La Voz Pentecostal

El fracaso en el triunfo y la restauración divina

· 54 min

Gladia Romero Toledo reflexiona sobre la importancia de mantener la dependencia de Dios incluso en los momentos de éxito. Usted encontrará consejos prácticos de limpieza del hogar y sugerencias culinarias para el día a día.

Bienvenida y Oración Inicial

Escucha, auditor, la voz del Salvador que hoy te llama a ti. ¿No quieres tú venir? Escucha la voz del Salvador que a tu alma traerá salvación. Bienvenidos nuevamente a su programa La Voz Pentecostal, a través de los micrófonos de la Radio Abigail. Dirige este programa su hermana en Cristo, Gladia Romero Toledo, y le doy la bienvenida a la sintonía del matinal en el 106.7 FM.

Este programa está llegando a su hogar con el propósito de ser bendición en su vida. Les saludo a usted, mi hermano, mi hermana, vecino, amigo que nos sintonizan a esta hora. Les deseo las más ricas bendiciones de parte de nuestro Dios. Como siempre, le damos comienzo a este programa poniéndonos en las buenas manos de nuestro Dios, orando.

Amado Dios, en este instante tan especial le doy muchas gracias por el acceso que tengo ante el trono de su gracia a través de Jesucristo, mi Salvador. En esta mañana, después de haber tenido este hermoso despertar glorioso, por haber visto la luz de un nuevo amanecer, dirijo mis ojos hacia su presencia agradecida porque usted me llena de paz y recibo su gracia divina sobre mí.

En sus brazos encuentro la fortaleza y la tranquilidad que necesito para enfrentar lo que hoy me depara el día. En este instante quiero elevar mi voz en alabanza y gratitud por todas las bendiciones que le ha dado a mi vida, reconociendo que cada don es un reflejo de su amor inmenso. Le ruego, Padre de amor, que usted derrame sobre mí su gracia en abundancia y me dé fuerza y ánimo para enfrentar las tareas y desafíos.

Líbreme de toda tristeza, concédame la pureza necesaria para ser vencedora en cada circunstancia que se me presente con su guía y su respaldo, sabiendo que no estoy sola y que en mi caminar usted está respaldándome. Gracias, Señor, por mi amada familia, por el techo que cobijó mi sueño, por los alimentos que usted ya puso en mi mesa, porque usted me viste y me calza.

Le pido por tantas personas que durante la noche recién pasada no pudieron dormir a causa de las enfermedades, del dolor, de la ansiedad, la preocupación por falta de tener un lugar seguro, una cama cómoda o un lugar tranquilo donde descansar. Reconozco, Señor, que usted tiene el poder para que todos estos problemas que existen en la vida cotidiana reciban su gracia en acción, dándonos a entender su fidelidad, porque su fidelidad es muy grande.

Yo le alabo, Padre y Señor de nuestro Señor Jesucristo, porque por su infinito amor y misericordia nos ha hecho nacer a la nueva vida en Cristo Jesús. Por eso, Señor, intercedemos y vamos confiadamente ante el trono de su gracia pidiendo por los enfermos, porque a esta hora hay muchos que luchan en una sala de hospital, en una clínica o en sus casas, esperando que su poder esté actuando en sus vidas con sanidad divina.

Oro, Señor, por los matrimonios, por la unidad de la familia, por los jóvenes y los que no son tan jóvenes que son presos de tantas adicciones. Oro por los niños para que usted los proteja y les dé su cuidado, y por tantos abuelos y abuelas olvidadas. Oro, Señor, para que usted ponga su mano de protección en los trabajadores de la salud, que ellos están arriesgando su vida con tantas enfermedades.

Ruego por ellos para que usted también les dé paciencia, porque con tantos problemas, como seres humanos, ellos y ellas pierden la paciencia. Amado Dios, ruego por ellos, tanto por el que está más alto, el más eminente, como por el que está más abajo, porque todos hacen una labor muy especial.

Oro por mis autoridades eclesiásticas, muy en especial por mi amado obispo Sergio Veloso y por el honorable directorio de mi iglesia; deseo con todo mi corazón que usted, mi Señor, les dé una clara dirección para continuar desarrollando la labor que usted les ha encomendado. Bendiga usted, Señor, las autoridades civiles de nuestra comuna y las autoridades civiles del país. Oro por la máxima autoridad y por los que con él gobiernan para que usted pueda estar guiando y dirigiendo sus vidas.

Pedimos la buena dirección, mi Señor, para este país. Rogamos que usted por misericordia bendiga la audiencia de este programa. También para ellos y para ellas pedimos una especial bendición. Rogamos que usted ponga su mano en todas aquellas naciones donde hay guerra, porque allí hay mucho dolor y mucha hambre. Tenga misericordia de toda esa gente inocente que muere; oro por la paz de Jerusalén.

Le doy muchas gracias porque usted me permite alabarle, glorificarle y bendecir su bendito y santo nombre. Rogando siempre que el Espíritu Santo esté presente en la vida de su pueblo y que a través de este programa también esté con nosotros guiándonos y dirigiéndonos desde el comienzo hasta el final. Muchas gracias, Señor amado, porque para siempre es su misericordia y porque usted no se ha olvidado de su pueblo.

Tenemos la bendición de tener su mano de poder actuando en favor nuestro y es por eso que le damos toda nuestra alabanza, porque usted nos dio lo más apreciado: sacrificó a su hijo para que viniera a este mundo a salvar lo que estaba perdido, porque estábamos perdidos en delitos y pecados y Él nos encontró. Para usted es la honra, la gloria y la alabanza, y se la damos a través de Jesucristo, nuestro Salvador. Amén y Amén.

El Pan de Vida

Agradecemos, Señor amado, que podamos estar nuevamente a través de estas ondas radiales de Radio Abigail. Es una bendición que nos encontremos a esta hora del día y más bendición todavía cuando ya tenemos con nosotros nuestro pan diario, nuestro pan de vida. Nuestro pan de vida para este día lo tenemos en el libro de Dios.

1 Corintios 13:12 — Ahora vemos por espejo, oscuramente; mas entonces veremos cara a cara.

Dios nos bendice por la lectura de nuestro pan de vida. Lo que nos impresiona es que ahora vemos por espejo oscuramente, pero entonces veremos cara a cara. Pienso en lo que la oftalmóloga ayudó a Andrés, de tres añitos de edad, a ponerse sus primeras gafas. Mira al espejo, dijo Andrés, que se vio reflejado, y miró a su padre con una sonrisa alegre y tierna.

Después el padre secó las lágrimas que caían por las mejillas de su hijo y preguntó: «¿Qué pasa?». Andrés abrazó el cuello de su padre y dijo: «Te puedo ver». Levantó la cabeza, miró fijo los ojos de su padre: «Te puedo ver». Cuando estudiamos la Biblia en oración, el Espíritu Santo da ojos para ver a Jesús, la imagen del Dios invisible.

Sin embargo, cuando nuestra visión se aclara al conocer más las Escrituras, solo podemos ver un abismo de la inmensidad infinita de Dios desde ese lado de la eternidad. Cuando nuestro tiempo en la tierra termine, o Jesús cumpla su promesa de venir a buscarnos, lo veremos con claridad. No vamos a necesitar gafas especiales en ese momento generoso cuando veamos a Cristo cara a cara y lo conozcamos como Él nos conoce a nosotros, los amados miembros de su cuerpo, la iglesia.

Que el Espíritu Santo nos infunda la paz, esperanza y amor que necesitamos para permanecer firmes hasta que veamos a nuestro Salvador amado y digamos: «Te puedo ver, Señor Jesús, te puedo ver». Amén. Cuando comprendimos que en Jesús recibimos ayuda, tenemos que declararlo: «Jesús, ayúdame a conocerte más al caminar contigo ahora y hasta el día que pueda verte».

Esa revelación es reciente por el Espíritu Santo mediante la lectura de la Biblia. A medida que maduramos en el conocimiento de Dios al leer las Escrituras, ellas se revelan a nosotros. A través de este pan de vida podemos decirle al Señor: «Puedo verte», porque Él se da a conocer a sus hijos e hijas a través de su Palabra.

En el libro de Efesios, la palabra que a veces se traduce como «obra maestra» viene del griego poiema, de donde se deriva nuestra palabra poesía. Dios nos creó como obra de arte, poemas vivientes. Sin embargo, nuestro arte se ha oscurecido. Parafraseando al guía, nosotros que estábamos muertos en vuestros delitos y pecados, el arte en nosotros ya estaba y es la labor del artista divino, Dios revelado, que nos está restaurando.

Somos la obra maestra; Dios es rico en misericordia y nos dio vida. Aunque atravesamos desafíos y dificultades, encontramos el consuelo en saber que el artista divino está trabajando por su propia voluntad. Dios está trabajando en ti para revelar su obra maestra. Digámosle juntos a nuestro Creador: «Dios Creador, gracias por hacerme una de tus obras maestras».

Usted sabe de qué manera se ha dibujado la obra maestra de Dios en ti y cómo el Señor se ha manifestado en tu vida. Agradecemos al Señor porque tenemos esta bendición de disfrutar en el comienzo de este programa de nuestro pan de vida, que hoy nos ha dicho: «Puedo verte». Gracias, Señor, porque es una bendición disfrutar de nuestro pan de vida.

Consejos para el Hogar

Avanzamos en el programa porque ya tenemos con nosotros los datitos, los consejos. Siempre hay problemas pequeños y a veces nos confundimos pensando cómo arreglarlos, haciéndolos más grandes de lo que son. Pero hoy le damos a conocer que usted puede solucionar esos problemas.

Por ejemplo, con sal y limón usted puede hacer una mezcla que es un excelente limpiador del óxido. Solo tiene que mezclar el limón y la sal, aplicar donde quiera limpiar, dejar actuar por varias horas y al final retirar con un cepillo de dientes de esos que ya iba a botar a la basura. Le podemos dar otro uso útil.

También existe otro remedio para las puertas y ventanas: una pasta de agua y bicarbonato. Lo aplicamos sobre el óxido, dejamos unos minutos y finalmente lo retiramos con un cepillo de dientes. A veces nos dicen que somos muy cachureras porque guardamos todo; yo soy una de esas.

Para sacar el óxido de la estufa o limpiar el asador, use una cebolla. Es increíble. Parta una cebolla por la mitad y limpie la parrilla. Ojalá, si va a ocupar nuevamente la parrilla, colóquela al fuego y, cuando el carbón esté encendido, empiece a limpiar con la mitad de la cebolla. No bote el residuo, colóquela también en el fuego y le saldrá un olor agradable con esa grasa que sacó.

Sobre la limpieza de vidrios, la forma común es con agua y detergente, secando al final con papel de periódico, aunque hoy están muy escasos porque ya nadie compra diario con las redes sociales. Pero hay un segundo modo: use una tapa de acondicionador de ropa como medida. Coloque cinco cucharaditas de agua tibia y una cucharadita de glicerina en un recipiente plástico con un cepillo.

Llenamos la botellita con los preparativos, lo volcamos en el recipiente con agua y mezclamos bien. Sumamos la glicerina y agitamos para que quede espeso. Dejamos reposar la mezcla unos 15 minutos. Luego, ponemos algunas gotas de la solución en el cepillo y frotamos el cristal enérgicamente por el lado de afuera para evitar que la mezcla se seque.

La glicerina y el acondicionador formarán una capa delgada que actuará como aislante. Pruebe este método: ni el polvo ni la lluvia se pegarán al vidrio de las ventanas; se mantendrán súper limpias y quedarán como nuevas durante mucho tiempo. Los resultados son óptimos y funcionan todo el año.

Sugerencias Culinarias

Ya estamos en el momento de sugerir qué cocinar. Como ya son las 11:44 minutos, el plato que le traemos como sugerencia se llama crema de lentejas con tocino. Necesitamos: una taza de lentejas remojadas, una taza de arroz remojado, tres tazas de agua, una zanahoria, media cebolla, un ajo, una rama de apio, cuatro láminas de tocino, sal, pimienta, aceite de oliva y leche vegetal para ajustar la consistencia.

Para la preparación, cocemos las lentejas con el arroz. Procedemos a juntar todo para que quede como una crema con todas las verduras, los aliños y la taza de agua. Todos los ingredientes juntos y a saborear esta crema de lentejas con tocino.

Si tiene algún apuro y necesita recibir a un invitado, haga un bizcocho en la licuadora, que sale rápido. Necesitamos: 4 huevos, 1 taza de azúcar, 1 taza de aceite vegetal, 1 taza de leche, 2 tazas de harina de trigo, 1 cucharada de polvo de hornear, 1 cucharadita de esencia de vainilla y una pizca de sal.

Precaliente el horno a 180 grados centígrados, engrase y enharine un molde. En la licuadora añada huevo, azúcar, aceite y leche; licúe a velocidad media hasta obtener una mezcla homogénea. Añada la harina, el polvo de hornear, la esencia de vainilla y la pizca de sal. Licúe hasta que no queden grumos.

Vierta la mezcla en el molde y hornee de 30 a 40 minutos, o hasta que al insertar un palillo en el centro, este salga limpio. Déjelo enfriar en el molde durante 10 a 15 minutos, luego desmóldelo y colóquelo en una rejilla para que termine de enfriarse completamente. Es muy fácil y le va a sacar de apuro.

Ilustración de Bizcocho en licuadora

Receta del día

Bizcocho en licuadora

  • 4 huevos
  • 1 taza de azúcar
  • 1 taza de aceite vegetal
  • 1 taza de leche
  • 2 tazas de harina de trigo
  • 1 cucharada de polvo de hornear
  • 1 cucharadita de esencia de vainilla
  • 1 pizca de sal

Preparación

  1. Precaliente el horno a 180 grados centígrados.
  2. Engrase y enharine un molde para el bizcocho.
  3. Añada en la licuadora el huevo, el azúcar, el aceite y la leche.
  4. Licúe a velocidad media hasta obtener una mezcla homogénea.
  5. Incorpore la harina, el polvo de hornear, la esencia de vainilla y la pizca de sal.
  6. Licúe hasta que todos los ingredientes estén bien incorporados y no queden grumos.
  7. Vierta la mezcla en el molde preparado.
  8. Hornee durante 30 a 40 minutos o hasta que al insertar un palillo en el centro, este salga limpio.
  9. Deje enfriar en el molde durante 10 a 15 minutos.
  10. Desmóldelo y colóquelo en una rejilla para que termine de enfriarse completamente.

El Fracaso en el Triunfo

Vamos a abrir nuestras Biblias en el libro de Josué, capítulo 7, versículo 5. Leo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Josué 7:5 — Y los hombres de ahí hirieron de ellos a unos treinta y seis hombres, y los persiguieron desde la puerta de aquel harín, y los derrotaron en la bajada; y el corazón del pueblo desfalleció y se hizo como agua.

Amado Dios, tenemos con nosotros su palabra leída. Oro, Señor, para que traiga a mí la revelación divina. Use usted mis labios, tome dominio y el control de mi corazón, para que el Espíritu Santo sea quien esté hablando. Ruego que esta unción venga a mí y que su palabra se haga manifiesta, glorificándose y llegando a muchas vidas. Amén.

El título de la palabra es «El fracaso en el triunfo». El pueblo de Dios celebraba la victoria; habían derrotado y conquistado la ciudad fortificada de Jericó. Tenían que seguir presentando batalla a todos los que se opusieran, ya que contaban con el favor divino. Habían seguido estrictamente las órdenes divinas y se habían guardado de no tocar ni codiciar los bienes que no les pertenecían.

Sin embargo, como dice el dicho popular, siempre existe una manzana podrida que tiene el poder de contaminar. Eso sucedió con Acán, hijo de Carmi, el cual tomó para sí lo que se había dicho que era prohibido. La codicia y el afán se posesionaron de su corazón. Su acción no fue individual; afectó también a los suyos y finalmente a todo el pueblo.

Parece haber una ley matemática: cuando los seres humanos están en necesidad, suplican, piden, oran y buscan a Dios. Pero sucede lo inverso cuando la persona alcanza la fama, el éxito o el bienestar. Pareciera que a medida que más se tiene, la persona se aleja más de su Creador. Este fue el pecado que afectó a Acán, quien fue vulnerable a la tentación justo en su mejor momento de éxito.

Josué, como comandante estratega, manda a sus hombres a seguir en el afán de conquista. Según sus cálculos, bastaría con unos pocos miles de hombres para conquistar al pueblo siguiente. Entonces se produce la derrota. La Biblia dice que hirieron a unos treinta y seis hombres y el corazón del pueblo desfalleció y se hizo como agua.

Viene la reacción natural: desánimo, desesperanza y desolación. Josué rasgó sus vestiduras y se postró en tierra delante del arca del Señor. La pregunta lógica del estratega fue: «¡Ah, Señor Dios! ¿Por qué hiciste pasar a este pueblo el Jordán para entregarnos después en manos de los amorreos y destruirnos?».

No hay lógica en lo sucedido; todo parecía ir bien y ahora hay una derrota vergonzosa. Es fácil olvidarse de la dependencia de Dios cuando se está alcanzando la cumbre. Acán vio cosas que codiciaba y las tomó pensando que nadie se daba cuenta. Se equivocó, porque aunque no haya testigos humanos, Dios está presente y conoce lo que sucede.

El triunfo de un pueblo se convirtió en una derrota por el pecado de una persona. Existe una lección importante: la victoria de ayer no garantiza la victoria de hoy. El que escribe un libro famoso debe escribir uno mejor que el anterior para mantener su fama; el artista debe practicar diariamente su rutina. En nuestra relación con Dios sucede lo mismo.

Haber conocido el Evangelio en una fecha determinada no es garantía de triunfo posterior. Cada día trae su propio afán y requiere nuestra entrega y aprendizaje diario. Acán no tuvo tiempo de aprenderlo y pagó trágicamente su equivocación, acarreando consecuencias también a su familia. Con el pecado no se juega.

No se equivoque en su manera de razonar pensando que cierto tipo de pecado está permitido. El pecado trae consecuencias increíbles. La única manera de escapar de ese círculo de opresión es mediante una fuerza externa que se encuentra en Dios mismo, quien hizo posible romper esas cadenas mediante la venida de su Hijo Jesucristo.

Amado Dios, agradecemos la exhortación que nos ha dado. Usted nos ha llamado a la libertad, y con esa libertad con que Cristo nos hizo libres, no podemos volver a la esclavitud del pecado. Gracias por su palabra y por el consejo; oro para que haya corrido y sido glorificada en muchas vidas.

Su palabra es lámpara para nuestros pies y lumbrera para nuestro caminar. Pedimos que usted se glorifique y manifieste su poder sobre los enfermos y necesitados. Que el toque de su poder levante al que ha caído y dé fuerzas al débil, porque fuera de usted solo hay vanidad y aflicción de espíritu.

Peticiones de Oración

Intercedemos ante el trono de su gracia por nuestro pastor Luis Riquero, por sanidad divina; por nuestro pastor Héctor Arena, pastor de Granero, por sanidad divina; por nuestro pastor Florindo Márquez del Monte, por sanidad; por nuestro hermano José Silva, por sanidad; por José David Videla, para quien pedimos un milagro que lo ponga de pie. Oro por mi hermana Teresita Reyes, por sus pastores, por su vecina y por su hija Pamela Larconflores, por sanidad. Oro por mi vecino Luis Orellana, por sanidad; por respuesta a la petición de mi hermana Laura Senjo; por mi hermano Eduardo González, por sanidad a la vista; por el hijo de mi hermano Jimmy, por sanidad y liberación; por mi hermana Betty Esther Paz Romero Toledo, quien esta mañana iba a ser sometida a una operación a su vista. Oro por mi hermana Rosita Veloso, por sanidad; por mi hermana Ana Vallejos Fernández, por sanidad; por mi hermana Elena Reyes, por sanidad; por Joaco Videla, por sanidad; por Débora Videla, por sanidad; por mi hermano Ignacio Toro, por sanidad; por mi hermana Teresita Reyes, por sanidad; por la hermana Pilar González, por sanidad; por mi hermano Miguel Torres, por sanidad; por Luis Durán Palma, por sanidad; por don Manuel Contardo, por sanidad; por mi vecina Gloria, por sanidad de una caída; y por mi hermana María Ivacache, por sanidad.

Despedida

Damos muchas gracias a nuestro Dios por su palabra. Ya estamos llegando por hoy al término de este programa. Nos despedimos de usted agradeciéndole por estar en la sintonía. Mañana, Dios mediante, volvemos a encontrarnos nuevamente con un nuevo programa. Mientras tanto, Dios de paz le bendiga.