La Voz Pentecostal

La vanidad del trabajo humano y la rendición a Dios

· 57 min

Gladia Romero Toledo reflexiona sobre la importancia de rendirse a la voluntad divina y evitar la ansiedad por los logros materiales. Usted encontrará consejos prácticos para el hogar y una exhortación bíblica basada en el libro de Eclesiastés.

Inicio del programa y oración

Escucha, auditor, la voz del Salvador, que hoy te llama a ti. ¿No quieres tú venir? Escucha la voz del Salvador, que a tu alma traerá salvación. Bienvenidos nuevamente a su programa La Voz Pentecostal, a través de los micrófonos de la radio Abigail. Dirige este programa su hermana en Cristo, Gladia Romero Toledo. Le doy la bienvenida a la sintonía del matinal en el 106.7 FM. Este programa está llegando a su hogar con el solo propósito de bendecir su vida.

Le saludo a usted, mi hermano, mi hermana, vecinos y amigos que nos sintonizan a esta hora. Les deseo las más ricas bendiciones de parte de nuestro Dios. Como siempre, le damos comienzo a este programa orando.

Amado Dios, le damos muchas gracias porque sé que está aquí ahora en nuestro medio, porque usted está en todas partes. Agradezco porque hoy me da la oportunidad de ver en esta mañana un nuevo día y me ha dado el privilegio de amar, de respirar, de caminar, de sentir, de tocar, de saborear, ver y leer su palabra. Cuando muchos hoy están enfermos, con muchas necesidades y con problemas, yo le pido que usted me guarde, me bendiga y derrame sobre mí su gracia infinita para que todo lo que haga a partir de esta hora sea bajo su bendición.

Gracias, Señor, por las personas y por las familias que a diario están en la sintonía de este programa. Pido que ellos y ellas sean guardados, que usted los bendiga y los favorezca, tomando sus manos, dándoles su gracia, su amor y sabiduría, e imparta toda bendición sobre sus vidas. Oro, Señor, por los matrimonios y por la unidad de la familia. Oro por los jóvenes que son presos de tantas adicciones. Oro por los niños, para que usted los proteja y les dé su cuidado, y por tantos abuelos y abuelas olvidadas.

Oro para que haya siempre sustento en la casa de la viuda y del huérfano, y haya apertura de los presos de la cárcel. Oro, Señor, por los enfermos, porque sé que a esta hora hay muchos que luchan en una sala de hospital, en clínica o en sus casas, esperando el toque de su poder para que usted obre sanidad. Gracias, Señor, porque tengo un techo que cobija mi sueño y le doy gracias por el agua, por el calzado, por el vestuario y por el pan que usted pone en mi mesa.

Oro, Señor, pidiendo por mis autoridades eclesiásticas. Muy en especial oro por la máxima autoridad de mi iglesia, mi amado obispo Sergio Veloz, y por el honorable directorio. Padre de amor, yo deseo con todo mi corazón que usted les dé una clara dirección para continuar desarrollando la labor que usted, mi Dios, les ha encomendado. Oro por todos ellos y ellas, porque tienen una vida personal, familiar y la eclesiástica.

Bendiga, mi Señor, las autoridades civiles de mi país. Oro por la máxima autoridad y por los que con él gobiernan. Oro, Señor, por las autoridades civiles de nuestra comuna, porque ellos han sido puestos en esta gestión administrativa; oro para que usted los use y ponga en ellos el querer y el hacer. Amado Señor, oro por las instituciones de beneficencia que existen en nuestra comuna, y muy en especial por bomberos y carabineros, ya que ellos arriesgan su vida en cada procedimiento.

Bendiga, mi Señor, la audiencia de este programa. Ponga una especial bendición en ellos y en ellas. Señor, reciba usted toda mi alabanza, toda la honra y la gloria. Estoy agradecida, Señor, siempre por darme la bendición de vivir conforme a lo que usted nos permite alcanzar a través de mi amado y bendito Salvador. Gracias por esta honra tan grande que usted nos da de ser sus hijas.

Le alabo, Padre y Señor del cielo y de la tierra, porque puedo vivir en bendición a través de mi amado Salvador. Gracias porque en esto usted manifestó, mi Dios altísimo, el amor tan grande por esta humanidad. Reciba usted mi alabanza, la honra y la gloria. Gracias, Señor, por esta bendición tan grande, porque usted no miró el sacrificio de su hijo tan amado y lo sacrificó por esta humanidad. Gracias, Señor, por esta honra que usted nos da de poder ser hijos e hijas suyas.

Bendiga, mi Señor, este programa. Pido al Espíritu Santo que esté presente, que esté en el control y que este programa sea dirigido y guiado por el Espíritu Santo. Se lo ruego, Padre, en el nombre de Cristo Jesús. Amén y amén. Gloria a Dios para siempre.

El Pan de Vida

Damos muchas gracias a nuestro Dios por estar juntos y juntas una vez más, viviendo el tercer día de este mes de diciembre. Comenzamos dándole a conocer a usted nuestro pan de vida que el Señor tiene para nosotros en este día especial. Quizás ya no habíamos tomado la Biblia en nuestras manos, pero el programa le trae a usted la palabra de Dios.

Hoy el pan de vida nos entrega el Señor a través del libro de Jeremías, capítulo 38, versículo 20. Leo nuestro pan de vida en el nombre del Señor:

Jeremías 38:20 — Oye ahora la voz del Señor, que yo te hablo, y te irá bien y vivirás.

Dios nos bendice por la lectura de nuestro pan de vida, porque nos llama a través de su palabra a rendirnos a Jesús.

La verdad frente a la terquedad

Le contamos que en 1951 el médico José Talín le aconsejó a Stalin que redujera su carga laboral para preservar su salud. El gobernador de la Unión Soviética acusó al médico de ser espía y lo hizo arrestar. El tirano que había oprimido a tantos con mentira no podía aceptar la verdad; igualmente, la verdad triunfó y Stalin murió en 1953.

El profeta Jeremías fue arrestado, encarcelado y además encadenado por sus terribles profecías, como lo declara su palabra en el libro de Jeremías, capítulo 38, versículos 1 al 6 y capítulo 40, versículo 1. Le dijo al rey de Judá exactamente lo que le sucedería a Jerusalén. Le habló de parte del Señor y anunció que si no se rendía al ejército que rodeaba la ciudad, todo empeoraría.

Advirtió que sacaran a todas sus mujeres y sus hijos a los caldeos y que él no escaparía de sus manos. Sedequías no quiso acatar esta verdad. Al tiempo, los babilonios capturaron al rey, mataron a sus hijos y quemaron la ciudad.

En cierto sentido, todo el ser humano enfrenta el mismo dilema. Estamos atrapados dentro de los muros de nuestras propias vidas, del pecado y malas decisiones. A menudo empeoramos las cosas al evitar que aquellos que nos dicen la verdad nos ayuden. Lo único que necesitamos hacer es rendirnos a la voluntad de aquel que dijo: «Yo soy el camino, la verdad y la vida, y nadie viene al Padre sino por mí». Sin duda, cuando encontramos al apóstol del amor, Juan, en su Santo Evangelio, capítulo 14, versículo 6, nos entrega esta verdad tan grande.

Cuando vemos la palabra del Señor, nos encontramos con un Dios compasivo. Lo que debemos hacer es pedirle perdón: «Señor, perdóname por el orgullo que me aleja de ti», porque a veces es el orgullo el que nos aleja de la presencia maravillosa de nuestro Dios, manifestada en nosotros a través de la persona de Jesucristo.

Cuando Dios nos llama a rendirnos delante de la presencia de su Hijo tan amado, podemos hacernos preguntas. Una de ellas es: ¿cómo concuerdan tus decisiones de vida con las declaraciones de Jesús? ¿Qué está evitando que te rindas a Él? Son dos preguntas muy sobresalientes.

La voz de Dios es una voz audible y Él nos habla; cuando escuchamos, nos va a ir bien y vamos a vivir. El mandato es escuchar, porque el Señor siempre nos advierte. Sedequías no quiso acatar esa verdad y tuvo que sufrir las consecuencias, poniendo a sus propios hijos para morir. Mire todo lo que hace el ser humano por desobedecer; es donde tenemos que cuidarnos tanto en este tiempo.

La comunidad de creyentes

Dios nos está hablando porque somos una comunidad de creyentes. En el Santo Evangelio según San Juan, capítulo 17, Jesús ora para que la comunidad de creyentes le conociera por la unidad, por el gozo, el crecimiento en la verdad y la urgencia de esta misión que nos ha dado el Señor. Jesús le pidió al Padre que permitiera que la unidad fuera una marca característica de la iglesia.

Unidad no implica uniformidad. Cada uno aporta su personalidad, pero en nuestra diversidad podemos demostrar amor al mundo que nos rodea. El Señor pone gozo; dice que tengan su gozo cumplido en sí mismos. Uno de los mayores beneficios de la comunidad creyente es el ánimo; los amigos creyentes están ahí para recordarnos que solo nuestro creador puede darnos el gozo que anhelamos.

Nuestra comunidad cristiana tiene la capacidad singular de confrontarnos y corregirnos cuando nos alejamos de la verdad. Tiene la tarea de ayudarnos a volver a poner nuestros ojos en el evangelio, porque el evangelio es vida. El Señor nos dice: «Yo los he enviado al mundo». La idea nunca fue que los cristianos se aíslen del mundo exterior; Jesús nos llama a vivir en la comunidad.

Así nos dice el Señor Jesucristo a través del Santo Evangelio, capítulo 28, versículos 18 al 20. Nuestras relaciones principales con los demás creyentes dan peso y urgencia a las que tenemos con amigos no creyentes. Nos reunimos a orar juntos unos por otros, y después salimos de la iglesia para servir, amar e invitar a otro a relacionarse con Jesús. Esa es la idea de Dios a través de Jesucristo.

Cuando la comunidad de creyentes está participando activamente en la misión que Dios nos ha entregado, Dios nos bendice. El corazón de Dios es para todos, por eso nos invita a descansar en Él y a fomentar la buena voluntad, porque somos el cuerpo de Cristo. Cada miembro recibe su crecimiento para ir edificándose en amor, como nos invita el libro de Efesios. Damos gracias a nuestro Dios porque hoy el Señor nos llama a que nos rindamos a Jesús.

Datos y consejos para el hogar

Vamos adelante con el programa y tenemos con nosotros los datitos y los consejos, para asegurarnos siempre de adquirir conocimientos como buenas dueñas de casa. Por ejemplo, debemos preocuparnos a diario por el tacho de la basura, porque no hay algo más desagradable que un tacho sucio por líquidos que se vierten o restos de comida. Es necesario desinfectarlo una vez por semana.

Usted puede utilizar el plato de la ducha o bañera para limpiarlo a fondo con un estropajo y un gel de cloro. Otro consejo: ponga doble bolsa para evitar manchas y derrames en la medida de lo posible.

Cuando hacemos el aseo, siempre nos exponemos a problemas con los cables. Debemos ocultarlos tras las mesas o los armarios, porque los cables son un nido de polvos y ácaros. Los accesorios de la aspiradora serán sus aliados; elija un cepillo fino y acuérdese de limpiarlos cuando estén desconectados. Tenga cuidado porque la corriente es muy peligrosa.

Si los cables se han quedado muy negros, frótelos con un paño húmedo y un poco de jabón, y séquelos bien antes de enchufarlos. Recuerde que está haciendo aseo, así que tenga cuidado con la electricidad.

Las abuelas siempre estaban preocupadas de darnos estos datitos. Para lograr que los muebles de madera brillen, ellas lo hacían con leche tibia. Aplique directamente leche tibia sobre el mueble y pase después un trapo de algodón por la superficie; los rayones disminuyen considerablemente.

Para aquellas personas a quienes se les quema la comida en las ollas, la solución para eliminar las quemaduras es echar vinagre a la olla y dejarla un buen rato en remojo; verá que este truco funciona.

Para combatir los malos olores de nuestro refrigerador, la solución es el café molido. Ponga café molido en un recipiente y directo a la nevera. Los primeros días olerá a café, pero después se irá neutralizando poco a poco.

Para limpiar las alfombras y sacar los malos olores de forma fácil y barata, use armoníaco y sal. Primero, aspire bien la alfombra para eliminar pelos, polvos y ácaros. Segundo, rocíe sal en la alfombra y enróllela para conseguir su desinfección; a cabo de un rato, vuelva a aspirar para quitar los granitos de sal.

Finalmente, para eliminar los malos olores, use un pulverizador con dos partes de agua caliente por una de armoníaco. Agite bien y pulverice por encima toda la alfombra; cuando se seque, los malos olores habrán desaparecido.

Sugerencias culinarias

Hoy les traemos un flan de espinacas o acelga. Esta preparación nos llevará 40 minutos en total, con 30 minutos de cocción. Los ingredientes para 6 personas son: un kilo de espinaca o acelga, una marraqueta, dos cucharadas de cebolla frita, cuatro huevos, una taza de crema (optativo), pimienta y sal.

Para la preparación, lave las espinacas, saque el tallo y póngalas a cocer en media taza de agua durante 7 minutos. Luego escúrralas y muélalas en la máquina o píquelas finitas. Agregue la cebolla frita, pimienta, el pan remojado y pasado por cedazo, la crema y los huevos. Mezcle todo muy bien, agregue la sal y ponga la mezcla en un molde mantequillado. Cocine a baño María por 30 minutos. Desmolde y sirva acompañado con salsa blanca y arroz graneado.

También puede hacer fritos de porotos verdes. La cocción es de 15 minutos y la preparación total de 30 minutos. Para 6 personas necesita: medio kilo de porotos verdes, media taza de leche, una taza de harina, un huevo, aceite para freír, media cucharadita de polvos de hornear y sal.

Corte los porotos verdes en trozos y cuézalos en agua hirviendo sin sal, con la olla destapada para que conserven su color, durante 10 minutos. Escúrralos, extiéndalos sobre una bandeja para que queden tiernos y deje enfriar. Sazone y bata el huevo, mézclelo con la leche y la harina hasta formar un batido espeso. Agregue los porotos verdes y revuelva bien.

Caliente aceite y vierta el batido por cucharadas soperas. Fría y dé vuelta para que se doren por ambos lados. Retírelos con una espumadera y escúrralos sobre papel absorbente. Sirva acompañados con arroz graneado o puré de papa.

Ilustración de Flan de espinacas o acelga

Receta del día

Flan de espinacas o acelga

  • 1 kilo de espinaca o acelga
  • 1 marraqueta
  • 2 cucharadas de cebolla frita
  • 4 huevos
  • 1 taza de crema (optativo)
  • Pimienta
  • Sal
  • Mantequilla (para el molde)

Preparación

  1. Lavar las espinacas, quitarles el tallo y cocerlas en media taza de agua durante 7 minutos.
  2. Escurrir y moler las espinacas en la máquina o picarlas finamente.
  3. Agregar la cebolla frita, la pimienta, el pan remojado y pasado por cedazo, la crema (si se utiliza) y los huevos.
  4. Mezclar todos los ingredientes muy bien y añadir la sal.
  5. Verter la mezcla en un molde mantequillado.
  6. Cocer a baño María durante 30 minutos.
  7. Desmoldar y servir acompañado con salsa blanca y arroz graneado.

Lectura de la Palabra

Vamos a leer la poderosa palabra de nuestro Dios a través del libro de Eclesiastés, capítulo 2, versículo 23. Leo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Eclesiastés 2:23 — Toda su vida es de sufrimiento, es una carga molesta; ni siquiera de noche descansa su mente.

Oración

Amado Dios, tenemos con nosotros su palabra leída. Oro, Señor, para que a través del Espíritu Santo traiga a mí la revelación divina de su palabra. Use usted, mi Dios, mis labios, tome dominio y tome el control de mi vida para administrar su palabra.

Deposita en mí una unción especial para que su palabra corra y sea glorificada en muchas vidas. Se lo ruego, Padre, en el nombre de Cristo Jesús, nuestro Salvador. Amén y amén. Gloria a Dios para siempre.

Trabajo en vano

El título de su palabra es: Trabajo en vano. Por lo general, el vehículo que encabeza un cortejo fúnebre o una carroza fúnebre no es un camión de mudanza. Es un reconocimiento de que, por más que lo intentes, no puedes llevarte tus logros contigo.

Tenemos que reconocer que en realidad tampoco puedes dejarlos. En última instancia, tienes que aceptar que dejas los resultados de tu duro y arduo trabajo a quien es muy probable que no haya trabajado por ello. Usted puede llegar a arruinar todo lo que ha hecho y de lo que se ha sentido tan orgulloso toda su vida.

Es posible que Salomón adivinara o tuviera el presentimiento de lo que iba a suceder después de su muerte. Su reinado, como un político experimentado, había traído a Israel un poder y una prosperidad sin precedentes.

Pero esperando su turno para ejercer el poder y el reinado estaba su hijo, un cabeza hueca llamado Roboam. Fue precisamente por esa actuación sin pensar, sin reflexionar y sin experiencia de Roboam que el reino se dividió poco después de la muerte de Salomón.

Israel nunca pudo volver a experimentar la época dorada de la que había disfrutado y por la que se había hecho famoso entre las naciones. Cabe entonces preguntarse: ¿de qué sirve todo nuestro trabajo, dolor y noche sin dormir?

Dice el maestro de Eclesiastés… hay una canción que dice: ‘trabaja y agota tus manos y tus dedos hasta que te den calambre’. ¿Y cuál es el resultado? Dos manos acalambradas.

Tenemos que reconocerle a Salomón el hecho de ser franco y honesto acerca de los resultados de esta búsqueda que lo llevó a través de distintos campos del conocimiento y la experiencia. A diferencia de otros pasajes en la historia que han procurado guardar las experiencias y contar solo aquello que les enaltece y les provee de gloria.

El Rey de la Antigüedad nos abre su corazón para decirnos acerca de las frustraciones que recibió en la búsqueda del placer y del conocimiento. Declara que no fue posible encontrar la satisfacción mediante los logros intelectuales y el conocimiento académico.

Se dio cuenta de que el placer y la alegría se encontraban muy cerca de la locura total. Entonces trató de investigar nuevas experiencias mediante el vino, las mujeres y las canciones de entretenimiento, solo para descubrir que se encontraba terriblemente aburrido.

Se afanó en aquellos proyectos personales en los que se afana tanta gente hoy por hoy: construyendo estanques y piscinas, adornó parques, diseños y supervisó construcciones majestuosas. Nuevamente, no encontró ninguna satisfacción en ellas.

Llenó sus harenes de bellas concubinas, cientos de esposas y el personal necesario para que lo entretuvieran; el resultado fue absolutamente negativo. Se volvió entonces a coleccionar joyas exquisitas, piedras preciosas y todas aquellas cosas que denominamos arte, pero ninguna cosa le trajo satisfacción. Nada, absolutamente nada.

Entonces reacciona con la vida expresada en Eclesiastés 2:17, que dice así: ‘Y aborrecí la vida, después que me era penosa la obra que se hace bajo el sol, pues todo es vanidad y correr tras el viento’.

La carrera continúa y el predicador dice en el versículo 18 que, así como aborreció la vida, también aborreció todo el fruto de su trabajo con que se había afanado debajo del sol.

La razón está expresada en el versículo 19, en que al hablar del fruto de su trabajo dice: ‘El cual tendré que dejar al hombre que vendrá después de mí. ¿Y quién sabe si será sabio o necio? Sin embargo, él tendrá dominio sobre todo el fruto de mi trabajo y en el que me afané obrando sabiamente bajo el sol. También esto es vanidad’.

Existe aquí ese sentido caprichoso e individualista de pretender que nuestros beneficios o logros no pueden ni deben alcanzar a los demás. Por eso le duele al predicador de Eclesiastés; más aún, lo encuentra superficial y sin sentido.

Reflexión sobre el trabajo

Eclesiastés 2:20-21 — Por tanto, me desesperé en gran manera por todo el fruto de mi trabajo.

La vanidad del afán

Con sabiduría, con conocimiento y con destreza, y da su hacienda al que no ha trabajado en ella. Esto también es vanidad y un gran mal.

Eclesiastés 2:23 — Porque durante todos sus días, su tarea es dolorosa y penosa. Ni aun de noche descansa su corazón. También esto es vanidad.

El afán y la ansiedad no hacen otra cosa sino hundir en la depresión a este hombre que ve la obra de sus manos, de la cual no puede gozar, no puede encontrar el contentamiento y que sabe que precisamente tendrá que dejar a otro para que la continúen cuando él ya ha partido de esta vida.

No trabaje hasta que sus dedos se acalambren para dejarlo todo luego a una cabeza hueca. Haz tu trabajo, encomienda toda tu obra a Dios y deja los resultados en sus manos. Sólo Él puede hacer que tu trabajo tenga valor y sólo Dios puede ayudarte a relajarte y a disfrutarlo.

Confianza en el Señor

Salmo 127:1 — Si el Señor no construye el templo, de nada sirve que trabajen los constructores; si el Señor no protege la ciudad, de nada sirve que vigilen los sentinelas.

A ti que te afanas van dirigidas estas palabras. A ti que te preocupas del futuro y no sabes quién va a heredar todo lo que has logrado con mucho esfuerzo y trabajo. Y peor aún, no tienes la más remota idea de cómo se va a invertir aquello que tú has ganado con el sudor de tu frente.

Si a ti van dirigidas estas palabras hoy, sepa que por más que te angusties y te decepciones y caigas en la depresión más honda, tu vida tiene un término y tu obra no podrá acompañarte más allá de la tumba.

Por eso es necesario que cambies de actitud y que centres tu vida y tus objetivos en quien realmente es digno de ser considerado la primera razón y la primera causa de todo lo que existe. Jesús sabía las ansiedades de los hombres, por eso invitó a quienes padecían este mal a que fueran a Él para que aprendieran a descansar.

Hoy queremos una vez más dirigir tu ansiedad y tu preocupación a Jesucristo para que Él te enseñe a relajarte, a disfrutar de lo que tienes y poner tu confianza en Dios. Ese es nuestro deseo y también nuestra oración.

Agradecimiento por la Palabra

Vamos a dar gracias por su palabra, porque sin duda ella hoy nos ha hablado claro y preciso. Nos afanamos tanto y nos preocupamos en la búsqueda, pero Dios hoy día nos ha hablado claro que debemos disfrutar y dejar las preocupaciones en Jesucristo, porque debemos aprender a descansar.

Amado Dios, muchas gracias porque descansamos en el poder de su fuerza, porque por su palabra somos exhortados y bendecidos. Ahora pedimos su ayuda para que este consejo no pase desapercibido, que no seamos oidores que se olvidan del consejo que usted nos ha dado como hijos amados, sino que lo podamos practicar.

Peticiones de sanidad

Oramos, Señor, por los enfermos. Vamos confiadamente ante el trono de su gracia pidiendo sanidad para los enfermos, pidiendo que por misericordia a esta hora haya un toque de su poder sobre cada necesidad. Oramos por nuestro pastor Héctor Arena, por nuestro pastor Florindo Márquez y por el pastor Samuel Asenco Mifo por sanidad, pero por sobre todo pedimos que su voluntad sea hecha, mi Señor.

Oramos por nuestro hermano José Silva por sanidad y por nuestro hermano José David Videla, pedimos para él un milagro porque un milagro le va a poner de pie a nuestro hermano. Oramos por mi hermana Teresita Flores, por sus pastores, por su vecina y por su hija Pamela Larconflores por sanidad.

Oramos por respuesta a la petición de nuestra hermana Laura Senjo. Oramos por nuestro hermano Eduardo González por sanidad a la vista, por el hijo de mi hermano Jimmy por sanidad y liberación, por mi hermana Rosita Veloso, por mi hermana Ana Vallejos Fernández, por mi hermana Elena Reyes, por su esposo Joaco Videla y por su hija Débora Videla, todos por sanidad.

Oramos por mi hermano Ignacio Toro, por mi hermana Pilar González, por mi hermana Teresita Reyes, por mi hermano Miguel Torres, por Luis Durán Palma, por don Manuel Contardo, por don Rado Milovich, por mi hermana María Ibacache, por Cristian Barro, por mi hermano Eliseo Muñoz, por mi vecino Luis Orellana, por mi hermano Dagoberto Roa, por Beatriz Ibacache, por Alejandro López y por Angélica, todos por sanidad.

Señor, usted nos conoce y conoce la necesidad de sus hijos e hijas y pedimos que usted se glorifique en sanidad divina para la gloria del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén y amén. Gloria a Dios para siempre.

Despedida

Damos muchas gracias a nuestro Dios por su palabra. Ya estamos llegando al término de este programa por hoy; le damos muchas gracias a usted por haber estado una vez más en la sintonía del programa.

Mañana, Dios mediante, volvemos nuevamente con un nuevo programa a la misma hora y en este mismo punto del dial. Mientras tanto, Dios de paz le bendiga.