La Voz Pentecostal

La culpa y cómo librarnos de ella

· 56 min

Usted encontrará reflexiones bíblicas sobre la naturaleza de la culpa real e irreal y el camino hacia el arrepentimiento. Además, el episodio ofrece consejos prácticos para el hogar y una receta de cocina tradicional chilena.

Bienvenida

Escucha, auditor, la voz del Salvador, que hoy te llama a ti. ¿No quieres tú venir? Escucha la voz del Salvador, que a tu alma traerá salvación.

Bienvenidos, bienvenida nuevamente juntos a través de su programa La Voz Pentecostal. A través de los micrófonos de la radio Abigail, dirige el programa su hermana en Cristo Gladia Romero Toledo. Le doy la bienvenida a la sintonía del matinal de la radio en el 106.7 FM.

Este programa está llegando a su hogar con el propósito de bendecir su vida. Le saludo a usted, mi hermano, mi hermana, vecinos, amigos que nos sintonizan a esta hora. Les deseo las más ricas bendiciones de parte de nuestro Dios.

Oración matinal

Amado Dios, agradecemos su gran amor y misericordia que usted tiene para mí. Le doy gracias, Señor, por este nuevo día, por este maravilloso despertar glorioso. Le doy gracias, Señor, porque usted nos bendice; ya en esta mañana sus misericordias son nuevas.

Hoy, en este día, vengo a pedirle por todos los enfermos, muy en especial por los enfermos de cáncer, por las personas desahuciadas, por los que están huérfanos, como son los niños que están muchos en la calle y viven en soledad, y muy en especial por los países en guerra.

Oro muy en especial por este programa, para que a través del Espíritu Santo usted, mi Dios, derrame una bendición especial, siempre rogándole por el nombre que es por sobre todo nombre, por Jesucristo nuestro salvador. Gracias porque Él nos da la provisión de su amor, gracias por mi familia, porque tengo un techo que me cobija de mi sueño, le doy gracias por el agua, por el calzado, por el vestuario y por el pan que usted pone en mi mesa.

Mi súplica es por los enfermos, porque sé que a esta hora hay muchos que luchan en una sala de hospital, en una clínica o en sus casas esperando el toque de su poder sanador. Oro, Señor, por los matrimonios, por la unidad de la familia, por los niños para que usted les dé su protección y su cuidado, por tantos jóvenes presos de tantas adicciones y por tantos abuelos y abuelas olvidados. Oro para que haya sustento en la casa de la viuda y del huérfano.

Gracias, Señor, por tener lo más apreciado: tener a Jesucristo nuestro Salvador. Gracias, Padre, por habernos dado esta bendición. Gracias porque hemos sido redimidos del pecado y de la muerte, porque el pecado es algo tan grande que solamente Cristo tuvo que pagar el precio por nuestro pecado, porque a través de él hemos sido encontrados. Gracias, Dios Altísimo, por este regalo tan grande y por la manifestación de su amor por esta humanidad.

Amado Señor, oro por mis autoridades eclesiásticas. Muy en especial, oro por la máxima autoridad de mi iglesia, mi amado obispo Sergio Veloso, y por el honorable directorio. Señor, yo deseo con todo mi corazón que usted les dé una clara dirección para continuar desarrollando la labor que usted, mi Dios, les ha encomendado. Ellos tienen una vida muy ajetreada, porque tienen una vida personal, una vida familiar y la eclesiástica; más aún tienen la administración de su iglesia que usted les permite dirigir y gobernar.

Bendiga usted, mi señor, las autoridades civiles de nuestro país. Oro por la máxima autoridad y por los que con él gobiernan. Clamo, señor, por las autoridades civiles de nuestra comuna; ellos tienen en sus manos la gestión administrativa para solucionar los problemas que tiene nuestra comuna y pedimos para que usted sea tocando sus vidas.

Señor, oro por las instituciones de beneficencia, muy en especial por bomberos y por carabineros, esta última institución donde ellos arriesgan su vida en cada procedimiento. Amado Dios, bendiga la audiencia de este programa. Le doy a usted, mi Dios, toda la honra, la gloria y la alabanza, orando siempre para que a través del Espíritu Santo esté tomando el dominio y el control de este programa. Le pedimos que su bendición sea sobre nuestras vidas. Se lo pido, Padre, en el nombre de Cristo, nuestro Salvador. Amén y amén.

Pan de Vida

Damos muchas gracias a nuestro Dios porque estamos nuevamente juntos. Yo doy gracias siempre al Señor por usted, que está día tras día escuchando este programa. Empezamos con nuestro pan diario, con nuestro pan de vida que nos da el Señor a través de la lectura en su santa palabra en el libro de los Efesios, capítulo 1, versículo 11.

Efesios 1:11 — En el Altísimo tuvimos herencia, habiendo sido predestinados a fin de que seamos para la alabanza de su gloria.

Ya hemos encontrado en la lectura para nuestro pan de vida de hoy la aventura. El cristiano no puede ser un cristiano aburrido; uno de los valores a los que me aferro es la aventura, para mí esto es vida. Así me dijo un joven de nuestra iglesia, me insinuó que todavía no hubiera descubierto el gozo y la emoción de seguir a Jesús, una aventura como ninguna. Con entusiasmo le hablé sobre Jesús y cómo se encuentra en Él la verdadera vida.

Las meras palabras son inadecuadas para describir la aventura de conocer a Jesús, el Hijo de Dios, y caminar con Él. Pero en Efesios capítulo 1, el apóstol Pablo nos da un pequeño pero poderoso pantallazo de la vida con Cristo. Dios nos da bendiciones espirituales directamente desde el cielo, nos hace santos y sin mancha ante sus ojos y nos adopta como suyos en la familia real del rey.

Nos bendice con el generoso regalo del perdón y de la gracia, el entendimiento del misterio de su voluntad y el nuevo propósito de vivir para la alabanza de su gloria. El Espíritu Santo viene a vivir en nuestro interior para darnos poder, guiarnos y garantizarnos la eternidad en la presencia de Dios. Cuando Jesucristo entra en nuestra vida, descubrimos que llegar a conocerlo más y seguirlo más es la mayor de las aventuras. Búscalo ahora y cada día para tener una vida auténtica.

Podemos decirle al Señor, dándole gracias a través de la oración: Jesús, gracias por darme más de lo que hubiera imaginado. Descubrimos que vivir conociendo a Jesús y caminando con Él ha sido lo mejor; no hay nada que se compare con vivir esta realidad. Yo no imaginaba eso.

Podemos preguntarnos a quién quería Dios que le compartieras hoy sobre esto. Es el sentido que Dios nos pone: habiendo ya conocido esta aventura maravillosa de ser un cristiano o una cristiana, compartirlo es lo que Dios quiere de nosotros. Tenemos que ser sus testigos en todo momento y hablar, no callar, de lo grande y maravilloso que son sus obras, de quien hemos conocido, a este Dios Todopoderoso que nos ha dado a conocer su amor incondicional. Porque a mí no me puso condiciones el Señor y yo creo que a usted tampoco. Así que es lo mejor que tenemos y no podemos callar, tenemos que testificar el nombre bendito de nuestro Dios.

Consejos y datos útiles

En estos momentos le traemos los datitos, los consejos para que usted solucione esos problemitas del diario y cotidiano vivir. Son cosas fáciles y sencillas. Por ejemplo, ¿sabía usted que colocar dos a tres clavos de olor en la boca ayuda a matar bacterias y elimina el mal aliento? Estos clavos de olor son poderosos; si tenemos problemas con nuestra dentadura, esto es bueno.

¿Sabía usted que cuando está muy triste es bueno que se coma un plátano? Pues esta fruta libera una hormona llamada dopamina, que lo dejará más tranquilo y feliz.

¿Sabía que colocar un cubo de hielo en la zona del cerebro combate el cansancio y la fatiga, relaja el área del cuello, alivia el dolor muscular y hasta el dolor abdominal? Mire que bueno es este datito.

Ya estamos lidiando con las moscas por el calor que tenemos, a pesar de que hoy día tenemos un día fresquito. Le contamos que usted puede ahuyentar las moscas con algunas cosas inusuales. Por ejemplo, cuelgue una bolsa de agua en el techo; la luz que refleja durante el día lastimará los ojos de las moscas y terminarán huyendo del lugar.

Otra cosa que podemos hacer es colocar bolsas de vodka; las moscas no soportan el olor al vodka y al sentir el aroma se van para no volver. Solo tiene que llenar una bolsa con esta bebida alcohólica y colgarla del techo.

También tenemos el limón y el clavo. Este método es muy sencillo y uno de los más utilizados en casa: solo necesita un limón partido por la mitad y clavos de olor. El método es colocar los clavos en la mitad del limón y listo.

También le contamos que, aunque todavía no hay una explicación científica, muchas personas utilizan el ajo para ahuyentar las moscas. Solo debemos colocar una cabeza de ajo colgada, escondida en algún espacio de la casa.

Podemos también ahuyentar mosquitos y moscas usando plantas aromáticas cuyo olor no les gusta a estos insectos, como es la ruda, el romero, el tomillo o la albahaca.

Si usted quiere, puede incluso hacerle trampas a las moscas. Lo que necesita es una botella de plástico y vinagre. Corta la parte alta de la botella con cuidado de no romperla y, una vez que la tenemos a la mitad, pone una cucharada de vinagre con la boquilla hacia adentro, pero sin tocar el líquido. Así el aroma constante a vinagre alejará las moscas de su casa.

Le cuento cómo podemos evitar que la cebolla nos haga llorar. A la mayoría se nos irritan los ojos y por eso saltan las lágrimas. Precisamente, antes de picar la cebolla, llévela al freezer por 10 minutos. Cuando transcurren estos minutos, la retira y procede a picarla; ya la cebolla no le va a hacer llorar.

Este último datito es cómo evitar que se nos rebalse la olla que hierva y que deje el esparramo. Afortunadamente, en la cocina siempre hay trucos. Con tan solo colocar por encima de la olla una cuchara de madera, el agua no subirá y de esta forma evitará la suciedad de la caída del agua hirviendo. Ponga una de esas cucharas más grandes y va a ver que no se le va a subir la olla. Otro dato es que le ponga el gas a medio; es también bueno para no permitir un desastre.

Receta de cocina

Ahora le traigo la sugerencia para la cocina: hacer albóndigas al jugo. Esta es una receta sacada de la Enciclopedia de la Cocina Chilena. Esta preparación nos va a llevar 15 minutos y la cocción 20 minutos. Los ingredientes para 6 personas son: medio kilo de carne molida, 3 huevos, 1 taza de pan remojado, 3 cucharadas de perejil, media cebolla, 3 cucharadas de harina, 1 cubo de carne, 3 tazas de agua, una taza de salsa de tomate, aceite para freír, sal y pimienta.

Vamos a la preparación: bata ligeramente los huevos y pique el perejil fino. Fría la cebolla picada en cuadritos y, en un bol, mezcle la carne, la cebolla frita, los huevos, el pan remojado, el perejil, la sal y la pimienta. Mojese las manos, forme 12 albóndigas y revuélquelas en la harina.

Disuelva el cubo de la carne en tres tazas de agua y mézclelo con la salsa de tomate. Cueza en esta mezcla la carne a fuego suave durante 15 minutos. Verifique los condimentos y sirva caliente acompañado con moldecitos de arroz graneado o papa, según a usted le guste hacerlo.

Ilustración de Albóndigas al jugo

Receta del día

Albóndigas al jugo

  • 500 g de carne molida
  • 3 huevos
  • 1 taza de pan remojado
  • 3 cucharadas de perejil
  • 1/2 cebolla
  • 3 cucharadas de harina
  • 1 cubo de carne
  • 3 tazas de agua
  • 1 taza de salsa de tomate
  • Aceite para freír
  • Sal
  • Pimienta

Preparación

  1. Bata ligeramente los huevos.
  2. Pique el perejil fino.
  3. Pique la cebolla en cuadritos y fríala.
  4. En un bol, mezcle la carne, la cebolla frita, los huevos, el pan remojado, el perejil, la sal y la pimienta.
  5. Mójese las manos y forme 12 albóndigas.
  6. Revuelque las albóndigas en la harina.
  7. Disuelva el cubo de carne en las tres tazas de agua y mézclelo con la salsa de tomate.
  8. Cueza la carne en esta mezcla a fuego suave durante 15 minutos.
  9. Verifique los condimentos y sirva caliente acompañado con arroz graneado o papa.

Cierre de bloque

Ya estamos en la hora del programa de poner atención a la voz de Dios, que hoy tiene para nosotros a través del consejo de su palabra. Pero antes, vamos a tener unos breves instantes para escuchar una alabanza. Así que usted no se me vaya a ir de la sintonía. Volvemos en breves instantes para que juntos y juntas escuchemos la voz de Dios a través de su palabra.

Lectura de la Palabra

Vamos a abrir nuestras Biblias para leer la poderosa palabra de nuestro Dios en el libro de Romanos, capítulo 7, versículos 19 y 24. Leo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Romanos 7:19, 24 — Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago… Miserable de mí, ¿quién me librará de este cuerpo de muerte?

Dios nos bendice por la lectura de su palabra. Vamos a tener unos breves instantes de oración. Amado Dios, tenemos con nosotros la bendición de tener su palabra leída. Oro, mi Dios Altísimo, para que usted a través del Espíritu Santo traiga a mí la revelación divina de su palabra.

Use usted mis labios, tome el dominio y tome el control de mi vida para administrar su palabra. Úngame con una unción especial para que su palabra corra y sea glorificada en muchas vidas. Se lo ruego Padre, en el nombre de Cristo, nuestro Salvador. Amén y amén. Gloria a Dios para siempre.

La culpa y cómo librarnos de ella

El título de su palabra es: la culpa y cómo librarnos de ella. A veces no tenemos claro por qué o cómo se origina esto, pero está ahí y aparentemente no podemos deshacernos de esa realidad.

Nos referimos a dos tipos de sentimientos de culpa que atormentan a las personas. Una es la que podríamos llamar culpa irreal o culpa falsa, como la que experimentaba María, la menor entre tres hermanas cuyos padres eran profesionales y esperaban los mejores resultados de sus hijos.

Esos padres no eran capaces de reconocer en su hija los logros alcanzados según sus propias posibilidades y de acuerdo con sus limitaciones. Eso creó un sentimiento de culpa que la perseguía aun cuando trataba de criar a sus propios hijos de una manera distinta.

En el caso de María, el sentimiento de culpa no era real, ya que ella no cometió ningún delito y siempre trató de utilizar sus dones de la mejor manera posible. Solo fueron sus padres los que fallaron al no reconocer lo que ella hacía.

A través del proceso de consejería pastoral, María llegó a descubrir que gran parte de la causa de su sentimiento de culpa se debía a la crítica y a los castigos que había recibido cuando niña. Era una mujer que se sentía indigna y creía que merecía el castigo que recibía.

Como consecuencia de lo anterior, María no era capaz de aceptar el perdón de Dios por sus pecados. Su sentimiento de culpa era una especie de intento de castigarse a sí misma.

Pero existe también el sentimiento de culpa real, aquel que se presenta como consecuencia de acciones del pasado. Así le sucedió, por ejemplo, a Juan Pablo, que tenía 25 años y era hijo de una familia que asistía a la iglesia ocasionalmente.

La moral de la familia calzaba con los términos acostumbrados para aquellas personas que hacen lo mismo que las demás y evitan las cosas malas solo cuando hay testigos. Juan no sabía cómo enfrentar los sentimientos encontrados que le asaltaban.

Pidió ayuda pastoral y confesó que durante su adolescencia se había envuelto en situaciones ilegales; con esto él se refería a situaciones en las que había ido contra las leyes de Dios y de los hombres, aunque nunca había sido arrestado por la policía.

La Nueva Enciclopedia del Conocimiento Religioso define la culpa como el estado que resulta de la violación de la ley. Originalmente, la palabra para culpa significa una deuda y de ahí la responsabilidad por una deuda.

Después derivó en la idea del crimen y del estado de una persona que ha violado la costumbre o la ley y que está sujeta a un castigo. Nos preguntamos de qué manera una persona puede construir fronteras en su vida y aprovechar al máximo su potencial humano cuando carga sobre sí el peso de la culpa en todos los instantes.

Me importa la religión que tenga usted, o si de hecho no tiene ninguna, el sentimiento de culpa es universal y proviene del marco de referencia en el cual el hombre fue creado originalmente.

Ese marco de referencia es la ley moral de Dios que demanda a todas sus criaturas que observen los mandamientos. Como puso el conocimiento periodista, los mandamientos fueron dados como mandamientos, no como opciones para el hombre y la mujer.

Nuestros primeros padres pecaron y la esencia de su pecado consistió en desobedecer a Dios. Cuando Adán y Eva pecaron, decidieron desobedecer y, además de la maldad de su acción, traspasaron a su descendencia el sentimiento de culpa.

Sabían intelectualmente lo que era bueno, pero comprobaron en la práctica la falta de capacidad de los seres humanos para cumplir con estos mandamientos. Por eso el Nuevo Testamento afirma que no hay justo, ni siquiera uno.

No hemos cumplido las normas de vida establecidas por el Creador expresadas en los mandamientos. De hecho, el pecado nos ha separado del Creador, haciéndonos personas irreconocibles ante sus ojos.

A menudo, un sentido de pecado lleva consigo la expectación de que Dios se tomará la venganza para quedar a mano. Este fue el caso de una esposa que vino a verme para una consulta.

Ella me comunicó que estaba separada de su esposo. A la simple vista parecía que el conflicto matrimonial se trataba de tener hijos o no; ella no quería, pero el esposo sí. Finalmente pudo confesar la razón.

Anteriormente a su matrimonio, ella había tenido una aventura amorosa con un hombre casado, quedó embarazada y abortó. Más tarde entregó su vida a Cristo y conoció a un buen hombre, un cristiano con quien se casó.

Me explicó que se sentía muy culpable de su pecado y tenía miedo de que, si tenía un hijo, Dios la castigaría por lo que había hecho permitiendo que algo malo le ocurriera a su bebé.

Con razón no quería tener un hijo. Como muchos otros, ella estaba sufriendo innecesariamente por un complejo de culpa, atormentada por el pensamiento de que había cometido un pecado horrible y debía pagar por ello.

Este sentimiento de culpa hace que muchas personas busquen ayuda en la fuente equivocada: van a psicólogos, amigos, consejeros, adivinos o hechiceros tratando de aliviar sus conciencias, o tratan simplemente de olvidar mediante actividades o el uso de sustancias adictivas como el alcohol y las drogas.

Pero será solo cuestión de tiempo para que la conciencia esté allí nuevamente recordándole que la deuda no ha sido pagada.

El camino del arrepentimiento

Quizás usted haya oído muchas veces la palabra arrepentimiento. Casi siempre la asociamos con algo religioso porque algunos predicadores se han apoderado del término, como si este les perteneciera.

La palabra arrepentimiento debe tener un primer uso en cuanto a nuestra relación con Dios. Cuando nos volvemos a Dios, debemos estar seguros de que es por completo. Debemos tener muy claro que los únicos pecados que Dios no perdona son los que no se confiesan ante Él.

La primera carta del apóstol Juan afirma que si confesamos nuestros pecados, Dios es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad.

Cuando nos arrepentimos de nuestros pecados, lo que hacemos es declararlos ante Él y pedir su perdón. Pero si estos pecados envuelven también a otras personas a las que hemos hecho algún daño, la confesión debe extenderse también a las personas ofendidas.

Santiago, el hermano del Señor, nos exhorta en ese sentido cuando dice que debemos confesar nuestras ofensas los unos a los otros. Esta es la única forma de comenzar el proceso del arrepentimiento y, a la vez, librarnos del sentimiento de culpa.

Las distintas escuelas de psicología pretenden que la culpa no existe y que, si la experimentamos, debemos liberarnos de ella a través de un proceso de negación. La Biblia, por el contrario, reconoce la culpa, explica su origen y provee la solución única porque esta proviene de la mente del Creador mismo.

La solución cristiana parece simple, y de hecho lo es, lo cual no le quita profundidad porque Dios no ignora ni la gravedad ni la trascendencia del pecado. Él lo ve en su real dimensión y, precisamente porque el pecado es tan grande, se hizo necesaria la venida a este mundo del mismo Hijo de Dios.

Es solo cuando la persona llega a ver la profundidad de su pecado que puede ver también la gran necesidad que tiene de la salvación a través del método divino.

La gente dice muchas veces: yo sé lo que necesito hacer y quiero hacerlo, pero no puedo. Todos experimentamos ese sentido amargo del fracaso y de la insuficiencia.

Toda mi vida, confesó Séneca, he estado buscando salir de la cisterna de mis pecados y no lo puedo hacer, a menos que una mano se extienda hacia mí y me levante.

O como Agustín expresó el problema: cuántas veces he azotado mi voluntad y he gritado ‘salta ahora’, y a medida que lo decía, se preparaba para saltar y casi saltó, pero no lo hizo; la vida a la cual yo estaba acostumbrado me retuvo más que la vida que yo realmente deseaba.

Pero el lamento más célebre es el del apóstol San Pablo, quien declara que el querer el bien está en él, pero no el hacerlo. ¿Existe una respuesta para este molesto problema? ¿Podemos realmente cambiar?

Muchas personas cargan hoy con su culpa a través de la vida porque simplemente les parece imposible que Dios, el Creador del hombre, haya pensado en la mejor y única solución al problema del pecado.

Nosotros no conocemos una mejor solución excepto la de Dios que plantea en su palabra. Lo invito hoy a considerar seriamente el mensaje de la Biblia. Ya es tiempo de que deje de luchar en una batalla en la que tiene todas las de perder.

Oración final y peticiones

Amado Dios, al concluir su palabra nos hemos llenado de gojo y gratitud en nuestros corazones. Usted nos da a conocer la culpa y cómo librarnos de ella. El apóstol San Pablo lo identificó tan bien cuando dice: no hago el bien que quiero sino el mal que no quiero, eso hago, miserable de mí.

Dios nos bendice y nos ha dado el camino correcto. Oro a esta hora, mi Señor, pidiendo su ayuda para que en todos los que hemos escuchado su palabra, esta pueda ser vida en nuestros corazones y podamos practicarla para librarnos de la culpa de una vez por todas.

Ayúdenos, Padre, para no ser oidores olvidadizos, sino para llevar su palabra a la vida práctica de todos los días. Se lo ruego, Padre, en el nombre de Cristo Jesús.

Vamos confiadamente a Dios, intercediendo ante el trono de su gracia por los enfermos. Oramos para que usted se siga glorificando, porque sabemos que usted es un Dios grande y poderoso que manifiesta su poder sobre nuestra necesidad de ser sanados y tocados por su palabra.

Oramos por los ministros del Evangelio: por nuestro pastor Héctor Arena, pastor de nuestra iglesia en Granero, por sanidad; por nuestro pastor Florindo Márquez, pastor de nuestra iglesia en el monte, por sanidad; por el pastor Samuel Asenjo Riffo, por sanidad.

Oramos por nuestro hermano José Silva por sanidad, por nuestro hermano José David Videla pedimos un milagro para que pueda ponerse de pie. Oro por mi hermana Teresita Flores, por sus pastores, por su vecina y por su hija Pamela Larconflores por sanidad.

Oro por respuesta a la petición de mi hermana Laura Senjo, por mi hermano Eduardo González por sanidad a la vida, por el hijo de mi hermano Jimmy por sanidad y liberación, por mi hermana Rosita Veloso por sanidad, por mi hermana Ana Vallejos Fernández por sanidad, por mi hermana Elena Reyes por sanidad.

Oramos por su esposo Joaco Videla por sanidad, por su hija Débora Videla por sanidad, por mi hermano Ignacio Toro por sanidad, por mi hermana Pilar González por sanidad, por mi hermana Teresita Reyes por sanidad, por mi hermano Miguel Torres por sanidad, por Luis Durán Palma por sanidad.

Por don Manuel Contardo por sanidad, por don Rado Milovich por sanidad, por mi hermana María Ibacache por sanidad, por Cristian Barro por sanidad. Este varón está viviendo en la calle y huyó del hospital porque querían cortarle una pierna; él tiene toda la confianza puesta en que usted lo va a sanar y librar de la amputación.

Oro también por mi vecino Luis Orellana por sanidad, por mi hermano Eliseo Muñoz por sanidad, por mi hermano Dagoberto Roa por sanidad, por Beatriz Ibacache por sanidad, por Alejandro López por sanidad, por Angélica por sanidad y por mi hermana María Ibacache por sanidad.

Señor, yo sé que usted ha estado obrando cosas maravillosas en muchos de sus hijos. Le pedimos que termine de hacer la obra que ya empezó. Se lo pido, Padre, en el nombre de Cristo Jesús, nuestro Salvador. Amén y amén. Gloria a Dios para siempre.