La Voz Pentecostal

Superando los temores a través de la fe en Dios

· 57 min

Gladia Romero Toledo reflexiona sobre la importancia de priorizar la relación con Dios frente a las distracciones y los miedos irracionales. Usted encontrará consejos prácticos para el hogar y una guía espiritual basada en las Sagradas Escrituras.

Bienvenida

Escucha, auditor, la voz del Salvador, que hoy te llama a ti. ¿No quieres tú venir? Escucha la voz del Salvador, que a tu alma traerá salvación.

Bienvenidos, bienvenida nuevamente juntos a través de su programa La Voz Pentecostal, a través de los micrófonos de la Radio Abigail. Dirige el programa su hermana en Cristo, Gladia Romero Toledo. Le doy la bienvenida a la sintonía del matinal en el 106.7 FM.

Este programa está llegando a su hogar con el propósito de ser bendición. Les saludo a usted, mi hermano, mi hermana, vecino, amigo, que nos sintonizan a esta hora. Les deseo las más ricas bendiciones de parte de nuestro Dios.

Oración Matinal

Como siempre, le damos comienzo a este programa poniéndonos en las buenas manos de nuestro Dios. Amado Dios, le damos muchas gracias por darnos esta bendición, porque usted nos permite nuevamente tener un día más de vida. A través de este día maravilloso que usted nos permite disfrutar, vamos confiadamente ante el trono de su gracia solamente para agradecerle, porque sentimos ya su presencia maravillosa en nuestra vida.

Gracias por este constante cuidado, por su infinita bondad y por ser mi amigo fiel, permitiéndome gozar de su amor y darme la fortaleza para enfrentar el día a día. Padre de amor, le agradezco por mi hogar, por mi familia, por el techo que cobijó mi sueño. Le doy gracias por el alimento que usted pone en mi mesa, por el vestuario, por el calzado y por el agua.

Gracias por estas hermosas bendiciones, sabiendo que sin su guía ni su dirección no hay, Señor, nada que pueda satisfacer nuestras vidas. Si usted está en nosotros, viviendo en nuestra vida, guiándonos y dirigiéndonos, no necesitamos más. Amado Dios, guíe nuestras vidas en este día; sea usted siempre la luz que ilumine mi sendero y que su amor me acompañe en cada paso que dé.

Oro, Señor, por los matrimonios, por la unidad de la familia, por los jóvenes que son presos de tantas adicciones y por los niños para que usted les dé su protección y su cuidado. Oro por tantos abuelos y abuelas olvidadas, para que haya siempre sustento en la casa de la viuda y del huérfano. Oro, Señor, para que haya apertura de los presos de la cárcel.

Oro muy en especial porque sé que a esta hora hay muchos enfermos que luchan en una sala de hospital, en una clínica o en sus casas, esperando, Señor, el toque de su poder para recibir la sanidad en sus vidas. Por favor, mi Señor, restaure vida, sane a todos los enfermos. Llegue usted, Señor, en el momento más esperado para ellos y para ellas, trayendo la sanidad tan anhelada.

Oro, Señor, por mis autoridades eclesiásticas; muy en especial oro por la máxima autoridad de mi iglesia, mi amado obispo Sergio Veloso, y por el honorable directorio de nuestra iglesia. Oro, Señor, por las autoridades civiles de mi país, muy en especial por la máxima autoridad del país y por los que con él gobiernan.

Oro por las autoridades civiles de la comuna para que todos ellos, con su responsabilidad y a través de su gestión administrativa, sean usados por usted, mi Señor, para que puedan ver la necesidad más urgente que tiene esta comuna. Amado Señor, oro por cada institución, muy en especial por bomberos y por carabineros, quienes arriesgan su vida en cada procedimiento.

Oro, Señor, por la paz de Jerusalén y por la audiencia de este programa, pidiendo para ellos una especial bendición. Señor, descansamos en el poder de su fuerza, siempre esperando que usted nos sostenga con su diestra victoriosa, confiando y teniendo la seguridad de que el Espíritu Santo está con nosotros a esta hora y está tomando el control de nuestras vidas a través de este programa.

Gracias, Señor, porque podemos darle a usted toda la honra, toda la gloria y toda la alabanza, y lo hacemos a través de Jesucristo nuestro eterno y bendito Salvador. Amén y amén. ¡Gloria a Dios!

Pan de Vida

Damos muchas gracias a nuestro Dios por esta bendición que nos permite estar nuevamente juntos y juntas para que alabemos al que vive para siempre. Para este día tan especial, tenemos nuestro pan de vida en el Santo Evangelio según San Lucas capítulo 10, versículo 41.

Lucas 10:41 — ¿Qué afanada y turbada estás con muchas cosas, pero solo una cosa es necesaria?

Dios nos bendice por la lectura de su palabra porque ya nos ha dicho que hay una cosa que es necesaria. Recuerdo que en un remoto lugar de la costa inglesa lideré un retiro sobre el tema de María y Marta. Fue una experiencia muy especial, dándole al Señor esta maravillosa oportunidad de hablarle a las hermanas de Lázaro, quienes vivían en Betania y a quienes Jesús amaba.

Inesperadamente, una tormenta de nieve les impidió salir y muchos de los participantes señalaron que ese día extra juntas significó que pudiéramos practicar estar sentados a los pies de Jesús, como lo hizo María. Querían experimentar que solo una cosa es necesaria, como relata el evangelio según San Lucas capítulo 10, versículo 42, donde Jesús amorosamente le dijo a Marta que debía buscar acercarse a él y aprender.

Cuando Jesús visitó a los tres hermanos, es probable que Marta no supiera que él iría. Así que es comprensible que estuviera molesta porque María no la ayudaba a preparar la comida para Jesús y sus amigos. Pero perdió de vista lo realmente importante: recibir de Jesús al aprender de Él.

Cristo no la estaba regañando por querer servirlo, sino recomendándole que se estaba perdiendo lo más importante. Cuando las interrupciones nos irritan o nos abruman por la cantidad de cosas que queremos hacer, podemos detenernos y recordar qué es lo que realmente es importante en la vida.

Imaginémonos sentados a los pies de Jesús y pidámosle que nos llene de su amor y vida. Podemos disfrutar de ser sus discípulos amados. Digámosle a Él: ‘Querido Jesús, gracias por interrumpirme en tus caminos, que mis actividades no me distraigan’. Siempre nos distraemos con muchas cosas que no son tan importantes como estar a los pies de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.

A veces nos perdemos lo más necesario, que es escuchar la voz de Dios. Agradecemos al Señor Jesucristo porque nos da la bendición de tener con nosotros lo que es necesario. Ayúdenos el Señor para conocer el tiempo apropiado y el momento necesario para poder estar a los pies de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.

El Cuidado de Dios

No podemos dejar lo que el Señor nos habla tan especial a través del Salmo 121, versículo 4, que nos dice que Él cuida de nosotros.

Salmo 121:4-8 — En efecto, el que cuida a Israel nunca duerme ni se adormece. El Señor mismo te cuida; el Señor está a tu lado como tu sombra protectora. El sol no te hará daño durante el día ni la luna durante la noche. El Señor te libra de todo mal y cuida tu vida. El Señor te protege el entrar y el salir, ahora y para siempre.

Tengamos esta seguridad que tiene el salmista David para hablarnos de esto tan especial, que es cuando nos damos cuenta del cuidado de nuestro Dios.

Sugerencia para la Cocina

Para la sugerencia de hoy para la cocina, hay una receta que siempre nos llama la atención porque ¿quién no quiere disfrutar de un brazo de reina? Para este brazo de reina necesitamos: 4 huevos, 120 gramos de azúcar, 120 gramos de harina de trigo, una cucharada de esencia de vainilla y una pizca de sal.

Para el relleno necesitamos 200 gramos de mermelada de su preferencia, aunque queda mejor con mermelada de albaricoque. Para decorar, necesitamos azúcar en polvo al gusto y coco rallado, que es opcional.

Vamos a la preparación. Primero, vamos a precalentar el horno a 180 grados centígrados y preparamos una bandeja de horno rectangular, cubriéndola con papel encerado o papel de hornear. Vamos a separar las claras de las yemas de los huevos en dos tazones diferentes.

Vamos a batir las claras a punto de nieve con una pizca de sal. Cuando estén casi firmes, vamos a agregar la mitad del azúcar (60 gramos) y siga batiendo hasta obtener un merengue firme. Bata las yemas con el resto del azúcar hasta que la mezcla se vuelva pálida y espumosa.

Añada la esencia de vainilla e incorpore las claras batidas a la mezcla de yemas en forma envolvente, con movimiento suave para no perder el aire de las claras. Tamice la harina sobre la mezcla de yemas e incorpórela suavemente, mezclándola hasta que esté bien integrada.

Vierta la mezcla en la bandeja preparada y extienda uniformemente con una espátula, asegurándose de que la superficie esté nivelada. Hornee durante unos 10 a 12 minutos o hasta que el bizcocho esté dorado.

Algo está pasando

Algo está pasando.

Receta de Brazo de Reina

Estábamos en la sugerencia de qué cocinábamos hoy día y le traíamos el brazo de reina. Este es siempre bien recibido por la familia cuando lo hacemos, y le hemos querido traer a usted esta receta como sugerencia.

Para este brazo de reina necesitamos estos ingredientes: 4 huevos, 120 gramos de azúcar, 120 gramos de harina de trigo, una cucharada de esencia de vainilla y una pizca de sal. Para el relleno, 200 gramos de mermelada de albaricoque, que es la más preferida para rellenar el brazo de reina.

Para decorar necesitamos azúcar glass, que es el azúcar en polvo, al gusto, y coco rallado, que es opcional.

Vamos a la preparación. Lo primero que vamos a hacer es precalentar el horno a 180 grados y prepare una bandeja de horno rectangular cubriéndola con papel encerado o papel de hornear. Separe las claras de las yemas de los huevos en dos tazones diferentes.

Bata primero las claras a punto de nieve con una pizca de sal y, cuando estén casi firmes, agregue la mitad del azúcar, que son 60 gramos, y siga batiendo hasta obtener un merengue firme. Bata las yemas con el resto del azúcar, otros 60 gramos, hasta que la mezcla se vuelva pálida y espumosa. Añada la esencia de vainilla y mezcle bien.

Incorpore las claras batidas a la mezcla de las yemas en forma envolvente, con movimiento suave para no perder el aire de las claras. Tamice la harina sobre la mezcla e incorpórela suavemente, mezclando hasta que esté bien integrada.

Vierta la mezcla en la bandeja preparada y extienda uniformemente con una espátula, asegurándose de que la superficie esté nivelada. Hornee durante unos 10 a 12 minutos o hasta que el bizcocho esté dorado y, al presionarlo suavemente con los dedos, vuelva a su forma.

Desmolde el bizcocho inmediatamente sobre un paño de cocina limpio y ligeramente húmedo. Retire con cuidado el papel de hornear y enrolle el bizcocho junto con el paño comenzando con uno de los lados cortos. Deje que se enfríe en esa posición para mantener la forma.

Desenrolle el bizcocho una vez que esté frío y extienda uniformemente la mermelada de albaricoque sobre toda la superficie. Vuelva a enrollar el bizcocho, ahora sin el paño, formando un cilindro. Empolvore con azúcar glass y, si lo desea, añada coco rallado para decorar.

Ahora lo vamos a llevar a refrigerar el brazo de reina durante al menos una hora antes de servir, para que se asiente y sea más fácil cuando lo vamos a cortar. Esta es la receta que le hemos dado por hoy.

Ilustración de Brazo de reina

Receta del día

Brazo de reina

  • 4 huevos
  • 120 gramos de azúcar
  • 120 gramos de harina de trigo
  • 1 cucharada de esencia de vainilla
  • 1 pizca de sal

Relleno

  • 200 gramos de mermelada de albaricoque

Decoración

  • azúcar glass al gusto
  • coco rallado (opcional)

Preparación

  1. Precaliente el horno a 180 grados centígrados.
  2. Prepare una bandeja de horno rectangular cubriéndola con papel encerado o de hornear.
  3. Separe las claras de las yemas en dos tazones diferentes.
  4. Bata las claras a punto de nieve con una pizca de sal y, cuando estén casi firmes, agregue 60 gramos de azúcar y siga batiendo hasta obtener un merengue firme.
  5. Bata las yemas con los otros 60 gramos de azúcar hasta que la mezcla esté pálida y espumosa.
  6. Añada la esencia de vainilla a las yemas y mezcle bien.
  7. Incorpore las claras batidas a la mezcla de yemas en forma envolvente con movimientos suaves.
  8. Tamice la harina sobre la mezcla e incorpórela suavemente hasta que esté bien integrada.
  9. Vierta la mezcla en la bandeja, extiéndala uniformemente con una espátula y nivele la superficie.
  10. Hornee durante 10 a 12 minutos o hasta que el bizcocho esté dorado y recupere su forma al presionarlo suavemente.
  11. Desmolde el bizcocho inmediatamente sobre un paño de cocina limpio y ligeramente húmedo.
  12. Retire el papel de hornear y enrolle el bizcocho junto con el paño desde uno de los lados cortos.
  13. Deje enfriar en esa posición para mantener la forma.
  14. Desenrolle el bizcocho frío y extienda la mermelada de albaricoque uniformemente sobre la superficie.
  15. Vuelva a enrollar el bizcocho, esta vez sin el paño, formando un cilindro.
  16. Empolvore con azúcar glass y añada coco rallado si lo desea.
  17. Refrigere el brazo de reina durante al menos una hora antes de servir.

Consejos y Datos para el Hogar

Ahora los datitos y los consejos. ¿Quiere usted que le duren las flores más en su florero? Si le regalaron un rico buquete de flores y quiere que le duren unos días más, coloque un poquito de Coca-Cola en su florero.

Le damos a conocer también que si a su blue jean se le pegó un chicle, sáquelo frotando con Coca-Cola. Y si usted tiene su ropa manchada, sáquelas mezclando agua caliente y bicarbonato y sus ropas quedarán sin mancha.

Le cuento que es muy necesario desinfectar las frutas y las verduras. Para hacerlo debemos ser prolijas con el lavado; hay que lavarlas muy bien con agua, pero al agua tenemos que ponerle bicarbonato, que le va a ayudar a desinfectar.

Si usted tiene problemas con su sartén y quiere que luzca más bonito, lávelo con amoniaco. Para manipular el amoniaco en ese sartén tiene que usar guantes y una esponja metálica.

Para su hervidor que está con mucho sarro, porque el agua acá en nuestra comuna tiene muchos metales pesados, límpielo hirviéndolo con papel alusa. Usted lo arruga bien y lo coloca dentro del hervidor; al hervir le va a quedar limpio de todo ese sarro que se acumula con el agua de la llave.

La otra solución es usar agua de botella que compramos, que a veces están a muy buen precio. Esa agua es la ideal para ponerle al hervidor para no tener problemas de sarro.

Para sacar las manchas de desodorante en su ropa, hágalo con bicarbonato, limón, vinagre y un poco de lavaloza. Con todos estos ingredientes usted remoja la mancha, la deja unos minutos, resfriega y luego lava como lo hace comúnmente.

Para remover los rayones de sus lentes, aplique vaselina. Limpie muy bien los cristales, pero antes coloque tres cucharadas de bicarbonato y agregue un poco de agua. Mezcle hasta tener una pasta y frote con un algodón en forma circular sobre los lentes.

Para limpiar cristales, espejos, pantallas de televisor u ordenadores, mezcle vinagre blanco con agua y aplíquelo directamente sobre la pantalla con un paño de microfibra.

Para limpiar el filtro de la campana, use agua tibia, jabón líquido, jugo de limón y un líquido desengrasante. Desconecte la campana de la corriente, retire los filtros y colóquelos en una bandeja con agua tibia, cuatro cucharadas de jabón líquido y el jugo de limón.

En media hora verá cómo se desprende la suciedad. Humedezca con el líquido desengrasante y limpie el exterior de la campana con una fibra, asegurándose de que no se raye. Repita cuatro veces y seque con papel absorbente de cocina.

Retire los filtros de la mezcla, restriegue con una esponja para quitar los restos de suciedad y, si es posible, rocíe con un poco de alcohol para desinfectar. Seque todo y vuelva a colocar los filtros limpiecitos; esto lo podemos hacer cada 6 meses.

Como último datito para limpiar el microondas, ponga en un bol agua caliente, ponga un limón partido a la mitad y exprima el jugo. Ponga el bol en el microondas y prográmelo a máxima potencia. Con esto usted va a tener la facilidad para limpiar.

Lectura de la Palabra

Vamos a abrir nuestras Biblias para leer la poderosa palabra de nuestro Dios. Y lo haremos en el Salmo 91, versículo 2. Leo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Salmo 91:2 — Diré yo a Jehová: Esperanza mía, castillo mío, mi Dios en quien confiaré.

Dios nos bendice por la lectura de su palabra. Vamos a orar al Señor: Amado Dios, le damos gracias porque tenemos el privilegio de tener su palabra leída. Oro, Señor, para que el Espíritu Santo traiga a mí la revelación divina de su palabra. Use usted mis labios, tome dominio, tome el control de mi vida y úseme, Señor, con una unción especial para que su palabra corra y sea glorificada en muchas vidas. Y se lo ruego, Padre, en el nombre de Cristo Jesús, nuestro Salvador, Señor. Amén y Amén. Gloria a Dios para siempre.

Somos hijos del temor

El título de su palabra es: “Somos hijos del temor”. Se cuenta que un presidente latinoamericano que se encontró en medio de una balacera, en uno de los tantos golpes de Estado que parecían perseguir a las frágiles democracias del continente, fue entrevistado acerca de lo que pensó en ese instante y si había temido por su vida. Él respondió que no tenía miedos físicos.

Quizás sea una excepción, pero la mayoría de las personas experimentan temor y hasta paralización momentánea cuando se enfrentan a situaciones de riesgo. El miedo paraliza a las personas, quizás en el medio de la autodefensa ante peligros eminentes. Pero a los miedos reales la gente agrega todos aquellos otros que a lo mejor no existen, pero que prueban las mentes de las personas cual es fantasma de una leyenda.

Usted sabe que la vida de todos los días provee a todas las personas con una carga suficiente de temores. Si eso es así, es poco absurdo sumar a esos otros temores aquello que llamamos irracionales y que también se disputan nuestra atención.

Cuando hablamos de temores reales, nos estamos refiriendo a situaciones que podrían amenazar nuestra vida, nuestra salud o nuestra economía. Creemos que todos nos hemos preocupado alguna vez cuando alguna de esas áreas se ha visto amenazada. Pero es también cierto que no pasamos nuestra existencia atormentados por esos temores.

El problema es que muchas personas simplemente se pasan gran parte de sus vidas temiendo lo que sucederá, aunque en un gran porcentaje de los casos esos temores nunca se materialicen. El miedo es un elemento tan poderoso que hace que las personas renuncien a sus trabajos, se muden de casa o de ciudad y hasta adopten estilos de vida distintos.

El temor, además, hace que no se pronuncien determinadas palabras, que se eviten ciertos lugares y que se emboten los sentidos ante su inevitable presencia. Las supersticiones que encontramos en pueblos y tradiciones se deben en parte a los temores. Se responde de esa manera a la posibilidad de ser afectado por males que parecen multiplicarse cada vez que se violan tales tradiciones o costumbres.

Sí, las personas harán cualquier cosa para liberarse del temor y para ello acudirán a consejero, psicólogo y hechicero, pagando todo lo que se les pida para que les quite su mal. Debemos aclarar que el temor es un elemento universal y que se encuentra en todas las épocas.

Por ejemplo, lo vemos descrito en el Salmo 91, donde se habla del temor que produce el lazo del cazador, una peste destructora o un terror nocturno que parece muy real al escritor del Salmo. No se trata entonces de negar la realidad o la presencia de los temores en la vida de las personas. De lo que se trata, más bien, es ofrecer una posibilidad de ayuda y una solución permanente a tal estado de ansiedad y de temor.

Sabemos de aquellas explicaciones, algunas de ellas muy ingeniosas, sobre los temores que se han apoderado de usted: experiencias traumáticas, niñez llena de pesadillas, intentos reales de hacer daño. No le quitamos validez a sus experiencias, pero aquí y ahora estamos más interesados en ofrecer alguna solución.

Por eso queremos hacer esta declaración: usted es el responsable de sus temores. Como sabe, ningún temor se ha presentado en su vida como una especie de criatura que lentamente crece y se apodera de usted. Es usted la persona que ha permitido que el miedo se convierta en una especie de fuerza dominante en su vida.

Cuando el miedo aparece ahora como una especie de gigante, usted está dispuesto a lo que sea necesario con tal de superar el temor. Pero cuando usted se expresa así, afirmando que está dispuesto a hacer cualquier cosa para liberarse, está de hecho evidenciando una actitud opuesta a lo que en realidad se necesita para enfrentar el temor y su secuela de consecuencias negativas.

Para empezar, déjeme explicarle algunas cosas. En primer lugar, no puede decir “haré cualquier cosa”. Dios no lo permitirá. Él es quien le dice lo que debe hacer en todas las situaciones de la vida. Como resultado, su actitud debe ser siempre: “Haré cualquier cosa que Él quiera que yo haga”.

Hay personas que hacen literalmente cualquier cosa para deshacerse del temor, como cambiar de casa, matar o retirarse de las sociedades. Pero estas acciones no son aceptables para Dios, porque no lo consideran a Él y su voluntad en este asunto. En verdad, uno pronto encuentra sus temores aumentar sencillamente porque su actitud misma ha sido formada por el temor.

Una persona que obra basada en una actitud formada en el temor no puede vencerlo. La persona que dice que hará cualquier cosa para superarlo, está cediendo terreno al temor cuando hace esta declaración. Hablar de este modo es pensar de ese modo, y pensar con temor es estimular el temor.

Usted puede superar el temor. Cuando hablamos de estos temores o fobias, estamos hablando de actitudes que se apoderan de la persona y que no la dejan en paz. La persona que padece de estos males es prisionera de sus temores.

La solución de este y otros problemas de la conducta humana pasa por la comprensión y la aceptación de que somos imperfectos. Por esa imperfección es que estamos sujetos a todo tipo de desviación en todas las esferas de la vida, lo cual incluye nuestras emociones, nuestros afectos y nuestra personalidad.

El Salmo 91, al que ya hemos referido antes, da también una respuesta a los temores de los seres humanos. Afirma, por ejemplo, que el que vive bajo la sombra protectora del Altísimo y Todopoderoso puede expresar con toda propiedad que Dios es su refugio y que en Él confía.

La cuestión es cómo puede uno llegar a tener un tipo de relación con Dios. Esta cuestión ha flotado en las mentes de muchas personas a lo largo de la historia de la humanidad. Para el problema del miedo o situaciones que vienen como consecuencia de experiencias traumáticas del pasado, existe un enfoque que consiste en ir hacia el pasado y tratar de discutir aquel evento que produjo ese temor inicial.

Por ejemplo, hay personas que sienten pavor ante la presencia de los perros. Es posible que esos temores sean respuestas a situaciones de la niñez donde fueron testigos o protagonistas de ataques. O puede tratarse de temores a los elementos naturales desatados, como el viento huracanado, las tempestades o los terremotos, que traen al subconsciente imágenes de un peligro eminente.

No vamos a hablar hoy de eso, porque hay otro arsenal de temores que tenemos y que se nos ha enseñado o sugerido ante posibles situaciones de riesgo. Pero si queremos hablar de un intento de solución a estos temores que parecieran presionarnos en cada elemento de nuestra vida, queremos hablar hoy de cómo podemos sentirnos seguros y confiados para poder derrotarlos.

Para ello debemos responder a la pregunta básica de si Dios es realmente una persona a la que conocemos. El Salmo 91 habla de una protección que poseen los creyentes como consecuencia de su relación personal y directa con el Hacedor. Esa relación, y más aún la presencia real de Dios, es la que hace la diferencia en millones de personas que, como usted, han tenido miedo y temores, algunos de ellos fundados, pero que han podido seguir viviendo seguros porque saben que el presente y el futuro no están en sus manos, sino en las manos de Dios.

Quizás ningún pueblo fue tan pesimista y lleno de temores como la generación de Jesús. Políticamente estaban sometidos al gran poder imperial de Roma. Religiosamente estaban los saduceos, que tenían muchos intereses políticos, y los fariseos, tan apegados a la letra de la ley que solo les interesaba la forma y no el espíritu de ella. Parecía, además, que los poderes espirituales de la oscuridad se habían apoderado de muchas personas de esa época.

A ese pueblo en tinieblas vino Jesús, la luz del mundo, para establecer la diferencia en cuanto a la verdadera vida. Hoy Dios puede hacer la diferencia también en su vida y librarlo de sus temores si confía en Él, si se acerca creyendo que Él existe y que es capaz de esa liberación. Todo es posible para el que cree.

Oración y Peticiones

Dios nos bendice por su santa palabra. Vamos a agradecer: Amado Dios, le damos muchas gracias por darnos este tan alto privilegio de poder escuchar la voz de Dios por su palabra. Ella nos ha exhortado hoy día tan claramente que podemos entenderla todos y todas. No hay nada, mi Señor, que Usted no nos aclare por Su Palabra bendita. Agradecemos, Señor, esta invitación a que pongamos toda nuestra confianza en el dador de la vida, que es usted mi Dios, porque usted es quien nos ha creado y nos ha formado.

Oramos, Señor, por los enfermos; clamamos pidiendo misericordia para ellos y ellas, que el toque de su poder a esta hora esté tocando vida. Oramos por nuestro pastor Héctor Arena, pastor de nuestra iglesia en Granero, y por nuestro pastor Florindo Márquez, pastor de nuestra iglesia en el mundo; pedimos por ellos para que usted los sane, mi Señor, siempre confiando que su voluntad es la que se hace y no la nuestra. Amén.

Intercedemos por el pastor Manuel Samuel Asenjo Riffo, que necesita ser sanado de un tumor canceroso en el riñón derecho; usted mi Dios es poderoso para extraer ese mal de este joven pastor que tiene toda su vida por delante para administrar y predicar el Evangelio. Oramos por sanidad por nuestro hermano José Silva, por nuestro hermano José David Videla pidiendo un milagro que lo ponga de pie, por nuestra hermana Teresita Flores, por sus pastores, por su vecina y por su hija Pamela Larcon Flores por sanidad.

Oramos por respuesta a la petición de nuestra hermana Laura Senjo, por sanidad a la vista de nuestro hermano Eduardo González, por sanidad y liberación del hijo de mi hermano Jimmy, por sanidad de mi hermana Rosita Veloso, de mi hermana Ana Vallejos Fernández, de mi hermana Elena Reyes, de su esposo Joaco Videla y de su hija Débora Videla.

Oro por sanidad por mi hermano Ignacio Toro, por mi hermana Pilar González, por mi hermana Teresita Reyes, por mi hermano Miguel Torres, por Luis Durán Palma, por don Manuel Contardo, por don Rado Milovich, por mi hermana María Ivacache, por Cristian Barro, por mi hermano Eliseo Muñoz, por mi vecino Luis Orellana, por mi hermano Dagoberto Roa, por Beatriz Ivacache, por Alejandro López y por Angélica.

Señor, no tenemos duda que usted conoce cada situación y quién necesita a esta hora el toque de su poder. Esperamos que vidas sean tocadas y cambiadas, y que toda enfermedad sea retirada de sus cuerpos. Se lo pedimos, Padre, en el nombre de Cristo Jesús, nuestro Salvador. Amén y Amén. Gloria a Dios para siempre.

Cierre del programa

Agradecemos al Señor por su palabra. Ya estamos llegando al término del programa por hoy. Agradecemos a usted por haber estado en sintonía y por preferirnos.

Le contamos que usted puede escucharnos cualquier día a través de internet; solamente tiene que buscar Radio Abigail y podrá escuchar cualquier programa de la semana, muy en especial La Voz Pentecostal, porque todos quedan grabados.

Mañana, Dios mediante, volvemos a encontrarnos nuevamente con un nuevo programa a la misma hora y en este mismo punto del dial. Mientras tanto, Dios le bendiga.