La Voz Pentecostal

Reflexiones sobre la renovación interior y la sabiduría de los tiempos

· 61 min

Gladia Romero Toledo conduce un espacio de oración y consejos prácticos para el hogar. Usted encontrará reflexiones bíblicas sobre la esperanza y la aceptación del presente frente a la idealización del pasado.

Bienvenida

Escucha, auditor, la voz del Salvador, que hoy te llama a ti, ¿no quieres tú venir? Escucha, auditor, la voz del Salvador, que a tu alma traerá salvación.

Bienvenidos nuevamente juntos a través de su programa La Voz Pentecostal, a través de los micrófonos de la radio Abigail. Dirige este programa su hermana en Cristo Gladia Romero Toledo y le doy la bienvenida a la sintonía del matinal en el 106.7 FM.

Este programa está llegando a su hogar con el propósito de bendecir su vida. Les saludo a usted mi hermano, mi hermana, vecinos, amigos que nos sintonizan a esta hora. Les deseo las más ricas bendiciones de parte de nuestro Dios.

Oración matinal

Como siempre, le damos comienzo a este programa poniéndonos en las buenas manos de nuestro Dios. Amado Dios, le agradezco por este maravilloso día, por este hermoso despertar glorioso que iluminó mi mundo. Me acerco en estos precisos momentos con reverencia y gratitud.

Mi voz se llena de gozo porque sé que este día usted nos permite vivir con la esperanza de que será un día diferente. Señor, rindo tributo de alabanza a su nombre por este nuevo día y gracias porque usted me permite la existencia.

Mi corazón siempre rebosa de gratitud porque usted ha velado, mi Dios altísimo, de mi familia. La noche quedó atrás, pero en esta mañana hemos recibido su generosidad; es como un río que fluye intensamente en nuestras vidas, guiando nuestros pasos por sendas de bondad y de oportunidad.

Encomiendo en sus manos mi deseo de ser mejor moldeada por su sabiduría y justicia. Ruego que su aliento sea mi constante compañía en cada labor, en cada esfuerzo y en cada compromiso.

Intercesiones

Agradeciendo siempre, Señor, la oportunidad que usted nos permite de interceder por los enfermos, porque son muchos los que a esta hora luchan en una sala de hospital, en una clínica o en sus casas. Oro para que haya toque de su poder sanador en sus vidas.

Señor, oro por los matrimonios y por la unidad de la familia, porque usted bendijo el santo estado del matrimonio aún cuando el hombre guardaba su inocencia. Oro por los jóvenes que son presos de tantas adicciones y por los que no son tan jóvenes.

Oro, Señor, por los niños para que usted les dé su cuidado, por tantos abuelos y abuelas olvidadas, y para que siempre haya sustento en la casa de la viuda y del huérfano. Oro por la apertura de los presos de la cárcel.

Clamo muy en especial por mis autoridades eclesiásticas, muy en especial por la máxima autoridad de mi iglesia, mi amado obispo Sergio Veloz, y por el honorable directorio de nuestra iglesia. Deseo que usted les dé una clara dirección para continuar desarrollando la labor que usted, mi Dios, les ha encomendado.

Amado Dios, oro por las autoridades civiles de mi país, por la máxima autoridad y por los que con él gobiernan. Clamo, Señor, por las autoridades civiles de mi comuna, muy en especial los que tienen la autoridad y administran esta comuna. Le ruego, Padre, que usted los use para que ellos bendigan a los más necesitados.

Ponga en ellos, Señor, esa bendición para las necesidades urgentes que tiene esta comuna, porque usted pone el querer como el hacer. Bendiga usted, Señor, a cada institución; hay muchas instituciones de beneficencia en nuestra comuna.

Oro muy en especial por bomberos y por carabineros, porque esta última institución arriesga su vida en cada procedimiento. Oro, Señor, para que haya un cese de tanta guerra y por la paz de Jerusalén.

Oro, mi Señor, para que usted por misericordia esté tomando el control de esta humanidad. Esta tierra está enferma y mi clamor es que usted, por favor, toque esta tierra enferma y la sane, porque si usted pone su mano sobre ella, esta tierra va a ser sanada; usted tiene el poder para curarla.

Bendiga muy en especial, mi Señor, la audiencia de este programa. Reciba usted toda la honra, la gloria y la alabanza, porque usted sacrificó lo más apreciado: nos dio a su Hijo Jesucristo, mandándolo a este mundo sabiendo que Él venía a morir por nuestros pecados y que tomaría nuestro lugar.

Él se hizo maldito por nosotros, porque maldito es aquel que en aquel tiempo era colgado de una cruz, y ahí mi Señor Jesucristo pagó el tributo del pecado de esta humanidad. Ruego al Espíritu Santo que esté en el control de este programa; mando mi vida para la gloria de su nombre.

Queremos ser usados, queremos que usted nos bendiga a través de este programa, siempre pidiendo la guía al Espíritu Santo. Se lo ruego todo en el nombre de Jesús, mi Salvador. Amén y amén. Gloria a Dios para siempre.

Lectura de la Palabra

Damos muchas gracias a nuestro Dios porque nos permite estar en este día tan especial en el medio del pueblo de Dios a través de estos medios radiales. Tenemos la bendición de tener con nosotros nuestro pan de vida a través de su palabra.

Este es el día que hizo el Señor para mí y para usted. Nos gozamos al tener nuestro pan de vida, porque siempre el Señor se da a conocer a nosotros a través de la identidad en Cristo.

Nuestro pan de vida lo tenemos en el segundo libro de Corintios, capítulo 4, versículo 16.

Pan de Vida

Vamos ahora a tener la bendición de nuestro Pan de Vida, que se encuentra en 2 Corintios 4, versículo 16.

2 Corintios 4:16 — No desmayemos, pues aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior se renueva de día en día.

Este pasaje me trae el recuerdo de un tiempo en que mi mamá, Victoria Toledo, no tenía una salud muy buena. Mi madre fue diabética durante años y el azúcar en su sangre era descontroladamente errática; tuvo complicaciones que le afectaron los riñones.

Ella siempre le decía al médico tratante que no quería insulina por nada. A medida que el cuerpo de ella fallaba, su vida en oración se volvía más vigorosa. Pasaba horas orando por otros para que conocieran y experimentaran el amor de Dios.

Ella tomaba las palabras de las Escrituras con dulzura. Antes de tener estos problemitas por la enfermedad, ella siempre escribía y grabó mucho este versículo de 2 Corintios 4: que no desmayamos, aunque nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior se renueva de día en día.

El apóstol San Pablo sabía lo difícil que es desmayar. Por eso, en Segunda de Corintios 11, describe su vida de peligro, dolor y privaciones, pero consideraba que esas tribulaciones eran temporarias y nos alertaba a concentrarnos en lo que no se ve, que es eterno.

Hasta el día de hoy podemos reflejarnos en lo que el Señor usa al apóstol San Pablo. Sin duda, a pesar de lo que pueda suceder, nuestro Padre amoroso sigue renovándonos interiormente cada día. Su presencia es segura, al igual que sus promesas que nos fortalecen y nos dan esperanza y gozo.

Cuando comprendemos lo tan grande que es nuestro Dios, podemos darle gracias porque en todo momento nuestro Padre está. Le podemos decir: “Padre, gracias por tu amor fiel y por la seguridad de tu presencia”. Nosotros no queremos por nada desmayar, y siempre nos estamos preocupando, como hijos e hijas de nuestro Dios, que ninguno de nosotros se desanime ni desmaye.

A través de estos pasajes de la palabra de nuestro Dios es donde Él nos alienta, porque su palabra es vital, como en el Salmo 42.

Salmo 42 — Como el ciervo anhela las corrientes de las aguas, así te anhelo a ti, oh Dios; tengo sed de Dios, del Dios viviente. ¿Cuándo podré ir para estar delante de ti? Día y noche solo me aliento porque me alimento de lágrimas, mientras que mis enemigos se burlan continuamente y me están diciendo: ¿Dónde está ese Dios tuyo?

Se me destroza el corazón al recordar cómo solían ser las cosas. Yo caminaba entre la multitud de adoradores, encabezaba una gran procesión hacia la casa de Dios, cantando de alegría y dando gracias en medio del sonido de una gran celebración.

Oigo el tumulto de los embravecidos mares, mientras me arrastran tus olas y las crecientes mareas. Pero cada día el Señor derrama su amor inagotable sobre mí. Y todas las noches entono sus cánticos y oro a Dios quien me da vida.

Oh Dios roca mía, clamo: ¿Por qué me has olvidado? ¿Por qué tengo que andar angustiado, oprimido por mis enemigos? Sus insultos me parten los huesos, se burlan diciendo: ¿Dónde está ese Dios tuyo? ¿Por qué estoy desanimado? ¿Por qué está tan triste mi corazón? Padre, pondré mi esperanza en mi Dios. Nuevamente lo alabaré, mi Salvador y mi Dios.

Sin duda, hay un momento donde se nos destroza el corazón, como lo dice el salmista David, y nos sentimos identificados por lo que Dios nos habla a través de su palabra. Cada pasaje de la Sagrada Escritura es alentador para nosotros. Gloria a Dios.

Datos y Consejos

Llegamos a un momento especial del programa donde damos datos y consejos que nos bendicen para solucionar problemitas del diario vivir.

Por ejemplo, las alfombras. A veces parece imposible sacar los olores, especialmente cuando hay gatos que han orinado en ellas. Para esto, prepare una mezcla de media taza de vinagre, media taza de agua templada, un cuarto de taza de jabón líquido lavalosas y media taza de agua oxigenada.

Humedezca una esponja con esta solución y limpie. Luego, empolvoree bicarbonato sobre la alfombra y deje actuar solo dos minutos. Retire el bicarbonato con la mezcla de agua oxigenada y jabón, y finalmente aspire los restos y barra cuando el agua se haya secado por completo.

Si su gato está educado y usa el arenero, los olores no se absorben. No olvide rociar un poco de neutralizador de olores; esto también funciona a la perfección para los botes de la basura.

Para limpiar la parrilla del asador, la cebolla es un método sencillo y práctico para eliminar restos de comida y grasa adherida. Corte una cebolla por la mitad y frótela con fuerza contra la parrilla. La cebolla tiene propiedades antibacteriales, así que no solo saca la grasa, sino que elimina las bacterias.

El resto de la cebolla puede usarlo poniéndola junto al carbón, por debajo de la parrilla, y le dará un gusto más rico a su parrillada.

Para que la lechuga le dure más tiempo, primero deseche las hojas malas, límpielas hoja por hoja, sacúdalas, lávelas muy bien y séquelas con un paño de cocina. Déjela secar una hora y luego córtela al gusto.

En un recipiente con tapa, coloque papel de cocina, ponga la lechuga trozada y encima vuelva a poner papel de cocina. Así se mantendrá sin humedad en el refrigerador y le puede durar hasta ocho días fresca.

En el jardín, para combatir caracoles y babosas, la ceniza ayuda a impedir que avancen a través de la mucosidad, siempre que esté seca para que funcione.

También existen plantas repelentes que no les agradan, como el romero, lavanda, menta, mostaza, tomillo y salvia. Puede crear una barrera con estas plantas aromáticas alrededor de sus hortalizas y ellos no la atravesarán.

Si tiene un sartén de hierro, le recomiendo no lavarlo con esponjas abrasivas porque son muy corrosivas y dañan la capa antiadherente. Lo mejor es lavarlo con agua caliente y un cepillo al momento, sin dejar pasar el tiempo.

En el caso del acero inoxidable, recomiendo cocinar con un poco de aceite y siempre a fuego bajo o medio, ya que estos sartenes suben a alta temperatura con gran rapidez.

Si ha perdido el antiadherente, puede curar su sartén de hierro con sal gruesa o fina. Caliente el sartén por unos minutos, coloque la sal en toda la superficie y, con una cuchara de madera, esparza hasta que la sal tome un color amarillo, aproximadamente 5 minutos. Apague el fuego, quite la sal con un paño de cocina, deje que se enfríe y ya estará listo para usar.

Sugerencia Culinaria

La sugerencia de hoy es para que prepare unas ricas empanadas con gusto casero. Para la masa necesitamos: 500 gramos de harina de trigo, media cucharada sopera de azúcar, media cucharada sopera de sal, 40 gramos de mantequilla y 135 mililitros de agua.

En un recipiente grande, mezcle la harina, el azúcar y la sal. Es importante que los ingredientes secos estén bien combinados antes de agregar los demás componentes para asegurar una masa uniforme.

Agregue la mantequilla cortada en trozos pequeños. Use sus manos o un tenedor para desmenuzarla con la harina hasta obtener una textura similar a la arena gruesa; esto ayudará a que la masa sea crujiente y hojaldrada después de hornear.

Añada el agua gradualmente mientras amasa. Es crucial incorporarla poco a poco, ya que la cantidad exacta puede variar según la humedad y la absorción de la harina. Amase hasta que esté suave, elástica y no se pegue en las manos ni en el recipiente.

Forme una bola, cúbrala con un paño húmedo y deje que repose durante 30 minutos. Este tiempo es esencial para que el gluten se relaje y la masa sea más fácil de estirar y moldear.

Divida la masa en porciones, forme bolas y estire cada una con un rodillo sobre una superficie enharinada hasta obtener un círculo del grosor deseado.

Rellene cada círculo con el relleno de su elección. Cierre la empanada sellando los bordes con un tenedor o haciendo el repulgue; este sellado es crucial para evitar que el relleno se salga durante la cocción.

Coloque las empanadas en una bandeja engrasada o forrada con papel pergamino. Precaliente el horno a 180 grados centígrados y hornee durante 20 a 25 minutos o hasta que estén doradas y crujientes.

Asegúrese de que el relleno esté frío antes de colocarlo en la masa para evitar que esta se ablande.

Ilustración de Masa para empanadas caseras

Receta del día

Masa para empanadas caseras

  • 500 gramos de harina de trigo
  • 1/2 cucharada sopera de azúcar
  • 1/2 cucharada sopera de sal
  • 40 gramos de mantequilla
  • 135 mililitros de agua

Preparación

  1. Mezcle en un recipiente grande la harina, el azúcar y la sal hasta que los ingredientes secos estén bien combinados.
  2. Agregue la mantequilla cortada en trozos pequeños.
  3. Desmenuce la mantequilla con la harina usando las manos o un tenedor hasta obtener una textura similar a la arena gruesa.
  4. Añada el agua gradualmente mientras amasa la mezcla hasta que esté suave, elástica y no se pegue en las manos ni en el recipiente.
  5. Forme una bola con la masa, cúbrala con un paño húmedo y deje reposar durante 30 minutos.
  6. Divida la masa en porciones y forme bolas.
  7. Estire cada bola con un rodillo sobre una superficie enharinada hasta obtener un círculo del grosor deseado.
  8. Rellene cada círculo con el relleno de su elección.
  9. Cierre la empanada sellando los bordes con un tenedor o haciendo repulgue.
  10. Coloque las empanadas en una bandeja para hornear engrasada o con papel pergamino.
  11. Precaliente el horno a 180 grados centígrados.
  12. Hornee durante 20 a 25 minutos o hasta que estén doradas y crujientes.

Lectura de la Palabra

Vamos a abrir nuestras Biblias para leer la poderosa palabra de nuestro Dios a través del libro de Eclesiastés, capítulo 7, versículo 10. Leo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Eclesiastés 7:10 — Nunca digas cuál es la causa de que los tiempos pasados fueron mejores que estos, porque nunca de esto preguntarás con sabiduría.

Amado Dios, tenemos la bendición de tener con nosotros su palabra leída. Oro, Señor, para que usted traiga a mí la bendición a través de su gracia divina y ponga por el Espíritu Santo la sabiduría para interpretar su palabra. Tome dominio y tome el control de mi vida, y ponga en mí una unción para administrar su palabra para que ella corra y sea glorificada en muchas vidas. Se lo ruego Padre, en el nombre de Cristo Jesús nuestro Salvador, amén y amén. Gloria a Dios para siempre.

Tiempos mejores

¿Ha existido en realidad tiempos mejores? O en otras palabras, ¿podemos decir que antes las cosas o las personas tenían cualidades que hoy han perdido? Podríamos llenar varias páginas con las preguntas que brotan en forma natural: ¿no eran corruptos los gobiernos?, ¿no engañaban los maridos a sus mujeres?, ¿no se violaban los derechos humanos?, ¿no existía la explotación del hombre por el hombre?, ¿no había criminalidad?, ¿no se conocían los vicios?, ¿se controlaban las pasiones humanas?, ¿se eliminaban los defectos de carácter y de responsabilidad?

La lista podría crecer aún mucho más y la pregunta seguiría allí: ¿es que en realidad fueron mejores los tiempos pasados que los tiempos vividos hoy? ¿O se trata en realidad de que hoy en día los medios de comunicación se han encargado de destacar todos los tabúes de los que no se hablaba por lo que se catalogaba como decencia y buena costumbre?

El libro de Eclesiastés dice que nunca digamos que los tiempos pasados fueron mejores que estos, porque agrega que nunca hay sabiduría en esta pregunta. La razón es que todas aquellas cosas que mencionamos han acompañado al ser humano desde siempre.

Pero la tentación está presente, más aún cuando por los medios de comunicación nos introducen en la vida íntima de presidentes y reyes, nos revelan los diarios secretos de grandes políticos para hacernos ver sus pies de barro, o nos informan de los escándalos de los llamados líderes religiosos que usan y abusan del poder de la manipulación. Nos proveen un catálogo de excesos de las llamadas celebridades en donde el dios dinero hace sentir su presencia.

Esto es diferente de las historias que la misma Biblia nos presenta acerca de los excesos y las pasiones de aquellos personajes cuyos nombres no son tan familiares. ¿Y qué vamos a decir de la historia de las civilizaciones que emergieron y también declinaron cuando la falta de consistencia moral fue uno de los factores contribuyentes?

¿Ha existido algún tiempo en la historia de la humanidad en que pudiéramos decir que es un tiempo para envidiar porque todo funcionaba perfectamente? Entonces tenemos que preguntar: ¿por qué los hombres y mujeres insisten hoy en tratar de idealizar algunos momentos del pasado en que creen que las cosas y las personas han sido mejores, poniéndolos como modelo de vida?

Aceptar la realidad

Este texto de Eclesiastés nos obliga a poner los pies en la tierra y apreciar nuestras circunstancias como lo que realmente son. Más aún, nos exige vivir nuestra experiencia sabiendo que hay muchas cosas que escapan a nuestro control.

Eclesiastés 7:9 — No te apresures en tu espíritu a enojarte, porque el enojo reposa en el seno de los necios.

Sí, porque el enojo e impaciencia produce observar a nuestros semejantes marchando obedecidos hacia la propia destrucción. Produce ver a los hijos cometer nuestros mismos errores. A pesar de que las impaciencias y las frustraciones parecen ser compañeras de jornada al ser testigos de errores de gobierno que parecen gobernar más de acuerdo con sus dogmas que con el sentido común, surge la reflexión de que los tiempos pasados fueron mejores, pero el libro de Eclesiastés nos dice que no es cierto.

Eclesiastés 7:13-14 — Mira la obra de Dios, y ¿quién podrá enderezar lo que él torció? En el día del bien goza del bien, y en el día de la adversidad reflexiona. Dios hizo tanto al uno como al otro, a fin de que el hombre no sepa qué trae el futuro.

Hay cosas que nunca podremos explicarnos a pesar del estudio de todas las ciencias combinadas que se nos dicen auxiliares para el hombre. La historia, la psicología y la parapsicología han procurado descifrar el porqué de las cosas para querer progresar y ser mejor ser humano, pero ese largo camino está jalonado de fracasos, algunos de manufactura humana y otros por circunstancias que explican parte del problema.

Existen también aquellos eventos que incluso los agnósticos califican como actos divinos, en donde la historia se escribe con mayúsculas determinando un nuevo camino para la humanidad. No podremos decir con propiedad que los tiempos pasados fueron mejores, porque somos habitantes de este planeta y en este momento de la historia debemos afrontar los desafíos de este siglo de acuerdo a nuestro saber y entender.

Nuestra mayor preocupación no debe ser la de comparar las vidas y virtudes de las personas de otras épocas con los tiempos que vivimos, sino la de saber si efectivamente estamos haciendo lo que el Creador quiere que hagamos. Preocupémonos de hacer su voluntad y por servir a los demás como muestra de agradecimiento.

El destino final

Existe un mensaje en el evangelio según San Lucas, capítulo 13, que nos sirve de ilustración sobre algunas personas de Galilea que fueron masacradas por el gobernante romano ante el asomo de rebelión.

Lucas 13:1-5 — En este mismo tiempo estaban allí algunos que le contaban acerca de los galileos cuya sangre Pilato había mezclado con los sacrificios de ellos. Respondiendo Jesús, les dijo: ¿Pensáis que estos galileos, porque padecieron tal cosa, eran más pecadores que los demás galileos? No, os digo; antes si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente. ¿O aquellos dieciocho sobre los cuales cayó la torre en Siloé y los mató? ¿Pensáis que eran más culpables que todos los hombres que había en Jerusalén? Os digo: No, antes si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente.

No ha existido un tiempo mejor ni tampoco una generación superior a la otra. Cada persona tiene que preocuparse de sus propias circunstancias, más aún cuando estas nos hablan de su propia relación con Dios y con sus mandamientos. Las palabras de Jesús de Nazaret ponen esto en perspectiva: no somos mejores ni peores que los que nos han precedido, pero quizás iremos al mismo destino que ellos si no nos arrepentimos de nuestros pecados.

¿Cuál es la imagen que viene a tu mente cuando oyes hablar del destino final? Acuden imágenes que el cine y la televisión describen con trucos fotográficos y efectos especiales: destrucción del género humano, un conflicto nuclear, el asolamiento de la tierra como en la película Día de Independencia, o la cesación de la vida ante el choque de nuestro planeta con otro cuerpo del espacio sideral.

Yo quisiera aquí desinflar el globo de la fantasía y presentarte solo esta imagen de lo que puede ser el destino final para aquella persona que no cree en nada ni en nadie: pasarse a la eternidad es la soledad más absoluta. Eso significa vivir sin Dios para siempre; no te hablo de un siglo o de mil años porque en la eternidad el tiempo no existe.

Te presento ahora otra imagen para los que sí han creído en el mensaje del Evangelio: estarán la eternidad disfrutando de la compañía del Creador. Si la mayor necesidad que tiene el ser humano es la de compañía y comunicación, entonces el cielo es una comunión permanente con Dios. No hay entonces una real alternativa cuando se rechaza a Dios y a su mensaje.

Oración final y peticiones

Amado Dios, agradecemos por su palabra porque ella siempre tiene palabras de vida eterna. Usted, mi Señor, nos ha dado a conocer esta bendición tan grande; hoy su palabra nos ha llevado a reconciliarnos con que no debemos pensar que el tiempo que pasó fue mejor que el de hoy. Somos nosotros los actores de estos días que estamos viviendo y es hoy cuando debemos pedir la ayuda a nuestro Padre de amor para que imparta en nosotros el vivir conforme a sus propósitos divinos. Ayúdenos, Señor, a estar obedeciendo esos patrones que usted ha puesto. Gracias, Señor, por habernos dejado su palabra para estos tiempos; usted sabía las necesidades que hoy día tendríamos. Ayúdenos a ser los que practiquemos su palabra a diario.

Amado Dios, clamamos en esta hora pidiendo misericordia y que el toque de su poder esté obrando en los enfermos. Sabemos que en urgencia está nuestro pastor Florindo Márquez en el hospital de Talagante, él está descompensado; oro para que usted esté en socorro de su hijo y obre conforme a sus misericordias. Oro por nuestro pastor Héctor Arena, pastor de nuestra iglesia en Granero, por sanidad. Oro también por nuestro hermano José Silva por sanidad, y por nuestro hermano José David Videla, pedimos para él un milagro porque un milagro lo va a poner de pie. Oro por mi hermana Teresita Flores, por sus pastores, por su vecina, por su hija Pamela Larcon Flores por sanidad. Oro por mi vecino Luis Orellana por sanidad y por respuesta a la petición de nuestra hermana Laura Senjo. Oro por mi hermano Eduardo González por sanidad a la vista, por el hijo de mi hermano Jimmy por sanidad y liberación, por mi hermana Rosita Veloso por sanidad, por mi hermana Ana Vallejos Fernández por sanidad, por mi hermana Elena Reyes por sanidad, por su esposo Joaco Videla por sanidad, por Débora Videla por sanidad, por mi hermano Ignacio Toro por sanidad, por mi hermana Teresita Flores por sanidad, por mi hermana Pilar González por sanidad, por mi hermano Miguel Torres por sanidad, por Luis Durán Palma por sanidad, por Manuel Contardo por sanidad. Oro por mi hermano Iván Romero, pastor de la iglesia de Auquín, por sanidad; él tuvo un accidente y por su condición de sufrir diabetes es difícil la cicatrización de las heridas, pero le pido que usted esté en el control y obre sanidad. Oro también por mi vecina Gloria por sanidad, por mi hermana María Ivacache por sanidad y por su nieta para que usted también la sane. Se lo ruego todo, Padre, en el nombre de Cristo Jesús, nuestro Salvador. Amén y Amén. Gloria a Dios para siempre.