qué manera saber que Dios está cerca puede cambiar tu preocupación por paz? ¿Qué pedidos específicos puedes presentarle? Como esta maestra que estaba limitada por el avance de las comunicaciones, pero aprendió de este libro maravilloso a la iglesia de los Filipos que el Señor está cerca.
Es muy especial cuando nos presentamos delante del Señor y presentamos nuestras limitaciones. Tenemos muchas limitaciones, y hoy podemos decir con toda propiedad que el Señor nos dice, y nosotros obedecemos, que debemos estar regocijados en el Señor siempre. Amén.
Sabiduría y Dilemas Navideños
Hoy nos presenta el Señor un dilema navideño cuando encontramos el libro de Proverbios. Proverbios 3:32 nos dice: “Porque el Señor abomina al perverso, mas su comunión estimada es con los justos”.
En este libro maravilloso de Proverbios encontramos un curso acelerado de búsqueda de sabiduría y cómo recibirla. Describe sus cualidades con el amor y la fidelidad, y sus beneficios como la paz y la longevidad. Añade que Dios otorga esta sabiduría al llevarnos a su comunión íntima; Él le susurra sus soluciones a aquellos que están cercanos a Él.
Recuerdo una noche, mientras oraba por un problema, tuve una idea. Esa siempre es una buena idea que nos pone el Señor. Todos anhelamos que en momentos tan especiales como la Navidad estemos con toda la familia. Muchos se preguntan: “¿Cómo, si siempre hay enemistades entre hermanos o en otra parte de la familia? ¿Cómo nos juntamos?”, pero ¿hay algo imposible para Dios?
Quizás usted tenga un dilema navideño hoy y esté pensando: “¿Vendrá mi hija? ¿Vendrá mi hijo? ¿Estará conmigo?”. Todos deseamos que se junte la familia para esperar la noche buena disfrutando del amor que el Señor ha puesto en nuestros corazones. Pero la pregunta es si estarán todos decididos a compartir el amor de Cristo, porque Él vino a traer paz.
Él no se llevó la paz cuando ascendió al cielo, sino que dijo: “Mi paz les dejo y mi paz les doy; yo no la doy como el mundo la da”. Tenemos al más grande de todo el mundo que produce paz en nosotros. Nuestro amado Salvador ya no nace en un pesebre humilde entre animales, sino que hoy Él quiere nacer en muchos corazones y poner paz donde no hay paz.
La Verdadera Generosidad
Muchos están esperando a San Nicolás, así dice la gente. Pero ¿sabe lo que nos dice el Santo Evangelio según San Mateo 1:23? “He aquí que una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel, que traducido es Dios con nosotros”.
Toda la gente dice conocer a San Nicolás, pero aunque la familia sea adinerada, siempre hay mucha gente que sufre en Navidad; hay padres que mueren y sus hijos quedan solos. Se cuenta que cuando Nicolás era joven, se enteró de que había tres hermanas que no tenían dotes para casarse y pronto quedarían indigentes.
Como quería seguir la enseñanza de Jesús de dar a los necesitados, tomó su herencia y le dio a cada hermana una bolsa de monedas de oro. Después regaló el resto de su dinero alimentando a los pobres y ocupándose de los demás. Siglos posteriores, Nicolás fue la inspiración para el personaje que conocemos como Papá Noel y el intercambio de regalos.
Esta generosidad surgía de su devoción a Jesús, quien ejerció una generosidad inimaginable al darnos el regalo más profundo: Jesús es Dios con nosotros y nos trajo el regalo de la vida en un momento de muerte. Cuando creemos en Jesús, se despliega una generosidad sacrificial; suplimos las necesidades de los demás con alegría mientras Dios provee lo que necesitamos.
Usted ha escuchado la historia de San Nicolás, pero más aún es la historia de Dios, quien nos ayuda a practicar la verdadera generosidad. Nos preguntamos: ¿Cuál es tu experiencia con las ofrendas? ¿Te resulta algo forzado o lo haces con libertad y gozo? ¿Cómo la vida de Jesús modifica tus ideas sobre la generosidad?
La Comunidad de Creyentes
Vivamos esta Navidad en la comunidad de los creyentes. El evangelio según San Juan, capítulo 17, dice que Jesús oró para que la comunidad de creyentes se le conociera por la unidad, por el gozo, por el crecimiento en la verdad y la urgencia de la misión. Jesús le pidió al Padre que la unidad fuera una marca característica de la iglesia.
Unidad no implica uniformidad. Cada uno aporta su personalidad, pero en nuestra diversidad podemos demostrar amor al mundo que nos rodea. Sobre el gozo, Jesús dice que tengan su gozo cumplido en sí mismos. Uno de los mayores beneficios de la comunidad es el ánimo que trae el amor y los amigos creyentes que nos recuerdan que solo nuestro Creador puede darnos el gozo que anhelamos.
Sobre el crecimiento en la verdad, Jesús dice: “Ruego que los guardes del mal”. Nuestra comunidad cristiana tiene la capacidad singular de confrontarnos y corregirnos cuando nos alejamos de la verdad; tiene la tarea de ayudarnos a volver a poner nuestros ojos en el Evangelio.
Hoy vivimos la urgencia de la misión. El Señor Jesús nos dice: “Yo les he enviado al mundo”. La idea nunca fue que los cristianos se aislaran del mundo exterior; Jesús nos llama a vivir en la comunidad. Así nos dice el Santo Evangelio según San Mateo 28:18-20.
Nuestras relaciones con los demás creyentes añaden peso y urgencia a las que tenemos con amigos no creyentes. A veces nos aislamos y no queremos reunirnos con los que no conocen al Señor, pero ¿cómo le vamos a presentar a Jesús como su salvador? Nos reunimos a orar juntos y, al salir de la iglesia, tenemos que seguir sirviendo y amando.
No se trata de evitar relacionarnos, sino de invitar a otro a que se relacione con Jesús. Damos muchas gracias al Señor porque nos permite encontrarnos en este comienzo del programa con nuestro pan de vida, que siempre es una bendición.
Consejos Prácticos y Vocabulario de Cocina
Tenemos algunos consejos y datitos que podemos aprender juntos. Por ejemplo, consejos prácticos de verduras que siempre tenemos a nuestro alcance y debemos consumir: rabanitos, acelgas, apio, repollo, papas, zanahorias, berros, chicoria, lechuga, beterraga y coliflor.
En cuanto a las frutas, es necesario consumir naranjas, manzanas, peras, paltas, lúcumas, limones, pomelos y granadas. También tenemos frutos secos como castañas, nueces, piñones, camotes y almendras.
Hay verduras y frutas que no son características de la estación, pero debido al cultivo en zonas cálidas de nuestro país es posible consumirlas. Por ejemplo, en invierno no ha faltado el tomate, las frutillas o los zapallitos italianos, porque llegan del norte de nuestro país.
Aprendamos vocabulario de cocina. Macerar es dejar un alimento durante un tiempo dentro de un líquido, ya sea licor, vinagre o vino. Mechar es introducir trufas, tocino o jamón en el interior de una carne. Caramelo es azúcar hervida en muy poca agua y algunas gotas de limón hasta que tome un color oscuro.
Una pizca es la cantidad de polvo, azúcar, sal o harina que alcanza a cogerse con los dedos. Gratinar es cubrir con pan rallado o queso rallado y bastante mantequilla para poner al horno a dorar, quedando el guiso con una corteza seca y dorada. Reposar significa dejar el guiso sobre el fuego lento hasta servirlo.
Armar es sujetar un ave o carne con un cordel para usarlo en forma adecuada. Cocción es el líquido en que se ha cocido algo. Condimentar es el arte de sazonar. Escabeche es el adobo conocido para carnes y pescado. Exprimir es la extracción del zumo y rebozar es pasar la carne, pescado, queso o papas por huevo batido y luego por harina para freír.
Le damos estos consejitos prácticos sobre medidas: cuando decimos taza, nos referimos a la taza de té; tazita, a la taza de café; cucharadita, a la cuchara de té; y también tenemos la cuchara sopera.
Sobre las equivalencias de pesos: una libra son 454 gramos o 16 onzas. Una onza son 28,7 gramos. Un kilo de harina son nueve tazas; una taza de harina son 110 a 120 gramos. Un kilo de azúcar granulada son cinco tazas rasas; una taza de azúcar flor son 190-200 gramos y el kilo de azúcar flor tiene 7 tazas rasas.
Un terrón de azúcar de pan son 9 gramos y uno chico son 5 gramos, aunque hoy está muy escaso. Un kilo de chuño son seis tazas rasas y una taza son 160 a 170 gramos. Una taza de mantequilla son 190-200 gramos; una cucharadita rasa son 10 a 15 gramos y una semicolmada son 40 gramos aproximadamente. Media taza de manteca blanda son 80 gramos.
Otras medidas: una taza de almendras molidas son 100 gramos, una taza de chocolate en polvo 100 gramos, una taza de coco rallado 80 gramos, una taza de maicena 150 gramos, una taza de nueces molidas 80 gramos, una taza de pasas 160 gramos, una taza de sémola 150 gramos y una taza de pan rallado 100 gramos. Estas medidas son promedios aproximados debido a los diferentes modelos de tazas.
Sugerencia Culinaria: Ensalada de Pollo
Hoy le traemos una sugerencia muy sencilla para prepararnos para la Navidad: Ensalada de Pollo. La preparación lleva 20 minutos y la cocción 45 minutos. Los ingredientes para 8 personas son: un pollo mediano, tres cuartas tazas de arroz, dos manzanas ácidas, 3 huevos, 1 taza de mayonesa, 1 lechuga, 4 cucharadas de crema, 2 cucharadas de margarina, 2 cucharadas de jugo de limón, sal y pimienta.
Para la preparación: lavar y secar el pollo con papel absorbente. Frotar con jugo de limón, sal y pimienta. Untar con margarina y llevar al horno previamente calentado durante 35 a 45 minutos. Mientras tanto, cueza el arroz en un litro de agua hirviendo con sal durante 15 minutos, escúrralo y déjelo enfriar.
Lave y pique la lechuga, guardando las hojas bonitas para decorar. Una vez asado y enfriado el pollo, desmenuce los trozos no muy pequeños. Pele y corte las manzanas en bastoncitos delgados. Cueza los huevos durante 10 minutos, enfríelos y córtelos por la mitad.
En un bol, mezcle el pollo, arroz, manzana, lechuga, mayonesa y sal. Mezcle bien. En una fuente para servir, coloque las hojas de lechuga formando una base y sobre esta, la ensalada de pollo. Usted va a quedar muy bien con esta ensalada.
Receta del día
Ensalada de pollo
- 1 pollo mediano
- 3/4 tazas de arroz
- 2 manzanas ácidas
- 3 huevos
- 1 taza de mayonesa
- 1 lechuga
- 4 cucharadas de crema
- 2 cucharadas de margarina
- 2 cucharadas de jugo de limón
- sal
- pimienta
Preparación
- Lave y seque el pollo con un papel absorbente.
- Frote el pollo con el jugo de limón, sal y pimienta.
- Unte el pollo con la margarina y llévelo al horno previamente calentado durante 35 a 45 minutos.
- Cueza el arroz en un litro de agua hirviendo con sal durante 15 minutos, escúrralo y déjelo enfriar.
- Lave y pique la lechuga, reservando las hojas más bonitas para decorar.
- Desmenuce los trozos de pollo una vez que esté asado y frío.
- Pele y corte las manzanas en bastoncitos delgados.
- Cueza los huevos durante 10 minutos, enfríelos y córtelos por la mitad.
- Mezcle en un bol el pollo, el arroz, la manzana, la lechuga, la mayonesa y la sal.
- Coloque las hojas de lechuga reservadas en una fuente para servir como base y vierta la ensalada de pollo encima.
Lectura de la Palabra
Vamos a abrir nuestras Biblias para leer la poderosa palabra de nuestro Dios en el libro del Santo Evangelio según San Juan, capítulo 8, versículos 10 y 11. Leo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Juan 8:10-11 — Enderezándose Jesús y no viendo a nadie sino a la mujer, le dijo: Mujer, ¿dónde están los que te han acusado? Ninguno. Le contestó ella: Ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete, y no peques más.
Oración por Revelación
Amado Dios, tenemos con nosotros la bendición de leer ya su palabra. Y oro, Señor, para que usted traiga a mí la interpretación divina a través de la revelación divina de su palabra.
Siempre confiando en el Espíritu Santo, que sea quien use mis labios, que tome el dominio y el control de mi vida para administrar su palabra, y ponga en mí una unción especial para que su palabra corra y sea glorificada en muchas vidas. Se lo ruego, Padre, en el nombre de Cristo Jesús. Amén y Amén.
Las Actitudes ante el Pecado
El título de su palabra es “De las actitudes”. Quizás se hayan hecho muchos estudios y sermones basados en este capítulo 8 del Evangelio según San Juan. Hay quienes se oponen a considerar esta sección que nos sirve de base, argumentando que no aparece en los manuscritos más antiguos.
Nosotros seguimos a varios comentaristas muy serios quienes argumentan que la historia aquí revelada sigue los principios espontáneos que Jesucristo enseñó. Seguir el desarrollo paso a paso de este drama enseña mucho acerca de las actitudes que adoptan los seres humanos cuando se ven confrontados con los pecados, tanto con los ajenos como con los nuestros.
Dice así el pasaje en lo medular, en el versículo más importante: “Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en el acto mismo del adulterio. Y en la ley nos mandó Moisés a pedrear a tales mujeres. Tú, pues, ¿qué dices?”. Léalo usted en su Biblia, Evangelio según San Juan, capítulo 8, versículos 4 y 5.
Fue una brillante oportunidad para los enemigos de Jesús; tenían todas las de ganar con este ejemplo. Quizás en su sano juicio usted no se atrevería a contradecir una ley que era clara en sus preceptos y castigos. Como una de aquellas obras surrealistas, las piedras pesaban ya en las manos de esos vengadores que querían extirpar la culpa de esta mujer y, de paso, tratar de limpiar sus conciencias de aquellos pecados ocultos de los que eran culpables, pero que por el momento nadie había descubierto.
Le tendían una trampa para tener de qué acusarlo. Pero el mismo texto agrega que Jesús se inclinó y comenzó a escribir en tierra con el dedo. Nadie sabe lo que él escribía; de paso, si Jesús escribió alguna vez algo, esa es la única ocasión en que así lo leemos.
La muchedumbre comienza a impacientarse. Las piedras siguen pesando en las manos sudorosas de los ajustadores. La turba que se ha acercado a presenciar el espectáculo quiere precisamente eso, un espectáculo, aunque sea a costa de la vida de otro ser humano.
Cuando la tensión se vuelve insoportable y el silencio se apodera de todo, se oye la respuesta de Jesús en una frase que caló hondo en las mentes y en las conciencias de todos: “El que de ustedes esté sin pecado sea el primero en tirar una piedra”.
Los vigilantes de la ley se apocan en su intento de avance y sus vidas comienzan a pasar veloces ante sus conciencias. El que se encuentre sin pecado liderar esas sudorosas manos y arrojar esa piedra contra esa mujer que simbolizaba el pecado personal, pero que también servía como chivo expiatorio de sus muchos pecados, los públicos y los privados.
Es entonces cuando se quiebra la tensión, porque comenzando por los más viejos, uno a uno comienzan a irse. Ya las piedras pesan demasiado; las tiran donde pueden y se apresuran al volverse por donde han venido.
Jesús vuelve a inclinarse a escribir sobre la tierra. ¿Qué tipo de mensaje escribió en esta ocasión? Fueron quizás las primeras letras con las que comenzaban los mandamientos, como algunos sugieren. Jesús se queda solo y, en el centro de lo que hasta hace poco era una turba sedienta de sangre, solo se ve a una mujer que, indefensa, guarda silencio porque a ella ha ponderado su suerte y su destino.
El maestro se dirige ahora a ella y le hace esta pregunta: “Mujer, ¿dónde están? Ninguno te ha condenado”. Ella responde: “Ninguno, Señor”. Y Él le dice: “Tampoco yo te condeno, vete ahora y deja tu vida del pecado”. Puede usted verlo por usted mismo en el Evangelio según San Juan, capítulo 8, versículos 10 y 11.
Los que no leen ni comentan este pasaje se privan de un relato rico en fuerza y dramatismo, pero también de conceptos tales como la misericordia con justicia. Se privan de ver en acción los efectos del pecado en la conciencia de todo un grupo que se creía muy bueno y perfecto, evaluándose según sus propias reglas.
También se privan de apreciar a Jesucristo estableciendo una relación de humanidad con una pobre mujer sumida en su pecado y marcada a los ojos de una comunidad donde la religiosidad se confundía a veces con la hipocresía.
El maestro de Galilea no es partidario del “borrón y cuenta nueva”. El perdón no es una mera transacción comercial. A la declaración de no condenar, sigue la exhortación a no seguir en la carrera del pecado.
En última instancia, el pecado de esa mujer no es superior o distinto de los otros pecados, de aquellos que cometemos y que justificamos con una conciencia a la que hemos adiestrado de acuerdo a nuestra propia conveniencia.
No sabemos lo que pasó con esa mujer; el relato no nos indica qué hizo posteriormente con su vida. Eso es característico en la Biblia: se nos indican los milagros y los hechos potentes, así como las incidencias en las vidas de quienes fueron receptoras del favor divino.
Existe esa dimensión de vida privada en la que las personas tienen el derecho a la privacidad, porque debe haber un tiempo para meditar, reflexionar y evaluar los cambios imprescindibles. Es mejor no saber el futuro de esta mujer después del encuentro con Jesús; eso deja ejercicio a la imaginación y contiene el velo del misterio.
Existen varias maneras de resolver los conflictos. Una es aplicar las leyes en forma fría y sin enmiendas. Otra es hacer la vista gorda y olvidarse de todo. Pero el método de Jesús es cumplir la justicia y, a la vez, mostrar compasión.
¿Cómo cumplió la justicia si la ley demanda el castigo del culpable? A través de un método único: ofreció su propia vida en expiación por el pecado. Así se cumplen las demandas de la ley y se ofrece misericordia divina para aquellos pobres seres humanos que, cual fantasma, deambulan por la vida sin fe ni esperanza.
Dice San Agustín que después que los acusadores se fueron avergonzados, solo quedaron dos personas: la infeliz mujer y la compasión encarnada. Tiene razón el teólogo, y es por esa compasión encarnada a través de Jesucristo la que obra el milagro del perdón y de una nueva vida.
Si nunca ha considerado la compasión, ahora tiene un ejemplo de ella. La compasión no pretende ignorar el pecado, sino que, reconociendo su presencia y sus frutos, se hace más evidente en la vida de los que la necesitan. Jesucristo es la compasión encarnada; vino a este mundo porque él era la única manera de reconciliar con Dios a los hombres y mujeres necesitados. Este puede ser también su caso.
Oración Final y Peticiones de Sanidad
Amado Dios, concluimos su palabra llena de gozo en mi corazón porque su palabra nos enriquece y me da a conocer la necesidad que tiene este mundo de Jesucristo, la compasión encarnada. Oro por todos aquellos que viven tan necesitados porque no tienen a Dios en sus vidas, para que usted en su misericordia aparezca como la aurora y la luz de la mañana en sus vidas.
Que alumbre usted en sus vidas este camino de verdad y de vida, que ellos puedan encontrarlo y que en esta Navidad usted nazca en sus corazones y ponga un corazón nuevo. Le doy gracias, mi Señor, por su palabra y oro por las necesidades que tenemos.
Oro para que usted obre sanidad en los enfermos. El profeta lo dijo miles de años antes de que usted viniera al mundo: que usted allí en la cruz iba a dejar crucificada toda enfermedad y que por las llagas de Cristo hoy día nosotros seríamos curados. Usted ya lo hizo y oro para que se glorifique en las vidas de los que están necesitando su poder sanador.
Tenemos la promesa de que para su pueblo no iba a haber enfermedad. Pedimos que usted se glorifique en sanidad divina para nuestro pastor Héctor Arena, pastor de nuestra iglesia en Granero; para nuestro pastor Florindo Márquez, pastor de nuestra iglesia en el monte; y para el pastor Samuel Asenjo, pidiendo misericordia en él.
Oro por la pastora Norma Martínez, pastora en receso, para que usted la toque y obre sanidad en ella; y por la pastora Mireia Reyes, pastora en retiro, para que haya toque de su poder sanador por misericordia.
Le ruego que haga su voluntad y oro por sanidad para nuestro hermano José Sirva y nuestro hermano José David Videla, para quien pedimos un milagro que lo ponga de pie. Oro por mi hermana Teresita Flores, por sus pastores, por su vecina y por su hija Pamela Alarcón Flores por sanidad.
Oro por respuesta a la petición de mi hermana Laura Senjo, por mi hermano Eduardo González por sanidad a la vida, y por el hijo de mi hermano Jimmy por sanidad y liberación. Oro por mi hermana Rosita Veloso, por mi hermana Ana Vallejos Fernández, por mi hermana Elena Reyes, por su esposo Joaco Videla y por su hijo Débora Videla, todos por sanidad.
Oro por mi hermano Ignacio Toro, por la hermana Pilar González, por mi hermana Teresita Reyes, por mi hermano Miguel Torres, por Luis Durán Palma, por don Rado Milovich y por mi hermana María Ivacache por sanidad, orando para que ella vuelva sin novedad de los funerales de su hermana.
Oro por Cristian Barro, por mi hermano Eliseo Muñoz, por mi vecino Luis Orellana, por mi hermano Dagoberto Roa, por Alejandro López, por Angélica y por Iván Calderón, todos por sanidad.
Oro por el hermano Ever Dante Alarcón Vázquez, este joven que se dedica a evangelizar y hoy está afectado por la enfermedad, para que usted obre sanidad en él. Oro también por Nora Asenjo Puente por sanidad. Le pedimos, Señor, que usted se glorifique en ellos y en ella en sanidad divina. Se lo ruego, Padre, en el nombre de Cristo Jesús, nuestro Salvador. Amén y amén.