Fe en la sanidad divina y el juicio de Dios
Usted encontrará reflexiones sobre la fe sanadora a través del Evangelio de San Mateo y la importancia de vivir bajo el escrutinio divino. El episodio también ofrece consejos prácticos para el hogar y una receta tradicional de cocina.
Bienvenida y Oración Inicial
Escucha, auditor, la voz del Salvador, que hoy te llama a ti. ¿No quieres tú venir? Escucha la voz del Salvador, que a tu alma traerá salvación. Bienvenidos nuevamente a su programa La Voz Pentecostal, a través de los micrófonos de la radio Abigail. Dirige este programa su hermana en Cristo, Gladia Romero Toledo, y le doy la bienvenida a la sintonía del matinal en el 106.7 FM.
Este programa está llegando a su hogar con el propósito de bendecir su vida. Les saludo a usted, mi hermano, mi hermana, vecinos y amigos que nos sintonizan a esta hora. Les deseo las más ricas bendiciones de parte de nuestro Dios y le damos comienzo a este programa orando.
Amado Dios, le doy muchas gracias por haberme permitido despertar y experimentar un nuevo día rodeada de mi familia y disfrutar de todas sus bendiciones que por su amor disfruto. Gracias por ser mi amigo constante, mi refugio en momentos de necesidad y ser mi proveedor en todo momento. Confío en que usted guía mis pasos y que me muestre el camino correcto a seguir.
Le pido fortaleza para enfrentar los desafíos y fe para mantenerme firme en el momento de dificultad. Ruego que usted me dé la sabiduría para tomar buenas decisiones; que mi corazón sea noble y mi mente llena de entendimiento para actuar bien de acuerdo a su designio. Encomiendo este día y este programa en sus manos.
Gracias porque hoy usted me da la oportunidad de ver este día con los ojos de mi alma, porque tengo el privilegio de amar, de respirar, de caminar, de sentir, de tocar, de saborear y de leer su palabra bendita. Oro para que usted siempre haga su santa y perfecta voluntad de acuerdo a sus planes divinos. Le damos muchas gracias porque alcanzamos su inefable bondad infinita.
Es bello despertar cada día con la certeza de que usted, mi Dios, cuida de mí y me lleva por caminos de bendición. Usted ha actuado en mi vida dándome el poder para gozar de mi familia. Gracias porque tengo un techo que cobija mis sueños, porque usted me da agua, pone calzado en mis pies y porque me viste. Esta es una experiencia maravillosa que usted me permite vivir, porque todo tiene una razón de ser, buscando siempre nuestro crecimiento espiritual.
Creo que puertas serán abiertas donde no las hay y que usted, mi Dios, va a derramar abundancia. Oro, Señor, porque sé que a esta hora hay muchos enfermos que luchan en una sala de hospital, en una clínica o en sus casas. Oro para que todos ellos y ellas reciban el toque de su poder sanador en sus vidas.
Oro por los que se sienten marginados, presos de tantas adicciones; oro por los matrimonios, por la unidad de la familia, por los niños para que usted los proteja y les dé su cuidado, y por tantos abuelos y abuelas olvidadas. Oro por la casa de la viuda y del huérfano, y por la apertura de los presos de la cárcel. Señor, sane nuestra tierra, porque esta tierra está enferma y necesita ser sanada; solo usted es quien puede tocarla y sanarla.
Oro por mis autoridades eclesiásticas, muy en especial por la máxima autoridad de mi iglesia, mi amado obispo Sergio Veloso, y por el honorable directorio de nuestra iglesia. Oro por las autoridades civiles de nuestro país, por la máxima autoridad y por los que con él gobiernan.
Oro por las autoridades civiles de nuestra comuna, porque hay muchos que han sido puestos en eminencia; oro para que ellos cumplan su gestión administrativa y usted ponga su mano sobre esta comuna, dotando a estas autoridades para que actúen en favor de las necesidades que tenemos. Oro por la audiencia de este programa, pidiendo una especial bendición para ellos y para ellas.
Le doy gracias a todos por habernos dado a su Hijo Jesucristo y le pido, Señor, que usted reciba toda la honra, la gloria y la alabanza. Usted hizo lo más grande por esta humanidad, por eso le alabamos, le bendecimos y glorificamos su nombre por ser nuestro Dios que nos ha dado a nuestro Señor y Salvador Jesucristo.
Por medio de Cristo, nuestro Salvador, es que somos salvos, porque Él pagó el precio; fue tan grande lo que pagó, porque pagó el precio de toda esta humanidad. Gracias, mi Dios, por todos los beneficios que a diario recibimos. Lo hacemos, Señor, en el nombre de Cristo Jesús, nuestro Salvador. Amén y amén. Gloria a Dios para siempre.
Pan de Vida: Aférrate a Jesús
Le damos muchas gracias a nuestro Dios por encontrarnos hoy nuevamente juntos y juntas, porque ya tenemos con nosotros nuestro pan de vida, que cada día tenemos al comenzar nuestro programa. Hoy nuestro pan de vida es a través del Santo Evangelio según San Mateo capítulo 9, versículo 21.
Mateo 9:21 — Decía dentro de sí: Si tocare solamente su manto, seré salva.
Dios nos bendice por nuestro pan de vida, porque ya el Señor nos ha entregado un mensaje para este día, 11 de noviembre. El Señor nos ha entregado un mandato divino y me dice: “Aférrate a Jesús”.
Este es un testimonio: una de nuestras hermanas se sintió mareada mientras subía por las escaleras del edificio de oficina. Ella nos cuenta que se aferró al pasamanos porque todo parecía darle vueltas; con el corazón latiendo a mil y las piernas flojas, dice mi hermana que dio gracias de que el pasamanos era firme. Los exámenes médicos mostraron que tenía anemia, aunque la causa no era grave y su salud se recuperó.
Ella nos cuenta este episodio y dice que nunca olvidará lo difícil que se sintió ese día. Por esta razón, nuestra hermana dice que admira a la mujer que tocó a Jesús. No solo pasó entre la multitud estando débil, sino que también mostró fe al decidir acercarse al Maestro. Tenía motivos para sentir miedo, pues la ley judía la consideraba inmunda y, al exponer a otro a su inmundicia, podía enfrentar problemas serios, pero el pensar que si tocaba solamente su manto la mantuvo decidida.
La palabra griega traducida como “tocase”, que encontramos en San Mateo 9:21, no es un simple toque, sino que tiene un significado más intenso: aferrarse o apegarse. La mujer se aferró fielmente a Jesús porque creía que él podía sanarla. En medio de la multitud, Jesús vio su fe desesperada.
Del mismo modo, cuando nos aventuramos con fe y nos aferramos a Cristo en nuestra necesidad, Él nos recibe y acude a ayudarnos. Podemos contarle nuestra historia sin temor, rechazo o castigo, porque Jesús nos dice: “Aférrate a mí”. Sin duda, cuando experimentamos esta instancia de aferrarnos a nuestro Señor y Salvador Jesucristo, como lo hizo la mujer, somos bendecidos.
También tuvimos una instancia donde tocamos el manto de Jesús por fe. Ahora nosotros tenemos que vivir dándole gracias a nuestro Dios por aceptarnos y llamarnos sus hijas; yo me siento privilegiada de llamarme su hija. Gloria a Dios. Hoy podemos recordar cualquier sufrimiento que hemos pasado, porque en el caminar encontramos que hay algo que nos haya causado temor, y hemos acudido a nuestro Señor y Salvador Jesucristo.
Hoy nuestro pan de vida nos dice que podemos aferrarnos a Jesús. El poder de Dios no ha dejado de ser; aunque ha pasado el tiempo desde que la mujer tocó el manto de Jesús y fue sana, el poder hoy permanece y permanece siempre. Confiamos en nuestro Dios, el Dios de las oportunidades, que va a acudir a refugiarnos en cualquiera de las necesidades que enfrentemos.
Qué gozo infunde nuestra alma de que podamos haber experimentado el toque de nuestro Dios. Gracias porque nos hemos aferrado a Él y estamos siempre en esa condición, porque Él verdaderamente hizo algo muy grande en nosotros. Como lo hizo con esta mujer, que ella dijo: “Si tan solo tocare el manto, seré salva”. Qué grande la expresión; no dijo “seré sana”, dijo “seré salva”. Tenía dos objetivos: la bendición de Dios en ella, salvación y sanidad.
Dios nos bendice por nuestro pan de vida, porque sin duda nosotros hemos experimentado la sanidad divina en nuestros cuerpos. Dios de paz, él nos bendice y caminamos adelante con el programa.
No podemos dejar de experimentar lo que Dios nos habla a través del Salmo 139, versículo 15. Este Salmo nos llena de gozo. Escuche usted lo que nos dice:
Salmo 139:15 — Tú me observabas mientras iba cobrando forma secreta, mientras entretejían mis partes en la oscuridad de la matriz. Me viste antes que naciera. Cada día de mi vida estaba registrado en tu libro. Cada momento fue diseñado antes que un solo día pasara. ¡Qué precioso son tus pensamientos acerca de mí, oh Dios! No se pueden enumerar, ni siquiera puedo contarlos; suman más que los granos de la arena. Y cuando despierto, todavía estás conmigo.
Sabe usted que la mujer que sufría del flujo de sangre experimentó esto; yo creo que ella siguió diciendo: “Cuando despierto, todavía estás conmigo”. Qué expresión más grata podemos encontrar en el Salmo 139. Damos gracias a nuestro Dios por esta bendición tan grande que nos imparte el Señor a través de nuestro pan de vida.
Consejos para el Hogar
Vamos adelante con el programa y ya tenemos nuestros datitos y nuestro consejo para arreglar esos problemitas que tenemos en el diario vivir, porque siempre tenemos algo que aprender. Por ejemplo, los niños hacen lo que a ellos les resulta favorable: se levantan de la cama y andan por todas las piezas con calcetines, pero cuando llega el momento de lavar esos calcetines, terminan percudidos donde pisan el suelo por toda la casa.
Le contamos que usted puede lavar zapatillas blancas y calcetines blancos que a veces queremos botar. Lo primero que hacemos es sacarle los cordones. Usted puede sacar las manchas de las zapatillas con bicarbonato de sodio, vinagre blanco y jabón. Hágalo a mano; la última opción es la lavadora. Ponga en un recipiente agua tibia, jabón, un chorro de vinagre blanco y frótelas con insistencia.
Para los cordones, si están muy sucios, use dos tazas de agua, cuatro cucharadas de bicarbonato y cuatro cucharadas de vinagre blanco. Los deja en remojo 30 minutos y seguro que no hay mancha que se resista.
También tenemos problemas con el moho en las duchas y en las bañeras. Puede intentarlo rociando vinagre blanco sin diluir sobre las paredes de la bañera y ducha, deja reposar por unos minutos, frote y enjuague. También puede crear una pasta con bicarbonato para la suciedad muy difícil.
Sobre los muebles de madera, debemos cuidarlos para que permanezcan en buen estado. Lo que daña la superficie es el agua o la humedad, pues malogran el barniz, logrando que se hinche, se fisure o aparezcan insectos como termitas, polillas o escarabajos. Nunca limpie los muebles de madera con un trapo húmedo; es un grave error.
Para hacer un abrillantador y pulidor casero, use media taza de jugo de limón y media taza de aceite de oliva. Mezcle perfectamente hasta que queden integrados y vierta en un atomizador. Limpie la superficie con un trapo seco para retirar el polvo, rocíe el abrillantador y púlalo en círculos con un trapo de microfibra para no rayarlo.
Existe también la cera de abeja que, junto con el aguarrás, deja una textura oleosa para dejar las superficies lisas y radiantes, ya que el aguarrás posee repelente. Para prepararlo, use un cuarto de taza de aguarrás y un cuarto de taza de cera de abeja rallada. Derrita la cera a baño maría, meneando con una cuchara de madera. Una vez derretida y retirada del fuego, mézclela poco a poco con el aguarrás y vierta en un recipiente con tapón de rosca.
Si lo desea, puede agregar un chorrito de aceite esencial, como la vainilla, para que su casa huela delicioso y mitigar el aroma del aguarrás. Vierte un poco de este abrillantador en un trapo de microfibra y limpie la madera en manera circular hasta verlo más brilloso.
Otra opción es el aceite de almendra con vinagre blanco. Les recomiendo nunca aplicar vinagre blanco sin diluir sobre la madera ya que la va a dañar. Use tres cuartos de taza de aceite de almendra y un cuarto de taza de vinagre blanco. Aplique un poco sobre su trapo de microfibra y limpie la superficie.
Para limpiar los grifos y eliminar los depósitos de calcio o manchas de agua en los cabezales de la ducha, intente una mezcla de dos cucharadas de vinagre y una cucharada de sal.
A los niños pequeños les fascina tener una caja de arena para jugar. Si tiene ese espacio en casa, puede agregarle canela a la arena; la canela mantendrá alejados a los insectos y usted estará tranquila mientras sus hijos juegan.
Para el inodoro, puede usar la bebida Coca-Cola. Haga una mezcla de una taza de Coca-Cola, una taza de suavizante para ropa y una cucharada de bicarbonato. Limpie su baño con ello y disfrutará de los beneficios. Estos han sido los datitos y los consejos por hoy.
Sugerencia de Cocina: Osobuco a la Cerveza
Ahora traemos la sugerencia para la cocina. Vamos a preparar osobuco con cerveza. Los ingredientes son: cuatro a seis rodajas de osobuco de ternera, media cebolla grande cortada en cubitos, dos zanahorias medianas peladas y en rodajas, dos tallos de apio picados finamente, dos dientes de ajo picados, dos tomates maduros pelados y picados, una lata de cerveza (preferiblemente oscura), 500 ml de caldo de carne, dos hojas de laurel, una ramita de romero fresco, harina, sal y pimienta al gusto.
Para la preparación, enharine ligeramente las rodajas de osobuco, sacudiendo el exceso; esto ayudará a sellar los jugos y obtener la doración perfecta. En una olla grande, caliente un poco de aceite o mantequilla a fuego medio-alto, agregue el osobuco y séllelo por cada lado hasta que esté dorado. Retire la carne y resérvela.
En la misma olla, agregue la cebolla, zanahoria, apio y ajo; sofría las verduras hasta que estén tiernas. Agregue los tomates picados y cocine unos minutos hasta que se ablanden. Luego, incorpore la cerveza y permita que se reduzca ligeramente durante unos minutos para que los sabores se mezclen.
Regrese el osobuco sellado a la olla y añada el caldo de carne. Reduzca el fuego a medio bajo, tape la olla y cocine a fuego lento durante aproximadamente dos horas, o hasta que el osobuco esté tierno y se desprenda fácilmente del hueso. Verifique el nivel del líquido y agregue más caldo si es necesario para evitar que se pegue.
Una vez que esté tierno y jugoso, retire la carne cuidadosamente. Cuele la salsa en la olla y cocine a fuego medio alto hasta que se reduzca y adquiera una consistencia más espesa. Ajuste el sazón con sal y pimienta.
Para servir, coloque una porción de osobuco en cada plato y bañe con una generosa cantidad de salsa. Puede acompañarlo con puré de papa, arroz o cualquier otro acompañamiento de su elección. Es un plato que queda muy rico y sabroso.
Receta del día
Osobuco con cerveza
- 4 a 6 rodajas de osobuco de ternera
- Harina (para harinar la carne)
- Aceite o mantequilla
- 1/2 cebolla grande cortada en cubitos
- 2 zanahorias medianas peladas y cortadas en rodajas
- 2 tallos de apio picados finamente
- 2 dientes de ajo picados
- 2 tomates maduros pelados y picados
- 1 lata de cerveza oscura
- 500 ml de caldo de carne
- 2 hojas de laurel
- 1 ramita de romero fresco
- Sal al gusto
- Pimienta al gusto
Preparación
- Enharinar ligeramente las rodajas de osobuco y sacudir el exceso.
- Calentar aceite o mantequilla en una olla grande a fuego medio-alto.
- Sellar el osobuco por cada lado hasta que esté dorado, retirar y reservar.
- En la misma olla, sofreír la cebolla, la zanahoria, el apio y el ajo hasta que estén tiernos y dorados.
- Agregar los tomates picados y cocinar unos minutos hasta que se ablanden.
- Incorporar la cerveza y dejar reducir ligeramente durante unos minutos.
- Regresar el osobuco sellado a la olla y añadir el caldo de carne.
- Tapar la olla, reducir el fuego a medio-bajo y cocinar a fuego lento durante aproximadamente dos horas o hasta que la carne esté tierna.
- Retirar el osobuco cuidadosamente y colocarlo en un plato.
- Colar la salsa en la olla y cocinar a fuego medio-alto hasta que espese.
- Ajustar el sazón con sal y pimienta.
- Servir la carne bañada con la salsa, acompañada de puré de papa o arroz.
Cierre del Segmento
Ya estamos en el momento de escuchar la voz de Dios por su palabra. Pero antes de que leamos el mensaje que Dios tiene para nosotros hoy, vamos a escuchar una alabanza. No se me vaya a ir de la sintonía, porque vamos a volver en breve instante para que juntos y juntas podamos escuchar la voz de Dios por su palabra.
Lectura de la Palabra
Vamos a abrir nuestras Biblias en el libro de Proverbios, capítulo 15, versículo 3. Leo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Proverbios 15:3 — Los ojos de Jehová están en todo lugar, mirando a los malos y a los buenos.
Dios nos bendice por la lectura de su palabra. Vamos a tener unos breves instantes de oración.
Amado Dios, bendiga. Tenemos con nosotros su palabra leída. Oro, Señor, para que usted, a través del Espíritu Santo, traiga a mí la revelación divina de su palabra. Agradezco, Señor, porque esta es una oportunidad que usted me concede de abrir mi boca para poder hablar de su palabra que es bendita.
Amado Dios, necesito que usted tome dominio y tome el control de mi vida para administrar su palabra con una unción especial. Ruego al Espíritu Santo que esté en el control de mi vida; use mis labios para que su palabra corra y sea glorificada en muchas vidas. Se lo ruego, Padre, en el nombre de Cristo Jesús, mi Salvador. Amén y Amén.
Los nuevos dioses
El título de su palabra es: Los nuevos dioses. Hace algunos años, cuando una nube de represión e inseguridad se extendía a través del mundo, reinaban los atentados contra políticos, civiles y militares. En la mayoría de los países, los terroristas querían alcanzar un poder político asesinando a quien se opusiera a sus ideas.
La respuesta de los gobiernos se canalizaba a través de las fuerzas militares o en grupos creados especialmente para reprimir tales excesos. Así se desató una llamada guerra sucia que ciegamente condenó y ejecutó, por la más leve sospecha, a personas que perdieron no solo su derecho a la existencia, sino también sus sueños e ilusiones.
Como todas las cosas se saben, algún día nos despertamos conociendo esas situaciones que habían sucedido a muy poca distancia de nosotros. Oímos horrorizados cómo el protagonista relataba esos excesos de poder que convirtieron a los seres humanos en verdaderas bestias sin misericordia y sin razón; supimos de centros clandestinos y de tumbas colectivas.
Los mismos protagonistas han abordado aviones y asistido a programas de entrevista donde una audiencia morbosa trata de digerir esos instantes de horror en que la vida de los seres humanos valía menos que la de los animales domésticos. Quienes usaron su poder y abusaron de él pensaban que nunca nadie se enteraría, que nadie sabría acerca de esos días y noches cuando las personas jugaron a ser dioses.
Pero todo el mundo se olvidó de lo que el libro antiguo de Proverbios ha afirmado a través de los siglos: que los ojos de Jehová están en todo lugar mirando a los malos y a los buenos, evaluando los hechos de las personas y con la promesa de exponer esas acciones a la luz pública.
Como si eso fuera un punto de partida, comenzamos a enterarnos de todas estas cosas a través de confesiones increíbles de quienes habían prometido guardar esos secretos para siempre. Comenzamos a enterarnos de todas aquellas violaciones, de aquellos atentados, de aquellos desaparecidos sin rostro y sin ficha, a los cuales se les negó todo tipo de justicia y el reconocimiento de que alguna vez hubiesen existido.
Hemos sabido de los increíbles genocidios cometidos por grupos guerrilleros que habían tratado de someter a poblaciones enteras a sus consignas y a sus demandas. A ellos también se les olvidó que los ojos de Jehová estaban sobre las personas, evaluando sus acciones y preparando una retribución de acuerdo a los hechos que cada uno cometa en esta existencia.
El hombre, en su ingenuidad y en su deseo de querer ocultar del ser divino lo que ha intentado, ha ido desde la racionalización de los hechos —tratar de explicar por qué se hacen las cosas— hasta el pretender ignorar la existencia y la presencia de Dios en las vidas de los hombres.
No podemos olvidar algunas de estas explicaciones registradas en la historia, como cuando los nazis argumentaron que tenían todo el derecho del mundo de defenderse de los judíos, enviando a millones de ellos a la muerte. Tampoco podemos olvidar aquellos dictadores de los años 70 en Latinoamérica que hablaban de enemigos que querían destruir las instituciones de la nación.
De la misma manera, no podemos olvidarnos de los guerrilleros que, escudándose en la teoría de la explotación, querían poner término a ella asesinando a quien se les pudiera por delante. Todos ellos se olvidaron que los ojos de Jehová estaban sobre todas las personas, no solo en una actitud de contemplación, sino como un juez que evalúa las acciones y ha prometido un castigo para los que han violado sus mandamientos.
Los seres humanos siempre han tenido la presión de llegar a ser como Dios; el poder y el dinero han sembrado tal ilusión en las mentes afiebradas y en los corazones de dureza empedernida. Pero así como todo llega a su fin, estos pretendidos dioses humanos se dieron cuenta más tarde de que nunca lo fueron; siempre fueron pobres y miserables energúmenos tratando de lograr un imposible.
Proverbios capítulo 15, versículo 8 dice que el sacrificio de los impíos es abominación al Señor, mas la oración de los rectos es su deleite. Reflexione usted, amado auditor, porque los que se comportan como si Dios y sus leyes no existieran son los mismos que más tarde van a los templos junto a sus familias para rendir tributo a un Dios que suponen está dispuesto a pasar por alto todos sus excesos.
Suponen que el Dios en el que creen es el mismo que habla la Biblia, pero quizás no han reparado que los ojos de Jehová están observando lo malo y lo bueno en una actitud de evaluación y de juicio.
El escrutinio divino
La ventaja que tengo hoy al hablarle mediante la radio es que no lo conozco personalmente, no sé de su vida ni de sus acciones. Es por ello que puedo referirme a un tema tan personal como lo es poner nuestra vida ante el escrutinio divino. Esto nos permite ser francos y hablar la verdad en forma abierta; no hay nada que yo pueda utilizar en su contra puesto que no lo conozco.
Pero existe un hecho que ni usted ni yo podemos negar: que sí existe un Dios personal y único que la Biblia identifica como Jehová, quien siempre está atento a las acciones de sus criaturas. Ante él nadie puede pretender tener lo que llamamos vida privada. Sus acciones y las mías están ante sus ojos; no hay manera de escapar a esta verdad.
La cuestión es si, ante tal escrutinio, su vida se acomoda a lo que el Creador ha demandado de sus criaturas. Dios ha dejado por escrito cómo quiere Él que vivamos. Muchas personas creen que mandamientos como “no matarás” se aplican solo a los cristianos y que los ateos están al margen de tales ordenanzas.
Así como en un país el hecho de ser extranjero no lo exime de obedecer las leyes, en esta creación todos estamos bajo el imperio de los mandamientos de Dios. El día del juicio final, todas las personas serán juzgadas y vamos a tener que responder ante un Dios único, no ante los muchos dioses que algunos se han fabricado.
Ninguna novela o película podría reflejar el horror y el espanto de los que un día comparecerán ante el único juez justo que evaluará los motivos y las acciones de los hombres. Existe un día señalado por Dios para llevar a cabo ese juicio universal.
Todas aquellas doctrinas de seguridad nacional y de toma de poder a través de la lucha armada, con ese saldo trágico que ha arrastrado por siglos, no serán capaces de evitar la sentencia que ningún ser humano podrá revocar.
Recuerdo el día en que se presentaron a distintas horas en la iglesia donde era pastor mi padre dos personas que habían combatido en bandos contrarios por sus creencias. Habían violado todos los mandamientos; quién sabe cuántos crímenes se averguaban en esas conciencias que trataban de encontrar un odio que las aliviara de tanta pudredumbre humana.
Ambos tenían una explicación simple para esas manos manchadas de sangre: decían que cumplían órdenes y que se trataba de sus vidas o la de sus enemigos; que en la guerra el enemigo no tiene rostro. Pero cuando esos dos hombres se presenten en el día del juicio ante Dios, todos sus juegos de querer ser dioses habrán quedado descartados ante la presencia del Dios vivo y verdadero.
Para esos dos hombres solo tuve el mismo mensaje básico que tengo hoy para usted: ellos eran responsables de sus actos como usted y yo lo somos de los nuestros. A esta ley universal no existe escape.
Los países pueden tratar de comenzar de nuevo su historia diciendo que lo pasado ya no tiene arreglo, pero los individuos tienen que vivir el resto de sus existencias sabiendo que han hecho lo malo. No sé cuántas fantasías del pasado van a rondar por su cabeza o por las conciencias de esos dos hombres que jugaron a ser dioses y se equivocaron trágicamente.
Lo invito hoy a arrepentirse de sus pecados y de sus faltas. Reconozca sus muchos yerros y sus violaciones a los mandamientos divinos. Quizás el Señor quiera compadecerse de usted y darle el don de la salvación. Esa es la única manera de estar en paz con Él y con nuestro prójimo.
El camino de Dios pasa por Jesucristo, el Salvador del mundo, quien se identificó a sí mismo como el camino al Padre, porque no hay otro nombre bajo el cielo dado a los hombres en el cual podamos ser salvos. El hombre puede insistir en sus senderos de error y pecado, pero debe estar consciente de que solo lo conducen a la muerte. Jesús es el camino al Padre; los demás son senderos que se apartan de la luz y llevan solo a vivir en oscuridad.
Oración final y peticiones
Damos gracias a nuestro Dios por su palabra. Amado Dios, al concluir su palabra, usted nos ha hablado de que nadie podrá escapar del día del juicio, porque lo dice muy claro su palabra a través de lo que el apóstol San Pablo nos dice: que es necesario que todos comparezcamos ante el tribunal de Dios para dar cuenta, mientras estábamos en el cuerpo, de lo que hacemos, sea bueno o sea malo.
Posiblemente, Señor, hoy día en la audiencia de este programa haya habido una persona que sufrió mucho por todo esto. Pero usted hoy nos ha hablado que sus ojos están puestos sobre nosotros y están pendientes de lo que hacemos o dejamos de hacer. Ayúdenos, Señor, para quedarnos con el consejo de su palabra bendita y que podamos actuar siempre haciendo lo bueno.
Muchas gracias por la exhortación que usted nos ha dado; en esto consiste este gran amor que usted tiene por nosotros. Ayúdenos, Señor, a ser hacedores de ella y a cuidarnos, porque un día tenemos que comparecer ante su presencia y allí no nos vamos a poder descartar diciendo que era nuestra vida en contra de la vida de otro.
Señor amado, ayúdenos porque necesitamos su ayuda para comprender lo grandes y maravillosas que son sus obras. A veces creemos que todos los caminos del hombre son limpios porque es nuestra opinión, pero usted nos ha dicho por su palabra que usted, mi Dios, es quien pesa los espíritus. Muchas gracias por su palabra.
Intercedemos, Señor, pidiendo que su misericordia, que es grande, esté tocando a los enfermos. Usted esté a esta hora visitando la necesidad de sus hijos e hijas que solo necesitan el toque de su poder para ser sanados. Oro, mi Señor, por sanidad por nuestro pastor Héctor Arena, por nuestro pastor Florindo Márquez, por el pastor Samuel Asenjo Rifo, por nuestro hermano José Silva, por nuestro hermano José David Videla, para quien pedimos un milagro.
Oro por mi hermana Teresita Flores, por sus pastores, por su vecina y por su hija Pamela Alarcón Flores por sanidad. Oro por respuesta a la petición de mi hermana Laura Senjo, por mi hermano Eduardo González por sanidad a la vista, por el hijo de mi hermano Jimmy por sanidad y liberación, por mi hermana Rosita Veloso por sanidad, por mi hermana Ana Vallejos Fernández por sanidad, por mi hermana Elena Reyes por sanidad, por su esposo Joaco Videla por sanidad y por su hija Débora Videla por sanidad.
Oro por mi hermano Ignacio Toro por sanidad, por mi hermana Pilar González por sanidad, por mi hermana Teresita Reyes por sanidad, por mi hermano Miguel Torres por sanidad, por Luis Durán Palma por sanidad, por don Manuel Contardo por sanidad, por don Rado Milovich por sanidad, por mi hermana María Ibacache por sanidad, por Cristian Barro por sanidad, por mi hermano Eliseo Muñoz por sanidad, por mi vecino Luis Orellana por sanidad, por mi hermano Dagoberto Roa por sanidad y por la hermana Beatriz Ibacache por sanidad.
Señor, no hay duda que usted nos conoce, si es que usted nos hizo; somos hechura de su mano. Pedimos que usted se glorifique en todos ellos y todas ellas con sanidad divina. Hay toque de su poder, hay sanidad, mi Señor. Todos ellos esperan ese toque en sus vidas para ser sanados. Se lo ruego, Padre, en el nombre de Cristo Jesús, nuestro Salvador. Amén y Amén.
Dios nos bendice por su palabra. Ya estamos llegando al término de este programa por hoy. Le damos muchas gracias a usted por haber estado en la sintonía. Mañana, Dios mediante, volvemos a encontrarnos nuevamente a la misma hora y en este mismo punto del diálogo. Mientras tanto, Dios le bendiga.